lunes, 25 de enero de 2016

La gran burbuja

Como no dispongo de ningún famoso que se preste a ello, déjenme que les explique yo mismo, sin regodeos ni tecnicismos, de tú a tú, y a poder ser con mi mejor sentido del humor y de la estética, en qué consiste la burbuja cinematográfica. Imaginen por un momento una película con una puntuación media de tres, que es el valor real de La gran apuesta, pero que de repente empieza a experimentar, mediante una serie de especulaciones e incentivos en forma de nominaciones, un súbito e inexplicable aumento en su calificación. Las expectativas sobre el filme van subiendo como la espuma, Brad Pitt y compañía se frotan las manos, hasta que un buen día el populacho acude al cine y se echa las manos a la cabeza. Les han vendido gato por liebre. La cinta está muy por encima de su valor real, aunque los portavoces oficiales manifiesten lo contrario, y la sensación de estafa se adueña del espectador. Una vez más, Hollywood, ese Wall Street cultural, nos la ha colado.  

¿Recuerdan cuando todos tuvimos que familiarizarnos con conceptos como la prima de riesgo, las hipotecas subprime y demás jerga económica? Eran tiempos en los que la terminología habitual de unos pocos se acercó a la calle como recompensa por el sacrificio prestado. Pues bien, ahora todos aquellos conocimientos de economía para dummies se quedan cortos y obsoletos para entender una mínima parte del embrollo que nos narra Adam McKay, nominado al Oscar como mejor director por adaptar un best-seller de Michael Lewis partiendo de un contexto –la crisis económica actual- ya rodado con maestría anteriormente y emulando el nervio de directores como David O. Russell o Martin Scorsese. El resultado es un mejunje que abofetea violentamente a todas sus influencias precedentes. Un batiburrillo de ideas prestadas que quiere, y vaya si lo consigue, dejarnos con la boca abierta.

Ya sé lo que estarán pensando, avispados lectores. “Este tío no se ha enterado de nada y echa pestes sobre la película para camuflar su colosal analfabetismo”. Tienen parte de razón, lo confieso. Se me escapa el significado de conceptos como CDO o de swap, no los asimilo ni aunque me los explique Sofía Vergara dando vueltas sobre sí misma con un vestido despampanante (¿recuerdan las críticas sobre machismo?). Pero lo que no se me escapa es el argumento central de La gran apuesta, que una pandilla de inversores anticiparon la debacle mundial y, lejos de hacer saltar las alarmas, decidieron aprovecharse de la ceguera capitalista y forrarse a su costa. Tan tremendo planteamiento convierte a todos sus protagonistas en auténticos psicópatas. A todos menos a Brad Pitt, que se reserva, como buen productor, la frase más demagoga de la cinta, no vaya a ser que la imagen impoluta de Brangelina se disuelva.

La verborrea ininteligible es intencionada, tanto en la economía como en la película. En una sirve para esconder prácticas moralmente reprobables y en la otra para camuflar cada una de las estupideces que ha cometido McKay en su toma de decisiones. El montaje esquizofrénico (nominado también al Oscar) nos zarandea convulsivamente de un plano a otro, muchas veces sin coherencia ni conexión, valiéndose de una banda sonora maltratada y de alteraciones supuestamente ingeniosas, como la rotura ya no tan sorprendente de la cuarta pared o la sobreimpresión de citas “oídas en una cafetería”. Y es que el humor por el que ‘La gran apuesta’ ha sido catalogada como comedia roza por momentos el bochorno.

Otro de los activos más destacados del filme es el de las interpretaciones, destacadas tras las sucesivas nominaciones hacia un Christian Bale que emula en todo momento al Matthew McConaughey de El lobo de Wall Street. De hecho, podría considerarse La gran apuesta como una fotocopia movida de la obra maestra de Scorsese, con flecos de cintas que sí encontraron el tono para denunciar la crisis inmobiliaria, como Margin call con el thriller o Inside Job en forma de documental. Para evitarse la lluvia de críticas por banalizar asunto tan serio, McKay se asegura, eso sí, un discurso final plagado de mensajes que ya llegan tarde. El rescate financiero por parte de todos y la ausencia de culpables oficiales ya han sido asimilados, incluso olvidados, por todos nosotros. Ya estamos inmersos en una nueva burbuja repleta de nuevos incentivos crediticios y de teles curvas 4K. Si queremos que alguien nos la reviente, ya llamaremos a Michael Moore, el que para muchos es lo más parecido a un crédito basura de alto riesgo. Él al menos le echa morro, se la juega y, lo más importante, tiene chispa.

