sábado, 19 de marzo de 2016

Es cuestión de gustos

¿Qué es el amor? Que nadie busque respuesta a tan inabarcable pregunta en una serie como la que acaba de estrenar Judd Apatow en Netflix. Love no aspira a tan filosóficos fines pero sí muestra al menos una opción, la de Gus y Mickey, que bien podría formar parte del amplio catálogo de relaciones que ofrece el paraguas AMOR. Por sí solo, ya es un mérito. Acostumbrados como estamos a que la ficción de Hollywood nos marque las instrucciones para el idilio perfecto, ese de larga duración y gran compatibilidad, se agradece que una serie ambientada precisamente en Los Ángeles se atreva a mostrarnos la sección menos explorada de ese folleto: la de las relaciones raras, atípicas, de difícil catalogación.

Porque Mickey es una joven inquieta, alocada, con un currículo de hombres tan desastroso como su vida personal, que un buen día conoce en la tienda de una gasolinera al pringado de turno, a un gafotas friki de nariz prominente, que le paga los productos que ella no puede abonar porque se ha olvidado la cartera. La antítesis de su hombre ideal. Y aunque es evidente que surgirá la chispa, que acabarán juntos a pesar de todo, la serie invierte toda su primera temporada de diez capítulos en explicar cuán difícil puede resultar que las piezas encajen. Porque el amor no siempre se materializa con la misma facilidad con la que suele resolverse en las comedias románticas. Nada es tan fácil ni tan bucólico.

Love, además, se esfuerza en trastocar los presupuestos. Porque el espectador ni siquiera debería anticipar que los dos seres extraños terminarán convirtiéndose en la extraña pareja. A pesar de sus defectos, que los hay y muchos, la serie acierta recreando escenas que reflejan ese difícil camino hacia el amor en mayúsculas. La primera cita formal que tienen los dos protagonistas es un ejemplo perfecto, la muestra ideal de que no siempre se produce el milagro, que aunar vicios y aficiones, ponerlas a prueba bajo esa espada de Damocles que es la convivencia, supone un reto muy difícil de superar, más en una sociedad que permite saciar todas y cada una de nuestras necesidades de forma individualizada.

En ese sentido, la serie funciona también perfectamente como retrato de una generación desarraigada, tan repleta de libertades y privilegios, tan caprichosa, que deambula a su bola. Una jungla de egos con vida de solteros pero con inquietudes de pareja. Y en ese contexto, más todavía en una ciudad extremamente egoísta y superficial como Los Ángeles, introduce Apatow un género tan encorsetado como la comedia romántica. E intenta subvertirlo, lográndolo a medias. Porque si bien la selección de secundarios es todo un acierto, la mejor representación de esa amalgama de seres extravagantes que es nuestro ecosistema actual, no lo es tanto su manera de materializarlo, con altibajos de ingenio que la convierten en una serie tan desequilibrada como sus protagonistas, que casi siempre suelen elegir el camino equivocado.

Así, los ambientes laborales de Mickey y Gus, ella como productora en una radio local, él como profesor de la joven protagonista de una teleserie chunga, resultan soberanamente aburridos, mientras que sus diferentes citas, entre ellos o con terceros, son las que contienen los momentos más hilarantes. Ahí están los diálogos sobre la utilidad de los Blurays o las visitas a lugares extraños como la iglesia nocturna o el club de magia. Todos ellos brillan, sobre todo, por la presencia, imprescindible, del alma de la fiesta, una Gillian Jacobs que inclina ligeramente la balanza de una serie que si no fuera por ella, por su carisma, caería directamente hacia al lado de las ficciones televisivas para olvidar, a ese saco nada desdeñable de producciones propias de Netflix que se acercan más a los saldos que a la categoría de House of cards.

