
Hanna deja una sensación indescriptible en el espectador. Determinadas escenas, sobre todo las de acción, están rodadas de forma sorprendente gracias al apoyo de una banda sonora a base de Chemical Brothers. Destaquemos la huida de la protagonista desde la sede oculta de la CIA o la persecución por los contenedores de un puerto marítimo. Planos estudiados al detalle, agilidad, ritmo. Una auténtica gozada.

La historia es muy prometedora. Hanna, una chica de 16 años, ha sido entrenada desde pequeña por su padre, un ex agente de la CIA perseguido por deserción, para sobrevivir a cualquier ataque. Subsistían ambos en condiciones prácticamente primitivas hasta que un buen día son localizados por una compañera de la agencia secreta que desea su muerte.
Los intérpretes también son de lujo. Saoirse Ronan ha dejado de ser la Briony que sorprendió en Expiación para consolidarse del todo con este papel protagonista que debería encumbrarla como firme candidata a un Oscar. Wright le ha brindado a la jovencísima actriz un personaje a su medida, cargado de inocencia y frialdad, y Ronan ha superado sin esfuerzo la difícil tarea de dar credibilidad a una niña educada para matar. Complicado lo tenía para no caer en el ridículo.

Pero todos estos elementos que sin duda juegan a favor de la cinta no son suficientes, como decíamos, para dar la envergadura necesaria a la propuesta. Hanna es demasiado de autor para una película de acción y viceversa. Los seguidores de Wright, por un lado, la encontrarán un tanto alejada de sus estándares románticos, mientras que los que acudan al cine buscando emociones fuertes se encontrarán con una propuesta un tanto descafeinada. Pero pocos saldrán de la sala diciendo que es mala. Hanna simplemente es… rara.
Comentarios