viernes, 30 de enero de 2015

Atención: Esta película puede herir su sensibilidad

La imagen de Pedro Piqueras advirtiendo a los espectadores de lo espeluznantes, terroríficas, sobrecogedoras que son las imágenes que vienen a continuación sobrevuela todo el metraje de Nightcrawler. Uno se lo imagina cuál Rene Russo, la directora de informativos en esta adictiva ficción, salivando con el material audiovisual más impactante y sanguinario, sufriendo auténticos orgasmos sólo de pensar en los picos de audiencia del día siguiente. Es la lectura más fácil, la de criminalizar a las televisiones, empresas desalmadas sin otro objetivo que el lucro. Pero el punto de mira de esta maravillosa opera prima en realidad es mucho más amplio. Apunta directamente a nuestra frente.

Ese personaje abominable y sin escrúpulos que representa Lou Bloom es el espejo, hiperbolizado si se quiere, en el que todos podríamos reflejarnos. Porque ¿quién no ha provocado colas kilométricas en la autopista para retener el máximo de detalles tras un accidente de tráfico? En plena vorágine de smartphones y redes sociales ese morbo casi inherente a nuestra condición humana se ha agudizado, se ha perfeccionado para adecuarse a los cánones del periodismo, esa profesión degradada que cualquiera es capaz de aprender en cuestión de minutos.

Sorprende la rapidez con la que un pobre desgraciado asume las leyes más elementales y menos reputadas del periodismo actual, el que tanto abre los titulares de Piqueras como moviliza a la redacción de Ana Rosa Quintana. Una cámara y cero escrúpulos son suficientes para convertir a un don nadie en un codiciado proveedor de contenidos truculentos. En ese sentido, Nightcrawler no escatima en escenas y diálogos brillantes sobre el mercadeo de noticias, esa subasta en la que la vida de un blanco de un barrio residencial tiene más valor que un tiroteo entre dos bandas hispanas.

Jake Gyllenhaal y Rene Russo representan el tándem perfecto sobre el cinismo y la ambición del periodismo más incómodo. Hay conversaciones entre ellos, sobre todo la que acontece en un restaurante mejicano, que son magistrales lecciones sobre la inmoralidad. Estímulos verbales en una cinta cargada de clímax, que no da pie al descanso en su alocada búsqueda del suceso más rentable y macabro, que funciona perfectamente como película de acción, como thriller oscuro y, sobre todo, como profundo retrato de un antihéroe.

Porque Nightcrawler sería impensable sin la mirada gélida y perturbadora de Jake Gyllenhaal. Lleva ya tiempo demostrando lo bien que le sienta el lado oscuro. Lo hizo el año pasado con Prisioneros y poco después con Enemy, pero ha sido con este impresionante debut de Dan Gilroy que el actor se ha adentrado de lleno en los suburbios más oscuros de la interpretación, los que ponen los pelos de punta pero no reciben ningún tipo de gratificación. Importa bien poco. Lo que es noticia lo deciden unos. Lo que perdura lo decidimos entre todos.

jueves, 15 de enero de 2015

OSCARS 2015: ¿La gran noche de Linklater?

Mejor película
Pocos dudan que éste será el año de Boyhood y su milagrosa captación del tiempo. Pocos lo dudan y pocos lo discuten. La hazaña de Linklater a la hora de rodar con los mismos protagonistas durante doce años es tan rompedora que nadie entra a discutir si la película finalmente está a la altura de tamaño experimento. En todo caso, las nominaciones de este año han servido al menos para dar un empuje a otros filmes que, aunque seguramente no tengan ninguna posibilidad de cara a la próxima gala, al menos hoy salen reforzados con un alud de candidaturas. Es el caso de El francotirador, La teoría del todo, El gran hotel Budapest y Whiplash, todas ellas muy presentes en las categorías importantes. La excepción la encontramos con Foxcatcher que, a pesar de haber logrado cinco nominaciones ha sido totalmente ignorada en la categoría principal. Su hueco seguramente lo haya ocupado Selma, que únicamente ha conseguido esta extraña mención y la de canción original. Rarezas de los Oscars.

