viernes, 22 de julio de 2016

#AtlántidaFilmFest: Objetivo: París

Objetivo: París pasará a la historia por ser la película que Francia retiró de los cines por su coincidencia con los últimos atentados yihadistas en la ciudad de París. Y no es para menos. Si hace unos años su argumento seguramente nos parecería inverosímil, exagerado, hollywoodiense, hoy lo que pone los pelos de punta es su semejanza con la realidad. Si no fuera porque se rodó un año antes de la barbarie pensaríamos que está basada en hechos reales. Sin embargo, es su visión profética lo realmente aterrador de una cinta que narra una situación con la que lamentablemente ya nos estamos familiarizando.

El nacimiento de una célula terrorista en un entorno occidental, que permanece ajeno a la maldad que se cierne en sus propios cimientos, está tan a la orden del día que verlo ficcionado en pantalla resulta casi tan escalofriante como las imágenes reales que cada vez se prodigan más en nuestros informativos. Un contenido que en otro tiempo consideraríamos más propio de los mensajes xenófobos de Jean-Marie Le Pen hoy la actualidad se empeña en proporcionarle la máxima veracidad. La amenaza, como reza su propio cartel, vive del interior.

Es terrorífico comprobar que las consignas del miedo que utilizan los políticos para amedrentar a los votantes se confirman con sonoros casos aislados. Pero también la constatación de un fracaso generalizado, el de una sociedad occidental que ha sido incapaz de acoger e integrar a los foráneos y que no ha sabido motivar ni a sus propios conciudadanos. En esa alimentación de odio y sopor probablemente se encuentre la semilla de ese terror con el que hoy nos llevamos las manos a la cabeza.

Pero más allá de la congoja que produce el reflejo de la inestabilidad e incertidumbre actuales, Objetivo: París también inquieta por méritos propios. Y es que Nicolas Boukhrief consigue con esta cinta un notable exponente del thriller terrorista, manejando el suspense y la acción con un tono y un ritmo trepidantes. No alcanza los niveles de pirotecnia y surrealismo de grandes producciones de Hollywood, con las que evidentemente han querido confundir los responsables del título español (léase Objetivo: Londres), pero nada tiene que envidiarle a tramas de suspense como, por ejemplo, las de Homeland, con la que guarda algún que otro parecido.

Y es que la trama del infiltrado, con todo su juego al despiste, es un recurso narrativo de lo más eficiente. Las sospechas, el miedo, las tapaderas y la enorme tensión del que teme ser descubierto son ingredientes con los que resulta prácticamente imposible adormecer al espectador. Objetivo: París no sólo mantiene bien despierto sino que dignifica el titular fácil que la acompaña. Sí, es la película que prácticamente predijo los atentados del 13N en París pero también un digno y pavoroso relato de suspense. La actualidad sólo ha ayudado a reforzarla.

viernes, 15 de julio de 2016

EMMYS 2016: Las nominaciones ideales en Drama

Un año más, los Emmy anuncian sus nominaciones rodeados de las inevitables polémicas por sus destacadas ausencias. Esta edición no iba a ser menos. Los olvidos nuevamente han sido más sonados que los aciertos, movidos por una inercia que suele ser la tónica en los premios más importantes de la televisión mundial. Sin embargo, esta vez los académicos han decidido dar una alegría a aquellos que veníamos reivindicando The Americans como una de las mejores series actuales. Tanto la creación de Joe Weisberg como sus protagonistas, Keri Russell y Matthew Rhys, han logrado por fin el reconocimiento de unos galardones que los han ignorado sistemáticamente durante sus tres primeras temporadas. Son la excepción de unos Emmy que han decidido pasar de largo nuevamente de The Affair y The Leftovers, sin duda, dos de las producciones más destacadas en los dos últimos años. Por eso mismo, y por otros importantes resbalones, ahí van mis nominaciones ideales en la categoría dramática.