viernes, 15 de enero de 2016

OSCARS 2016: El año de la incertidumbre

Mejor película
Hacía tiempo que la contienda hacia los Oscar no se mostraba tan difusa. Normalmente, a estas alturas ya se vislumbraba más o menos claramente la posible ganadora. Pero esta vez los premios de la crítica, de los profesionales y las diversas antesalas no han querido dejárselo fácil a los miembros de la Academia de Hollywood. Si este domingo los Globos de Oro apostaban fuerte por El renacido, las pistas previas dejaban entrever un favoritismo hacia Spotlight, mientras Mad Max: Fury Road ha dado el campanazo con un total de 10 nominaciones. Todo está en el aire. Sin embargo, la película que parte como favorita, al menos con un dato tan objetivo como el número de nominaciones, doce en total, es El renacido. En su contra juega el convertirse en la segunda cinta ganadora consecutiva dirigida por Alejandro González Iñárritu, pero a su favor se encuentran las críticas que la han valorado como una obra total, como toda una experiencia sensorial. Deberemos esperar hasta el próximo 5 de febrero para comprobarlo

Mejor director
Otra de las categorías más abiertas, sin un candidato claro. Si catapultar a Mad Max: Fury Road a lo más alto sería prácticamente imposible, no lo sería tanto premiar a su director, George Miller, por resucitar, y de qué manera, una saga que tantos daban por perdida. Algo más complicado sería que González Iñárritu se erigiera por segundo año consecutivo en el mejor director. La tercera opción más plausible es la de Thomas McCarthy, por la valentía de dirigir una cinta, Spotlight, que ha plasmado en imágenes los abusos en el seno de la Iglesia de Massachussets destapados por un equipo de periodistas de The Boston Globe.

Mejor actriz
Es el Oscar más cantado en una de sus ediciones más imprevisibles. Salvo sorpresa de última hora, Brie Larson, la actriz que nos deslumbró con Las vidas de Grace, se erigirá en la mejor actriz de 2015 por encarnar a una madre que lleva encerrada en una habitación durante años junto a su hijo pequeño. Poco o nada tienen que hacer sus rivales en esta categoría, a pesar de que la que probablemente sea la mejor interpretación del año, de los últimos años de hecho, es la de Charlotte Rampling en 45 años. Contentos estamos, al menos, de que la industria de Hollywood la tuviera en consideración. Un pequeño gran papel que debería sacar los colores a la cuatro veces nominada Jennifer Lawrence.

Mejor actor
Por caridad cristiana. El eterno ninguneo de la Academia de Hollywood a Leonardo DiCaprio es objeto de debate y de las más furibundas reacciones en toda la población. Es ya un tema de interés general que debería resolverse este año por el que dicen es su mejor papel, el de El renacido. El del actor de A quién ama Gilbert Grape, de El aviador, de Diamante de sangre, ¡de El lobo de Wall Street! Son las cuatro nominaciones previas con las que Leo se ha ido de vacío. Lástima que su merecido Oscar coincida con la que sin duda es la mejor categoría de la velada, la que reúne a Michael Fassbender por Steve Jobs, a Eddie Redmayne por La chica danesa, a Bryan Cranston por Trumbo y a Matt Damon por Marte. Glamour y talento sobre la alfombra roja.

Mejor actriz secundaria
Dicen, injustamente, que se come a su compañero de reparto dando vida a la sufrida esposa del primer transexual de la historia. Es la chica del momento, catapultada a la fama por Un asunto real y destacada este año por dos papeles no tan encomiables, el de un androide impasible en 'Ex machina' y el que la llevará al escenario del Dolby Theatre por La chica danesa. Nos falta por conocer las interpretaciones de Jennifer Jason Leigh en Los odiosos ocho, de Rachel McAdams en Spotlight y de Rooney Mara en Carol, pero el que ya conocemos, el de Kate Winslet en Steve Jobs resulta mucho más estimulante que el de Alicia Vikander.

Mejor actor secundario
No se sabe muy bien por qué pero Sylvester Stallone, o lo que queda de él tras esa capa de sucesivas operaciones antiestéticas, se ha convertido en el favorito para coronarse con el Oscar a la mejor interpretación secundaria masculina por su eterno papel de Rocky en Creed, en la que por fin da paso a un pupilo para que revitalice la saga. Hasta hace bien poco, las quinielas apostaban por una actuación seguramente insuperable en esta categoría, la de Mark Rylance en El puente de los espías. Entre ellos dos está el duelo.