Mejor director
Sería absurdo premiar una película por su maravillosa idea y no hacer lo propio con su gestante, un Richard Linklater que hasta ahora jamás había logrado meterse en la contienda como mejor director. Con su trilogía Before, bastante más interesante que Boyhood, logró dos nominaciones al mejor guión adaptado, pero la Academia finalmente se ha tenido que rendir ante la clamorosa unanimidad de la crítica. Los únicos que podrían hacerle sombra son Wes Anderson, nominado por cuarta vez, y Alejandro González Iñárritu, cuyo brillante golpe de timón en su carrera bien merecería un galardón.

Mejor actriz
Reforzada por su doble nominación a los Globos de Oro, de la que finalmente obtuvo el galardón a la mejor actuación dramática, Julianne Moore parte como favorita por Siempre Alice. Algunos considerarían este Oscar como un premio de consolación por los constantes ninguneos hacia una de las actrices imprescindibles de nuestra época, pero sin duda es porque no han visto su apabullante transformación durante una cinta que muestra la decadencia de una enferma de Alzheimer. Tan sólo Marion Cotillard está a la altura de la interpretación de Moore, con un personaje mucho más comedido pero igualmente intenso.

Mejor actor
¿Benedict Cumberbatch o Eddie Redmayne? Es el gran duelo que se vaticina para la próxima gala de los Oscars y que podría saldarse con cualquiera de los dos. Ambos interpretan a dos eminentes científicos, Alan Turing y Stephen Hawking, pero si hay algo que puede inclinar la balanza hacia Redmayne es, sin duda, la transformación que acompaña a su personaje, tan del gusto de los académicos. Los Globos de oro también resolvieron la contienda a su favor, así que lo más probable es que nuestro Sherlock favorito deba esperar. Ocasiones no le faltarán. El que sale más perjudicado es Michael Keaton que, como le ocurre a su personaje en Birdman, verá pasar su gran oportunidad de volver a primera línea de fuego.

Mejor actriz de reparto
Enésima nominación de Meryl Streep aparte, conviene destacar otras dos actuaciones secundarias, la de Emma Stone en Birdman, con un papel absolutamente alejado de su carrera y del que sale todavía más airosa, y la de Keira Knightley en The imitation game (no ha habido narices para nominarla por Begin again). Keira es otra de las eternas ninguneadas por la Academia, no sólo porque no cuenta con ninguna estatuilla sino porque sólo ha sido nominada en otra ocasión por Orgullo y prejuicio. Es probable, sin embargo, que ninguna de las dos suba el escenario del Dolby Theatre. A Patricia Arquette sí que le ha llegado su segunda oportunidad.

Mejor actor de reparto
No hay duda al respecto. La actuación de J.K. Simmons en Whiplash como estricto profesor de jazz es tan potente que nadie se atreve a desbancarlo de las quinielas. Ni siquiera compitiendo con otra actuación de vértigo, la de todo un veterano como Robert Duvall en El juez, ni con uno de los protagonistas del fenómeno de esta edición, Ethan Hawke en Boyhood. A falta de conocer el trabajo de Ruffalo en Foxcatcher, lo de Edward Norton en Birdman también es de otro planeta. Esta es probablemente la categoría más justa y talentosa de los próximos Oscars.

Mejor guión original
Y para completar el trío imprescindible, Boyhood también debería salir el próximo 22 de febrero con la estatuilla al mejor guión original. Es probable que sea la gran noche de Linklater, a no ser que los académicos quieran repartir el pastel con otras dos grandes rivales, Birdman y El gran hotel Budapest. La gran sorpresa de estas nominaciones (junto a la inexplicable ausencia de La Lego película como candidata a mejor película de animación), es la mención a Nightcrawler, que empezó a sonar fuerte en los inicios de la temporada de premios pero que se fue desinflando con los primeros festivales.

