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Mostrando entradas de abril, 2013

Postureo Coixet

Ayer no termina nunca. Tu película me golpea como puños de acero, Coixet. Qué dolor… Qué intenso dolor… Qué pretendido dolor se desprende de tus diálogos milimetrados. Forzado dramatismo que me hiela la sangre, como esas paredes de hormigón, como el viento gris de Berlín. Cambio a blanco y negro, sonido estridente, con la mirada perdida hacia el firmamento y vomito lo que pienso realmente, lo que no me atrevería a decirte a la cara, que tu filme es una puta mierda insoportable. Y grito. Guuuuaaaaarrrrrrgggghhhhh! 250 gramos de palomitas saladas removiéndome el estómago. Nada comparado a la aflicción que me producen todos estos años esperando a ver si cae otra Mi vida sin mí.

Es curioso la cantidad de veces que uno hace cosas que no quiere hacer. Como aguantar. Aguantar estoicamente los 108 minutos de Ayer no termina nunca. 108 minutos. O 220. Da lo mismo. Es el peso que uno siente cuando el metraje te golpea el cerebro como la metralla. ¿Por qué? ¿Por qué demonios no iría a ver Iron M…

Bienvenidos al norte

Algo tiene Escandinavia que no sólo es la cuna del estado del bienestar sino también el reflejo del lado más siniestro y depravado de nuestra sociedad. Puede que sea el clima, o el sol de medianoche, pero lo que es evidente es que desde el hemisferio norte proliferan cada vez con mayor fuerza las propuestas más sórdidas y espeluznantes. El fenómeno se propagó con la trilogía Millenium de Stieg Larsson pero desde luego el séptimo arte no ha querido quedarse rezagado a la hora de plasmar esa atmósfera inquietantemente gélida.

La caza es otro ejemplo más de ese cine desangelado, desprovisto de toda pasión, que también exploraron Déjame entrar o Headhunters. Cintas en las que lo más aterrador se encuentra en el envoltorio, impersonal, sin ornamentos, sin sentimientos. Salvo que en esta ocasión no son los vampiros o los ladrones de guante blanco los que protagonizan la historia sino alguien mucho más cercano y reconocible como el falso culpable.

La premisa de la cinta ya es de las que te…

Para no caer en el olvido

Si Nicole Kidman y hasta Katie Holmes lo han conseguido, no entiendo por qué nosotros, sufridos espectadores, no logramos quitarnos de encima a esa plaga ególatra llamada Tom Cruise. Porque no contento con protagonizar sagas de acción ya legendarias como Misión imposible, ahora se ha lanzado a la caza indiscriminada de nuevas franquicias que sólo deben cumplir un único requisito: situarle como cabeza de cartel.

Jack Reacher fue un fallido ejemplo, pero la maquinaria no se ha detenido y sin apenas tiempo ya nos ha fabricado un nuevo modelo a imagen y semejanza del actor. Y es que aunque parezca un regreso de Cruise a la ciencia ficción futurista de Minority report, Oblivion no es más que otra artimaña de Hollywood para explotar su indudable, e incomprensible, tirón mediático.

Su careto de salvador planetario es el mismo deslizándose por un rascacielos de Dubai que pilotando una nave sobre una Tierra devastada por marcianos. Muy baja de autoestima debe andar siempre esta celebrity pa…

Añorando a Ashley Judd

Efectos secundarios no puede ser la última película de Steven Soderbergh. Más que nada porque sería de una enorme descortesía que el director de Traffic y Ocean’s eleven se despidiera de su público con semejante telefilme. Más aún cuando su anterior propuesta fue Magic Mike, que aunque dejó el listón en taquilla y la libido de más de una por las nubes supuso un giro demasiado evidente hacia el negocio descarado. Para colmo, es probable que esta vez ni siquiera se haga de oro con este retorno a los noventa.

Y es que si no hubiera terminado devorada por el bótox, esta cinta la habría protagonizado sin duda Ashley Judd, la reina de los giros inesperados, la eterna víctima de las conspiraciones de andar por casa. Su rostro era el único capaz de arrojar credibilidad allí donde la verosimilitud brillaba por su ausencia. Podría decirse que la actriz incluso engendró su propio género, que murió con su destierro del mapa cinematográfico. De ahí que rescatar a estas alturas un tipo de filme sin …

Ávidos de invierno

No pasará a la historia como el mejor capítulo de la serie, pero desde luego atestigua que los responsables no se dejan llevar por el hambre voraz de sus seguidores. Podrían haber tirado de escenas espectaculares (que las habrá), de efectos especiales, de tensión dramática, y sin embargo los guionistas de Juego de tronos han preferido optar por el ritmo pausado, por los diálogos mordaces, por el tempo que en definitiva se ha convertido en marca de la casa y que ha convertido a esta superproducción en algo más que una historia de aventuras.

Anoche Canal + volvía a deleitar a sus clientes con un preestreno privilegiado en cines de la tercera temporada de Juego de tronos. Una experiencia única que demuestra la envergadura de una serie cuyo alcance va más allá de los cuatro millones de espectadores que oficialmente la siguen a través de la HBO (pocos si los comparamos con los más de doce que otorgaron récord a The walking dead). Lo corrobora el esfuerzo por importar los nuevos capítulos l…