lunes, 25 de agosto de 2014

EMMYS 2014: Despedida triunfal para Breaking Bad

Live Blog EMMYS 2014
 

viernes, 22 de agosto de 2014

EMMYS 2014: ¿Despedida a lo grande para Breaking Bad?

Son aburridos, incongruentes y condenadamente tradicionales. Cada años nos juramos y rejuramos que jamás volveremos a verlos. Y aquí estamos una vez más, deseando que llegue el próximo lunes para comprobar si de una vez por todas se obra el milagro y se cumplen nuestros mejores pronósticos. Nunca son descartables los sacrilegios. Ya en las nominaciones destacaron grandes ninguneos como la ausencia de The good wife a cambio de la persistente necesidad de incluir a Downton Abbey en la categoría principal. Pero este año parece que hay poco margen para el sobresalto. Los Emmys se debatirán entre mantener su compromiso con Breaking Bad después de romper sus lazos con Mad men o abrazar a una de las producciones más aplaudidas de la nueva temporada, True Detective. Ahí va mi apuesta.

MEJOR DRAMA
Breaking Bad 
Downton Abbey 
Juego de tronos 
House of cards 
Mad Men 
True Detective

La ausencia de The good wife en el podio de las seis nominadas con la que sin duda ha sido la mejor temporada de la serie desmerece por completo esta edición. Por el contrario, Downton Abbey ha conseguido colarse de nuevo entre las favoritas con una cuarta temporada para el olvido. Con una Mad Men destronada tras dos ediciones seguidas sin galardón, parece que este año el gran duelo se producirá entre una veterana que se despide, Breaking Bad, y una recién llegada que ha dado el golpe, True Detective. Todo ello sin desmerecer el excelente año que han cosechado dos ficciones de altura, House of cards y Juego de tronos. Suponemos que el primer Emmy para la serie de Vince Gilligan, concedido el año pasado, no será en vano y deberá rematarse este próximo lunes con un segundo galardón de despedida. 


MEJOR ACTOR DE DRAMA
Bryan Cranston (Breaking Bad) 
Jeff Daniels (The Newsroom) 
Jon Hamm (Mad Men) 
Woody Harrelson (True Detective) 
Matthew McConaughey (True Detective) 
Kevin Spacey (House of cards)

Todo puede esperarse de una academia de televisión que el año pasado decidió desmarcarse por completo y premiar a Jeff Daniels por su papel protagonista en The Newsroom. Pero si queda algo de sensatez entre sus miembros, este año debería ser, como en el cine, el de Matthew McConaughey por su brillante actuación en True Detective. Si existiera una categoría para el mejor tándem sin duda sería para el agente Rust y su colega Marty, encarnado por otro impresionante Woody Harrelson. Pero si éste finalmente se convierte en el año de Breaking Bad, el Emmy para Bryan Cranston tampoco sería descabellado. Mientras, Jon Hamm aguardará por séptimo año consecutivo desde el patio de butacas. Es su penúltima oportunidad.


MEJOR ACTRIZ DE DRAMA
Lizzy Caplan (Masters of sex) 
Claire Danes (Homeland) 
Michelle Dockery (Downton Abbey) 
Julianna Margulies (The good wife) 
Kerry Washington (Scandal) 
Robin Wright (House of cards) 

¿Repetirá Claire Danes por tercer año consecutivo? Ya sabemos que la academia de televisión estadounidense es de ideas fijas, pero dudamos que la tercera temporada de Homeland haya calado tan hondo entre sus miembros como en las dos primeras entregas. Lo que sí puede influir en la decisión final es el Globo de Oro que coronó a principios de año a Robin Wright por su impagable encarnación de la maquiavélica Claire Underwood, pero no descartemos ese aire de frescura que aporta Lizzy Caplan a Masters of sex y que aportaría a una gala con tendencia a la sorpresa. El premio de consolación para The good wife con la nominación de Julianna Margulies es casi tan insultante como la mención destacada para una siempre insulsa Michelle Dockery.


