miércoles, 17 de septiembre de 2014

Grandioso experimento que no alcanza la obra maestra

Hoy no estaríamos hablando de Boyhood con la misma intensidad y euforia de no ser por la increíble ingeniosidad de su director. Sorprende que a nadie se le ocurriera antes extender el rodaje de una película a lo largo de doce años, captando como nunca antes la evolución física de sus protagonistas. Sin artificios ni maquillajes. Con la única intervención del inviolable paso del tiempo. Elipsis temporales, genuinas y reales, que son el auténtico anzuelo de una historia que de cualquier otro modo jamás hubiese llamado nuestra atención.

¿Alguien se imagina la vida del joven Mason fragmentada por una sucesión de carteles aclarando que ha transcurrido un año después? ¿O recurriendo a un casting que no desentonara demasiado con esa complicada evolución de la infancia a la adolescencia? Es imposible separar el relato de la enorme ocurrencia de Richard Linklater, que ha llevado a un estadio superior la ya de por sí brillante propuesta de su trilogía de Antes de. Porque Boyhood no se entendería, ni se gozaría, sin esa apasionante (incluso morbosa) tribuna con vistas privilegiadas al avance de los años.  

La transformación física que va experimentando el protagonista y su entorno familiar está muy por encima de un relato plagado de momentos entrañables, sobre todo en la etapa infantil, pero también de minutos de relleno que sobrecargan la cinta, sobre todo en esa época tan poco agradecida de la vida que es la adolescencia. Así, se disfrutan mucho más los guiños costumbristas de principios del siglo XXI, como ese baile de la pequeña Samantha machacando a su hermano con Britney Spears o las partidas a la Xbox y la Wii, que los años previos al ingreso en la universidad. Será que en el cine la infancia también resulta mucho más atractiva.

En todo caso, aunque el relato carezca del clímax o de los giros inesperados a los que todo filme debería recurrir, contiene los suficientes instantes como para empatizar con cada uno de los ángulos que componen este desestructurado y tan moderno cuadrado familiar. Comprendemos a esa madre debatiéndose entre su propia felicidad y la educación en exclusiva de sus hijos, tan sensata y neurasténica como permite la brillante actuación de Patricia Arquette. Conectamos con el padre molón, ese que aparece de uvas a peras, que se agencia los mejores instantes, espíritu libre y egocéntrico que, sin embargo, inyecta a sus descendientes esa dosis necesaria de sana locura. Ethan Hawke se consolida aquí como el muso particular de Linklater. Y sobre todo entramos de lleno en la visión de los más inocentes, primeras víctimas de los logros y los desvaríos paternales. Retrato familiar de primer orden.

Lástima que Boyhood caiga por momentos en vicios telefílmicos, como esas escenas de maltrato tan toscas o el chirriante llanto final de Arquette, porque son las que impiden que la película pueda considerarse, como muchos afirman, una obra maestra. Nadie puede negarle el mérito a Linklater de haber hecho historia con su mágica idea pero no deja de ser un poquito decepcionante que no la aprovechara del todo para convertir esta meritoria obra en algo más que un gran experimento cinematográfico.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Las 10 mejores escenas de The Leftovers antes de su esperado final

Puede que para muchos no sea una de las series del verano, pero lo que nadie puede discutir es que The Leftovers, la nueva producción de la HBO, ha proporcionado en una sola temporada más escenas fascinantes que muchas otras series en toda su carrera. Impacto, sensibilidad, morbo, e incluso violencia gratuita, son los ingredientes con los que han jugado Damon Lindelof y Tom Perrotta para no dejar indiferente a nadie. Con la segunda temporada asegurada, este próximo domingo sabremos si la serie nos facilita un poco el camino o prosigue en su senda de descolocar al espectador. Mientras llega el esperado final, ya podemos deleitarnos con esta selección de imágenes que ya ocupar un lugar preferente entre las mejores de la temporada televisiva.

