miércoles, 17 de junio de 2015

Los 10 momentazos de la 5ª temporada de Juego de tronos

Considerada por muchos como una de las peores temporadas, sino la peor, de la serie, lo cierto es que esta quinta entrega de 'Juego de tronos', la que definitivamente marcaba su propio camino respecto a la novela original, nos ha regalado un buen puñado de escenas para el recuerdo. Son más de diez, más de una por episodio por lo tanto, de manera que ya supera con creces lo que nos ofrecen la gran mayoría de series en la actualidad. A continuación, los 10 mejores momentos, por orden de intensidad, de esta controvertida temporada, los que han marcado a un servidor lo suficiente como para rescatarla de la quema. 

10. Myrcella reconoce a Jaime como su padre (5x10)
Uno de los instantes más intensos de la temporada no ha tenido lugar en el campo de batalla ni ha necesitado recurrir a sanguinarias formas de matar. Ocurrió precisamente en el último episodio, en un barco que partía de Dorne con Myrcella y Jaime Lannister a bordo, cuando la princesa le quita un gran peso de encima a su hasta entonces tío y le reconoce con los brazos abiertos su paternidad. Único (y breve) instante de lucimiento interpretativo de Nicolaj Coster-Waldau, lástima que la magia se mantenga tan sólo uno segundos, los justos hasta que la crueldad vuelve a hacer acto de presencia.

9. La sala de los rostros de Braavos (5x06)
Una de las tramas más soporíferas e improductivas de la temporada, la que nos situaba a Arya Stark en busca de un difuso objetivo en Braavos, guardaba al menos una de las imágenes más bellas de esta quinta entrega, la que nos paseaba por la imponente sala de los rostros de la casa de blanco y negro. No sabemos hacia dónde nos conducirá esta trama, de las pocas que anda un poco más adelantada en la novela que en los libros, pero la recreación de ese océano de caras anónimas ha sido tan inquietante como espectacular. 

8. Muerte de Ser Barristan (5x04)
Uno de los hombres de mayor confianza de Daenerys, fiel seguidor desde el inicio de su travesía por el desierto, muere brutalmente apuñalado en la encerrona que los hijos de la arpía le preparan a él y a Gusano Gris en los callejones de Meereen. Cada aparición de estos guerreros anónimos y encapuchados resulta más aterradora, pero la muerte de Ser Barristan ha supuesto un duro golpe para los lectores de Canción de hielo y fuego. El consejero de Dany permanece vivito y coleando en la novela original.

7. La ofrenda al Dios de la Luz (5x09)
Algo parecido sucede con la hija única de Stannis Baratheon. Su cruel desenlace, quemada en la hoguera como sacrificio para el Señor de la luz, ha supuesto una de las escenas más sobrecogedoras de la serie, sobre todo para los que veíamos en esta pequeña e inteligente dama un futuro más prometedor. Su muerte, además, marcaba un camino de fatalidades para la familia Baratheon. Tras la inutilidad de la ofrenda, Selyse se quita la vida, Melisandre sale huyendo y Stannis se embarca en una batalla suicida en Invernalia que terminará con su vida a manos de Brienne. La batalla por los Siete Reinos cada vez cuenta con menos aspirantes. 

6. Daenerys sale volando (5x09)
Cuando todo parecía perdido para Daenerys, cuando su matrimonio forzado sólo parecía servir para el retorno de la esclavitud y la victoria de los hijos de la arpía, la gran esperanza sobrevuela la arena de combate de Meereen y la rescata de una muerte segura. Drogon, el dragón indomable, se doblega por fin ante su madre, que logra cabalgarlo y salir volando de la carnicería que se desarrollaba a sus pies. La gran amenaza por fin toma forma y nos anticipa lo que está por venir, una gran lucha sin tregua entre dragones y caminantes blancos.  

5. El enlace entre Sansa y Ramsay (5x04)
Si algo ha significado esta temporada es sin duda la consolidación de la hasta ahora pánfila Sansa Stark en uno de los personajes más fortalecidos e interesantes de la serie. Ya apuntó maneras en la cuarta entrega, cuando tuvo que sacar garra para enfrentarse a los celos de su tía, pero los guionistas han querido situarla todavía más entre las cuerdas ofreciéndola en matrimonio al despreciable Ramsay Bolton. Este retorno a Invernalia ha servido para enfrentarla cara a cara a uno de los mayores fantasmas de su pasado, Theon Greyjoy. Un encuentro angustiante, doloroso, pero que puede dar sus frutos. 