Mejor guión adaptado
Cuatro de las cinco películas nominadas a mejor guión adaptado optan también al premio gordo, pero sólo una de ellas, The imitation game, cuenta con su realizadores entre los candidatos a la mejor dirección. ¿Motivo suficiente para que parta como favorita de la línea de salida? De entrada, la cinta de Morten Tyldum parece la gran rival de Boyhood en la categoría principal, pero tanto El francotirador como Whiplash han salido muy reforzadas tras las nominaciones de este mediodía. Desde luego, toda sorpresa será bienvenida en una de las ediciones más competitivas de los Oscars.

lunes, 12 de enero de 2015

Los Globos consolidan a Boyhood y exponen a The affair

Los Globos de Oro suelen ser como la Lotería. El premio gordo acostumbra a repartirse. Pero esta vez, los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera han querido marcar bien el terreno que nos conduce hasta los próximos Oscars: La ganadora debe ser Boyhood. El experimento de Richard Linklater salió anoche con tres de los grandes, director incluido, y sobre todo con una de sus grandes contrincantes, Birdman, derrotada por El gran hotel Budapest en la categoría de mejor comedia. Parece que ya no hay rival posible para esos retazos de una vida rodados a lo largo de 12 años.

Otra que también tiene el camino allanado hacia el escenario del Dolby Theatre es Julianne Moore, que al fin ve recompensada su brillante carrera en una temporada de premios que siempre le da la espalda. Este año estaba nominada por partida doble y finalmente ha sido su papel dramático en Siempre Alice la que la ha llevado al altar del hotel Beverly Hilton. Tras tres fallidas nominaciones a los Oscars, ¿logrará por fin Moore su preciada estatuilla? Parece evidente que Amy Adams, premiada como mejor actriz de comedia por Big eyes, no será una gran rival a batir.

La categoría de mejor actor, sin desdobles entre comedia y drama, no queda tan clara tras la entrega de los Globos de Oro. Michel Keaton por su apabullante interpretación en Birdman, y Eddie Redmayne, con uno de esos papeles siempre premiables en Hollywood, parten como grandes favoritos. Pero no conviene desestimar las posibilidades de un Benedict Cumberbatch que no sólo lo ha dado todo en The imitation game sino también en toda la campaña de galardones.

Las predicciones se han cumplido de lleno con J.K. Simmons y su espeluznante actuación en Whiplash y, en cierta manera también, con Patricia Arquette. Dos papeles considerados secundarios que, sin embargo, pueblan y consolidan buena parte del metraje de sus películas. Ambos han logrado vencer en la que probablemente sea la categoría con más talento de esta temporada (Keira Knightley, Meryl Streep, Emma Stone, Jessica Chastain, Ethan Hawke, Robert Duvall, Edward Norton y Mark Ruffalo. No hay más que decir).

Arriesgando con The Affair

Por otro lado, las categorías televisivas de los Globos de oro han ido alcanzando con los años una mayor notoriedad, sobre todo porque los miembros de la prensa extranjera suelen arriesgar mucho más en sus galardones que los encorsetados académicos de la televisión estadounidense. Prueba de ello es su (discutible) Globo de Oro para The Affair, sin duda una de las grandes revelaciones de la temporada y que con una única temporada ha logrado vencer a lo invencible: la cuarta temporada de Juego de tronos, la segunda de House of cards y, sobre todo, la insuperable quinta de The good wife.

Aunque algunos esperábamos ver al matrimonio Underwood posando juntos en el photocall con sus dos Globos de oro, esta vez ha sido el turno de Kevin Spacey (el año pasado fue el de Robin Wright), que ha sido retratado junto a la actriz televisiva del momento. Ruth Wilson suponía, junto a Viola Davis, un soplo de aire fresco en la categoría de mejor actriz principal en televisión y, sin duda, es todo un acierto de casting en una serie, The affair, que ya suena fuerte de cara a los Emmys de septiembre.

La categoría de actores secundarios en televisión ha sido la más surrealista de la velada. Si parece increíble que Downton Abbey todavía se mantenga año tras año entre las nominadas, mucho más impactante ha sido ver a Joanne Froggatt recoger el premio en detrimento de pesos pesados como Michelle Monaghan o Uzo Aduba. Algo parecido sucede también con Matt Bomer, galardonado más por su transformación física que por su aportación a The normal heart, incomparable a la de otros contrincantes como Alan Cumming, ninguneado por su imprescindible Eli Gold en The good wife.