1. El detonante (1x01)
Es la escena de la discordia. La impactante premisa con la que The leftovers abre su inquietante reflexión sobre el duelo y la pérdida creó enseguida una división de opiniones entre los espectadores. Desaparece de repente el 2% de la población mundial. El público de Damon Lindelof espera respuestas a un misterio que el productor de la serie asegura que no ofrecerá. Muchos se apean del proyecto. El mal recuerdo del final de Lost todavía sobrevuela en la comunidad seriéfila. Pero aquí no está J.J. Abrams de partennaire, sino Tom Perrotta, el autor del libro original. El misterioso ascenso es sólo la excusa para brindarnos un complicado y angustioso retrato sobre la respuesta humana ante la incertidumbre. Reacciones mucho más aterradoras que la posible explicación del suceso.

2. El ruego de Kevin a Laurie (1x01)
El piloto está repleto de escenas para el recuerdo, pero esta sin duda es una de las más emocionantes. Es el momento en el que descubrimos que los cuatro personajes que andaban desperdigados tres años después de la ascensión estaban unidos por este matrimonio ahora resquebrajado. Después de la brutal escena en el aniversario de las desapariciones entre los familiares y los culpables remanentes, el agente Garvey acude desesperado en busca de su mujer, refugiada en los brazos de la secta de los fumadores vestidos de blanco. Será el primero de los múltiples desafíos entre el policía y Patti y el primero de los dolorosos encuentros entre los que en su día fueron felices marido y mujer.

3. La crisis de las religiones (1x03)
Se trata de uno de los capítulos más aclamados de la serie, el que se centra única y exclusivamente en la figura del padre Jamison. Gracias a estos apasionantes 60 minutos nos adentramos de lleno en un personaje hasta ahora prácticamente desconocido que también nos servirá para entender la importante crisis de fe que se ha adueñado de Mapleton tres años después del suceso. El capítulo nos retrotrae de nuevo al momento de la ascensión, cuando descubrimos que su mujer era la que conducía el coche que se estampó en la primera escena del piloto. Pero lo más inquietante es la imagen final, cuando una desafiante Patti mira a los ojos del cura después de haber saqueado su templo.

4. Amor de madre (1x04)
Después de presenciar la pelea entre sus padres por el divorcio, Jill le regala a su madre un mechero por Navidad. Ella lo lanza en una alcantarilla, demostrando una total apatía hacia su familia y una fría y despersonalizada entrega hacia la secta de los fumadores. Se acabaron los vínculos con el pasado. Pero la última escena del episodio nos regala un atisbo de esperanza, cuando Laurie intenta recuperar desesperadamente el mechero de la alcantarilla. Aún queda vida en su interior.

5. La escena más incómoda (1x05)
Es la que abre el quinto capítulo, cuando una de las mandamases de la secta de Patti es brutal y explícitamente lapidada por unos encapuchados. Es quizá una de las escenas más polémicas de la serie. ¿Violencia gratuita o necesaria para demostrar la devoción de sus integrantes? Porque sólo en esos momentos finales le consiguen arrancar unas palabras a Gladys, las que suplican clemencia. Mucho más reveladores son los fotogramas iniciales, que nos muestran la rutina de un grupo sin piedad, que lo único que despierta entre sus conciudadanos es el odio y la violencia.

6. Laurie se pone a prueba (1x05)
Para asegurarse la fidelidad a la causa de su súbdita, Patti se la lleva de escapada y, ante su asombro, comienza a divagar sobre la necesidad de su tarea. A pesar de los ruegos, Laurie no suelta palabra. Su entrega parece total. Hasta que el padre Jamison comienza a vociferar a las puertas de su casa para lograr adeptos y ella sale en su búsqueda. Pero cuando parecía que se entregaba a los brazos de sus antiguas creencias, saca un silbato y le condena con la mirada. Ha superado todas las pruebas. Ya es una más en la secta.

7. La rutina de Nora (1x06)
Otro de los capítulos imprescindibles de la serie se centra en una sola protagonista, Nora Durst. Abre el episodio una dolorosa secuencia en la que vemos como esta mujer que ha perdido a todos los integrantes de su familia sigue manteniendo la rutina que realizaba tres años atrás. Llena el carro de la compra y la cocina con la leche, los cereales, el Nesquik que consumían sus hijos desaparecidos. Sólo hay algo que no repone, el rollo de cocina que utilizó segundos antes de la ascensión para secar el zumo derramado sobre su móvil. Una rutina que se ha convertido en el único vínculo que la mantiene cerca de ellos.