4. La batalla de los caminantes blancos (5x08)
Digna de las mejores superproducciones de Hollywood, la batalla final del capítulo 8 se ha convertido en una de las más espectaculares de la serie. El despliegue de medios y de efectos especiales ha crecido en paralelo a la popularidad de 'Juego de tronos', de manera que ya apenas existen trabas económicas para recrear el imaginario de George R.R. Martin. Esta primera demostración de fuerza de los caminantes blancos sólo puede significar un enorme preludio de las grandes batallas que están por venir. 

3. Muerte de Jon Nieve (5x10)
Cuando creíamos que el cupo de muertes de los Stark estaba más que cubierto, llega R.R. Martin y nos sorprende con un nuevo asesinato inesperado, el de otro de los personajes que creíamos esenciales de la serie. El fatal desenlace de Jon Nieve resulta especialmente doloroso, sobre todo por el cómo, la supuesta reaparición de su tío Benjen, y por el quién, sus propios hermanos de la Guardia de la Noche, que quedará de nuevo bajo el amparo de un puñado de mercenarios y de la siempre sospechosa Melisandre. La resurrección es nuestra última esperanza.

2. I am the gift (5x07)
El momentazo que todos esperábamos, el que ya nos avanzaban los propios pósters promocionales de la serie, se produce al fin en el séptimo episodio, cuando Jorah Mormont sale desesperado de las mazmorras de la arena de combate para presentarse ante su amada Daenerys. El encuentro que los libros están postergando para Vientos de invierno se materializa en pantalla, para satisfacción de lectores y seriéfilos, que por fin se enfrentan juntos a lo desconocido. El nuevo entente entre Dany y Tyrion no defrauda a nadie. Los diálogos de estrategia entre ambos son una delicia. 

1. El paseo de la expiación (5x10)
Pocos personajes han tenido una evolución tan interesante y rica en matices como el que obtiene Cersei Lannister, todo un regalo que Lena Headey ha sabido aprovechar. Esta última escena de expiación, un tormento de humillación para su orgullo, se convierte automáticamente en una de las más satisfactorias de toda la serie, tanto por su intensidad dramática como por la capacidad de generar empatía en el espectador hacia uno de los 'malvados' oficiales de esta ficción. 

martes, 16 de junio de 2015

Juego de tronos season finale: La temporada del desconcierto

[Contiene spoilers de toda la quinta temporada]

Se han atrevido. Parecía que no serían capaces de llevar a cabo una de las decisiones más traumáticas de George R.R. Martin en el quinto volumen de Canción de hielo y fuego. Podrían haberse escudado en su anuncio de que la serie seguiría por otros derroteros. Pero finalmente los guionistas de Juego de tronos prefirieron ser fieles a la novela original en uno de sus puntos más controvertidos: la cruel e injusta muerte de Jon Nieve a manos de sus hermanos juramentados. Ni siquiera las encuestas que consideraban a Kit Harington como el actor más sexy de esta superproducción de la HBO los ha frenado para finiquitar a otro personaje emblemático de la saga. La mala racha sigue persiguiendo a los Stark. 

Juego de tronos se despedía con uno de los episodios más mortíferos, quizá no tanto en cuanto a cantidad pero sí desde luego en cuanto a trascendencia de las víctimas. No sólo ha caído uno de los ejes de la trama, Jon Nieve. También se han quedado en el camino Myrcella, con todas las consecuencias que puede acarrear en la ya de por sí tensa relación entre los Lannister y los Martell; Selyse, que no pudo superar la devastadora muerte de su hija Shireen, y, sobre todo, Stannis Baratheon. En sólo dos episodios, los guionistas han borrado de un plumazo a uno de los más serios candidatos al Trono de Hierro. ¿Resolución precipitada o más bien inacabada? La imagen explícita de Brienne de Tarth vengando la muerte de Renly no se ha producido, así que no sería del todo descartable un cambio repentino de rumbo para el mayor de los Baratheon. 

Puede que esta quinta temporada no haya sido la más redonda de la serie, desde luego no la más coherente, pero nadie puede negarle el mérito a los tres últimos capítulos, que han vuelto a situarla en los más altos niveles de impacto. Este último episodio ha servido para confirmar tanto los logros como los fallos de la última entrega y sobre todo para despertar a los personajes que han permanecido aletargados durante buena parte de los capítulos previos. El mejor ejemplo lo encontramos en el propio Jaime Lannister, que hasta la season finale no ha tenido ni una sola escena relevante en la trama. Los guionistas han enmendado el error a última hora regalándonos el momento más romántico de la temporada, el de una hija reconociendo con los brazos abiertos su paternidad. Lástima que segundos después unas gotas de sangre resbalando por la nariz de la joven interrumpieran tan mágico instante. Y lástima que tanto ruido mediático en nuestro país a propósito del rodaje de la serie en Sevilla sólo haya dado para ese impacto final y para presentarnos a unas, por el momento, descafeinadas Serpientes de Arena.