MEJOR ACTOR SECUNDARIO DRAMA
Aaron Paul (Breaking Bad) 
Jim Carter (Downton Abbey) 
Peter Dinklage (Juego de tronos) 
Josh Charles (The good wife) 
Mandy Patinkin (Homeland) 
Jon Voight (Ray Donovan)

La marcha de Josh Charles, por mucho que haya supuesto un impresionante revulsivo para The good wife, no parece motivo suficiente para premiar al que quizá sea el actor menos destacado de la serie, con un nivel interpretativo sobresaliente. No ocurre lo mismo con Peter Dinklage, que sin duda encarna al personaje más brillante de Juego de tronos y que en esta cuarta temporada nos ha deparado con su discurso ante el tribunal uno de los mejores momentos de la serie. Tanto él como Aaron Paul, los dos favoritos entonces y ahora, se quedaron sin premio ante Bobby Cannavale (Boardwalk Empire), así que tanto Jon Voight como Jim Carter no deberían perder las esperanzas.


MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA DRAMA
Anna Gunn (Breaking Bad) 
Maggie Smith (Downton Abbey) 
Joanne Froggatt (Downton Abbey) 
Lena Headey (Juego de tronos) 
Christine Baranski (The good wife) 
Christina Hendricks (Mad Men) 

El duelo entre Maggie Smith y Joanne Froggatt (¿su tragedia es suficiente para nominarla?) es tan descompensado como la inclusión de Lena Headey como única representante femenina de Juego de tronos, cuando otras compañeras de reparto como Maisie Williams o Gwendoline Christie han protagonizado también grandes momentos en esta cuarta temporada. Tanto Christine Baranski, la imprescindible Diane Lockhart en The good wife, como Christina Hendricks por Mad men han sido nominadas por quinta vez y es muy probable que marchen de nuevo con las manos vacías, porque lo más probable es que Anna Gunn suba de nuevo al escenario por esas escenas de infarto con Cranston en los capítulos finales de Breaking Bad.


MEJOR MINISERIE
American Horror Story: Coven 
Bonnie & Clyde 
Fargo 
Luther 
Treme 
The white queen 

El apartado más confuso, con los criterios más dudosos de estos galardones, tiene una de las predicciones más claras de esta edición. Fargo ha supuesto una sorpresa tan mayúscula e inesperada que crítica y público la han arropado como uno de los grandes estrenos del año. La escisión de la categoría con la creación del Emmy al mejor telefilm le allana aún más el camino sin la presión de The normal heart, la clara favorita en ese otro apartado. Por si fuera poco, la otra gran amenaza, American Horror Story, se ha marcado con esta Coven la peor de sus temporadas. Pero tampoco conviene quitarle el ojo a Treme, la última oportunidad de la Academia para premiar a la creación de David Simon.


MEJOR ACTOR EN MINISERIE O TELEFILM
Benedict Cumberbatch (Sherlock) 
Chiwetel Ejiofor (Dancing on the edge) 
Idris Elba (Luther) 
Martin Freeman (Fargo) 
Mark Ruffalo (The normal heart) 
Billy Bob Thornton (Fargo) 

Así como la vencedora del Emmy a la mejor miniserie parece bastante predecible, no lo es tanto el del actor protagonista en este apartado, que esta vez sí incluye también a los telefilms. Así, nos encontramos con un probable duelo entre los representantes de las dos favoritas. Por un lado, Mark Ruffalo llevando todo el peso de la incómoda The normal heart, y por el otro, los dos protagonistas de la serie revelación del año (Martin Freeman y Billy Bob Thornton en Fargo), que también lucharán entre sí para alzarse con el galardón. Por su parte, los ingleses Idris Elba y Benedict Cumberbatch todavía esperan su merecido reconocimiento por parte de la televisión norteamericana.