8. La cura (1x06)
"Esperanza. Quieres que se vaya porque no la mereces". Es lo que le promete otro enigmático personaje de la serie, Wayne, a Nora Durst. Una cura a ese dolor que ella se resiste a abandonar por miedo a olvidar a sus seres queridos. La escena es de una sensibilidad extrema, cuando ella se rinde a los brazos del líder como último recurso para librarse de la penitencia.

9. "Lo entiendes" (1x08)
El trastorno de personalidad del protagonista se hace más patente que nunca en este descolocante episodio en el que secuestra y ata a Patti con la ayuda del misterioso asesino de perros. Un cara a cara entre el policía y la líder de la secta en el que al fin conocemos un poco más las intenciones del grupo, que pasan irremediablemente por el suicidio. Aunque Patti intenta por todos sus medios que el agente termine con su vida mencionando a su mujer, finalmente Kevin la desata, momento que ella aprovecha para clavarse un trozo de cristal en la yugular.

10. La ascensión (1x09)
Puede que no sepamos jamás el porqué de la desaparición del 2% de la población, pero gracias a este esclarecedor capítulo sabemos que segundos antes del suceso alguien estaba rogando que su entorno se esfumara. Es el caso del protagonista y su canita al aire, el de la mujer de la lavandería y el niño llorando, el de Nora y su familia o el de Laurie en la ginecóloga con su nada esperado bebé. Otro sobrecogedor retorno a la escena inicial de la serie.

martes, 2 de septiembre de 2014

No parece española (enésima parte)

Lo ha vuelto a conseguir. La poderosa maquinaria de Telecinco Cinema y Mediaset se ha puesto otra vez en marcha y ha logrado catapultar a los más alto de la taquilla española a su nueva creación, como en su día hizo con Lo imposible, No habrá paz para los malvados o la anterior producción de Daniel Monzón, Celda 211. El niño se ha convertido en el mejor estreno español del año, por delante incluso de Ocho apellidos vascos, y si lo ha conseguido es en gran parte gracias al espectacular despliegue de medios de un equipo de marketing, el del grupo liderado por Paolo Vasile, que no tiene rival en nuestro país.

Presencia omnipresente en prácticamente todos los espacios de sus canales de televisión, avance simultáneo, espectacular premiere, conexiones en directo desde el informativo nocturno con los protagonistas encaramados en un helicóptero. La técnica de estos genios de la promoción es tan minuciosa y experimentada que difícilmente un producto, por mediocre que sea, pasará desapercibido para la gran audiencia. ¿Le resta mérito esta estrategia a una cinta con tintes de superproducción? En los tiempos que corren, cualquier esfuerzo por levantar las cifras del cine español parece pequeño.

La cuestión es si la película está a la altura de tamaña propaganda, si el resultado satisface las enormes expectativas creadas. Y, a juzgar por el desfile de acción y efectos especiales, efectivamente lo está. El niño cumple a la perfección con los atributos encomendados. Es un ágil y solvente thriller policial con un par de escenas de infarto impecablemente resueltas. Y lo más importante: contexto e interpretaciones aparte, no parece una cinta española. Paradójicamente, es el gran mérito que persigue buena parte de nuestro cine.

Sin embargo, reducir las virtudes de un filme a dos secuencias de acción sería insuficiente. Sobre todo si esas persecuciones en alta mar son capaces de ejecutarlas desde la industria de Hollywood sin apenas pestañear. Mal vamos si nuestra única aspiración creativa consiste en alcanzar los fuegos artificiales que desde el otro lado del charco llevan décadas fabricando. Más allá de la técnica, quizá que busquemos otras señas de identidad.

Afortunadamente, Monzón no se conforma alardeando de presupuesto. Aprovecha a la perfección una premisa que parece mentira que no se explotara antes. Y es que conocemos a la perfección, gracias al cine y la televisión, las tensiones en la frontera de México con Estados Unidos o las de Israel con Palestina. Sin embargo, un polvorín tan cercano y tan peculiar como el que separa en tan pocos kilómetros a España, Reino Unido y Marruecos apenas había tenido visibilidad en pantalla. Un tremendo choque de culturas que aporta a El niño ese pequeño (aunque no suficientemente explotado) toque diferencial.