MEJOR SERIE DRAMÁTICA
  • The Affair 
  • The Americans 
  • Juego de tronos 
  • Homeland 
  • House of cards 
  • The Leftovers 
  • Mr. Robot 

MEJOR ACTRIZ
  • Viola Davis, Cómo defender a un asesino 
  • Riley Keough, The girlfriend experience 
  • Julianna Margulies, The good wife 
  • Tatiana Maslany, Orphan Black 
  • Keri Russell, The Americans 
  • Robin Wright, House of Cards 

MEJOR ACTOR
  • Rami Malek, Mr. Robot 
  • Clive Owen, The knick 
  • Matthew Rhys, The Americans 
  • Liev Schreiber, Ray Donovan 
  • Kevin Spacey, House of cards 
  • Justin Theroux, The Leftovers 

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA
  • Christine Baranski, The good wife 
  • Lena Headey, Juego de tronos 
  • Regina King, The Leftovers 
  • Miranda Otto, Homeland 
  • Maura Tierney, The Affair 
  • Sophie Turner, Juego de tronos

MEJOR ACTOR SECUNDARIO
  • Alan Cumming, The good wife 
  • Peter Dinklage, Juego de tronos 
  • Christopher Eccleston, The Leftovers 
  • Frank Langella, The Americans 
  • Jon Voight, Ray Donovan 
  • Dominic West, The Affair

#AtlántidaFilmFest: A blast

Es una pena que un filme con tan buenas intenciones como A blast termine siendo víctima de su propia ambición. Su arranque presenta una historia de amor deshilvanada que promete ir encajando las piezas poco a poco, hasta alcanzar el gran clímax que explique las sorprendentes actuaciones de sus personajes. El espectador se sitúa desorientado, descolocado, ante una mezcla de declive sentimental y crisis económica que se presenta estimulante. Pero a medida que avanza el metraje y el desorden estructural se convierte en una rutina en vía muerta las expectativas se van diluyendo y lo que parecía un rompecabezas perfectamente ingeniado termina convirtiéndose en un desorden sin concierto.

Las primeras secuencias nos sitúan ante una crisis de pareja en un contexto de crisis económica, concretamente en ese paradigma de la hecatombe que es Grecia. Una María pletórica y feliz, que sueña con estudiar Derecho y que conoce al apuesto Yannis, con el que mantiene una tórrida relación, convive a su vez, gracias a la mesa de montaje, con una María devastada, histérica, que deambula con dos hijos de la mano movida ciegamente por la exasperación. El detonante entre una y otra, entre el idilio y la desgracia, es lo que queda un tanto diluido en la trama.
¿Es la distancia a la que se ve sometida la pareja por culpa del trabajo de Yannis en alta mar? ¿Alguna revelación sobre las nuevas tendencias sexuales del marido? ¿La angustia por una situación económica asfixiante? ¿Las tensiones con la madre? ¿La relación amor/odio con la hermana? La respuesta quizá esté en la suma de todos los elementos, que conforman una tormenta perfecta que la conduce directamente al delirio.  

Entre escenas sexuales de puro frenesí y acaloradas discusiones familiares, la película se mueve en unos niveles de intensidad mucho más elevados que los acontecimientos que narra. Sólo hay un momento en el que la protagonista, una soberbia Aggeliki Papoulia (Canino, Langosta), realiza un catártico monólogo ante un grupo de autoayuda con el que el espectador puede llegar a sentirse identificado. Pero a pesar del esfuerzo y talento de sus intérpretes, esta explosiva A blast termina defraudando precisamente por enmarañar una sugerente historia de desesperación con una estructura demasiado compleja para su simplista guión.

lunes, 11 de julio de 2016

#AtlántidaFilmFest: Bang Gang

Se quejaban las actrices de Juego de tronos de la escasez de desnudos integrales del reparto masculino. Tenían toda la razón. Mientras Daenerys y compañía exponían todos sus encantos, la presencia de penes y culos varoniles en la exitosa serie de televisión era y sigue siendo prácticamente anecdótica. Pues bien, ahí tienen Bang gang, el debut de la francesa Eva Husson, para ver satisfechos sus deseos. La protagonista adolescente del filme le pide en un momento dado a su compañero de clase que le enseñe el miembro con el irrefutable argumento de que ellos cuentan siempre con la ventaja de poder medirles los pechos. El chaval, ni corto ni perezoso, se baja los pantalones y lo exhibe sin rubor. Punto a favor.

Es el único mérito, quizá, de una cinta que tiene el valor de autodenominarse como una historia de amor moderno. Pocas veces el dicho ‘dime de qué presumes y te diré de lo que careces’ cobra tanta relevancia como en esta película que no sólo termina siendo de una demagogia bastante antigua y casposa sino que además llega tarde. Concretamente, 21 años más tarde del estreno de ‘Kids’, otra ópera prima, esta vez de Larry Clark, mucho más valiente y transgresora que este hueco sucedáneo.