MEJOR ACTRIZ EN MINISERIE O TELEFILM
Helena Bonham Carter (Burton & Taylor) 
Minnie Driver (Return to zero) 
Jessica Lange (American Horror Story: Coven) 
Sarah Paulson (American Horror Story: Coven) 
Cicely Tyson (The trip to Bountiful) 
Kristen Wiig (The spoils of Babylon)

Es uno de los apartados más complicados de predecir, sobre todo si (como es el caso) no conoces la mayoría de los trabajos por los que estas actrices han sido destacadas. Es interesante el duelo particular entre las dos protagonistas, madre e hija en la ficción, de la tercera temporada de American Horror Story, y también la ausencia de una merecida tercera en discordia, la indispensable Kathy Bates. Puestos a vaticinar a tientas, destacaríamos la impresionante transformación de Helena Bonham Carter como Elizabeth Taylor. Sólo por desprenderse de una vez de ese aspecto neogótico tan del gusto de su marido Tim Burton ya merece una mención.


MEJOR COMEDIA
The Big Bang Theory 
Louie 
Modern Family 
Orange is the new black 
Silicon Valley 
Veep 

Cuatro temporadas, cuatro Emmys. Es el pleno que todavía ostenta Modern family y que parece tan complicado de batir. Salvo que este es el primer año que entra como contrincante una de las comedias revelación de la temporada pasada y que ha conseguido cautivar a millones de seriéfilos. Orange is the new black aterrizó en Netflix el año pasado y enseguida conquistó a crítica y público. Podría ocurrir lo mismo con su desembarco en los Emmys, ya que las veteranas Veep, Louie y The Big Bang Theory no han podido derrotar a la todopoderosa comedia familiar de la ABC y Silicon Valley ha obtenido una acogida menos entusiasta. 


MEJOR ACTOR DE COMEDIA
Louis CK (Louie) 
Don Cheadle (House of lies) 
Ricky Gervais (Derek) 
Matt LeBlanc (Episodes) 
William H. Macy (Shameless) 
Jim Parsons (The Big Bang Theory)

Jim Parsons ha subido al escenario para recoger su premio en tres de las cinco ocasiones seguidas en las que se le ha destacado por encarnar a Sheldon, la última el año pasado. Louis CK, Don Cheadle y Matt LeBlanc, por su parte, siguen esperando que los académicos obren el milagro, mientras William H. Macy por fin entra en la contienda después de cuatro temporadas interpretando a Frank Gallagher en Shameless. Pero ¿será finalmente la oveja negra Ricky Gervais el que les arrebate el galardón por Derek


MEJOR ACTRIZ DE COMEDIA
Lena Dunham (Girls) 
Edie Falco (Nurse Jackie) 
Julia Louis-Dreyfus (Veep) 
Melissa McCarthy (Mike y Molly) 
Amy Poehler (Parks and Recreation) 
Taylor Schilling (Orange is the new black) 

Edie Falco y Melissa McCarthy ya han saboreado la victoria, hasta que llegó Julia Louis-Dreyfus con Veep y encandiló a los académicos dos años seguidos. Nada hace pensar que alguna de sus contricantes, con las que ya se ha batido en varias ocasiones, le arrebate el tercer galardón consecutivo, salvo por la gran incógnita de la noche, Taylor Schilling. Es probable que Orange is the new black llegue al corazón de los académicos de televisión, pero seamos objetivos. Piper no es el alma de la serie, lo son todas las presas, y así se lo reconocieron hace unos días concediéndoles el Emmy creativo al mejor casting. 


MEJOR ACTOR SECUNDARIO DE COMEDIA
Andre Braugher (Brooklyn Nine-Nine) 
Adam Driver (Girls) 
Jesse Tyler Ferguson (Modern Family) 
Ty Burrell (Modern Family) 
Fred Armisen (Portlandia) 
Tony Hale (Veep) 

Es evidente que los académicos lo tienen claro en cuanto o comedias: Modern Family o Veep. Cada año varios de los integrantes masculinos de Modern Family rivalizan en este apartado, mientras que en la última edición se alzó con el premio Tony Hale. Con la ausencia de Eric Stonestreet (que ya lleva dos) y el Emmy con el que ya cuenta Ty Burrell, quizá vaya siendo hora de honrar al cinco veces nominado Jesse Tyler Ferguson. Pero puede que la gran novedad de este año, Andre Braugher por Brooklyn Nine-Nine, le chafe de nuevo su gran oportunidad. Todavía me rasgo las vestiduras por la ausencia de Pablo Schreiber por su agente Mendez, el personaje más hijoputa de la televisión. 


MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA DE COMEDIA
Mayim Bialik (The Big Bang Theory) 
Julie Bowen (Modern Family) 
Allison Janney (Mom) 
Kate Mulgrew (Orange is the new black) 
Kate McKinnon (Saturday Night Live) 
Anna Chlumsky (Veep) 

Con Sofia Vergara todavía recuperándose del susto por no estar en el candelero de las nominadas, su compañera en Modern Family Julie Bowen (con cinco nominaciones y dos estatuillas) supone siempre una amenaza. Como lo son también las tres nuevas incorporaciones y de las que no contamos con antecedentes para valorar: Kate Mulgrev (no especialmente la más destacada secundaria de Orange is the new black), Kate McKinnon y la camaleónica Allison Janney por Mom. Arriesgamos la quiniela por ella.

miércoles, 20 de agosto de 2014

The Killing Finale: El regalo perfecto para incondicionales

Gracias al alma caritativa de Netflix, que la rescató del lodazal de las series canceladas con final abierto, The Killing ha gozado de un privilegio del que pocas pueden presumir, el de poder cerrar la trama y despedirse de sus fieles seguidores. No lo ha tenido nada fácil. Toda la paciencia que crítica y público demuestra con producciones de supuesto prestigio, no se manifestó con este absorbente thriller, castigado sin posibilidad de redención por no resolver el caso Larsen al finalizar la primera temporada. Una reacción tan apresurada como injusta, ya que la serie ha evidenciado una coherencia de principio a fin bastante insólita en el ámbito de la ficción televisiva.

Esta enésima oportunidad ha permitido a The Killing decir adiós de forma digna. Sin hacer ruido pero por la puerta grande. Sin sufrir el desgaste de los reproches, las cancelaciones y las renovaciones de última hora. Con la cabeza bien amueblada y, sobre todo, con un respeto hacia sus personajes principales, los inolvidables Linden y Holder, que la convierten en un clásico imprescindible del género negro.

Por primera vez en la televisión, el policía antisocial y atormentado que ahoga sus penas en la resolución obsesiva de un caso criminal no es un hombre, una premisa que ha hecho más por la igualdad de género que tantas otras series catalogadas injustamente como feministas. Sarah Linden, con toda su complejidad, sus nulas dotes para el roce y el cariño, su frialdad, ha normalizado a la mujer despojándola de todos aquellos atributos con los que la ficción suele etiquetarla.

Pero su evolución sería inapreciable sin la presencia del agente Holder, con el que conforman un tándem tan antiheroico como entrañable que otras producciones, como The bridge, han intentado emular sin el mismo resultado. El mejor ejemplo de esa química que logra traspasar la pantalla lo encontramos en la escena con la que The Killing echa el cierre para siempre y en la que por fin los sentimientos salen a la luz. Podría discutirse si el happy end concuerda con el tono gris y apesadumbrado de la serie, pero ese pañuelo azul y las palabras finales de Linden ponen los pelos de punta. Porque para nosotros ese coche bajo la lluvia incesante de Seattle también ha sido nuestro pequeño gran refugio televisivo.

Estos seis capítulos extra también han servido para brindarnos un nuevo caso con el que perfilar el retrato del inframundo que tan bien ha sabido precisar la serie. Los alumnos de la academia militar St. George, como lo fueron en la tercera temporada las adolescentes obligadas a ejercer la prostitución, representan esa realidad incómoda que toda gran ciudad busca esconder, el patio trasero en el que se acumulan todas las miserias y en el que apenas hay lugar para la esperanza. Un nuevo crimen para jugar otra vez al despiste y que sobre todo ha merecido la pena por la presencia de una Joan Allen midiendo sus fuerzas con la agente Linden. Otro gran fichaje a la altura del inquietante Peter Sarsgaard.

