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SÉ QUIÉN ERES | Aciertos y errores del thriller de la temporada

Con una legión de seguidores discreta pero infalible, en torno al 15% de cuota de pantalla, podría decirse que Sé quién eres es todo un hito en la historia de nuestra televisión. Pocas veces un thriller con una trama seriada ha logrado mantener espectadores semana tras semana, pendientes de un caso, el de la desaparición de Ana Saura, que, para colmo, se resolvía a mitad de estas dos temporadas fusionadas en una.

Dieciséis capítulos vibrantes que culminaban este pasado lunes con un final sorprendente, no sólo por el asesinato inesperado de uno de sus personajes principales, sino también por la singularidad de su resolución. Probablemente por primera vez en estos lares, el happy end deja paso a un desenlace mucho más realista, el del triunfo del mal y del poder sobre el resto de mortales.

A pesar de su notable éxito, sobre todo en un canal, Telecinco, con escaso recorrido para el drama seriado, Sé quién eres no ha supuesto la revolución que cabía esperar para nuestro panorama audiovisual. A sus innegables logros hay que sumarles también una serie de decisiones que han impedido situarla en el olimpo de la excelencia. A continuación, algunos de los aciertos y errores de la que ya es una de las ficciones de la temporada.

Una premisa atractiva pero resuelta demasiado pronto

No se le podía pedir más al primer capítulo de Sé quién eres. Pau Freixas y su equipo de guionistas volcaron todos sus esfuerzos para brindarnos una trama lo suficientemente atractiva como para mantenernos enganchados durante dieciséis semanas. Vaya si lo lograron. Al menos hasta el capítulo que debió marcar el paréntesis entre la primera y la segunda temporadas. En el vibrante episodio diez, el misterio de la desaparición de Ana Saura se resolvía de manera inteligente, con un Elías culpable pero inocente a su vez sobre el que recaería de nuevo la sombra de la sospecha tras el apuñalamiento de su mujer.

La serie ha sido muy hábil a la hora de manejar los tiempos, de manera que los diferentes interrogantes de la trama no se han resuelto de manera precipitada en el último capítulo. Primero nos aclararon que Juan Elías efectivamente sufría amnesia, más adelante nos desvelaron la identidad del topo que pasaba información al juez. Por último, la decisión de desvelar el paradero de Ana y la identidad del secuestrador fue muy valiente pero a su vez perjudicial. Los últimos seis episodios se convirtieron en un largo epílogo con dos intrigas menores: quién apuñaló a Alicia y qué decisión tomaría Ana respecto a su secuestro. La cuestionable decisión de Telecinco de reconvertir las dos temporadas de la serie en una sola seguramente jugó en contra de la estrategia inicial de los guionistas para extender la trama más allá de la desaparición de Ana Saura.

Un final valiente… pero no tanto

La imagen de Alicia y Juan frente al mar, reconciliados el uno con el otro después de haber visto tambalear su unión con la desconfianza, ha sido poética. “Esto no va de quiénes queremos ser, sino de quiénes somos”. Efectivamente, la serie al final ha girado siempre en torno a un matrimonio, capaz de lo que haga falta para mantener su estatus, desde internar a un hijo con necesidad de cuidados hasta acabar con la vida de una amante que podría arruinar el entente. Unidos frente a todo y con todas sus consecuencias. ¿Suena de algo?

Efectivamente, este juego de ambición y poder, pero también de sospechas, recuerda demasiado a la pareja más inquebrantable y despiadada de la televisión. Juan y Alicia y ese descorazonador triunfo del mal son la reencarnación a pequeña escala de los Underwood. La misma falta de escrúpulos y el mismo pacto vital, generando en el espectador la misma extraña atracción, mezcla de simpatía y rechazo. Un final valiente, sí, pero no tan sólo novedosa en nuestra ficción.

Una factura impecable pero en un tono exageradamente melodramático

No hay duda alguna. La puesta en escena de Sé quién eres ha sido brillante, cuidada con mimo por su director artístico Joan Sabaté, tal y como detalla este artículo de El Periódico de Catalunya. Cada localización ha sido recreada al milímetro para ofrecer un contexto lo más veraz posible a un argumento no siempre verosímil. Todo lo que la fotografía y la cámara se han encargado de reforzar ha naufragado a veces por culpa de un guion demasiado pendiente de los giros imprevistos en la trama. La declaración final de Ana Saura ante el juez, tal y como detalla Vanitatis, es sólo un ejemplo de pequeños agujeros en un guion que, por otro lado, se ha esforzado como nunca en dejar el mínimo número de cabos sueltos posible.

Por otro lado, la serie se ha volcado tanto en mantener los niveles de tensión del primer episodio que a veces ha pecado de una exagerada dramatización, hasta el punto que muchas de las revelaciones se han acercado más al tono de un culebrón que al del género thriller más actual. Así, por ejemplo, escenas como las del inspector Giralt yendo a terapia por la muerte de su amado son las que ayudan a enriquecer a los personajes y acercarlos al espectador. Pequeños detalles que no siempre se han podido potenciar por permanecer a expensas de un ritmo trepidante y a su vez insostenible.

Grandes intérpretes pero también pésimas interpretaciones

La credibilidad de Sé quién eres dependía en buena forma de las actuaciones de su reparto y, en ese sentido, ha pendido de un hilo en más de una ocasión, sostenida gracias a la fortaleza de un valor seguro como Blanca Portillo y al joven talento de Susana Abaitua. Ambas protagonizan en el último capítulo dos escenas que, ejecutadas por cualquier otro intérprete de la serie, habrían resultado vergonzosas: Portillo poniendo al límite al autor de su apuñalamiento y Abaitua declarando ante el juez de la forma más convincente.

A pesar de que la gran mayoría de secundarios ha estado a la altura de su plantel protagonista, como los actores que han dado vida a Ricardo Heredia, Ramón Saura, al agente Giralt e incluso a la jovencísima Julieta Elías, lo cierto es que otro grupo de intérpretes ha ofrecido momentos de auténtico bochorno. Sobreactuaciones o interpretaciones planas que han deslucido en buena manera las buenísimas intenciones de la serie. No hace falta dar nombres. Quiero pensar que en el fuero interior, todos y cada uno de los malos actores son plenamente conscientes de sus limitaciones. Sólo hay que ver y comparar.

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