La película es consciente de lo que vende desde el propio título y póster hasta el comienzo, que arranca con un flashforward en forma de orgía de imágenes. Una vez situado el espectador, sabiendo que tarde o temprano habrá carne en el asador, el guión nos retrotrae a los inicios del juego sexual que da nombre a la cinta. Un ‘beso o acción’ llevado al extremo que surge de la mente de un grupo de adolescentes caprichosos y aburridos. La eterna y cansina denuncia de la apatía en la que viven inmersos nuestros adolescentes.
 
Para más inri, Bang gang ni siquiera alcanza interés como mero producto excitante. Las escenas sexuales están rodadas sin ningún tipo de valor artístico. Ni sirven como objeto de denuncia ni, lo que todavía es más triste, para calentar al personal. Burdas imágenes de folleteo y drogas que no escandalizarán ni al más retrógrado de la sala. La directora parece desconocer que el sexo hace ya tiempo que dejó de ser un reclamo facilón para convertirse en un recurso al que añadirle valor. Algo que, por ejemplo, aplicó perfectamente Gaspar Noé en Love.

El que logre alcanzar el final del filme, tras múltiples disputas entre las dos amigas adolescentes, idas y venidas sin destino y orgías varias, se encontrará con un mensaje mucho menos sutil que el que podría surgir de un centro de planificación familiar. Una cinta vacía de contenido, nula en sus formas, que es casi tan dañina como el sexo inseguro. No contagia la sífilis pero extermina todas nuestras neuronas.

viernes, 8 de julio de 2016

#AtlántidaFilmFest: Chemsex

Estamos en plenos festejos del Orgullo. En ese ambiente festivo, en el que la reclamación de los derechos de la comunidad LGTBI parecen más un pretexto que un objetivo, tampoco estaría de más un poco de autocrítica dentro del colectivo. En plena vorágine de Grindr y sexo exprés llega este documental, Chemsex, para cortarles el rollo a los que sólo buscan divertirse. Un reportaje devastador que plasma en imágenes y pone rostro a una realidad soterrada: el alarmante aumento de prácticas de riesgo y de infecciones de transmisión sexual.

Puede que muy pocos se sientan identificados con un extremo que va al alza en la ciudad de Londres y que ya corretea por las principales ciudades de nuestro país, las maratones que combinan las prácticas sexuales más arriesgadas con la droga dura, pero es una muestra de lo lastimosa que puede llegar a ser la búsqueda insaciable del placer. El placer reconvertido en dolor. Paradojas de una sociedad eternamente insatisfecha.

Los testimonios que consiguen los británicos William Fairman y Max Gogarty para este incomodísimo documental son de incalculable valor para un periodista. Nombres y apellidos que tienen el valor de sentarse frente a una cámara para narrar su decadencia, su visible deterioro físico y psicológico fruto de las sesiones de slamming, fisting y otras nomenclaturas que convierten en tendencia de moda las prácticas que ya resultaron devastadoras en el pasado.

Porque lo que nos muestran las escenas de Chemsex es un viaje a los 80, cuando el sida y las drogas hicieron estragos, especialmente en la comunidad homosexual. Jeringas inyectadas, sangre, sexo yonqui, mandíbulas temblorosas, ojos deshumanizados. Y, sin embargo, lo peor de todo está en las declaraciones de los entrevistados, víctimas de las secuelas de una adicción. “Antes que una vida sin drogas preferiría la eutanasia” o “Entiendo que algunos quieran contagiarse de VIH. Es mejor que vivir con el miedo a tenerlo”. Quién confiesa semejantes barbaridades, con la mirada triste y perdida, es un apuesto chico que con 26 años es seropositivo y que ni siquiera se plantea cómo salir de un pozo sin fondo.

Aunque la cinta no escatima en imágenes escabrosas, no se conforma con la superficie. Indaga en las motivaciones que conducen a estos hombres a sumergirse en una espiral de autodestrucción. La soledad, la exclusión, la necesidad de pertenecer a un colectivo, aunque sea de seres en estado de alucinación, son las principales causantes que arguye el documental. Es la sensación que desprenden cada uno de los protagonistas, la de un colectivo que sólo ha sabido encontrar su sitio en brazos de otra realidad, prisioneros de una dependencia de la que resulta prácticamente imposible escapar.