Otro de los personajes de perfil bajo durante esta temporada ha sido precisamente la compañera de viaje de Jaime en aquel largo camino desde el Norte hasta Desembarco del Rey. La entrañable Brienne de Tarth, siempre deambulando entre los traumas infantiles y su sentido del deber, ha sido relegada a mera observadora en la distancia de las penurias de Sansa Stark. Hasta que el destino le planta delante a Stannis Baratheon y puede acometer su último acto de justicia. O puede que no. Alguien deberá vengar el sacrificio de Shireen y la huida final de Melisandre. 

Pero la que se ha llevado la palma en cuanto a pérdida abismal de popularidad y de carisma es Arya Stark. Su andadura en Braavos, que se aventuraba tan prometedora al finalizar la cuarta temporada, ha terminado siendo un soporífero aprendizaje para convertirse en alguien sin rostro que sólo revivió anoche con la sanguinaria muerte del primero de su lista y con su repentina ceguera. Está claro que la sumisión no le sienta nada bien al personaje. 

En cambio, a quién le ha sentado fenomenal la temporada es a su hermana Sansa, la que durante muchos episodios fue la mojigata oficial de la serie. Los guionistas han sido muy crueles con ella, tanto que la han obligado a casarse con el malvado Ramsay Bolton, abriendo un sugerente desvío respecto a los libros. Tanto sufrimiento, tanto dolor, han curtido como nadie a la hija mayor de los Stark, convirtiéndola de repente en uno de los personajes más prometedores de la trama. Tras ese tenso reencuentro con Theon Greyjoy,, degradado ahora a Hediondo, parece que el destino les ha obligado a saltar juntos al vacío para enfrentarse a un destino de lo más incierto. 

Mientras, en las Ciudades Libres, la andadura de Daenerys regresa a la casilla de salida, situándola de nuevo como la gran khaleesi de los dothrakis. Su travesía por el desierto sigue bien lejos de ser triunfal, sobre todo ahora que Drogon se encuentra herido, pero Meereen parece que ha quedado en las mejores manos, las de Gusano Gris, Missandei y, sobre todo, de Tyrion Lannister (junto a la supervisión de Varys), en uno de los anticipos de la novela original más prometedores. La madre de dragones se despide de nuevo rodeada de una masa entregada a la causa, confirmando que es la protagonista con más expectativas de toda la serie. 

Pero la que sin duda ha sido la gran escena de este último capítulo, como ocurría también en la lectura de Danza de dragones, es ese camino de la vergüenza, ese camino de la expiación, de Cersei Lannister hacia la Fortaleza Roja. Despojada de toda ropa, insultada, vejada por su propio pueblo, la reina madre expía sus pecados tragándose todo su orgullo para poder volver a palacio. Lena Headey termina así matizando todavía más y mejor a uno de los personajes más imprescindibles de Juego de tronos. Sólo hay que ver cómo la acogerá su entorno tras tamaña humillación y qué destino marcarán para ella esos gorriones a los que dio alas en su particular estrategia para conservar el trono. Con Vientos de invierno o sin ellos, es evidente que la serie ha emprendido su particular camino hacia un destino tan desconcertante como atractivo. Lectores y seriéfilos ya jugamos en la misma liga. 

miércoles, 3 de junio de 2015

Mil maneras de inquietar

Estamos tan acostumbrados a que el cine nos indique cuándo llorar, cuándo reír y, en este caso, cuándo gritar, que no sabemos cómo reaccionar cuando una película rompe los moldes prefabricados de la industria del espectáculo. It follows quiere infundir miedo, pero no quiere hacerlo bajo los cánones habituales del género, valiéndose de las herramientas que se saben eficaces. No renuncia a los sustos, a los golpes de efecto, a los efectos de sonido, a la banda sonora. Pero los reformula, los reinterpreta, para proponer una visión actualizada del terror. Puede que para algunos no resulte tan placentera, pero al menos asume un riesgo que merece la pena explorar. 

Pocas propuestas a priori más disciplinadas logran el estado de inquietud que desprende esta cinta del prácticamente debutante David Robert Mitchell (El mito de la adolescencia). Su mérito no recae tanto en un planteamiento ingenioso, en un punto de partida intrigante (que también) sino en una puesta en escena meticulosamente estudiada, perfectamente planificada, para crear una atmósfera de tensión y de angustia muy difícil de alcanzar. Una apuesta por la cotidianidad, por un pánico casi costumbrista, que seguro costará asimilar. 

