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Mostrando entradas de junio, 2007

Explosión a medio gas para el final de 'Heroes: Genesis'

Culminación del primer volumen de Heroes. Y ciertamente hay que hacer bien caso del matiz que diferencia volumen de temporada, ya que el final cierra una etapa para empezar otra. Quizá por ese motivo deja un regusto agridulce. Estamos muy acostumbrados a lo que otra de las grandes ficciones televisivas de la historia, Lost, sabe hacer tan bien, es decir, a dejarnos con la boca abierta con un desenlace de infarto. Esto Heroes no lo tiene, pero introduce un elemento novedoso, aunque menos gratificante, en el que nos ofrece el primer minuto del que será su segundo volumen, Generaciones, para que nos hagamos una posible idea de por dónde irán los tiros.
Heroes, con capítulos de interés e intensidad desiguales, había ido adquiriendo con el tiempo un ritmo trepidante y una intensidad que parecía iban a desembocar en un final espectacular. Cómo detener a un hombre bomba en cambio resuelve la gran incógnita (¿explotará o no la bomba en Nueva York?) en un santiamén y sin los recursos que nos p…

Una noche en el Grec es sagrada

El mestizaje, como en la vida, forma ya parte del arte contemporáneo. De la mezcla de culturas diversas consigue crearse algo nuevo que sorprenda al espectador (pensemos sin ir más lejos en el éxito que cosecharon Bebo Valdés y Diego El Cigala con su Lágrimas negras). Trasladar al mundo de la danza la combinación de dos estilos a priori incompatibles como los que incorpora este espectáculo era una apuesta arriesgada. La rigidez de la danza clásica contra el libertinaje del ‘kathak’ hindú. La comunicación entre ambos lenguajes parecía imposible. Y sin embargo, como suele pasar siempre, el resultado fue de lo más gratificante.
Sacred Monsters abrió anoche el Festival Grec de Barcelona con un aforo lleno. Lleno, eso sí, de ilustres invitados engalanados hasta las cejas por un lado y de otros pocos, los que menos, que pasamos por caja. Para unos se trataba de un acto social más, con todo el glamour que puede ofrecer un entorno como el del anfiteatro griego de Montjuïc, y para otros, los q…

No hagan más juego, señores

Tras el estrepitoso bajón cualitativo de la segunda parte, parecía imposible pensar en una tercera. Sin embargo, aquí la tenemos. Un nuevo integrante de la panda de ladrones de guante blanco capitaneada por Danny Ocean es suficiente para que Steven Soderbergh se saque de la manga una nueva entrega. Y viendo la fórmula del producto, no resulta descabellado imaginarse cuarenta secuelas más, tantas como casinos tiene el boulevard de Las Vegas. Tan sólo queda rogarle a este grupillo de amiguetes que echen el freno de una vez o que, al menos, destinen a la pequeña pantalla una saga más propia de serial que de filmes con entidad propia.
El planteamiento, nudo y desenlace de las tres películas es prácticamente idéntico. De ahí su parecido a la estructura episódica de series como CSI o Sin rastro. Sabemos cómo empiezan, cómo se desarrollan y, sobre todo, cómo finalizan. En este caso, no les desvelo nada si les digo que la cosa va de robar una millonada a un excéntrico ricachón (planteamiento)…

Caprichos del zodíaco

Si el asesino del zodíaco contemplara la película que sobre sus pecados ha ideado David Fincher se sentiría tremendamente orgulloso. El filme plasma de forma meticulosa, con absoluta rigurosidad, cómo tres hombres vivieron obsesionados por darle alcance. Pero de lo que sin duda podría sentirse satisfecho este asesino en serie es de ver finalmente en pantalla sus proezas criminales. Un logro mayúsculo para alguien tan mediático y con tantas ganas de que alguien lo inmortalizara en forma de celuloide.
Pues bien, ese alguien ha resultado ser David Fincher, director de la inimitable pero ampliamente imitada Seven. Con semejante precedente y con un material como el que ofrecía Zodiac, podía preverse por dónde irían los tiros. Trama inquietante, puesta en escena sórdida y oscura, grandes dosis de suspense, miedo, terror. En definitiva, algo que el director norteamericano domina con maestría y soltura, pero que de tantas veces clonado corría el riesgo de provocar empacho.
Consciente de ello, …