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ALIEN COVENANT | Franquicia para rato

Una de las escenas finales de Alien Covenant
Si confieso que me gustó Prometheus probablemente esté lanzando piedras sobre mi tejado. Si además sostengo que es más interesante que Alien Covenant estaré siendo injusto con la última entrega de la saga, ya que para muchos la primera precuela fue una auténtica decepción. Para ellos, para los fans incondicionales de la trilogía original, llega ahora este gran homenaje plagado de referencias al imaginario alienígena de Ridley Scott. Pero también cargado de autoplagios que lo convierten en un ejercicio menos sorprendente de lo esperado.

Si por algo recordaremos a Prometheus, para bien o para mal según quién mire, es por su atrevimiento en expandir el universo Alien, dotándolo de nuevos paisajes, nuevos rostros y una fotografía más compleja y siniestra. De todo el metraje, además, de bien seguro retuvimos una escena. La escena. Una angustiosa cesárea a Noomi Rapace tan simple como efectiva. Sin embargo, Scott ha prometido con Covenant mayores dosis de terror y para lograrlo ha echado mano de la regla más errónea de la industria de Hollywood, la del más es mejor. Sí, la nueva Alien cuenta con más secuencias de pánico pero no con el ingenio suficiente como para alcanzar grandes momentos de tensión.
Escena de la enfermería en Alien Covenant
El aterrizaje de la nueva nave colonial Covenant en un planeta supuestamente habitable es el instante en el que la película alcanza su máximo clímax. Dudosa virtud teniendo en cuenta que ocurre durante la primera mitad del metraje. En todo caso, los acontecimientos se suceden con absoluta precisión, envueltos en una apabullante fotografía, manteniendo al espectador pegado a la butaca. Las apariciones estelares de los alienígenas se suceden en orificios humanos, en una enfermería y, tal como anunciaba el tráiler, en una ducha. Sólo por esos tres instantes, el nuevo Alien ya supera holgadamente el aprobado.  

El problema llega cuando la cinta se deja llevar por las escenas de acción más hiperexplotadas del género. Una de las luchas finales, que tiene lugar en lo alto de un transbordador y que sigue a rajatabla la pauta del más difícil todavía, recuerda demasiado a las franquicias de superhéroes, por no mencionar esa batalla protagonizada por Fassbender y su predecesor, que bien podría encarnar el mismísimo Iron Man. La técnica de exterminación del bicho está directamente calcada de El octavo pasajero. Así que todo el esfuerzo por innovar de Prometheus va quedando paulatinamente mermado a medida que su secuela retrocede a la saga original.
Escena inicial de Alien Covenant con Michael Fassbender
Sólo hay un elemento que marca la diferencia. Y es que mucho se ha hablado de Daniels y su supuesta vinculación con Ripley, mucho se habla de las formas de vida desconocidas, pero aquí el auténtico protagonista no es otro que Michael Fassbender. Él abre la cinta, con un diálogo brillante entre el androide y su creador, y él protagoniza las conversaciones más inquietantes y trascendentales de la película. No cuenta nada nuevo, nada que no explorara ya Stanley Kubrick en 2001, una odisea en el espacio y tantas obras posteriores, pero el debate interior del robot, la amenaza de la inteligencia artificial y los límites de la ambición humana siguen siendo argumentos de peso para la ciencia ficción. Alien Covenant no llega para revolucionar la historia del cine pero cumple a la perfección su función de puente entre la incomprendida Prometheus y las siguientes precuelas que están por venir.

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