Lástima que el otro gran reclamo de la cinta, junto a los efectos especiales, sean simplemente dos ojos azules, los de una historia tan mediática como la del churrero que logra convertirse de la noche a la mañana en actor. Hacen falta sólo un par de escenas con Luis Tosar, Eduard Fernández o incluso su joven compañero Jesús Carroza para certificar que se necesita algo más que la cara bonita de Jesús Castro para llenar la pantalla. Los dos atributos que ha resaltado la publicidad de El niño son precisamente los que más juegan en su contra. Con un guaperas solvente como Rubén Cortada y con menos metraje surcando las olas, puede que al fin la cinematografía española hubiese alcanzado su Santo Grial: la superproducción de autor.

lunes, 25 de agosto de 2014

EMMYS 2014: Despedida triunfal para Breaking Bad

Live Blog EMMYS 2014
 

viernes, 22 de agosto de 2014

EMMYS 2014: ¿Despedida a lo grande para Breaking Bad?

Son aburridos, incongruentes y condenadamente tradicionales. Cada años nos juramos y rejuramos que jamás volveremos a verlos. Y aquí estamos una vez más, deseando que llegue el próximo lunes para comprobar si de una vez por todas se obra el milagro y se cumplen nuestros mejores pronósticos. Nunca son descartables los sacrilegios. Ya en las nominaciones destacaron grandes ninguneos como la ausencia de The good wife a cambio de la persistente necesidad de incluir a Downton Abbey en la categoría principal. Pero este año parece que hay poco margen para el sobresalto. Los Emmys se debatirán entre mantener su compromiso con Breaking Bad después de romper sus lazos con Mad men o abrazar a una de las producciones más aplaudidas de la nueva temporada, True Detective. Ahí va mi apuesta.

MEJOR DRAMA
Breaking Bad 
Downton Abbey 
Juego de tronos 
House of cards 
Mad Men 
True Detective

La ausencia de The good wife en el podio de las seis nominadas con la que sin duda ha sido la mejor temporada de la serie desmerece por completo esta edición. Por el contrario, Downton Abbey ha conseguido colarse de nuevo entre las favoritas con una cuarta temporada para el olvido. Con una Mad Men destronada tras dos ediciones seguidas sin galardón, parece que este año el gran duelo se producirá entre una veterana que se despide, Breaking Bad, y una recién llegada que ha dado el golpe, True Detective. Todo ello sin desmerecer el excelente año que han cosechado dos ficciones de altura, House of cards y Juego de tronos. Suponemos que el primer Emmy para la serie de Vince Gilligan, concedido el año pasado, no será en vano y deberá rematarse este próximo lunes con un segundo galardón de despedida. 


MEJOR ACTOR DE DRAMA
Bryan Cranston (Breaking Bad) 
Jeff Daniels (The Newsroom) 
Jon Hamm (Mad Men) 
Woody Harrelson (True Detective) 
Matthew McConaughey (True Detective) 
Kevin Spacey (House of cards)

Todo puede esperarse de una academia de televisión que el año pasado decidió desmarcarse por completo y premiar a Jeff Daniels por su papel protagonista en The Newsroom. Pero si queda algo de sensatez entre sus miembros, este año debería ser, como en el cine, el de Matthew McConaughey por su brillante actuación en True Detective. Si existiera una categoría para el mejor tándem sin duda sería para el agente Rust y su colega Marty, encarnado por otro impresionante Woody Harrelson. Pero si éste finalmente se convierte en el año de Breaking Bad, el Emmy para Bryan Cranston tampoco sería descabellado. Mientras, Jon Hamm aguardará por séptimo año consecutivo desde el patio de butacas. Es su penúltima oportunidad.