La que hace unos meses partía como gran favorita junto a su actor protagonista, True Detective con Matthew McConaughey, se ha visto superada por otra de las sensaciones de la temporada. FargoModern family porque Transparent comienza el año dispuesta a arrasar en los próximos Emmy. Como también ha arrasado con sus apuestas la reciente Movistar Series. En su sana y particular guerra con Canal+ series por la adquisición de los mejores productos televisivos, ha dado en el clavo. Doblete en los Globos de oro con The affair y Transparent. Bienvenida la competencia.

viernes, 9 de enero de 2015

Nada es por amor al arte

Al final, todo se reduce al ego. El que los actores necesitan alimentar cada vez que suben a un escenario o se plantan delante de una cámara, pero que camuflan bajo el manto del arte, como un acto altruista hacia los espectadores, como un bien social. O como el que se autoadministran los críticos cuando señalan el rumbo de una obra tras la comodidad de una pantalla de ordenador, conscientes de su poder de movilización de masas. Si ya a pequeñísima escala uno ya escribe pensando en el número de seguidores, en la relevancia social, qué no ocurrirá con los grandes astros del cine, almas en el fondo acomplejadas en búsqueda constante del titular.

Sobre esa industria del entretenimiento, siempre necesitada de teletipos, y sobre los que de alguna manera se encuentran atrapados en ese círculo vicioso trata valientemente Birdman. No sólo porque lanza escupitajos hasta al apuntador, público incluido, sino porque supone un giro radical en la carrera de su director, un Alejandro González Iñárritu bastante habilidoso en el terreno del drama social pero que ahora se demuestra también virtuoso en un ámbito mucho más complicado, el de la crítica intelectual.
 
Porque la historia de Riggan, una estrella del cine de superhéroes en horas bajas, es todo un mazado de crudeza y honestidad para un star-system tan ocupado mirándose el ombligo, tan autoconsciente de su trascendencia, que no se da cuenta de lo volátil y efímera que se ha convertido la fama. En la era de los tweets, las visitas y los fenómenos virales, la lucha por el trending topic se ha vuelto encarnizada, hasta el punto que los minutos de gloria se alcanzan a base de esperpentos.

Riggan se encuentra inmerso en esa espiral de constante insatisfacción, obsesionado con llegar a un público anónimo y desalmado, una audiencia ávida de la carnaza suficiente para rellenar sus conversaciones de bar y sus timelines, ese otro foro del narcisismo en el que todos buscamos nuestro pequeño espacio de relevancia. De ahí que la escena del protagonista corriendo en calzoncillos por Times Square, ante cientos de smartphones en busca del mejor ángulo, sea tan brillante y paradigmática de la situación actual, que sólo puede condenar al fracaso y la frustración a aquellos que buscan sobresalir con dignidad de la muchedumbre.

Rodada en un falso plano secuencia, por momentos asfixiante, Birdman en realidad está plagada de pequeñas grandes escenas, en las que interpretaciones, diálogos y puesta en escena se alinean a la perfección para dejar en evidencia el show business. El rapapolvo de la hija de Riggan (fantástica e irreconocible Emma Stone) o la conversación con la todopoderosa crítica del The New York Times la noche antes del gran estreno de Broadway con el que el protagonista busca encauzar su carrera no tienen desperdicio, por no mencionar la batalla interior que Michael Keaton libra con su propia conciencia, un superhéroe alojado en el pragmatismo del dólar.

En un ejercicio de metaficción sobresaliente, Iñárritu escoge un plantel de actores cuya situación real encaja perfectamente con el argumento de la cinta. Un olvidado Keaton busca despegarse de la máscara del hombre murciélago con un registro radicalmente distinto, pero un intérprete más consolidado (Edward Norton se sale durante todo el metraje) eclipsa en cierta manera su enorme esfuerzo. Al final, Birdman es el mejor ejemplo de su propia máxima: la popularidad se persigue, pero el prestigio se gana. Iñárritu, desde luego, se lo ha ganado.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Las 10 mejores películas de 2014

Que 2014 ha sido un excelente año para el cine español no sólo lo demuestran las mareantes cifras de Ocho apellidos vascos sino también la gran cantidad de propuestas made in Spain (más allá de la comedia superventas) que se han colado en la mayoría de rankings con lo mejor de los últimos doce meses. Codo a codo con obras maestras internacionales como Her o Mommy se sitúan talentosas cintas como 10.000 km., La isla mínima o Carmina y amén, probablemente una de las mejores comedias producidas en este país y probablemente también de las menos recompensadas. Junto a otras maravillas como Relatos salvajes o Magical Girl (no incluida inmerecidamente en esta lista personal e intransferible) conforman un espléndido año para un cine, el español, que debe seguir obviando sus complejos y las fórmulas trilladas.