Porque esta reinvención de la estética ochentera puede provocar rechazo en parte de la platea, a la que es probable que se le pongan los pelos como escarpias, no por lo terrorífico de las situaciones, sino por esos planos contemplativos, por esos travellings insistentes, esos zooms demodés. No se han enterado. Que los 80 han resucitado en el cine, hace años que lo estamos viviendo, desde la maravillosa Drive a la más reciente The guest. Mitchell lo que ha hecho es encajarlos en el subgénero del terror psicológico, ese que sugiere más que muestra, de manera que todos esos planos, todos esos travellings y zooms imposibles forman parte de una orquesta que dirige con maestría la banda sonora. 

Más que las interpretaciones, más que la puesta en escena, más incluso que las ocurrentes secuencias con las que nos deleita esta película, luce la impecable banda sonora, que cumple a la perfección con su función. Música ochentera pero alternativa, minimalista, a cargo de Rich Vreeland que tanto podría servir para una sesión del Sónar de Barcelona como para sumergirnos en esta pesadilla agorafóbica, en la que el mal tiene mil caras y viene de todas partes. Una amenaza constante que convierte la vida de sus víctimas en todo un infierno, enfrentadas a lo desconocido desde una impotente soledad.

It follows contiene más escenas memorables que muchas de las cintas recientes del género. Ya el primer planteamiento de esta particular maldición sexual, que hará las delicias de los más puritanos, se expone en una tensa huida sobre silla de ruedas. Otra escena en un lago, cuando los efectos especiales hacen acto de presencia, es otro ejemplo de adrenalina perfectamente dosificada. Pero es en los minutos finales, en el interior de una piscina, cuando la película alcanza cotas de obra maestra, en un claro homenaje al brillante desenlace de Déjame entrar. Otra atípica cinta de terror que revitalizó el subgénero vampírico. La muestra de que en esto de asustar no está todo inventado. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

The good wife 'season finale': ¿Queremos final?

[Contiene SPOILERS de toda la sexta temporada]

Que los King no se han portado demasiado bien con uno de los personajes revelación de la última década televisiva lo reconoce hasta la propia afectada. Archie Panjabi confesaba en una entrevista reciente para Entertainment Weekly que su papel no ha sufrido la mejor de las evoluciones. De ganar el Emmy por su arrolladora interpretación en la primera temporada de The good wife ha terminado por convertirse en la chica de los recados, en una especie de autómata ensombrecida por el resto del reparto de la serie.

Por suerte, los guionistas repararon el daño en la season finale, cuando Kalinda aparece repentinamente en la barra del bar y comparte sus últimos tequilas con Alicia, la amiga que formó parte de la mejor etapa de su vida. La investigadora, por tanto, ni se despide de la audiencia por la puerta grande ni por la de atrás pero al menos protagoniza la escena más entrañable del capítulo final.

El ascenso profesional de Alicia Florrick, su creciente ambición, han ido en detrimento del que fue su mayor apoyo. Kalinda es el ejemplo perfecto de hasta qué punto The good wife es única perfilando grandes secundarios pero también desigual a la hora de rematarlos (ahí están también la entrañable y desaparecida Robyn o la suegra de Alicia para cerciorarlo). En el núcleo duro y en los personajes esporádicos es donde la serie demuestra el máximo de sus respetos.

El retorno de Charles Lester, el execrable abogado de Lemond Bishop, en este último episodio representa perfectamente ese punto fuerte de la serie, capaz de dibujar grandes rasgos de personalidad en pequeños papeles secundarios. La lista de eventuales imprescindibles en The good wife es tan larga que no existen categorías suficientes en los Emmy para recompensarla.

Los cabezas de cartel, como decíamos, son también los grandes mimados por parte de los guionistas. Si a Will Gardner le brindaron el año pasado la mejor etapa de la serie y una de las mejores salidas de la historia de la televisión, esta sexta temporada ha ido poniendo entre las cuerdas a Diane Lockhart (y sus batallas dialécticas con los republicanos) y, sobre todo, a Cary Agos, que marcó los potentes capítulos iniciales con su inculpación en los negocios turbios de Bishop.

Porque si en algo siguen demostrando maestría los King es en su capacidad de revolucionar el status quo, de jugar hasta el límite con el entramado judicial y político que han ido construyendo. Campañas, elecciones, nuevos bufetes, estrategias, sorprendentes intercambios de socios. Las fórmulas parecen ilimitadas. Pero si las teorías sobre el número de palabras en los títulos son ciertas y la serie acaba finalmente en su próxima temporada, debemos empezar a pensar que la carrera hacia la presidencia de los Estados Unidos de Peter Florrick será el punto culminante con el que la serie dará su adiós definitivo.

