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Ávidos de invierno

No pasará a la historia como el mejor capítulo de la serie, pero desde luego atestigua que los responsables no se dejan llevar por el hambre voraz de sus seguidores. Podrían haber tirado de escenas espectaculares (que las habrá), de efectos especiales, de tensión dramática, y sin embargo los guionistas de Juego de tronos han preferido optar por el ritmo pausado, por los diálogos mordaces, por el tempo que en definitiva se ha convertido en marca de la casa y que ha convertido a esta superproducción en algo más que una historia de aventuras.

Anoche Canal + volvía a deleitar a sus clientes con un preestreno privilegiado en cines de la tercera temporada de Juego de tronos. Una experiencia única que demuestra la envergadura de una serie cuyo alcance va más allá de los cuatro millones de espectadores que oficialmente la siguen a través de la HBO (pocos si los comparamos con los más de doce que otorgaron récord a The walking dead). Lo corrobora el esfuerzo por importar los nuevos capítulos lo antes posible y el nacimiento de una nueva aplicación, Vive Poniente, que trasladará a la pantalla móvil todo el imaginario de la serie. Pocas ficciones televisivas promueven semejante arsenal de marketing.

La expectación tras nueve meses de sequía era tan grande que el primer capítulo de esta esperadísima tercera temporada sin duda no ha satisfecho nuestras necesidades. Tanta publicidad, tanto avance y tanto apetito siempre termina suponiendo un arma de doble filo. Y es que resulta prácticamente imposible saciar las necesidades de los fans con un material, el de George R.R. Martin, que debe degustarse con paciencia, apreciando los matices, como la lectura de sus inabarcables novelas.  

Tormenta de espadas, la entrega de Canción de hielo y fuego que se desdoblará en dos temporadas televisivas, sigue la estructura de sus dos precedentes, así que los seguidores ya podemos mentalizarnos de una férrea introducción y un final apoteósico, como el que se prevé con un título tan identificativo para los lectores como Mhysa. El invierno, efectivamente, se acerca pero no tan deprisa como algunos quisieran.

Y es que con Juego de tronos, al contrario que con otras series, sí podemos afirmar que los personajes importan. David Benioff y D. B. Weiss, inteligentes ellos, no descuidan que aquí tienen protagonismo tanto las batallas como los lazos. Porque en los vínculos que se establecen se gana la credibilidad que perdería una ficción basada únicamente en dragones y mazmorras. De ahí que de este Valar Dohaeris capten nuestra atención tanto los escupefuegos de Daenerys, cada vez más creciditos, como las hirientes conversaciones entre los Lannister.

En este primer episodio ya observamos la frágil relación que une a la Casa del león, el tiranismo creciente de Joffrey, la incomodidad que le provocan a Cersei las nuevas maneras de Margaery, el poder más terrenal que mágico de Melissandre sobre Stannis Baratheon, la perspicacia de Mance Rayder más allá del muro y los recelos de Jorah Mormont hacia el recién llegado Ser Barristan. Caldo de cultivo más que suficiente para las tragedias que están por venir. No seamos impacientes. El invierno llegará.

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