Mejor guión original
Parece que hay tres claros favoritos (¿era necesaria Straight Outta Compton?), como el texto de la obra maestra Inside out o el de Ex machina. Pero si la lógica se adueña de los académicos de Hollywood, el galardón debería ir a parar a Josh Singer y Tom McCarthy, por ser los máximos responsables de una de las películas con más opciones para agenciare el premio gordo, Spotlight.

Mejor guión adaptado
Expulsado Aaron Sorkin de la competición, responsable de uno de los mejores guiones del año por su magnífica Steve Jobs, esta categoría se ha convertido en una de las más complicadas de vaticinar, más que nada porque sólo se ha estrenado en nuestro país otra de sus cinco aspirantes. Marte es una gran adaptación del best-seller de Andy Weir, pero las predicciones parecen indicar que Room será la que se lleve el gato al agua.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Las 10 mejores películas de 2015

Este 2015 no pasará a los anales de la historia del cine. Un año marcado por cifras de récord en taquilla, animadas por la reactivación de franquicias multimillonarias como Jurassic Park o Star Wars, pero que no ha dejado un reguero de obras para el recuerdo. Prueba de ello es que, a día de hoy, el coto de favoritas para los Oscar sigue sin estar delimitado. Gran cantidad de películas aspiran al trono porque muy pocas han dejado el poso suficiente como para lograr un respaldo unánime. Mal año también para el cine español, que si en 2014 demostró su amplitud de miras con propuestas arriesgadas como Magical Girl, 10.000 km. o La isla mínima, este año se conforma con una única producción sobresaliente, la que nos propone Paula Ortiz con La novia, mientras sigue ninguneando a un género, el de la comedia, que este 2016 ha tenido un gran exponente en Anacleto.

La ausencia de claras favoritas desde las quinielas oficiales que nos llegan desde Hollywood ha permitido ampliar el radio hacia producciones más pequeñas (como 45 años), hacia horizontes más lejanos (como El Club desde Chile o A primera vista desde Brasil), y hacia otros géneros, como el animado, que este año ha brillado más que nunca nuevamente gracias al talento de Pixar. Incluso ha permitido que hoy una superproducción como Mad max: Fury Road se posicione como una seria aspirante a lo mejor del año. Pero este 2015 ha pertenecido a la que, sin duda, ha sido para un servidor la mejor película de los últimos doce meses, una obra intensa y arrolladora de principio a fin como Whiplash. Tan sólo Villeneuve y su Sicario han logrado acercarse a niveles tan elevados de tensión. Para el 2016 sólo cabe esperar, por tanto, un año de cine mucho más rico e interesante, plagado de propuestas lo suficientemente atractivas como para convertir la tarea de listarlas en todo un infierno.

10. Corazones de acero

9. A primera vista

8. La novia (Ver crítica)

7. 45 años

6. Foxcatcher

5. Inside out (Ver crítica)

4. Nightcrawler (Ver crítica)

3. El club (Ver crítica)

2. Sicario (Ver crítica)

1. Whiplash

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Tres mordiscos a la manzana

El género biopic puede provocar urticaria. Más todavía si se centra en la figura de la persona que planificó una imparable maquinaria de fabricación de gadgets y de fanáticos. Y es que pocas compañías dividen a la población entre seguidores y detractores de una forma tan radicalmente opuesta como lo hace Apple. Las biografías en el cine, por su parte, suelen tender a la mitificación, a la grandilocuencia, a la tergiversación. A la admiración mal entendida. Una película centrada en Steve Jobs corría el peligro de caer fácilmente en las alabanzas hacia un incuestionable y visionario hombre de negocios. La rendición al culto era más que probable. Y, sin embargo, el guionista Aaron Sorkin, tan dado a la trascendencia, decide emprender el camino intermedio, el que no deja un poso amargo pero tampoco culmina en regusto dulzón.  

Steve Jobs no es un biopic al uso. De entrada, no ambiciona concentrar en dos horas la vida y milagros de un tipo que todos asumimos como un ejemplo de éxito económico. Nos ahorra los siempre tediosos años de infancia, elude un orden estrictamente cronológico y, muy acertadamente, ignora sus penurias finales. En vez de asumir las reglas no escritas del género, decide centrarse exclusivamente en tres momentos clave de su no tan meteórica trayectoria profesional, todos ellos con una presentación oficial como contexto. Tres años (1984, 1988, 1998) y tres productos (Mac, Next e iMac) para conocer en profundidad al hombre que hay detrás de la manzana.
 