La campaña de Alicia para fiscal general del estado ha centrado buena parte de las tramas de esta sexta temporada y nos ha deparado algunos de sus grandes momentos, desde la negociación con los donantes hasta el debate con su oponente Frank Prady. Pero, sobre todo, la serie suma enteros y mucho humor inteligente con la presencia del ya imprescindible Eli Gold y su hija Marissa, el personaje revelación de la temporada. El nuevo reto presidencial, con la oposición frontal de Alicia, promete nuevos y sugerentes encontronazos entre la cada vez menos dócil esposa y el asesor de campaña.

Recientemente anunciada su renovación, The good wife parecía por momentos dirigirse hacia su final definitivo en esta sexta temporada. El capítulo The deconstruction, sin ir más lejos, empezaba con una referencia explícita al inicio de la serie, cuando una compungida Alicia permanecía en un segundo plano durante la rueda de prensa posterior a los escándalos sexuales de su marido. Esta vez, era Peter el que la acompañaba durante su renuncia pública al cargo tras las acusaciones de fraude. Intercambio de posiciones que, sin embargo, no se correspondía con un intercambio real de roles en la pareja. La subyugada esposa se mantiene, al menos públicamente, al amparo del macho alfa.

Puede que la sexta no haya sido la mejor ni la más coherente de las temporadas de The good wife, sobre todo tras la cúspide del año anterior, pero aún así nos ha seguido regalando capítulos inmejorables como Mind’s eye, cuando una afónica Alicia prepara la entrevista más crucial de la campaña imaginando todos los escenarios posibles. El ingenio no parece agotarse. Como alicientes para otoño ya disponemos de la tensión sexual no resuelta con Finn y esa maravillosa vuelta de tuerca que supone la nueva alianza con Louis Canning. De seguir a este ritmo y nivel, larga vida a los Florrick.

viernes, 8 de mayo de 2015

Refugiados, otra víctima del hype desorbitado


Lancemos desde aquí una advertencia a nuestras televisiones. Dejen de promocionar sus nuevas apuestas de ficción como la panacea de la ficción española, como el antes y el después que nos equiparará de una vez por todas con el panorama televisivo internacional. Traslademos también el aviso a nuestros compañeros periodistas. Avísennos cuando realmente un producto de nuestro país rompa esquemas, aporte auténticas novedades y no esté en todo momento con el ojo puesto en los grandes referentes, los que marcan tendencia. Porque de todo el arsenal de grandes novedades que nos esperaban esta temporada, sólo una, El ministerio del tiempo, ha asumido un gran riesgo y pulverizado moldes. 

Flaco favor le hacemos a las productoras españolas si generamos excesiva y precipitada expectación con propuestas que, sólo faltaría, se adecuan a los nuevos tiempos pero que en realidad no tienen ni tendrán un peso determinante en el mercado internacional. Desde el momento en que, tanto desde los medios como desde los propios gabinetes de comunicación de las cadenas, se equipara una nueva apuesta con la ficción extranjera es de justicia comparar con equidistancia y sin condescendencia. Y, francamente, puede que Refugiados cuente con el respaldo de la BBC, pero su trascendencia en el género de la ciencia ficción es poco más que nulo. 

El gran mérito de la serie que estrenaron anoche de forma simultánea los cuatro canales de Atresmedia es haber logrado el apoyo de la cadena de referencia británica, con la que al parecer los guionistas españoles tuvieron algunas desavenencias. Y no es para menos. Son fácilmente identificables las carencias de una propuesta con más ambición teórica que práctica y que desde luego no la incorporarán en el cada vez más amplio catálogo de series influyentes de la BBC. 

Si el objetivo era parir una serie que no pareciera española, no hay duda que lo han conseguido. Autores extranjeros, fotografía a la orden del día, una ambientación que bien podría estar ubicada en Estados Unidos, rodaje en inglés con un doblaje nefasto. Hasta los créditos parecen sacados de la HBO. Pero si algo ha demostrado la ficción que nos ha regalado este año la imaginación de los hermanos Olivares es que puede alcanzarse la gloria y el aplauso de crítica y público sin perder la propia identidad. Español no tiene por qué equipararse siempre con lo rancio o lo garbancero. 

En todo caso, no es criticable que un producto made in Spain tenga aspiraciones globales (el cine de Amenábar, por ejemplo, es cada vez menos español y más influyente). Lo que sí es condenable es desaprovechar el tirón mediático y la carta de presentación con un primer capítulo que ya pierde el ritmo una vez planteada la interesante premisa inicial. Después de situarnos en un contexto en el que tres millones de personas regresan del futuro con una lucecita roja en el pecho para intentar salvarlo, la trama quiere volverse intimista y centrarnos en un microcosmos de recelos y miedo psicológico. Podría ser para crear una atmósfera claustrofóbica, asfixixante, terrorífica. Pero sólo sirve para infundir el más profundo de los sueños.   