martes, 1 de marzo de 2016

El año negro de los Oscar

El anuncio de las nominaciones ya predijo que la de este año no sería una gala memorable en la historia de los Oscar. Desde el momento en que películas tan destacables como Los odiosos ocho, Carol o Steve Jobs quedaban fuera de la carrera, la batalla se reducía únicamente a dos serias aspirantes, que son las que finalmente se han repartido la planta noble del palmarés. Alejandro González Iñárritu repetía como mejor director por segundo año consecutivo mientras que Leonardo DiCaprio rompía por fin el maleficio que lo ha privado de la estatuilla durante más de 20 años. Lo hacían por una película, El renacido, que es toda una proeza visual, aunque todos los galardones técnicos fueran a parar a la vibrante Mad Max: Fury Road, que salió triunfal de la gala con un total de seis estatuillas. La otra vencedora de la noche, una reivindicación del periodismo de investigación como Spotlight, quedó deslucida con sólo dos Oscar, a pesar de alzarse con el que la corona como mejor película del año. Una edición descafeinada que prefirió amortiguar la polémica sobre la falta de diversidad racial haciendo desfilar por el escenario a buena parte de los actores negros de Hollywood, como si tal medida fuera a borrar los sonoros olvidos de Samuel L. Jackson (Los odiosos ocho) o Idris Elba (Beasts of no nation) en la lista oficial de nominaciones. Si por algo pasarán a la historia estos Oscar es por una controversia racial que seguro derivará el año que viene en la todavía más preocupante discriminación positiva, cuando lo más alarmante de esta edición ha sido en realidad el mediocre nivel de las películas nominadas y el soporífero ritmo de una gala que ni con polémica logra levantar las audiencias.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en La Vanguardia

viernes, 26 de febrero de 2016

La belleza en el horror

Que de unos acontecimientos tan macabros, tan aberrantes como los que vivió Natascha Kampusch durante ocho años de secuestro, se extrapole una historia tan íntima, tan tierna y, en definitiva, tan bella como la que narra La habitación sólo puede ser obra y milagro de su guionista. Emma Donoghue, la propia autora de este relato inspirado en el rapto de la austriaca, consigue hacer del horror una maravillosa fábula. Una trama que haría las delicias de un maestro del thriller como Denis Villeneuve se transforma aquí en una especie de La vida es bella en clave de crónica negra, en la que de nuevo la imaginación de un niño se utiliza para revestir la cruda realidad con elementos de cuento.

La primera hora de La habitación es absolutamente magistral. Durante esos prodigiosos minutos iniciales uno tiene la sensación de estar asistiendo a un microcosmos inaudito, ejerciendo una especie de privilegiado voyeurismo en torno a la relación de una madre y su hijo en un ambiente hostil, claustrofóbico, terrorífico, pero reconvertido gracias a la astucia de la joven en lo más parecido a un hogar. Escasos metros cuadrados que el director logra expandir hacia terrenos tan universales como el amor, el miedo o la desesperación. Rincones por los que deambulamos con la misma exactitud y exquisitez con la que somos testigos de magníficos instantes de costumbrismo.

Observando el vínculo que se establece entre una joven madre y un hijo nacido en cautiverio se entiende perfectamente el alud de alabanzas y nominaciones hacia el trabajo de Brie Larson, pero se entiende menos el ninguneo hacia la proeza del jovencísimo Jacob Tremblay, que con sólo diez años demuestra que es posible ser niño y parecerlo en la gran pantalla. Entre ambos consiguen hacernos partícipes de una relación única y exclusiva de intimidad, plagada de momentos de histeria pero también de conexiones tan hondas que resultan impenetrables para el resto del universo.

El espacio privado se abre al mundo en mitad del metraje. De repente, las paredes y las claraboyas desaparecen, la piel se eriza y el cielo irrumpe. Los cinco sentidos de un niño que nació del aislamiento se expanden hacia una dimensión desconocida. La adrenalina se entremezcla con la consternación en una escena vibrante, un clímax tan apabullante que el director, lógicamente, será incapaz de superar. La secuencia contiene tal fuerza dramática que ningún acontecimiento posterior logrará igualar. Momento álgido que bien podría devenir en excelente final.

Lenny Abrahamson opta en cambio por mostrarnos las consecuencias de la barbarie. Una elección válida, honesta, pero arriesgada, ya que los tintes de telefilme impregnan por momentos la proeza descriptiva de la primera mitad. Situaciones forzadas como la entrevista para televisión conviven con nuevas relaciones humanas, como la que aporta una excelente Joan Allen, y que ayudan a entender mejor las diferentes reacciones ante el sufrimiento ajeno y los distintos procesos de cicatrización de las heridas. Porque La habitación, al fin y al cabo, evita escarbar en la miseria para mostrarnos que siempre hay un camino de salida. Incluso del horror puede extraerse la belleza.