Y no es un hombre cualquiera. Michael Fassbender supera el grandioso reto y no sucumbe a la caricatura o a la sobreactuación, dos de las salidas que semejante personaje podría inspirar a un actor. Pero este alemán lleva demostrando que no hay papel que se le resista desde el momento en que se dio a conocer. Y nos presenta a un Jobs iluminado, sí, pero también a un Jobs arrogante, caprichoso y engreído, un Jobs entre bambalinas que resulta mucho más interesante como protagonista que el que aparecía con zapatillas ante medio mundo para presentar su último juguete.

Es curioso que un director tan hiperactivo como Danny Boyle encajara el límite de espacios que imponía un guión como el de Sorkin, más dado a la hiperactividad verbal de sus personajes. Hay mucho de El ala oeste de la Casa Blanca y de The Newsroom en Steve Jobs. También, evidentemente, de La red social. El director inglés respeta en todo momento al autor pero tampoco se deja eclipsar por su verborrea, imprimiendo su particular huella en un montaje fascinante, embriagador, que incorpora los flashbacks como pinceladas intermitentes, que hilvana los tres actos al ritmo frenético de los titulares. Una cinta que vale más por lo que obvia (y por cómo lo ignora) que por lo que cuenta.
 
Porque es muy valiente y arriesgado pasar por alto los momentos cumbre hacia los que nos va conduciendo la cinta, interrumpiendo precisamente los puntos álgidos que podrían erizarnos la piel. Esos momentos apoteósicos que en todo biopic compensan el dolor sufrido, que abusan sobremanera de la banda sonora, que recurren al discurso triunfal. Steve Jobs elude esos instantes de manera intencional y probablemente por ello no ha pasado el filtro de las favoritas al Oscar, por ignorar por completo esas instantáneas que persiguen a la desesperada la fibra sensible.

Pero justo por esa voluntad de transgredir las normas del género adquiere relevancia la película. Un filme que se fundamenta en cuatro pilares básicos: Michael Fassbender, Kate Winslet, Aaron Sorkin y Danny Boyle. La fórmula infalible que ha resuelto lo que las matemáticas llevan años persiguiendo. La cuadratura del círculo.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Las 10 mejores escenas de la 2ª temporada de The Leftovers

Pocos daban un duro por este particular entente entre el productor de Perdidos, Damon Lindelof, y Tom Perrotta, el autor de un extraño libro sobre las consecuencias de un extraño suceso en el que desaparece de repente el 2% de la población mundial. Algunos ni quisieron acercarse, decepcionados todavía por la incompleta resolución de las intrigas a las que se enfrentaron Jack y compañía. Otros se apearon del tren en cuanto supieron que el gran misterio de The Leftovers jamás se resolvería. Los que encontramos un estímulo precisamente en esa ausencia de respuestas hemos salido ganando, porque la serie nos ha sumergido en una maraña de incógnitas e interpretaciones que sería prácticamente imposible enumerar. Y porque cada capítulo contiene más lecturas y metáforas que muchas series en toda su historia.

Ahora que Lindelof y Perrotta se enfrentaban al reto de continuar la trama más allá del libro original surgían nuevos miedos. La segunda temporada podía alterar por completo la esencia de una serie que apenas tiene miedo a subvertir, a incomodar, a trastocar las conciencias del espectador tocando las peliagudas, las sensibles teclas de la fe y de la religión, de la vida y de la muerte. Sobre todo ahora que la trama se trasladaba de Mapleton a un nuevo escenario, Jarden, el único lugar de la tierra en el que no ascendió ni uno solo de sus habitantes. Pero el cambio le ha sentado fenomenal a The Leftovers, no sólo porque ha mantenido el sobresaliente nivel de su primera temporada sino porque incluso se ha permitido el lujo de explorar nuevos horizontes, regalándonos de nuevo una colección interminable de escenas para el recuerdo. A continuación, sólo una muestra de las diez más impactantes.

1. El prólogo bíblico (2x01)
Una proeza. De absoluta obra maestra podría calificarse el arranque de esta segunda temporada, que comienza descolocando y cautivando al espectador como nunca. Recordando de alguna manera a 2001: una odisea en el espacio, incluso a Holocausto Caníbal, The Leftovers iniciaba su nueva andadura con un pasaje de la prehistoria, el de una madre y su hijo tratando de sobrevivir en un entorno hostil. Ni un solo detalle queda a la imaginación, desde el momento del parto hasta una muerte brutal por picadura de serpiente, fieles a la esencia explícita y polémica del año anterior. El enlace entre este pasaje repleto de metáforas bíblicas, abierto del todo a la libre interpretación, y el nuevo escenario de la serie, ese parque natural reconvertido en parque temático por sus propiedades milagrosas, con un travelín sobre el cuerpo de la madre fallecida, es simplemente magistral. Impensable en ninguna otra producción televisiva que se emita en la actualidad. Único.