Hay ficciones lentas y ficciones aburridas. Refugiados es ambas cosas. Porque hay ritmos sosegados pero que conllevan mucho mar de fondo, que profundizan en los personajes, que te adentran en una atmósfera inquietante de la que resulta imposible escapar. Sin embargo, hay lentitudes injustificables, plagadas de altos en el camino que no aportan nada, que ralentizan la marcha sin criterio alguno. Es la dinámica de esta nueva serie, que se permite el lujo de alcanzar los bajones de intensidad que las grandes producciones suelen manifestar cuando el espectador ya está lo suficientemente enganchado como para abandonar. La emisión de dos capítulos seguidos tampoco ayudaba. Certificó al instante que el interés resucitará a golpe de cliffhangers

Mal vamos si para sobrevivir a esta miniserie de ocho capítulos debemos esperar a los clímax finales del episodio, después de minutos y minutos de relleno existencial basados en la reiteración. Una intriga de ciencia ficción como la que plantea Refugiados merece un tratamiento mucho más apasionado que el que han demostrado las dos primeras entregas de la serie. 100 minutos desaprovechados, sumidos en un letargo que sólo aviva un par de golpes de efecto. Oportunidad de oro perdida que costará mucho recuperar. Frenen el ritmo de entusiasmo, queridos compañeros y gabinetes de prensa, porque tamaña expectación sólo pueden cubrirla los éxitos más inesperados. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

Los 10 momentazos de la 3ª temporada de House of cards

[Contiene SPOILERS de toda la tercera temporada]

La presidencia de Estados Unidos parecía el fin que justificaba todos los medios. Cuando Frank Underwood daba un golpe encima de la mesa desde el despacho oval al finalizar la segunda temporada un ciclo tocaba a su fin. Pero lo que desconocíamos es que se abría una nueva etapa todavía más complicada, repleta de calvarios que han mermado como nunca la imagen pública de esta versión execrable del self-made man.

Más allá de nuevos adversarios, de la presión de la prensa, de las luchas de poder dentro del partido, de una popularidad por los suelos, el presidente Underwood se ha enfrentado esta temporada al peor de sus males: el resquiebro de esa maquinaria de ambición y poder que conformaba con su esposa. La paulatina crisis entre Francis y Claire ha abierto una nueva y sugerente trama en una serie que ha vuelto a marcar récords de elegante perversidad. A continuación, los diez mejores momentos, por orden cronológico, que nos ha regalado House of cards en su etapa más inquietante

1. El duro retorno de Doug (3x01)
La serie abría temporada con el nuevo presidente orinando sobre la tumba de su padre y, mucho más interesante, con el regreso del que fue la mano derecha de Frank tras la pedrada que le propinó Rachel en su huida. Un flashback portentoso en el que vemos cómo evoluciona el personaje a lo largo de su lenta recuperación, desde el momento en que despierta del coma con un ramo de los Underwood en la habitación de hospital hasta el momento en que toma conciencia de que para el presidente ya no es más que mercancía para el desguace. De verdugo a víctima de Francis en una estrategia de poder en la que no hay lugar para los débiles.

2. El sexo según los Underwood (3x02)
Durante los primeros episodios asistimos al declive del político y su esposa. Los compañeros de partido de Francis no quieren que se presente a la reelección, mientras ella pierde los nervios públicamente en la audiencia que determinará su candidatura como embajadora de la ONU. En un momento de máxima desesperación, Claire se encuentra a su marido derrumbado en el suelo. Se acerca a él y, sin mediar palabra, lo estira en el suelo, le desabrocha el pantalón y se lo folla. De la forma más fría y desapasionada posible, con el único propósito de darle un toque de atención. El sexo en este matrimonio, con tríos incluidos, siempre ha sido sólo un mecanismo más de conveniencia, un mero trámite que pasar en su contrato para alcanzar una causa mucho más placentera: el poder.

3. Francis y Dios (3x04)
“Amor, ¿eso es lo que vendes? Pues no lo compro”. Es lo que le grita Frank al jesús crucificado después de un encuentro de rigor con un obispo y justo antes de escupirle. En ese momento, la cruz cae y se rompe en mil pedazos. El protagonista se dirige entonces a cámara y nos dedica otra de sus impagables sentencias: “Parece que Dios me escucha ahora”. El presidente vuelve a estar en una encrucijada. Heather Dunbar, la abogada que él proponía para jueza del Supremo se presenta por sorpresa como candidata a la presidencia, rompiendo totalmente sus esquemas. Desde luego, encomendarse a dios parece la última de las estratagemas posibles para un personaje que sólo cree en sí mismo.