domingo, 7 de febrero de 2016

Los Goya plantan a La novia

¿Cuánto hace que los Goya no premian a una película rompedora? Vivir es fácil con los ojos cerrados, La isla mínima y anoche Truman han desbancado en los últimos tres años a cintas más arriesgadas como La herida, Magical girl y La novia. Desde el galardón a ‘Blancanieves’, la hipnótica adaptación del cuento que realizó Pablo Berger en 2012, los académicos del cine español han preferido ser un poco más conservadores en su elección final. No hay duda de que Cesc Gay ha obrado un milagro con su honesta historia de amistad entre dos hombres, pero la belleza con la que Paula Ortiz ha adaptado a Lorca merecía más reconocimiento que un simple par de Goyas. La ceremonia, por su parte, celebraba su 30 aniversario adoleciendo de los mismos defectos que han marcado toda su historia: larga duración, falta de ritmo y una dudosa realización, con un Dani Rovira que estuvo más acertado en las reivindicaciones políticas que con sus chistes. Reivindicaciones que se mantienen inalterables en la institución que ahora dirige Antonio Resines. El IVA cultural sigue siendo un ultraje del gobierno hacia el cine patrio pero la piratería, que sepamos, no ha impedido que la taquilla española superara el año 2015 con una buena recaudación. Ahí están las cifras de Ocho apellidos catalanes (31 millones de euros), Atrapa la bandera (11 millones) o Perdiendo el norte (10 millones). Mientras Resines reivindicaba el papel de los videoclubs e ignoraba a las plataformas digitales, la industria del cine se esfuerza en buscar propuestas lo suficientemente atractivas como para animar al público a pasar por caja. Como decía su antecesor Álex de la Iglesia, el cine español debe adaptarse a los nuevos tiempos.

lunes, 25 de enero de 2016

La gran burbuja

Como no dispongo de ningún famoso que se preste a ello, déjenme que les explique yo mismo, sin regodeos ni tecnicismos, de tú a tú, y a poder ser con mi mejor sentido del humor y de la estética, en qué consiste la burbuja cinematográfica. Imaginen por un momento una película con una puntuación media de tres, que es el valor real de La gran apuesta, pero que de repente empieza a experimentar, mediante una serie de especulaciones e incentivos en forma de nominaciones, un súbito e inexplicable aumento en su calificación. Las expectativas sobre el filme van subiendo como la espuma, Brad Pitt y compañía se frotan las manos, hasta que un buen día el populacho acude al cine y se echa las manos a la cabeza. Les han vendido gato por liebre. La cinta está muy por encima de su valor real, aunque los portavoces oficiales manifiesten lo contrario, y la sensación de estafa se adueña del espectador. Una vez más, Hollywood, ese Wall Street cultural, nos la ha colado.  

¿Recuerdan cuando todos tuvimos que familiarizarnos con conceptos como la prima de riesgo, las hipotecas subprime y demás jerga económica? Eran tiempos en los que la terminología habitual de unos pocos se acercó a la calle como recompensa por el sacrificio prestado. Pues bien, ahora todos aquellos conocimientos de economía para dummies se quedan cortos y obsoletos para entender una mínima parte del embrollo que nos narra Adam McKay, nominado al Oscar como mejor director por adaptar un best-seller de Michael Lewis partiendo de un contexto –la crisis económica actual- ya rodado con maestría anteriormente y emulando el nervio de directores como David O. Russell o Martin Scorsese. El resultado es un mejunje que abofetea violentamente a todas sus influencias precedentes. Un batiburrillo de ideas prestadas que quiere, y vaya si lo consigue, dejarnos con la boca abierta.

Ya sé lo que estarán pensando, avispados lectores. “Este tío no se ha enterado de nada y echa pestes sobre la película para camuflar su colosal analfabetismo”. Tienen parte de razón, lo confieso. Se me escapa el significado de conceptos como CDO o de swap, no los asimilo ni aunque me los explique Sofía Vergara dando vueltas sobre sí misma con un vestido despampanante (¿recuerdan las críticas sobre machismo?). Pero lo que no se me escapa es el argumento central de La gran apuesta, que una pandilla de inversores anticiparon la debacle mundial y, lejos de hacer saltar las alarmas, decidieron aprovecharse de la ceguera capitalista y forrarse a su costa. Tan tremendo planteamiento convierte a todos sus protagonistas en auténticos psicópatas. A todos menos a Brad Pitt, que se reserva, como buen productor, la frase más demagoga de la cinta, no vaya a ser que la imagen impoluta de Brangelina se disuelva.