La serie no ha querido olvidarse de sus más fervientes seguidores, los que la hemos defendido a capa y espada, deleitándonos con referencias que cierran el círculo con broche de oro. La aparición estelar de Richmond o el regreso a la primera escena del crimen, ese lago boscoso y sórdido en el que comenzó todo, son el perfecto homenaje para un espectador entregado. Con ese viaje en carretera por los parajes de la cabecera, Linden por fin encuentra la paz consigo misma. Y decide quedarse. Se queda para siempre en nuestra memoria seriéfila.

jueves, 14 de agosto de 2014

Guardianes de la Diosa Marvel

Qué tipo más listo Kevin Feige. Lo destacaban este mes Cinemanía y Fotogramas pero hasta que uno no ve Guardianes de la galaxia no se percata de la astucia sin límites de este hombre de negocios. Consciente de que el público de Marvel Studios va envejeciendo y de que deben hacerlo siguiendo su calculado ciclo vital (ahora en plena fase dos), decidió sacudir un poco el piloto automático con el que avanza cómodamente la compañía introduciendo dos novedades en su universo cinematográfico: los 80 y La Guerra de las Galaxias. ¿Qué mejor guiño para los que ya rebasamos los 30? ¿Qué mejor manera de tomarle la delantera a J.J. Abrams?

Pues bien, hace falta algo más que un walkman y cuatro hits ochenteros para que me sienta identificado mínimamente con el personaje molón de Chris Pratt y, desde luego, mucho más que el rojo, amarillo, verde y azul de parchís con el que se distinguen algunas de las razas de este universo para acercarse siquiera al imaginario de George Lucas. Pero no importa. La maquinaria de Marvel y la entrega de sus millones de espectadores se demuestra a prueba de bombas.

Sólo así se explica que crítica y público hayan acogido con los brazos abiertos una trama de lo más convencional, una apuesta que pretendía dar un golpe de timón a la trayectoria del estudio y que finalmente ha terminado siendo una previsible y hueca lucha entre el bien y el mal. Un cúmulo de planteamientos, situaciones y, sobre todo, un sentido del humor dudoso que son la antítesis del ingenio y del riesgo. Una pieza más para el engranaje indestructible de la Marvel.

Es cierto que se la jugaban con Guardianes de la galaxia. La suma de sus cinco protagonistas no alcanza el carisma de uno solo de Los vengadores. Los chistes no sobrepasan el nivel de “no es un bolso, es una bandolera”. Los villanos, como esa especie de Darth Maul con tez azulada y martillo de Thor, son tan planos que ni siquiera causan inquietud. Sí, cualquier estudio se la hubiera pegado bien grande con este subproducto de La guerra de las galaxias. Pero la entrega y la benevolencia son absolutas cuando hablamos de la todopoderosa.

Quizá esté envejeciendo a pasos agigantados o mi humor no pase por uno de sus mejores momentos, pero la sucesión de chorradas sobre la fisonomía de Rocket (que su un hámster, que si un mapache) o la enésima repetición del Yo soy Groot me retornaron a la infancia menos creativa. Dibujos animados de mi niñez tenían más gracia que, por ejemplo, el baile que se marca el protagonista ante el malvado Ronan y que, en carne y hueso, resulta cuanto menos ridículo.