4. Montando America Trabaja (3x05)
Que Francis es un hombre de extremos lo demuestra la controvertida política con la que pretendía pasar a la historia: destinar los presupuestos de los beneficios sociales a incentivar el pleno empleo. Para popularizar el plan AmericaWorks, contrata a Thomas Yates, un escritor desmotivado y conocido por su primera novela superventas, que se convertirá en uno de los personajes revelación de la temporada. “Ningún escritor se resiste a una buena historia, igual que ningún político se resiste a una promesa que no puede cumplir”, sentencia de nuevo a cámara el presidente. Lo que desconoce es hasta qué punto se involucrará el autor en su intimidad, convirtiéndose en un nuevo frente a batir.

5. “Shame on you, Mr. President” (3x06)
El rifirrafe entre Frank Underwood y el presidente ruso ha sido otra de las tramas que ha marcado, y de qué manera, esta tercera temporada. Especialmente, al personaje de Claire. La conversación que mantiene la primera dama con el activista gay Michael Corrigan en una celda rusa no sólo sirve para mostrarnos que definitivamente ella representa el lado más humano del binomio Underwood sino también para marcar un antes y un después en su papel de abnegada esposa. Después de que el joven se quitara la vida antes de traicionar sus principios, Claire cambia su discurso oficial y condena públicamente al presidente ruso con un memorable “Shame on you”. La monumental bronca que tiene lugar después en el avión presidencial tampoco tiene desperdicio: “Jamás debí hacerte embajadora”, le grita Frank a su esposa, a lo que ella responde intachable: “Jamás debí hacerte presidente”.

6. La gota que colma el vaso (3x10)
Todo el conflicto que mantienen Estados Unidos y Rusia por el valle del Jordán se resuelve finalmente con la peor condición que podría exigirle el presidente Petrov a Francis Underwood, despojar a su esposa de su puesto como embajadora de la ONU. “No sé por qué Claire significa tanto para usted”, le pregunta el presidente a su contrincante. “Porque significa mucho para usted. Sólo así sabré que va en serio”, le contesta Petrov, apuntando directamente al talón de Aquiles de Frank, a su punto más débil, e iniciando un camino sin retorno de la pareja hacia la ruptura.

7. Francis y los hombres (3x10)
Primero fue en aquel soporífero reencuentro con los compañeros de universidad en la primera temporada, luego llegó Meechum y ahora ha sido el turno de Thomas Yates, el escritor con pasado gigoló con el que Francis vuelve a destapar su lado homosexual. Después de semanas sin compartir cama con Claire y de obligarla a dimitir de su puesto en la ONU, Frank se sincera con el autor y reconoce que la traicionó. A partir de ese momento, comienza a acariciarle la mano, el escritor se la lleva al pecho y cuando parecía que el político volvería a dar rienda suelta a su pasión, le sobreviene un ataque de represión y lo manda a casa. Pero su lado más íntimo ya está en conocimiento de un escritor que además comparte cama con una ávida periodista. Otro cabo suelto para futuras temporadas.

8. El gran debate (3x11)
El cara a cara que mantienen los tres candidatos a la presidencia por el partido demócrata es, sin duda, uno de los pasajes más apasionantes de la temporada, no sólo por el particular juego de tronos que había detrás de ese escaparate sino porque, una vez más, sirve para desenmascarar la falta de escrúpulos de Frank Underwood, que deja en la estacada a su compañera de estrategia Jackie Sharp delante de toda la audiencia. Si por algo ha destacado también esta tercera temporada es por ese insuperable trío de actrices que han configurado Molly Parker (Jackie), Elizabeth Marvel (Dunbar) y Robin Wright. El ejemplo perfecto de cómo la televisión se ha convertido en el refugio perfecto para actrices maduras.

9. “Go fuck yourself” (3x12)
Dunbar empieza a jugar sucio en cuanto las encuestas no le son tan favorables. Recurre a Doug y a su arma en forma de diario íntimo de Claire y desde ese momento descubrimos que el consejero nunca había confabulado en contra del presidente. Toda esta enrevesada trama era su particular estrategia para lograr acercarse a su antiguo jefe, a pesar de haberle traicionado el día que no cumplió las órdenes de quemarlo. Descubierta la artimaña política para minar la imagen política de la primera dama, Frank se reúne con su oponente y le suelta: “Sólo tengo una cosa que decirte: que te jodan”, para a continuación dirigirse hacia nosotros y decir “¡Dios, qué bien sienta!”.