La verborrea ininteligible es intencionada, tanto en la economía como en la película. En una sirve para esconder prácticas moralmente reprobables y en la otra para camuflar cada una de las estupideces que ha cometido McKay en su toma de decisiones. El montaje esquizofrénico (nominado también al Oscar) nos zarandea convulsivamente de un plano a otro, muchas veces sin coherencia ni conexión, valiéndose de una banda sonora maltratada y de alteraciones supuestamente ingeniosas, como la rotura ya no tan sorprendente de la cuarta pared o la sobreimpresión de citas “oídas en una cafetería”. Y es que el humor por el que ‘La gran apuesta’ ha sido catalogada como comedia roza por momentos el bochorno.

Otro de los activos más destacados del filme es el de las interpretaciones, destacadas tras las sucesivas nominaciones hacia un Christian Bale que emula en todo momento al Matthew McConaughey de El lobo de Wall Street. De hecho, podría considerarse La gran apuesta como una fotocopia movida de la obra maestra de Scorsese, con flecos de cintas que sí encontraron el tono para denunciar la crisis inmobiliaria, como Margin call con el thriller o Inside Job en forma de documental. Para evitarse la lluvia de críticas por banalizar asunto tan serio, McKay se asegura, eso sí, un discurso final plagado de mensajes que ya llegan tarde. El rescate financiero por parte de todos y la ausencia de culpables oficiales ya han sido asimilados, incluso olvidados, por todos nosotros. Ya estamos inmersos en una nueva burbuja repleta de nuevos incentivos crediticios y de teles curvas 4K. Si queremos que alguien nos la reviente, ya llamaremos a Michael Moore, el que para muchos es lo más parecido a un crédito basura de alto riesgo. Él al menos le echa morro, se la juega y, lo más importante, tiene chispa.

viernes, 15 de enero de 2016

OSCARS 2016: El año de la incertidumbre

Mejor película
Hacía tiempo que la contienda hacia los Oscar no se mostraba tan difusa. Normalmente, a estas alturas ya se vislumbraba más o menos claramente la posible ganadora. Pero esta vez los premios de la crítica, de los profesionales y las diversas antesalas no han querido dejárselo fácil a los miembros de la Academia de Hollywood. Si este domingo los Globos de Oro apostaban fuerte por El renacido, las pistas previas dejaban entrever un favoritismo hacia Spotlight, mientras Mad Max: Fury Road ha dado el campanazo con un total de 10 nominaciones. Todo está en el aire. Sin embargo, la película que parte como favorita, al menos con un dato tan objetivo como el número de nominaciones, doce en total, es El renacido. En su contra juega el convertirse en la segunda cinta ganadora consecutiva dirigida por Alejandro González Iñárritu, pero a su favor se encuentran las críticas que la han valorado como una obra total, como toda una experiencia sensorial. Deberemos esperar hasta el próximo 5 de febrero para comprobarlo

Mejor director
Otra de las categorías más abiertas, sin un candidato claro. Si catapultar a Mad Max: Fury Road a lo más alto sería prácticamente imposible, no lo sería tanto premiar a su director, George Miller, por resucitar, y de qué manera, una saga que tantos daban por perdida. Algo más complicado sería que González Iñárritu se erigiera por segundo año consecutivo en el mejor director. La tercera opción más plausible es la de Thomas McCarthy, por la valentía de dirigir una cinta, Spotlight, que ha plasmado en imágenes los abusos en el seno de la Iglesia de Massachussets destapados por un equipo de periodistas de The Boston Globe.

Mejor actriz
Es el Oscar más cantado en una de sus ediciones más imprevisibles. Salvo sorpresa de última hora, Brie Larson, la actriz que nos deslumbró con Las vidas de Grace, se erigirá en la mejor actriz de 2015 por encarnar a una madre que lleva encerrada en una habitación durante años junto a su hijo pequeño. Poco o nada tienen que hacer sus rivales en esta categoría, a pesar de que la que probablemente sea la mejor interpretación del año, de los últimos años de hecho, es la de Charlotte Rampling en 45 años. Contentos estamos, al menos, de que la industria de Hollywood la tuviera en consideración. Un pequeño gran papel que debería sacar los colores a la cuatro veces nominada Jennifer Lawrence.

Mejor actor
Por caridad cristiana. El eterno ninguneo de la Academia de Hollywood a Leonardo DiCaprio es objeto de debate y de las más furibundas reacciones en toda la población. Es ya un tema de interés general que debería resolverse este año por el que dicen es su mejor papel, el de El renacido. El del actor de A quién ama Gilbert Grape, de El aviador, de Diamante de sangre, ¡de El lobo de Wall Street! Son las cuatro nominaciones previas con las que Leo se ha ido de vacío. Lástima que su merecido Oscar coincida con la que sin duda es la mejor categoría de la velada, la que reúne a Michael Fassbender por Steve Jobs, a Eddie Redmayne por La chica danesa, a Bryan Cranston por Trumbo y a Matt Damon por Marte. Glamour y talento sobre la alfombra roja.