En el podio de este ranking conviven tres pequeñas grandes joyas del cine independiente, las que mejor han sabido emocionar con premisas y estética arriesgadas y valientes. Tres obras imprescindibles de la mano de tres autores con personalidad arrolladora pero que saldrán de vacío de la tanda de premios gordos, reservada ya para Richard Linklater y su inigualable Boyhood. ¿Es suficiente una idea brillante, irrepetible, clamorosa como la de plasmar la evolución del tiempo a lo largo de doce años reales para encumbrar una obra sin un guión a la altura de tamaña genialidad? Muy discutible, aunque sin duda loable. Sólo hay que traspasar las doce campanadas de esta noche para comprobar lo que nos depara un 2015 que arrancará potente. The imitation game, Birdman y La teoría del todo nos esperan a la vuelta de la esquina. ¡Feliz y cinematográfico año!

10. Carmina y amén (Ver crítica)

9. Begin again (Ver crítica)

8. El lobo de Wall Street

7. 10.000 km (Ver crítica)

6. Snowpiercer

5. La isla mínima (Ver crítica)

4. Relatos salvajes (Ver crítica)

3. Orígenes (Ver crítica)

2. Mommy (Ver crítica)

1. Her

viernes, 12 de diciembre de 2014

Mejor... dejarse llevar

Juntemos a un niño adorable con un viejo refunfuñón y obtendremos enseguida el filme sensiblero perfecto. Si encima lo aderezamos con una exótica prostituta y una madre en apuros, la fórmula se convertirá en infalible. Es el secreto que pregona a voces St. Vincent, una película que en ningún momento disimula su voluntad de tocar la fibra sensible y ante la que únicamente caben dos actitudes: el escepticismo o la entrega absoluta a la causa lacrimógena. Evidentemente, para garantizar una experiencia plena y satisfactoria se recomienda encarecidamente dejarse arrastrar por todos y cada uno de sus trucos. Saldrán de la sala totalmente renovados.

La historia se repite. Un jubilado antisocial y solitario se ve forzado a convivir con personas de bien, que irrumpen en su vida sin previo aviso y trastocan los cimientos de su desestructurada existencia. En este caso es una madre separada y su hijo de catálogo, tan avispado, sensible y educado que sólo podía estar destinado a un bullying de campeonato. El cuarteto se completa con una prostituta rusa, fantástica Naomi Watts en el papel más zafio y sorprendente de su carrera. Cóctel de personajes antagónicos obligados a extraer su buen fondo.

Porque en películas como St. Vincent no hay lugar para la maldad. Hasta el ser más execrable esconde un motivo que justifica su odio hacia el universo. Y desde el primer minuto del metraje sabemos que de un ser abominable como el que protagoniza Bill Murray terminaremos extrayendo las mejores intenciones. Lo vivimos con el Melvin de Jack Nicholson en Mejor… imposible (el entrañable perro se sustituye aquí por un lindo gatito) y más recientemente con Max von Sydow en Tan fuerte, tan cerca. Sabemos que terminaremos encariñándonos con el viejo cascarrabias. Y probablemente por ese pacto implícito entre el guionista y el espectador la pócima sigue funcionando sin fisuras.

Murray se entrega en cuerpo y alma. Quizá no llegue a la brillantez de Nicholson pero a su favor cuenta con el mérito de otorgar la máxima credibilidad a un personaje mucho más arquetípico, que roza e incluso traspasa por momentos lo caricaturesco. Si existe un manual del perfecto antihéroe de ficción, Vincent lo cumple a rajatabla. El niño antagonista tampoco se queda corto, hasta el punto que uno se pregunta dónde narices encuentran a pequeños actores tan convincentes (por favor, que alguien le pase referencias al cine español). Un elenco de altura para una ópera prima que probablemente no sobreviviría a otro plantel.