2. La reaparición de Meg (2x03)
El tercer capítulo se centra en tres personajes que quizá no tuvieron el protagonismo requerido pero que en esta segunda tanda adquieren una interesante relevancia. Amy Brenneman, que hasta ahora nos deleitaba con una comedida y angustiosa interpretación, fruto de la afiliación de su personaje a la secta de los remanentes, por fin hace estallar todo su potencial gracias a su nuevo papel de cabecilla en la reinserción de los remanentes arrepentidos. Para ello utiliza a su hijo Tom, descubierto por una de sus integrantes a golpe de silbato y esposado a manos de una nueva e inesperada villana, la otrora apacible e inocente Meg, que literalmente lo viola dentro de un furgón para amenazarle después con un bidón de gasolina y un mechero. Su mensaje final ("saluda a tu madre de mi parte") termina de augurarnos la fascinante y aterradora nueva interpretación de Liv Tyler.

3. Nora cree estar viviendo otra ascensión (2x04)
Carrie Coon fue sin duda el personaje revelación de The Leftovers. El terrible dolor por la pérdida de toda su familia el fatídico 14 de octubre sirvió para protagonizar algunos de los episodios más tristes de la primera temporada. Esta vez, la serie ha querido ser más equilibrada con el resto de personajes y Nora Durst ha cedido protagonismo al resto del reparto, sobre todo a su compañero Kevin Garvey. En todo caso, la apertura de este cuarto capítulo le reserva otra gran oportunidad para el lucimiento, cuando despierta tras otro de los temblores en Jarden y descubre que Kevin ha desaparecido. El fantasma de la ascensión sobrevuela de nueva sobre su cabeza y, de repente, ese refugio milagroso y seguro que se había construido la retorna de nuevo a la peor de sus pesadillas. Esa angustiosa llamada a la policía, preguntando a la operadora si ha vuelto a suceder, demuestra que hay traumas imposibles de superar.

4. La redención de Matt (2x05)
Los capítulos monográficos en torno a la figura del padre Jamison son ya un clásico de la serie, no sólo por la excelente interpretación de Christopher Eccleston sino también por las profundas reflexiones sobre la fe y la religión que desbordan sus 60 minutos de duración. Si en la primera temporada descubríamos que su mujer quedó en estado vegetativo tras estampar su coche en plena Ascensión, este capítulo nos describe la odisea del cura para hacerse creer, primero sobre el episodio de recuperación de su esposa y después sobre su sorprendente embarazo. Su odisea para poder regresar a Jarden, con conflicto dialéctico contra John Murphy incluido, culmina con una preciosa escena de redención en el campamento situado a las afueras del recinto milagroso. La culpa, el castigo, la fustigación, el calvario, la redención. Todos estos elementos bíblicos, y seguramente muchos más, están presentes en otro de los capítulos redondos de la serie.

5. Erika explota (2x06)
 
Fiesta de homenaje a las tres adolescentes desaparecidas en Jarden. Suena Stay, de Rihanna, e irrumpe de repente el hombre que cada día degolla a una cabra. Erika ya no puede más. Se levanta, interrumpe el acto, y les grita a todos desgarradoramente que no existe tal milagro, que los amuletos que el pueblo se había impuesto como creencia de tal milagro eran solamente actos de fe. El sacrificio diario de la cabra o la mujer que cada día vestía de blanco para repetir los esquemas de aquél 14 de octubre ya no tenían ningún sentido porque aquellas tres adolescentes habían desaparecido, formaban parte, así lo creía ella, de una nueva ascensión. "No hay milagro" les grita a parte de esos 9.261 vecinos que se creían protegidos. Si el año pasado fue el de Carrie Coon, éste bien podría ser el de Regina King, la grata incorporación de esta temporada y que en la escena siguiente, también imprescindible, se marca con ella un brillante tour de force en el que ambas miden con saña su dolor. Para el duelo el de sus dos potentes interpretaciones.