MEJOR ACTRIZ DE DRAMA
Lizzy Caplan (Masters of sex) 
Claire Danes (Homeland) 
Michelle Dockery (Downton Abbey) 
Julianna Margulies (The good wife) 
Kerry Washington (Scandal) 
Robin Wright (House of cards) 

¿Repetirá Claire Danes por tercer año consecutivo? Ya sabemos que la academia de televisión estadounidense es de ideas fijas, pero dudamos que la tercera temporada de Homeland haya calado tan hondo entre sus miembros como en las dos primeras entregas. Lo que sí puede influir en la decisión final es el Globo de Oro que coronó a principios de año a Robin Wright por su impagable encarnación de la maquiavélica Claire Underwood, pero no descartemos ese aire de frescura que aporta Lizzy Caplan a Masters of sex y que aportaría a una gala con tendencia a la sorpresa. El premio de consolación para The good wife con la nominación de Julianna Margulies es casi tan insultante como la mención destacada para una siempre insulsa Michelle Dockery.


MEJOR ACTOR SECUNDARIO DRAMA
Aaron Paul (Breaking Bad) 
Jim Carter (Downton Abbey) 
Peter Dinklage (Juego de tronos) 
Josh Charles (The good wife) 
Mandy Patinkin (Homeland) 
Jon Voight (Ray Donovan)

La marcha de Josh Charles, por mucho que haya supuesto un impresionante revulsivo para The good wife, no parece motivo suficiente para premiar al que quizá sea el actor menos destacado de la serie, con un nivel interpretativo sobresaliente. No ocurre lo mismo con Peter Dinklage, que sin duda encarna al personaje más brillante de Juego de tronos y que en esta cuarta temporada nos ha deparado con su discurso ante el tribunal uno de los mejores momentos de la serie. Tanto él como Aaron Paul, los dos favoritos entonces y ahora, se quedaron sin premio ante Bobby Cannavale (Boardwalk Empire), así que tanto Jon Voight como Jim Carter no deberían perder las esperanzas.


MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA DRAMA
Anna Gunn (Breaking Bad) 
Maggie Smith (Downton Abbey) 
Joanne Froggatt (Downton Abbey) 
Lena Headey (Juego de tronos) 
Christine Baranski (The good wife) 
Christina Hendricks (Mad Men) 

El duelo entre Maggie Smith y Joanne Froggatt (¿su tragedia es suficiente para nominarla?) es tan descompensado como la inclusión de Lena Headey como única representante femenina de Juego de tronos, cuando otras compañeras de reparto como Maisie Williams o Gwendoline Christie han protagonizado también grandes momentos en esta cuarta temporada. Tanto Christine Baranski, la imprescindible Diane Lockhart en The good wife, como Christina Hendricks por Mad men han sido nominadas por quinta vez y es muy probable que marchen de nuevo con las manos vacías, porque lo más probable es que Anna Gunn suba de nuevo al escenario por esas escenas de infarto con Cranston en los capítulos finales de Breaking Bad.


MEJOR MINISERIE
American Horror Story: Coven 
Bonnie & Clyde 
Fargo 
Luther 
Treme 
The white queen 

El apartado más confuso, con los criterios más dudosos de estos galardones, tiene una de las predicciones más claras de esta edición. Fargo ha supuesto una sorpresa tan mayúscula e inesperada que crítica y público la han arropado como uno de los grandes estrenos del año. La escisión de la categoría con la creación del Emmy al mejor telefilm le allana aún más el camino sin la presión de The normal heart, la clara favorita en ese otro apartado. Por si fuera poco, la otra gran amenaza, American Horror Story, se ha marcado con esta Coven la peor de sus temporadas. Pero tampoco conviene quitarle el ojo a Treme, la última oportunidad de la Academia para premiar a la creación de David Simon.


MEJOR ACTOR EN MINISERIE O TELEFILM
Benedict Cumberbatch (Sherlock) 
Chiwetel Ejiofor (Dancing on the edge) 
Idris Elba (Luther) 
Martin Freeman (Fargo) 
Mark Ruffalo (The normal heart) 
Billy Bob Thornton (Fargo) 

Así como la vencedora del Emmy a la mejor miniserie parece bastante predecible, no lo es tanto el del actor protagonista en este apartado, que esta vez sí incluye también a los telefilms. Así, nos encontramos con un probable duelo entre los representantes de las dos favoritas. Por un lado, Mark Ruffalo llevando todo el peso de la incómoda The normal heart, y por el otro, los dos protagonistas de la serie revelación del año (Martin Freeman y Billy Bob Thornton en Fargo), que también lucharán entre sí para alzarse con el galardón. Por su parte, los ingleses Idris Elba y Benedict Cumberbatch todavía esperan su merecido reconocimiento por parte de la televisión norteamericana.