Como no podía ser de otra forma, la técnica salva los muebles de este entretenimiento de escasa ambición, pero ni aún con ese despliegue de medios logra impresionar. El uso del 3D, con esa fantástica flecha del mercenario azul, está justificado, pero la puesta en escena ni se esfuerza en disimular el abuso de croma ni en deslumbrar con decorados que tanto recuerdan a la arquitectura de Calatrava. El mínimo esfuerzo para un solo propósito: superar el no va más de Los vengadores fusionándolos con estos guardianes de la galaxia para una futura fase tres. Bravo por Feige. Ha logrado que interioricemos su hoja de ruta con la incuestionable y ciega fe de los más devotos.

martes, 12 de agosto de 2014

El revulsivo para Cinemax

Esto no es House o Anatomía de Grey. Aquí la maquinaria quirúrgica de última generación no se acompaña de música molona para impresionar al espectador. Aquí la banda sonora y la estética, tanto o más modernas que en las series médicas de gran popularidad, ejercen de contrapeso ante los rudimentos de la medicina de principios del siglo pasado, cuando la anestesia se alcanzaba con éter o comenzaban a gestarse las primeras cesáreas. Una época de utensilios y remedios prehistóricos que The Knick logra recrear a conciencia, sin tapujos y con absoluta precisión, alcanzando cotas de espectacularidad mucho más altas que la tecnología más rompedora.

Porque los artilugios futuristas y la ciencia ficción están muriendo de éxito, quizá convenía echar una mirada al pasado para innovar en el campo de la ficción médica. Los de la HBO y su hermana menor Cinemax han sabido encontrar un filón apasionante en los avances que revolucionaron la historia de la medicina. Hartos de diagnósticos y tratamientos ultraeficaces, de tecnología punta, de CSIs, nos ofrecen una visión mucho más cercana de la profesión médica que las tramas actuales.

Absténganse los hipocondríacos, porque The Knick abre sus puertas con una intervención quirúrgica en la que no se escatiman los primeros planos. Bisturís, incisiones, tijeras, esponjas y sangre, mucha sangre, es lo que desprenden los primeros planos de una serie que no cree en los milagros y los finales felices sino en los avances y retrocesos de una época de plena experimentación, en la que la medicina avanzaba a tientas y sin patrón.

El encargado de impartir esta asignatura avanzada sobre Historia de la cirugía es el Dr. John W. Thackery, algo así como el Gregory House de 1900 pero sin cojera y con adicción a la cocaína. Brusco y detestable como su colega en el Princeton-Plainsboro, ambos comparten una miserable existencia absolutamente entregada al trabajo. La gran diferencia es que The Knick no lleva el nombre de su protagonista sino el de un hospital. Pequeño gran matiz que permite ofrecer una visión amplia y global del sistema de salud en la Nueva York de los primeros años del siglo XX.

Los derechos del paciente, la enfermería, las urgencias, la filantropía. Nada es como solía ser en aquella época, tal como rezaban los diez diferentes carteles promocionales de la serie y que ya vaticinaban su gran amplitud de miras. Tampoco la igualdad de oportunidades ni la religión, representadas por dos de los personajes más prometedores de The Knick, el médico negro de impecable currículum y la monja pingüino adicta al tabaco y al sarcasmo.

Por si todas las virtudes que ha mostrado el piloto (y alguna flaqueza, como la tendencia al arquetipo) no fueran suficientes, la serie queda en manos de Steven Soderbergh, que parece haberle encontrado el gustillo a la televisión tras el éxito de Behind the Candelabra. No es una impronta cualquiera. Con su abanico de planos de riesgo y una agilidad en el ritmo que recuerda a Ocean’s eleven, consigue dotar de la más rabiosa actualidad a una serie de época. La dosis de talento y prestigio que le faltaba a Cinemax para convertirse en otro canal de referencia.

miércoles, 30 de julio de 2014

Cuando la música es el calzador

¿Puede una canción salvarte la vida? Era el título idealista, cursi y en principio poco comercial con el que el irlandés John Carney pretendía debutar en Estados Unidos tras el éxito de Once. Rebautizada ahora como Begin again, eran quizá los tres atributos que mejor definen a esta cinta musical, un romance de tono soñador y utópico que ahuyentará a los más escépticos pero que en realidad nos reconcilia de nuevo con la magia del cine y de la música.