Por suerte, Chemsex también deja hueco para la pedagogía y nos presenta a un joven entrañable, que ha logrado despertar de la pesadilla y que ocupa su tiempo en ayudar a los que se encuentran en su misma situación. Un atisbo de esperanza para un trabajo documental que deja en el espectador una sensación de tristeza y de mal cuerpo difíciles de superar. No es la cinta más idónea para el ambiente lúdico festivo del Orgullo pero sí para despertar al colectivo de su letargo. La homofobia no es el único enemigo.

jueves, 7 de julio de 2016

#AtlántidaFilmFest: The childhood of a leader

El fascismo y sus orígenes siguen siendo objeto de asombro. ¿Bajo qué circunstancias se propició el auge del partido nazi? ¿Qué llevó a Europa y al mundo entero a una vorágine de destrucción masiva? ¿Dónde está el origen del mal? Los libros de historia andan repletos de datos objetivos que argumentan la involución en la que se embarcó la especie humana a principios del siglo XX. Pero es el cine el que ha ahondado más en las profundidades de la decadencia social, el que ha tratado de hallar una explicación lógica a un comportamiento irracional.  

The childhood of a leader se une a esa lista de filmes que, como La cinta blanca, ofrecen su propia teoría sobre los orígenes de la maldad. Ambas nos sumergen en un entorno infantil que nada tiene que ver con la inocencia, en un clima enrarecido que se va convirtiendo en macabro. Pero mientras Haneke optó por una mirada clásica, por un sobrio y documental blanco y negro, este último acercamiento apuesta por un tono mucho más sombrío, mezclando imágenes históricas reales con elementos del género de terror. Una propuesta ambiciosa y arriesgada que se convierte en todo un mérito cuando comprobamos que se trata del debut como director de Brady Corbet.

Por fin un actor que quiere pasar al otro lado de la cámara logra mantenerse en esa difícil frontera entre la creatividad y sus ganas de subvertir. Si bien la película por momentos parece encantada de conocerse, con planos más propios de una filmografía consagrada que de un principiante, lo cierto es que el resultado proporciona motivos suficientes para el orgullo. La cinta cuenta con una estética muy personal, plagada de planos asépticos y lúgubres que reflejan una calma tensa, un ambiente de opresión que se va tornando angustiante, pero también con destacables mensajes de fondo.

Mientras Corbet nos hace testigos de la cadena de errores históricos que sembraron el auge del nazismo en Alemania una vez finalizada la I Guerra Mundial, asistimos también a la terrorífica transformación de un niño que en el seno de un hogar acomodado termina siendo víctima y verdugo por culpa de una educación estricta y autoritaria. ¿Es tan elemental derecho la causa de todos nuestros males? A juzgar por la más estricta actualidad, es la culpable tanto del coronamiento de líderes mediocres o tiranos como de las estúpidas decisiones que insiste en tomar el pueblo a lo largo de su historia.

Siguiendo esa hipótesis, The childhood of a leader sitúa la semilla de los totalitarismos en el autoritarismo del propio hogar. Dos padres estrictos, protagonizados por unos espléndidos Bérénice Bejo y Liam Cunningham, responden a los arrebatos de su hijo con mano dura. Violencia que encadena más violencia y que termina convirtiendo los caprichos de un niño malcriado en el cultivo perfecto para la sociopatía.  

Corbet no sólo nos muestra ese oscuro descenso de forma convincente sino que además lo hace con estilo, cuidando al detalle tanto la historia como el envoltorio, revestido con una fotografía impecable y una banda sonora aterradora. Otro elemento, la música, que se añade a tantos otros, como el reparto o el guión, para ofrecernos una solvente ópera prima, preludio de una carrera cinematográfica de lo más prometedora.

lunes, 4 de julio de 2016

Las 10 escenas imprescindibles de la 6ª temporada de Juego de tronos

[Contiene SPOILERS de toda la sexta temporada]

Estar a la altura de las enormes expectativas, ante un fenómeno imparable que sigue sin tocar techo, no era sencillo. A medida que se multiplica la legión de incondicionales aumentan también las posibilidades de defraudar. Y, sin embargo, conscientes del material que tienen entre manos, tan sensible como el fuego valyrio, sus responsables han vuelto a estar a la altura, con una temporada que, si bien no ha contentado a todos, al menos ha brindado a la gran mayoría el material suficiente para aguantar los diez meses de insoportable espera que nos quedan hasta la siguiente tanda.