MEJOR ACTRIZ EN MINISERIE O TELEFILM
Helena Bonham Carter (Burton & Taylor) 
Minnie Driver (Return to zero) 
Jessica Lange (American Horror Story: Coven) 
Sarah Paulson (American Horror Story: Coven) 
Cicely Tyson (The trip to Bountiful) 
Kristen Wiig (The spoils of Babylon)

Es uno de los apartados más complicados de predecir, sobre todo si (como es el caso) no conoces la mayoría de los trabajos por los que estas actrices han sido destacadas. Es interesante el duelo particular entre las dos protagonistas, madre e hija en la ficción, de la tercera temporada de American Horror Story, y también la ausencia de una merecida tercera en discordia, la indispensable Kathy Bates. Puestos a vaticinar a tientas, destacaríamos la impresionante transformación de Helena Bonham Carter como Elizabeth Taylor. Sólo por desprenderse de una vez de ese aspecto neogótico tan del gusto de su marido Tim Burton ya merece una mención.


MEJOR COMEDIA
The Big Bang Theory 
Louie 
Modern Family 
Orange is the new black 
Silicon Valley 
Veep 

Cuatro temporadas, cuatro Emmys. Es el pleno que todavía ostenta Modern family y que parece tan complicado de batir. Salvo que este es el primer año que entra como contrincante una de las comedias revelación de la temporada pasada y que ha conseguido cautivar a millones de seriéfilos. Orange is the new black aterrizó en Netflix el año pasado y enseguida conquistó a crítica y público. Podría ocurrir lo mismo con su desembarco en los Emmys, ya que las veteranas Veep, Louie y The Big Bang Theory no han podido derrotar a la todopoderosa comedia familiar de la ABC y Silicon Valley ha obtenido una acogida menos entusiasta. 


MEJOR ACTOR DE COMEDIA
Louis CK (Louie) 
Don Cheadle (House of lies) 
Ricky Gervais (Derek) 
Matt LeBlanc (Episodes) 
William H. Macy (Shameless) 
Jim Parsons (The Big Bang Theory)

Jim Parsons ha subido al escenario para recoger su premio en tres de las cinco ocasiones seguidas en las que se le ha destacado por encarnar a Sheldon, la última el año pasado. Louis CK, Don Cheadle y Matt LeBlanc, por su parte, siguen esperando que los académicos obren el milagro, mientras William H. Macy por fin entra en la contienda después de cuatro temporadas interpretando a Frank Gallagher en Shameless. Pero ¿será finalmente la oveja negra Ricky Gervais el que les arrebate el galardón por Derek


MEJOR ACTRIZ DE COMEDIA
Lena Dunham (Girls) 
Edie Falco (Nurse Jackie) 
Julia Louis-Dreyfus (Veep) 
Melissa McCarthy (Mike y Molly) 
Amy Poehler (Parks and Recreation) 
Taylor Schilling (Orange is the new black) 

Edie Falco y Melissa McCarthy ya han saboreado la victoria, hasta que llegó Julia Louis-Dreyfus con Veep y encandiló a los académicos dos años seguidos. Nada hace pensar que alguna de sus contricantes, con las que ya se ha batido en varias ocasiones, le arrebate el tercer galardón consecutivo, salvo por la gran incógnita de la noche, Taylor Schilling. Es probable que Orange is the new black llegue al corazón de los académicos de televisión, pero seamos objetivos. Piper no es el alma de la serie, lo son todas las presas, y así se lo reconocieron hace unos días concediéndoles el Emmy creativo al mejor casting. 