Dos voces insólitas, la delicadamente aguda de Adam Levine junto a la desconocida y sorprendente de Keira Knightley, se convierten en protagonistas de esta fábula sobre la industria musical y el amor que, por si fuera poco, recurre a la Nueva York más bella como telón de fondo. Imposible resistirse al magnetismo de algunas imágenes y acordes que cohabitarán durante días y sin remedio dentro de nuestra cabeza.  

La película arranca en unplugged, desenchufada, sin cuerpo, con una visión romántica de la música independiente y una sarta de tópicos sobre las discográficas que invitan al abandono. Es cuando conocemos a Gretta y a Dav, una bucólica pareja de músicos que verá truncada su felicidad por culpa de un entramado industrial que arrincona el talento y fomenta la fama más destructiva. Es cuando también entra en escena el productor musical en horas bajas Dan, encarnado por un Mark Ruffalo al principio histriónico pero finalmente entrañable.

Porque hay un momento cumbre de su personaje en el que llega la inspiración y Begin again se llena de arreglos. Guitarras, pianos, instrumentos de cuerda y baterías revisten la banda sonora y aportan de paso al metraje el brío que le faltaba. La música se abre paso y trastoca la puesta en escena, proporcionando grandes números musicales como los que tienen lugar en un callejón y una azotea o como ese paseo por Times Square compartiendo la música del ipod con unos auriculares dobles. A los más duros les causará una sonrisa. A los más sensibles, la piel de gallina.

Si algo desprende la cinta es vitalidad y optimismo, gracias sobre todo al entusiasmo y la química entre Knightley y Ruffalo, absolutamente entregados a ese mensaje tan manido, pero cierto, que reivindica la música como el auténtico lenguaje universal. Sí, Begin again es idealista, cursi y seguramente poco comercial, pero demuestra que una canción no sólo puede salvar una película sino llenarla de vida.

viernes, 25 de julio de 2014

La antítesis de Pedro García Aguado

En otra de esas incomprensibles decisiones de las distribuidoras de nuestro país, Short term 12 se ha adaptado al mercado español con el manido título de Las vidas de Grace, cuando en realidad lo que relata este drama independiente es la mera y única existencia de la protagonista como monitora en un centro de acogida para adolescentes. Perra vida la de Grace pero una sola al fin y al cabo. Ni siquiera ella aceptaría acaparar el foco en una cinta que es todo un canto al altruismo, el elogio de una profesión, la del trabajador social, menospreciada incluso en el cine más comprometido.  

Short term 12 no es una película de fácil digestión. A los vicios del cine independiente, tan obsesionado a veces por el detalle, la austeridad y los planos de relleno, se le une un cierto aire desesperanzador, el que desprende esa cárcel de muros invisibles y de sueños truncados. Por suerte, ese clima de tristeza y abatimiento se corresponde con un guión que se acerca a los jóvenes sin condescendencia ni morbo, sólo con el respeto y la ternura de dos monitores con auténtica vocación.

No es de extrañar que tanto la película como su actriz protagonista, Brie Larson, encandilaran en el inabarcable tour de festivales independientes. Ambas refuerzan ese espíritu de comunidad que tanto define a Estados Unidos, sobre todo cuando la tragedia llega y se disparan los sentimientos de solidaridad. Pero ni siquiera la ayuda al prójimo está exenta de claroscuros, tal y como encarna el monitor recién llegado que ha decidido invertir un año sabático en esa aventura tan admirada de socorrer a los más desfavorecidos. La falsa caridad (muy manifiesta en su búsqueda desesperada de loción desinfectante) frente a la honesta generosidad.

Pudiendo recrearse a fondo en las reacciones más violentas de un grupo de jóvenes desorientados, Destin Cretton prefiere ahondar en los remedios, que simplemente pasan por la comprensión y la pedagogía. Así pues, los que esperen una especie de versión cinematográfica de Hermano mayor pueden bucear en la extensa filmografía sobre violencia en las aulas porque esta Short term 12 es de las que todavía cree en la reinserción y el diálogo. Quizá peque de idealista, pero su homenaje a la fraternidad al menos da lugar a la esperanza.