6. Sesión psicológica de los Garvey (2x07)
"Jamás debería decirle a un paciente que está sufriendo un brote psicótico, pero tú no eres mi paciente". Las alucinaciones que está sufriendo Kevin Garvey con Patti le llevan a reconciliarse con su exmujer y a pedirle auxilio. La terapia a la que somete Laurie a su exmarido es a su vez una gran revelación sobre el mensaje global de la serie: todos buscamos nuestro particular mecanismo para huir del dolor, para agazaparnos del miedo a lo desconocido. "¿Por qué te crees que yo me metí en una secta?", le recuerda Laurie para explicarle a continuación cómo sus integrantes creen superar el dolor por un simple abrazo que ellos creen curativo. Patti es sólo una manifestación de ese terrible estado de ansiedad, por eso le recomienda a su exmarido una terapia con medicación. Kevin parece comprenderlo y le pide que le acompañe a Jarden para evitar la presencia, una vez más, de la líder de la secta.

7. Final de infarto (2x07)
A pesar de los esfuerzos de su exmujer por hacerle entender que lo que sufre es un brote psicótico, Kevin se dirige finalmente a la caravana del curandero de los Murphy para que le ayude a desprenderse definitivamente de Patti. Todo parece bajo control. Aunque la líder de la secta intenta por todos los medios evitar la muerte inducida, el protagonista finalmente se deja inyectar el veneno que acabará por fin con la pesadilla, pero para nuestra sorpresa, el viejo Murphy se pega un tiro inmediatamente después, dejando desamparado y sin posibilidad de regresar de la muerte a Kevin. Es, sin duda, uno de los finales que más ha descolocado de toda una serie que no se olvida en ningún momento de sorprender al espectador.

8. El adiós de Patti (2x08)
Estamos ante el mejor episodio de la temporada, probablemente de toda la serie y con mucha seguridad, ante una de las obras maestras de la historia de la televisión. International Assassin. Conviene apuntar el título porque debería ocupar los primeros puestos en la lista de nominaciones de los galardones que están por llegar. El surrealista viaje de Kevin para deshacerse de Patti y regresar de la muerte, con el famosos coro de los esclavos de la ópera Nabucco de Verdi, es un ejercicio de audacia y riego pocas veces asumido en una ficción televisiva. En ese limbo en forma de hotel conocemos las motivaciones reales de Patti, cuyos esfuerzos para no desaparecer de la mente del protagonista llegan al punto de presentarse en su versión infantil. Al final, Kevin la lanza a un pozo y, aunque otra vez de adulta nos enternece con la imposibilidad de abandonar a su marido por el miedo a lo desconocido, termina ahogándola en el agua. Su adiós definitivo es la peor noticia de la serie: Echaremos muchísimo de menos a Ann Dowd.

 9. No hubo ascensión (2x09)
Otro final de capítulo de lo más desconcertante. Después de ser testigos de la deriva psicopática de Meg (la escena de la granada en un autobús repleto de niños es aterradora), asistimos a otro nuevo encuentro con Tom Garvey y a su retorno a Jarden, calentando motores para un final de temporada que se preveía trágico y caótico. La nueva líder de los remanentes sigue en su radical empeño para evitar que la población olvide a los desaparecidos y, para ello, planifica una venganza contra los habitantes del pueblo milagroso. No quiere afortunados. Busca el dolor permanente e incurable. Para nuestra sorpresa, Tom descubre parte de su oscuro plan. En el interior de una caravana guardada con sumo celo se encuentran las tres adolescentes desaparecidas. Definitivamente, no hubo una segunda ascensión. Sólo el capricho de tres jóvenes desconectadas de todo sentimiento.

10. Amor imperturbable (2x10)
Erika protagoniza de nuevo uno de los momentos más escalofriantes de la temporada, cuando corre a los brazos de una hija resucitada pero reconvertida en un monstruo sin escrúpulos. Otra muestra de hasta qué punto es importante la banda sonora en esta ficción, capaz de poner los pelos de punta con sólo los primeros acordes (¡bendito Max Richter!). Es sólo un extracto de un capítulo prácticamente perfecto como desenlace definitivo de la serie y que podría sumarse a esa escena final en la que Kevin se encuentra por fin con todos sus seres queridos bajo el mismo techo. Tras ella, los fieles seguidores de The Leftovers nos encontramos ante una gran dicotomía: ¿nos conformamos con un final notable o preferimos el riesgo de la renovación? La solución queda en manos de la HBO.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Noshajo (Parte 2)

[en el capítulo anterior…] Nos ha jodido de nuevo la insaciable industria de Hollywood en general y los responsables de la saga Los juegos del hambre en particular. Si el año pasado denunciábamos la execrable estrategia de dividir los desenlaces de sagas en dos partes, obligándonos a pasar doblemente por caja y haciéndonos sentir como idiotas aborregados, esta vez la condena es aún mayor. Y es que la interminable espera no ha merecido la pena. Los acontecimientos me obligaron a dividir la crítica en dos entregas. Ahora es el turno de cerrarla y no hay palabras suficientes para describir la cara de gilipollas que se le queda a uno cuando se enfrenta a los títulos de crédito y echa la vista atrás.