MEJOR ACTOR SECUNDARIO DE COMEDIA
Andre Braugher (Brooklyn Nine-Nine) 
Adam Driver (Girls) 
Jesse Tyler Ferguson (Modern Family) 
Ty Burrell (Modern Family) 
Fred Armisen (Portlandia) 
Tony Hale (Veep) 

Es evidente que los académicos lo tienen claro en cuanto o comedias: Modern Family o Veep. Cada año varios de los integrantes masculinos de Modern Family rivalizan en este apartado, mientras que en la última edición se alzó con el premio Tony Hale. Con la ausencia de Eric Stonestreet (que ya lleva dos) y el Emmy con el que ya cuenta Ty Burrell, quizá vaya siendo hora de honrar al cinco veces nominado Jesse Tyler Ferguson. Pero puede que la gran novedad de este año, Andre Braugher por Brooklyn Nine-Nine, le chafe de nuevo su gran oportunidad. Todavía me rasgo las vestiduras por la ausencia de Pablo Schreiber por su agente Mendez, el personaje más hijoputa de la televisión. 


MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA DE COMEDIA
Mayim Bialik (The Big Bang Theory) 
Julie Bowen (Modern Family) 
Allison Janney (Mom) 
Kate Mulgrew (Orange is the new black) 
Kate McKinnon (Saturday Night Live) 
Anna Chlumsky (Veep) 

Con Sofia Vergara todavía recuperándose del susto por no estar en el candelero de las nominadas, su compañera en Modern Family Julie Bowen (con cinco nominaciones y dos estatuillas) supone siempre una amenaza. Como lo son también las tres nuevas incorporaciones y de las que no contamos con antecedentes para valorar: Kate Mulgrev (no especialmente la más destacada secundaria de Orange is the new black), Kate McKinnon y la camaleónica Allison Janney por Mom. Arriesgamos la quiniela por ella.

miércoles, 20 de agosto de 2014

The Killing Finale: El regalo perfecto para incondicionales

Gracias al alma caritativa de Netflix, que la rescató del lodazal de las series canceladas con final abierto, The Killing ha gozado de un privilegio del que pocas pueden presumir, el de poder cerrar la trama y despedirse de sus fieles seguidores. No lo ha tenido nada fácil. Toda la paciencia que crítica y público demuestra con producciones de supuesto prestigio, no se manifestó con este absorbente thriller, castigado sin posibilidad de redención por no resolver el caso Larsen al finalizar la primera temporada. Una reacción tan apresurada como injusta, ya que la serie ha evidenciado una coherencia de principio a fin bastante insólita en el ámbito de la ficción televisiva.

Esta enésima oportunidad ha permitido a The Killing decir adiós de forma digna. Sin hacer ruido pero por la puerta grande. Sin sufrir el desgaste de los reproches, las cancelaciones y las renovaciones de última hora. Con la cabeza bien amueblada y, sobre todo, con un respeto hacia sus personajes principales, los inolvidables Linden y Holder, que la convierten en un clásico imprescindible del género negro.

Por primera vez en la televisión, el policía antisocial y atormentado que ahoga sus penas en la resolución obsesiva de un caso criminal no es un hombre, una premisa que ha hecho más por la igualdad de género que tantas otras series catalogadas injustamente como feministas. Sarah Linden, con toda su complejidad, sus nulas dotes para el roce y el cariño, su frialdad, ha normalizado a la mujer despojándola de todos aquellos atributos con los que la ficción suele etiquetarla.

Pero su evolución sería inapreciable sin la presencia del agente Holder, con el que conforman un tándem tan antiheroico como entrañable que otras producciones, como The bridge, han intentado emular sin el mismo resultado. El mejor ejemplo de esa química que logra traspasar la pantalla lo encontramos en la escena con la que The Killing echa el cierre para siempre y en la que por fin los sentimientos salen a la luz. Podría discutirse si el happy end concuerda con el tono gris y apesadumbrado de la serie, pero ese pañuelo azul y las palabras finales de Linden ponen los pelos de punta. Porque para nosotros ese coche bajo la lluvia incesante de Seattle también ha sido nuestro pequeño gran refugio televisivo.

Estos seis capítulos extra también han servido para brindarnos un nuevo caso con el que perfilar el retrato del inframundo que tan bien ha sabido precisar la serie. Los alumnos de la academia militar St. George, como lo fueron en la tercera temporada las adolescentes obligadas a ejercer la prostitución, representan esa realidad incómoda que toda gran ciudad busca esconder, el patio trasero en el que se acumulan todas las miserias y en el que apenas hay lugar para la esperanza. Un nuevo crimen para jugar otra vez al despiste y que sobre todo ha merecido la pena por la presencia de una Joan Allen midiendo sus fuerzas con la agente Linden. Otro gran fichaje a la altura del inquietante Peter Sarsgaard.

