Ir al contenido principal

Una noche en el Grec es sagrada

El mestizaje, como en la vida, forma ya parte del arte contemporáneo. De la mezcla de culturas diversas consigue crearse algo nuevo que sorprenda al espectador (pensemos sin ir más lejos en el éxito que cosecharon Bebo Valdés y Diego El Cigala con su Lágrimas negras). Trasladar al mundo de la danza la combinación de dos estilos a priori incompatibles como los que incorpora este espectáculo era una apuesta arriesgada. La rigidez de la danza clásica contra el libertinaje del ‘kathak’ hindú. La comunicación entre ambos lenguajes parecía imposible. Y sin embargo, como suele pasar siempre, el resultado fue de lo más gratificante.
Sacred Monsters abrió anoche el Festival Grec de Barcelona con un aforo lleno. Lleno, eso sí, de ilustres invitados engalanados hasta las cejas por un lado y de otros pocos, los que menos, que pasamos por caja. Para unos se trataba de un acto social más, con todo el glamour que puede ofrecer un entorno como el del anfiteatro griego de Montjuïc, y para otros, los que menos, era la posibilidad de disfrutar de un gran espectáculo cultural a manos de, al parecer, dos gigantes de la danza, por supuesto en el mejor escenario de toda la ciudad y en la mejor época del año.
La francesa Sylvie Guillem y el británico originario de Bangladesh Akram Khan establecen en el escenario un diálogo constante con el público y con unos músicos que, a su vez, redondean la calidad del espectáculo. Si por separado brillan los dos artistas, con mayor maestría ella que él, es cuando se unen que consiguen embaucar del todo.
Dos sugerentes coreografías despuntan de esta propuesta a la que solamente le sobran minutos de cháchara y humor inglés (“el público ha venido a ver danza”. Ellos mismos se lo dicen). Por un lado, ese baile de brazos ondulantes entre dos cuerpos que permanecen unidos a pesar de los contratiempos. Por otro, el insinuante y romántico vaivén de una pareja haciendo el amor. Dos partes de un todo absolutamente recomendable.

PD. Disculpen este nuevo paréntesis en La Pantalla. Sacred Monsters no es ni cine ni televisión, pero en una noche en la que lo único destacable era otro capítulo más de la cada vez más redundante House y en la que imperaba la sequía en la cartelera, la danza era sin duda la propuesta que resultaba más estimulante.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ensayo sobre la humanidad

Fernando Meirelles pedía disculpas a los asistentes del preestreno barcelonés de A ciegas por las imágenes tan duras que iban a presenciar. Para quien no conociera el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, sin duda le sorprendería la crudeza de algunas escenas, sobre todo las que tienen lugar durante la improvisada cuarentena para ciegos . Pero los que alguna vez leyeron la novela del Nobel portugués seguramente recordarán la sensación de angustia que provocaban algunos pasajes, hasta el punto de resultar incómoda su simple lectura. La adaptación no obvia los momentos más duros del relato, pero sí elude algunos escabrosos detalles que hubieran hecho del filme una auténtica pesadilla. La recreación de un mundo sumido en el caos tras caer todos sus habitantes en una inexplicable ceguera blanca es meritoriamente realista. De bien seguro que Saramago se quedó corto al suponer la degradación a la que puede sucumbir un ser humano en estado de emergencia, sin orden ni control. Aún así, el rel...

Aburrida hasta para 'El País'

Hagan paso, que el salvador de la cinematografía española hace su entrada, por si no se habían dado cuenta. Qué mal le debe haber sentado a nuestro Pedro despertar esta mañana con la lectura de El País , el periódico al que tanto homenajea en su última película y que tantos masajes le ha practicado a lo largo de su carrera. Una relación que permanecía idílica hasta que un buen día los mandamases de Prisa decidieron contratar a ese inconformista llamado Carlos Boyero y lo convirtieron en su crítico de cabecera. No contaron con que un día al señor le tocaría comentar al intocable y ha pasado lo que tenía que pasar. La sangre de Almodóvar habrá entrado en ebullición en cuanto haya leído en su amado diario un doloroso titular para su nuevo filme: “La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio” . Suelo rendirme ante Almodóvar con la misma intensidad con la que tiendo a aborrecer la forzada rebeldía de Boyero, pero en esta ocasión no tengo más remedio que ponerme del l...

El embolado de Julianne Moore

¿Cómo es posible que una película protagonizada por Julianne Moore y Samuel L. Jackson se estrene en tan sólo tres salas de Barcelona? Era la pregunta que rondaba por mi cabeza momentos antes de entrar en uno de esos tres cines en los que proyectaban El color del crimen . Dos horas más tarde, al atravesar la salida de emergencia, entendí perfectamente el motivo. La película es un bodrio. Capítulos de Sin rastro desarrollan mucho mejor en 45 minutos lo que este filme alarga a 120, la misteriosa desaparición de un niño blanco cerca de un gueto habitado por negros en New Jersey. Desde el momento en que la policía decide acordonar toda la colonia para encontrar al secuestrador, estalla un conflicto racial con dramáticas consecuencias. La película muestra, a su manera, algunos de los males que azotan Estados Unidos. Como es evidente, uno de ellos el racismo y las desigualdades sociales, pero también algunos otros que producen igual repugnancia, como es por ejemplo esa tendencia al asociac...