[en el capítulo anterior…] Tuvimos la santa paciencia de esperar doce meses para el ansiado final de Katniss Everdeen. Incluso pasamos por alto ese innecesario, alargado hasta la exasperación, primer peaje hacia el desenlace. Intuíamos, inocentes de nosotros, que la traca final deslumbraría este agonizante camino. Pero para nuestra sorpresa, la primera hora de lo que debía ser un adiós de infarto se convierte en una sucesión de escenas soporíferas en las que prima la verborrea y, lo más preocupante, la inacción. Viniendo de un debut absolutamente apabullante como fue Los juegos del hambre y de una En llamas que repetía el esquema con menor soltura, este Sinsajo se ha descubierto como la debacle definitiva de una saga venida a menos, que nos prometió un final épico y ha terminado por ofrecernos un descafeinado hasta nunca.

[en el capítulo anterior…] Convertida Katniss en una mera marioneta propagandística, sólo cabía esperar de ella un nuevo despertar, una apertura de ojos que nos devolviera a la heroína que nos encandiló rebelándose contra Los juegos del hambre. Pero ese momento no termina de llegar en Sinsajo. Parte 2 y Jennifer Lawrence se ve obligada a mantener ese rostro impasible, imperturbable, durante buena parte del metraje. El guión al menos le reserva una escena hacia el final en la que puede lucir ante un gato su innegable talento, pero inmediatamente después, el epílogo se encarga de derribar el mito y de convertir una saga supuestamente feminista en todo un bochorno que rasgará, y con razón, las vestiduras de más de una mujer.

[en el capítulo anterior…] Ese preámbulo extendido a lo largo de más de dos horas parecía reservar el despliegue de efectos especiales para esta última entrega. Sin embargo, sólo una escena con tsunami de chapapote logra cautivar a un espectador ávido de más emociones fuertes. Ni siquiera la resolución de la venganza contra el presidente Snow termina de manera satisfactoria. Tanto ruido, tanto despliegue, tanta premisa engañosa, para que al final Donald Sutherland se despida por la puerta de atrás, apenas sin molestar, casi pidiendo perdón.

[en el capítulo anterior…] La lección aprendida a lo largo de las tres películas anteriores, a lo largo de este hype desinflado, puede resultar muy perjudicial para el resto de sagas adolescentes. ¿Alguien confía ahora en Tris y su lucha como divergente? ¿Qué podemos esperar llegados a este punto de El corredor del laberinto? Si la saga madre se ha ido derribando como un castillo de naipes, ¿qué cabe esperar ahora de sus sucedáneas? Mantendremos la esperanza, al menos en la infravalorada serie de Veronica Roth. Es nuestra nueva esperanza para no volver a sentirnos víctimas de una muy bien planificada estafa.

lunes, 19 de octubre de 2015

ESPECIAL SITGES 2015 - Youth

¿Cuándo nos hacemos viejos? ¿En qué momento empezamos a observar el mundo a larga distancia? ¿Son los años los que marcan el inicio de la cuenta atrás? Paolo Sorrentino ha querido reflexionar en su nueva película sobre la vejez y lo ha hecho siguiendo la alargada sombra de La gran belleza, persiguiendo su estética hipnótica, su extravagante mezcla de sofisticación y sordidez, pero con una notable diferencia: derrochando un inesperado humor británico.

Que Youth es una producción italiana lo captamos por el inconfundible estilo de su director, por esos travellings embaucadores que nos descubren a paso muy lento una puesta en escena surreal y chocante. Pero a ese sello innegable de Sorrentino, que aquí se impregna con menor esplendor que en La gran belleza, se le unen ahora brillantes diálogos plagados de fina ironía y que en boca de dos astros como Michael Kaine y Harvey Keitel se convierten en todo un disfrute.
 
Un compositor jubilado y un director de cine en busca de su testamento cinematográfico observan su entorno desmoronado desde la tranquilidad y la despreocupación que brindan los años. Una amistad entrañable que perdura a golpe de sarcasmo y mofas en torno a las inclemencias prostáticas y otros traumas de la vejez. Aunque si algo se concluye de esta paradójica juventud de Sorrentino es que hay vidas que se marchitan mucho antes de la jubilación. Vidas sin rumbo que confluyen en un hotel decadente de los Alpes, un sanatorio de lujo para almas en pena, y que consolidan al director italiano como el mejor retratista de la frivolidad.