El último episodio, sin duda el mejor final de temporada de toda la serie y uno de los mejores capítulos hasta la fecha, contiene por sí solo diez escenas para el recuerdo. Todas y cada una de ellas serviría como fantástico broche para el temporadón que se ha marcado la joya de la HBO, sobre todo en su tramo final. La batalla de los bastardos y Vientos de invierno son ya historia de la televisión. Sin embargo, es hora de echar la vista atrás y de recordar los diez mejores momentos que nos ha deparado Juego de tronos en su primera andadura sin Canción de hielo y fuego como referente escrito, en sus últimos movimientos estratégicos antes de la gran guerra final. Una contienda que se prevé épica y vibrante, con la astucia y los medios técnicos suficientes como para no defraudar a nadie.

1. Jon Snow resucitado (6x02)
Jamás una serie se había dirigido tan explícitamente a su público, jugando a la ambigüedad con el enorme cliffhanger que cerraba la quinta temporada. ¿Murió realmente Jon Snow a manos de sus hermanos en la Guardia de la Noche? Las especulaciones duraron prácticamente un año y los guionistas, en otro ejercicio macabro, no las resolvieron hasta el final del segundo capítulo, cuando Melissandre reúne los poderes suficientes para devolverle a la vida. La escena fue sobria, sin el bombo y platillo al que nos tienen acostumbrados los grandes momentos de la serie, pero la resucitación de Jon Snow ha sido sin duda uno de los momentos clave de la temporada, que protagonizó incluso el mayor spoiler de la historia en forma de portada, la que proclamaba desde Entertainment Weekly que el bastardo de los Stark estaba vivo.

2. El reencuentro de Sansa y Jon (6x04)
Si hay una familia sobre la que han recaído más desgracias en este juego de poder es la de los Stark. Con todos sus miembros desperdigados a lo largo y ancho de los Siete Reinos, gran parte de ellos abatidos en el camino, han tenido que pasar seis temporadas para que por fin la esperanza se cierna sobre ellos. El reencuentro entre los hermanastros, separados como adolescentes, ahora convertidos en hombre y mujer, ha supuesto uno de los instantes más tiernos de la temporada, sobre todo porque alumbra un poco el destino de una de las estirpes más queridas de la saga. Prueba de que la unión hace la fuerza son los logros que consiguen ambos en su periplo por recuperar Invernarlia.

3. Daenerys hierve (6x04)
Ella es la estrella de la función, la que acapara las escenas más épicas, la joven promesa sobre la que están depositadas todas las esperanzas sobre un futuro de libertad y justicia para los Siete Reinos. Es tan querida por los guionistas que ha cerrado buena parte de las temporadas con sus avances, con su capacidad de aglutinar a las masas, con sus cantos de sirena. Sin embargo, la trama de Daenerys había quedado un poco enturbiada en la quinta temporada, estancada en Meereen y de vuelta a la casilla de salida, en manos de nuevo de los dothrakis. La escena que cierra este cuarto episodio, en cambio, nos devuelve a la khaleesi que todos adoramos, la que sobrevive al fuego, fulmina a los malvados y ante la que se arrodillan los súbditos en busca de un destino mejor. Su poder parece ahora ilimitado y, en consecuencia, alienta los fantasmas del pasado, los que enturbiaron la capacidad de liderazgo de Aerys Targaryen.

4. Hold the door (6x05)
Las visiones de Bran y el Cuervo de los tres ojos nos trasladan al pasado de la familia Stark, ese en el que Ned y Lyanna permanecían vivos y en el que descubrimos que ese entrañable secundario que es Hodor habla con total normalidad. La manera en que los guionistas nos muestran el origen de su trauma es soberbia, recordando por momentos a esa capacidad que tenía Perdidos a la hora de descolocarnos y apuntar de lleno a nuestra fibra sensible. La huida de Bran, Meera y Hodor de los caminantes blancos, con el grandullón sujetando la puerta para salvar la vida de sus protegidos da lugar al ya mítico ‘Hold the door’ con el que el pequeño Hodor entra en trance. Brillante manera de despedir a un personaje accesorio pero fundamental en el imaginario de la serie.