La serie no ha querido olvidarse de sus más fervientes seguidores, los que la hemos defendido a capa y espada, deleitándonos con referencias que cierran el círculo con broche de oro. La aparición estelar de Richmond o el regreso a la primera escena del crimen, ese lago boscoso y sórdido en el que comenzó todo, son el perfecto homenaje para un espectador entregado. Con ese viaje en carretera por los parajes de la cabecera, Linden por fin encuentra la paz consigo misma. Y decide quedarse. Se queda para siempre en nuestra memoria seriéfila.

jueves, 14 de agosto de 2014

Guardianes de la Diosa Marvel

Qué tipo más listo Kevin Feige. Lo destacaban este mes Cinemanía y Fotogramas pero hasta que uno no ve Guardianes de la galaxia no se percata de la astucia sin límites de este hombre de negocios. Consciente de que el público de Marvel Studios va envejeciendo y de que deben hacerlo siguiendo su calculado ciclo vital (ahora en plena fase dos), decidió sacudir un poco el piloto automático con el que avanza cómodamente la compañía introduciendo dos novedades en su universo cinematográfico: los 80 y La Guerra de las Galaxias. ¿Qué mejor guiño para los que ya rebasamos los 30? ¿Qué mejor manera de tomarle la delantera a J.J. Abrams?

Pues bien, hace falta algo más que un walkman y cuatro hits ochenteros para que me sienta identificado mínimamente con el personaje molón de Chris Pratt y, desde luego, mucho más que el rojo, amarillo, verde y azul de parchís con el que se distinguen algunas de las razas de este universo para acercarse siquiera al imaginario de George Lucas. Pero no importa. La maquinaria de Marvel y la entrega de sus millones de espectadores se demuestra a prueba de bombas.

Sólo así se explica que crítica y público hayan acogido con los brazos abiertos una trama de lo más convencional, una apuesta que pretendía dar un golpe de timón a la trayectoria del estudio y que finalmente ha terminado siendo una previsible y hueca lucha entre el bien y el mal. Un cúmulo de planteamientos, situaciones y, sobre todo, un sentido del humor dudoso que son la antítesis del ingenio y del riesgo. Una pieza más para el engranaje indestructible de la Marvel.

Es cierto que se la jugaban con Guardianes de la galaxia. La suma de sus cinco protagonistas no alcanza el carisma de uno solo de Los vengadores. Los chistes no sobrepasan el nivel de “no es un bolso, es una bandolera”. Los villanos, como esa especie de Darth Maul con tez azulada y martillo de Thor, son tan planos que ni siquiera causan inquietud. Sí, cualquier estudio se la hubiera pegado bien grande con este subproducto de La guerra de las galaxias. Pero la entrega y la benevolencia son absolutas cuando hablamos de la todopoderosa.

Quizá esté envejeciendo a pasos agigantados o mi humor no pase por uno de sus mejores momentos, pero la sucesión de chorradas sobre la fisonomía de Rocket (que su un hámster, que si un mapache) o la enésima repetición del Yo soy Groot me retornaron a la infancia menos creativa. Dibujos animados de mi niñez tenían más gracia que, por ejemplo, el baile que se marca el protagonista ante el malvado Ronan y que, en carne y hueso, resulta cuanto menos ridículo.

Como no podía ser de otra forma, la técnica salva los muebles de este entretenimiento de escasa ambición, pero ni aún con ese despliegue de medios logra impresionar. El uso del 3D, con esa fantástica flecha del mercenario azul, está justificado, pero la puesta en escena ni se esfuerza en disimular el abuso de croma ni en deslumbrar con decorados que tanto recuerdan a la arquitectura de Calatrava. El mínimo esfuerzo para un solo propósito: superar el no va más de Los vengadores fusionándolos con estos guardianes de la galaxia para una futura fase tres. Bravo por Feige. Ha logrado que interioricemos su hoja de ruta con la incuestionable y ciega fe de los más devotos.