ESPECIAL SITGES 2015 - Macbeth

Adaptar a Shakespeare debe ser lo más parecido a un marrón de proporciones épicas para un director de cine. ¿Cómo extrapolarlo a la gran pantalla sin ofender a los salvaguardas de tan magnánima obra? Muchos optaron por el escudo de la versión libre, léase Luhrmann o más recientemente Joss Whedon, pero pocos han tenido el coraje de rendirle fidelidad al espíritu del texto original con tan poca experiencia a sus espaldas como la que tenía el australiano Justin Kurzel antes de asumir tan temible reto.

El director no sólo supera el desafío con sobrada solvencia. Deja para la historia la adaptación total de Macbeth, una traslación casi definitiva que bendito aquél que ose querer rebasarla. Dificilísimo lo tendría para encontrar un binomio tan perfecto entre paisaje y fotografía, fundidos mediante una neblina y un cromatismo arrebatadores, asfixiantes, a la altura de una historia de ambición y poder que conduce a la tragedia teñida en sangre. Cuasi imposible captar de nuevo, con tanto rigor, con tanta eficacia, el obsesivo y peligroso bucle del protagonista por alcanzar su profético destino. Pero, sobre todo, ardua tarea la del pobre desdichado que quiera encontrar sustitutos para una sibilina Cotillard y un poderoso Fassbender. Ellos son, sin duda, los Macbeth perfectos.

ESPECIAL SITGES 2015 - Victoria

Comienza a aburrir. Que el continente se trague al contenido para convertirse en el reclamo de una película es una tendencia preocupante. Es la senda que ha seguido Victoria para captar nuestra atención. 140 minutos de filme en un solo plano secuencia.  La cámara no descansa. Se adentra en discotecas, ascensores, cafeterías. Nos sumerge en persecuciones, huidas en coche, tiroteos. Todo en una sola noche. Un mérito incuestionable para el director y un milagro de la técnica. Sin duda. Pero cabe preguntarse qué habría sido de la cinta sin su revestimiento. Porque esta juerga nocturna entre una joven española y un grupo de chicos berlineses en realidad tiene muy poco que contar. 

Nos dijeron que Victoria era un thriller -apasionante, añadieron algunos-, que la noche se complicaría para estos jóvenes con un atraco de imprevisibles consecuencias. Pero hasta que llega la acción pasan prácticamente 60 minutos. Una interminable hora en la que pides a gritos que suceda el milagro. Y cuando llega, tampoco es para tanto. Una huida hacia adelante con escasas sorpresas, salvo quizá la osadía de la actriz catalana Laia Costa de convertirse en el eje sobre el que orbita el famoso plano secuencia.  La sensación final es que el señuelo de Victoria también se convierte en su principal escollo. Porque a esta supuesta originalidad sólo la salva una potente apuesta visual que nos haga olvidar su vacío argumental.

ESPECIAL SITGES 2015 - Into the forest

Las películas que cierran el Festival de Sitges suelen ser obras notables del género fantástico. Ocupan ese privilegiado lugar en su programación porque contienen la dosis de expectación suficiente como para convertirse en un broche de oro para el certamen. Por ahí pasaron en su momento Looper o The sacrament, grandes representantes, respectivamente, de la ciencia ficción y del ‘thriller’ sectario. Este año, sin embargo, la elección ha sido más desafortunada. Into the forest podría pertenecer al subgénero postapocalíptico, al suspense, al terror, al gore, pero no encaja en ninguno de ellos simplemente por su poca capacidad para superar el drama de sobremesa con tintes panfletarios.
 
Ellen Page y Evan Rachel Wood, con la participación especial de Max Minghella, interpretan a dos hermanas y un padre que deben aprender a sobrevivir, aislados en una impresionante choza perdida en la montaña, en un nuevo mundo sin electricidad. Es fácil adivinar la moraleja del cuento. Podemos renunciar a todas las comodidades de nuestro tiempo, regresar a nuestros orígenes de autosubsistencia y convivir con la madre naturaleza. Mensaje ecologista que contrasta con el alegato provida de uno de los personajes. Una contradicción que termina por importarnos más bien poco. Into the forest es tan plana, tan tímida a la hora de aprovechar todo su potencial, que incluso sería más interesante sin la presencia de seres humanos. Para más inri, la cinta se estrenaba en un festival que patrocina Gas Natural Fenosa. El futuro es ver a las poderosas energéticas reconvertidas en fabricantes de mermelada casera.