En todo caso, y obviando la estratagema de la cinta para activar nuestras glándulas lagrimales, St. Vincent funciona con suma eficacia en su afán de entretener y emocionar. Que seamos capaces de vaticinar con suma precisión el desenlace no la hace menos disfrutable. Justo lo contrario. A veces, la magia del cine consiste en arrastrarnos a un mundo utópico en el que todo el mundo tiene derecho a la redención y a las segundas oportunidades. Tan falso y cursi como las navidades, ante las que siempre vale más entrar al trapo que cargarse de amarga incredulidad.

jueves, 11 de diciembre de 2014

¿Quién puede odiar a Dolan?

Cuenta Xavier Dolan que escribió Yo maté a mi madre como venganza hacia su progenitora tras una sonora bronca y que Mommy le ha servido para resarcir aquella puñalada. Chico complicado debe ser este canadiense que sin embargo con sólo 25 años ha logrado gestar cinco notables películas, la última de ellas sin duda la más emocionante e intensa. Bonita manera de reconciliarse con una madre, regalándole a ella y a medio mundo el homenaje más puro y honesto, libre de atajos y almíbar.

Es admirable cómo Dolan ha conseguido labrarse en tan poco tiempo una legión de seguidores y detractores tan pronunciada. Y resulta bastante sencillo identificarse con ambas posturas. Mientras los primeros, modernos ellos, han encontrado en el joven director el soplo de aire fresco que hacía falta en sus vidas, los haters siguen centrándose en la extrema juventud y en las evidentes influencias del que consideran otro niño caprichoso con ínfulas de cineasta. Fácil empatizar hasta ahora, porque a partir de Mommy es imposible negarle al canadiense un talento que desborda cualquier tipo de antipatía.

Dolan ya ha rechazado públicamente a Almodóvar, Tarkovsky o Fassbinder como fuentes de inspiración. En un ataque de sinceridad (o de arrogancia) asegura que su mayor influencia está en películas que vio de niño. Filmes como Batman, Sra. Doubtfire o Titanic y que certifican que, o bien el resto de mortales no supimos entenderlas o bien este chico cuenta con una mente privilegiada. Porque resulta impensable encontrar en cualquiera de ellas una mínima semejanza con Mommy.

¿Cómo abordar la compleja relación entre una madre viuda y su hijo adolescente con TDA e hiperactividad sin caer en el sentimentalismo o la condescendencia? Las señas de identidad de Dolan, ese cierto histrionismo verbal y visual, no parecían las más adecuadas. El formato 1:1, sin ir más lejos, se antojaba como un recurso gratuito y desesperado para llamar la atención y, sin embargo, adquiere enseguida un sentido en la trama que no hace sino reforzar el mensaje de libertad y opresión, los dos estados de ánimo entre los que esta obra maestra se mueve con pasmosa habilidad.

Como si de su propio alter ego se tratara, el Steve que construye Dolan también busca desesperadamente captar la atención del espectador. No es un protagonista amable, puede provocar rechazo, y en cambio Antoine-Olivier Pilon lo convierte en un ser entrañable, capaz de generar una gran complicidad no sólo con sus dos compañeras de reparto, soberbias tanto Anne Dorval como Suzanne Clément, sino con toda una platea sumergida en ese maravilloso microcosmos construido por un trío de seres marginales.

Porque lejos de una relación maternofilial habitual, la de Steve y su madre se adereza con una tercera presencia indispensable, la de una vecina tartamuda con vida acomodada pero nada plena. Un vacío que llenan dos seres inestables, violentos, imprevisibles, pero tan puros y transparentes que son los únicos que consiguen que las palabras fluyan de su boca sin cohibiciones ni miedos. Hay momentos entre estos tres protagonistas que son la mejor representación de la felicidad que se haya proyectado nunca en pantalla. Y sí, uno de ellos lo protagoniza una canción de Céline Dion.

Entre la libertad y la opresión, decíamos, se va desenvolviendo esta preciosa historia, que refleja pero no edulcora la complejidad de las relaciones humanas, cargadas de sueños, de esperanza, de felicidad, pero también de miedos, desaliento y decepciones. Por todos esos estados de ánimo va pasando detenidamente Xavier Dolan, con una madurez incontestable y una asombrosa puesta en escena. A críticos o fans, espectadores todos, sólo nos queda rendirnos ante la evidencia de que, efectivamente, estamos asistiendo a la consolidación de un pequeño gran autor. Filias y fobias aparte, es innegable que Mommy es pura y llanamente una genialidad.