5. El retorno de la extraña pareja (6x08)
Protagonizaron algunos de los diálogos más brillantes de la serie, en aquella época en la que viajar por los Siete Reinos requería largas y peligrosas jornadas. En aquella época en la que Brienne de Tarth trasladaba al preso Jaime Lannister hacia Desembarco del Rey se fraguó una amistad que se vio interrumpida por nuevas circunstancias y que ahora los volvía a unir a las puertas del asedio al Pez Negro en Aguasdulces. Sus intereses volvían a divergir pero el respeto y cariño mutuos volvían a imperar. Brienne le pide a Jaime que permita a los Tully unirse a Sansa en su reconquista de Invernalia. Él necesita recuperar Aguasdulces para los Frey. Finalmente logra la hazaña utilizando a Edmure Tully de cebo, mientras permite que su amiga escape por la puerta de atrás. Su despedida a lo lejos, ella desde un bote, él desde el castillo, es de lo más nostálgica.

6. Arya vuelve a casa (6x08)
Uno de los personajes más queridos casi consigue que la odiemos. La trama de Arya Stark en Braavos estaba llegando a un pozo sin fondo que, por suerte, ha quedado finiquitado en esta sexta temporada, con una de esas frases lapidarias que consigue poner los pelos de punta. Tras una vibrante persecución por las callejuelas de Girona, la pequeña de los Stark consigue deshacerse de la Niña abandonada apagando una vela y haciéndose valer de aquella ceguera temporal. Arya regresa a la Casa de Blanco y Negro y, ante un Jaqen H’ghar exultante suelta su consigna épica: “Una chica es Arya Starka de Invernalia y vuelve a casa”. Se acabó, o al menos eso parece, la soporífera odisea para convertirse en una sin rostro. Como veremos dos episodios más adelante, el entrenamiento ha surgido efecto.

7. La batalla de los bastardos (6x09)
A estas alturas podemos afirmar que jamás un noveno episodio de ‘Juego de tronos’ dejará de estar en cualquiera de los rankings que se hagan o estén por hacer sobre la serie. La batalla de los bastardos ya ha pasado a la historia como el capítulo mejor valorado de la producción. Y no es para menos. Pocas películas bélicas contienen la carga dramática, tan terrorífica y subjetiva, que desprende esta asfixiante batalla entre Jon Snow y Ramsay Bolton. Milimétricamente orquestadas, secuencias como la del rehén Rickon o la del asedio circular, absolutamente inquietantes, conducen a uno de los desenlaces más gratificantes de una historia que parece tener fobia a los finales felices. El rostro de Sansa relamiéndose con su venganza cierra un capítulo memorable de principio a fin.

8. El mejor comienzo (6x10)
Con una banda sonora intimista y una cámara fijándose en los pequeños detalles previos al juicio que debía decidir el futuro de Cersei Lannister arranca el último episodio de la temporada. De forma elegante, sobria, ganando en tensión, asistimos al primer shock de un capítulo cargado de gratas sorpresas. Los que temíamos un desenlace fatal para la malvada más querida de la televisión comprobamos perplejos cómo un nuevo y maquiavélico plan la hacían resurgir de sus cenizas. Su masacre supone la muerte, previsible, de Tommen pero también la de otro personaje prometedor que finalmente se queda en el camino de una serie en la que nada puede darse por supuesto: Margaery Tyrell. La echaremos de menos, aunque todavía nos quede la siempre jugosa Olenna.

9. Cersei ocupa el Trono de Hierro (6x10)
Siempre a expensas de los hombres, primero de su marido Robert Baratheon, luego de sus dos hijos varones, fallecidos probablemente por las consecuencias de sus maquiavélicos planes, por fin Cersei Lannister se sienta en el trono más incómodo del mundo, el que la corona como la mandamás de los Siete Reinos, ese aposento ansiado por tantos suculentos personajes. La imagen de su coronación es gratificante y a la vez aterradora, sobre todo por la absoluta frialdad con la que esta superviviente se ha alzado con el máximo poder. La mirada de Jaime Lannister a su regreso de Los Gemelos lo dice todo. Su amada hermana ya no tiene nada que perder y todo por ganar.