10. “I’m gonna leave you” (3x13)
Todo el mar de fondo que se iba gestando desde el primer capítulo de esta temporada sale a flote en el episodio final. “Juntos gobiernan un imperio sin herederos. Su legado es su único heredero”, escribía Thomas sobre los Underwood en el primer capítulo de su libro. Pues bien, todo ese imperio de la codicia se desmorona en una violenta y tensísima escena en la que por fin Frank y Claire se desnudan el uno frente al otro. “Tú no eres suficiente”, le confiesa ella. “Sin mí no eres nada”, le contesta él tras agarrarla del cuello. Sí, Francis ha salvado el caucus de Iowa y probablemente repita legislatura. Pero esta vez andará solo, sin el apoyo incondicional y el necesario favor de su esposa. Estamos deseando saber cómo se materializará la fría y calculadora venganza.

miércoles, 29 de abril de 2015

The Americans. La era de Paige

[SPOILERS de la última season finale]
El final de la segunda temporada ya nos marcó el hilo argumental de la tercera. The Americans abría una nueva línea en su trama dirigiendo el foco, de forma totalmente imprevista, hacia Paige, la hija mayor del matrimonio de espías rusos infiltrados en Estados Unidos. Una decisión muy acertada y necesaria, ya que la serie encuentra su mejor tono en los conflictos internos de este atípico hogar. Una auténtica olla a presión que justo ahora comienza a explotar.  

Pocas veces un personaje adolescente ha tenido tanto peso e interés en el argumento de una serie de televisión como el que ha tenido la hija de Elizabeth y Philip a lo largo de esta tercera temporada. Pensábamos que Paige descubriría toda la verdad sobre sus padres cuando los agentes del FBI destaparan la enorme tapadera del matrimonio (si es que llega a producirse ese momento). Pero los guionistas, hábiles ellos, han hecho estallar por los aires los cimientos de la hasta ahora idílica familia sin previo aviso, sacando a relucir todos los secretos y miedos justo en la etapa más inestable de la joven, con las consecuencias más impredecibles que puede conllevar.

El debate interno que vivían los protagonistas hasta ahora, entre la lealtad a los valores de un régimen comunista y el bienestar de la familia en un entorno acomodado y cautivador, se ha multiplicado con la madurez de Paige. Los padres han asistido impotentes a una rebeldía que la adolescente ha canalizado hacia los brazos de la Iglesia, en las antípodas de esos ideales por los que ellos se hipotecaron de por vida. Desde el momento en que se ven obligados a descubrirle a su propia hija la farsa de hogar en el que había crecido se disparan los interrogantes (fantásticos los terceros grados a los que de repente se ven sometidos por parte de una niña en busca de amparo).

Los altibajos en el seno de la pareja tampoco han cesado, a pesar del frente común para amortiguar los efectos de esta bomba de relojería casera. Celos y recelos siguen alimentando una relación de caracteres opuestos. Ella, fría y obcecada en una causa que no cuestiona. Él, sumergido en un embrollo sentimental e ideológico de difícil solución. Es también en ese constante rifirrafe matrimonial en el que se demuestra la enorme complejidad de los dos personajes principales de The americans, probablemente de los más completos (y ninguneados) de la televisión actual.

Hay dos escenas que reflejan claramente esa ambigüedad moral en la que vive constantemente la pareja. Una es la que cierra el penúltimo capítulo, cuando Philip se desprende detenidamente de su peluca ante la mirada atónita de Martha. Máxima prueba de confianza hacia el personaje más tierno y vulnerable de la ficción. En la otra, Elizabeth conversa con una adorable ancianita antes de obligarla a ingerir un manojo de pastillas mortal. La mujer, con la tranquilidad que dan los años y el haberlo vivido todo, se interesa por su misión y sobre todo le plantea un interesante dilema a la protagonista, cuestionándole si el asesinato de inocentes ayuda a construir un mundo mejor.

Pero más allá de la trama interior de los Jennings, The americans continúa con la Guerra Fría como telón de fondo, ya en sus últimos coletazos, cuando Reagan enseña músculo y Afganistán se convierte en el escenario donde se materializa la escalada de tensión. Como siempre, ese contexto histórico y externo no se presenta de la manera más clara y didáctica, a pesar de las implicaciones que aquellos acontecimientos tienen en la actualidad (como, por ejemplo, la militarización de muyahidines por parte de Estados Unidos, la llamada a la yihad contra el enemigo soviético o el origen de Bin Laden).  

Es quizá el único pero de una serie que, sin embargo, suple sin problemas esa carencia instructiva. Tenemos tantos frentes abiertos de cara al futuro (¿Cuán sincera será la nueva relación entre Philip y la ex mujer de Stan? ¿Cómo lidiará el agente del FBI con su jefe y ahora rival? ¿Qué destino le espera a Nina? ¿Qué ocurrirá con Martha? ¿Y con Paige? ¿Y con todos ellos tras la disolución de la Unión Soviética?) que los tejemanejes de la Guerra Fría casi se nos antojan como superfluos.