Mejor actriz secundaria
Dicen, injustamente, que se come a su compañero de reparto dando vida a la sufrida esposa del primer transexual de la historia. Es la chica del momento, catapultada a la fama por Un asunto real y destacada este año por dos papeles no tan encomiables, el de un androide impasible en 'Ex machina' y el que la llevará al escenario del Dolby Theatre por La chica danesa. Nos falta por conocer las interpretaciones de Jennifer Jason Leigh en Los odiosos ocho, de Rachel McAdams en Spotlight y de Rooney Mara en Carol, pero el que ya conocemos, el de Kate Winslet en Steve Jobs resulta mucho más estimulante que el de Alicia Vikander.

Mejor actor secundario
No se sabe muy bien por qué pero Sylvester Stallone, o lo que queda de él tras esa capa de sucesivas operaciones antiestéticas, se ha convertido en el favorito para coronarse con el Oscar a la mejor interpretación secundaria masculina por su eterno papel de Rocky en Creed, en la que por fin da paso a un pupilo para que revitalice la saga. Hasta hace bien poco, las quinielas apostaban por una actuación seguramente insuperable en esta categoría, la de Mark Rylance en El puente de los espías. Entre ellos dos está el duelo.

Mejor guión original
Parece que hay tres claros favoritos (¿era necesaria Straight Outta Compton?), como el texto de la obra maestra Inside out o el de Ex machina. Pero si la lógica se adueña de los académicos de Hollywood, el galardón debería ir a parar a Josh Singer y Tom McCarthy, por ser los máximos responsables de una de las películas con más opciones para agenciare el premio gordo, Spotlight.

Mejor guión adaptado
Expulsado Aaron Sorkin de la competición, responsable de uno de los mejores guiones del año por su magnífica Steve Jobs, esta categoría se ha convertido en una de las más complicadas de vaticinar, más que nada porque sólo se ha estrenado en nuestro país otra de sus cinco aspirantes. Marte es una gran adaptación del best-seller de Andy Weir, pero las predicciones parecen indicar que Room será la que se lleve el gato al agua.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Las 10 mejores películas de 2015

Este 2015 no pasará a los anales de la historia del cine. Un año marcado por cifras de récord en taquilla, animadas por la reactivación de franquicias multimillonarias como Jurassic Park o Star Wars, pero que no ha dejado un reguero de obras para el recuerdo. Prueba de ello es que, a día de hoy, el coto de favoritas para los Oscar sigue sin estar delimitado. Gran cantidad de películas aspiran al trono porque muy pocas han dejado el poso suficiente como para lograr un respaldo unánime. Mal año también para el cine español, que si en 2014 demostró su amplitud de miras con propuestas arriesgadas como Magical Girl, 10.000 km. o La isla mínima, este año se conforma con una única producción sobresaliente, la que nos propone Paula Ortiz con La novia, mientras sigue ninguneando a un género, el de la comedia, que este 2016 ha tenido un gran exponente en Anacleto.

La ausencia de claras favoritas desde las quinielas oficiales que nos llegan desde Hollywood ha permitido ampliar el radio hacia producciones más pequeñas (como 45 años), hacia horizontes más lejanos (como El Club desde Chile o A primera vista desde Brasil), y hacia otros géneros, como el animado, que este año ha brillado más que nunca nuevamente gracias al talento de Pixar. Incluso ha permitido que hoy una superproducción como Mad max: Fury Road se posicione como una seria aspirante a lo mejor del año. Pero este 2015 ha pertenecido a la que, sin duda, ha sido para un servidor la mejor película de los últimos doce meses, una obra intensa y arrolladora de principio a fin como Whiplash. Tan sólo Villeneuve y su Sicario han logrado acercarse a niveles tan elevados de tensión. Para el 2016 sólo cabe esperar, por tanto, un año de cine mucho más rico e interesante, plagado de propuestas lo suficientemente atractivas como para convertir la tarea de listarlas en todo un infierno.

10. Corazones de acero

9. A primera vista

8. La novia (Ver crítica)

7. 45 años

6. Foxcatcher

5. Inside out (Ver crítica)

4. Nightcrawler (Ver crítica)

3. El club (Ver crítica)

2. Sicario (Ver crítica)

1. Whiplash