10. King of the North (6x10)
Uno de los momentos más emocionantes del último capítulo y también de toda la serie vuelve a producirse en el Norte, por fin en manos de nuevo de los Stark. Después de la batalla de los bastardos y de recuperar Invernalia, Sansa y Jon Snow deben reconquistar también el respeto de sus vasallos, ese que perdieron en cuanto el nombre de la familia quedó sepultado por las importantes bajas. Pero cuando todo parecía perdido y las decisiones de Jon Nieve de nuevo cuestionadas, uno de los personajes revelación de la temporada, la pequeña Lady Mormont, dicta sentencia y consigue que todos se arrodillen de nuevo ante su nuevo rey. Pelos de punta.

jueves, 23 de junio de 2016

Vis a vis y la cadena perpetua de la ficción española

Como un jarro de agua fría sentó la decisión anunciada la semana pasada por Antena 3 de cancelar la serie. Las cifras de audiencia, menguando semana tras semana, hacían temer lo peor. Por alguna extraña razón, los espectadores que a lo largo de la primera temporada permanecieron fieles a la ficción carcelaria se fueron desentendiendo poco a poco de las nuevas tramas. Sin embargo, la apuesta del canal por la calidad de sus series daba lugar también a la esperanza, sobre todo contando Atresmedia con un escondrijo para sus productos incomprendidos llamado La Sexta. Finalmente, optaron por la vía rápida. Carpetazo a una de las mejores producciones que ha dado la televisión española en los últimos años.

Complicado lo tenían los guionistas de Vis a vis para darle fin a una trama que ya estaba abonando el terreno para una necesaria tercera temporada. Las fichas ya se estaban colocando estratégicamente para darle forma a un nuevo revulsivo que volviera a mantenernos enganchados a Cruz del Sur. Los encuentros a lo 50 sombras de Grey entre Miranda y Sandoval hacían presagiar una nueva vuelta de tuerca en las riendas de la cárcel. Nuevas normas, nuevas relaciones de poder y nuevos retos para Macarena y compañía. Pero llegó la fatal decisión y con ella el desafío de cerrar celdas sin dañar el buen trabajo realizado.
 
Parecía difícil pero se logró. Un final digno y bastante coherente, sin soluciones precipitadas ni decisiones sin sentido, pero con la puerta entreabierta ante un posible rescate. ¿Cómo se entiende sino esa reanimación a Zulema tras una despedida magnífica, a la altura de uno de los grandes personajes que ha dado esta ficción? ¿Para qué cambiar la dirección de la cárcel y dejarla en manos de un psicópata si finalmente no seremos testigos de las nuevas desdichas? ¿Por qué arruinar un final feliz como el de Sole si no es para cimentar nuevos argumentos? Cabos sueltos que podrían atarse pero que tampoco merman el desenlace definitivo, el que sitúa a una resignada Macarena de vuelta a prisión.

Cómo se resolvería la salida de la protagonista era el gran interrogante, el enorme reto que determinaría si Vis a vis culminaría con broche de oro o por la puerta de atrás. La absolución de sus pecados hubiera sido inverosímil; su muerte, demasiado trágica. Así que optaron por el camino más creíble. Después de torturar a Zulema en la que sin duda es la mejor escena del capítulo (“Reza para que me dé un ataque al corazón”), Macarena consigue que el inspector Castro, ese entrañable secundario, le proporcione una coartada para huir. Su primer impulso es echar a correr. Pero a mitad de camino la visión de un futuro siempre a la fuga le hace entrar en razón. Cruz del Sur se ha convertido en su hogar más seguro. Y su idilio con Fabián, en un happy end reservado para nuestra imaginación.

Más allá de la apabullante transformación de la protagonista, de la Piper Chapman que entró a la cabecilla que regresa a su prisión, Vis a vis ha supuesto un gran paso hacia delante en la ficción española. Son muchas las series que se han colgado la medalla del antes y después en el panorama nacional pero sólo dos han demostrado realmente en los últimos años una voluntad de innovación: El ministerio del tiempo y esta producción de Globomedia. Y así les va. Mientras una permanece en manos de la voluntad de la televisión pública, la otra ha terminado sufriendo las consecuencias del riesgo. Es difícil que Antena 3 vuelva a apostar por un producto que se aleja tanto de los cánones habituales.

Pero al equipo de Vis a vis siempre le quedará el reconocimiento. Por no tener miedo a la violencia y al sexo, ni a los desnudos más democráticos. Por su absoluta falta de prejuicios en torno al amor. Por su sentido del ritmo y de la estética, por sus brillante escenas de acción, por sus giros de guión y sus locuras, pero también por su ternura. Por un plantel de secundarias inolvidable, encabezado por unas soberbias Alba Flores, Laura Baena e Inma Cuevas. Por darle el papel de su vida a Najwa Nimri. Y por callarnos la boca a los que empezamos a verla con ganas de buscarle las siete diferencias con Orange is the new black. Porque finalmente fueron muchas más de siete.