
Parecía que el argumento iba a plagiar con descaro a Minority report, el thriller futurista de Spielberg. Visto el resultado, ojalá hubiera sucedido. Aquí la máquina que es capaz de prever crímenes no expulsa dos bolas con el nombre del asesino y de la víctima sino que es mucho más ambigua. Los guionistas, muy avispados ellos, la han diseñado a su medida para que sólo sea capaz de detectar el número de la seguridad social de una persona que estará implicada en un crimen, ya sea como víctima o verdugo. Enseguida podemos imaginar el juego que puede dar ese matiz y, con un pequeño esfuerzo de seriéfilo a tiempo parcial, vaticinar el giro del primer capítulo.

En todo caso, Person of interest arranca a medio gas, sin los altos vuelos de los dos grandes pilotos de J.J. Abrams, Lost y, todavía en mayor medida, Fringe. El productor sabe a qué público se dirige y arriesga lo mínimo. Ni siquiera la idea de una sociedad vigilada por cámaras es nueva, en una estética que recuerda más bien a Enemigo público, de Tony Scott.
La serie, por tanto, no aprovecha el filón del primer capítulo para combinar la trama procedimental con una historia de fondo lo suficientemente atractiva para agradar al espectador no asiduo a la CBS. Es algo que resolvió de maravilla The good wife, hoy por hoy el único producto reseñable de un canal conservador y, por tanto, alérgico al cambio.
Person of interest se estrenó en la CBS en primer puesto, con un total de 13.220.000 espectadores y unos demográficos de 3,1, por detrás de la segunda entrega de castings del Factor X USA (4,3) y del inicio de la octava temporada de Anatomía de Grey (4,1).
En el rodaje de Person of interest
Comentarios