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ESPECIAL SITGES 2012: Cosmópolis


Imposible llegar en un momento más idóneo, quizá el 16M, justo un día después de las protestas indignadas que clamaban por un nuevo orden. Cosmópolis aterriza en un contexto de lo más favorable para su mensaje. Cuando el status quo económico y político están más cuestionados que nunca llega Cronenberg y adapta para la gran masa un clásico moderno del pensamiento crítico. Pero que nadie espere la denuncia asequible de Inside Job o las lecciones de economía utópica que proyectaban los megáfonos de aquellas asambleas en la Puerta del Sol. Cosmópolis ni denuncia ni pregona. Tan sólo diserta.

Si el libro de Don DeLillo ya era difícil de digerir, la película se convierte en todo un reto para el espectador, aturdido por la avalancha de verborrea que desprenden sin contemplación cada uno de los personajes. Sentencias estudiadas al milímetro para sentar cátedra, encadenadas con rebuscado ingenio, que buscan más la profundidad que la comprensión. En ese sentido, nadie puede cuestionarle a Cronenberg su impecable adaptación. Cosmópolis es tan peñazo en pantalla como en papel.

“Una palabra puede hacerte escalar, una sílaba te puede hundir”, “El talento es más erótico desperdiciado”. Son el tipo de frases lapidarias que tan pronto servirían de eslogan publicitario como de cabecera diaria de El mundo y que el protagonista de este viaje a la destrucción va soltando con la misma imperturbabilidad de su rostro. Con la misma frialdad con la que el público las recibe agasajado en su butaca. Con esa arrogancia de “mira qué listo soy que tan poco me comprendes”.
 
La maraña de ideas es casi tan amplia y caótica como las propuestas que se fueron gestando en las distintas manifestaciones ciudadanas, evidentemente sin la misma buena intención. Reflexiones filosóficas sobre el poder se van alternando con lecciones sobre el cibercapitalismo y otros conceptos incomprensibles. Lo que parece una crítica al poder, que no está en manos de los políticos sino de los poderosos, luego se justifica como un problema inherente a la condición humana, de manera que tras el bombardeo de sentencias iluminadas uno percibe de todo menos la luz.

Para colmo, es de muy mala leche poner semejante palabrerío en boca de un ídolo de quinceañeras como Robert Pattinson. Las pobres acudirán al cine esperando reencontrarse con Edward Cullen y a cambio se toparán con un billonario ininteligible y putero que decide arriesgar su vida por un corte de pelo. Por mucho que sea el mejor trabajo del actor, esto no hay fanática hormonada que lo resista. Lo mismo podría aplicarse a los seguidores de Cronenberg. Su pericia visual es la única salvación del filme. Avisados quedan. Con tanta disertación, Cosmópolis sólo puede derivar en masiva desertación.

Comentarios

manipulador de alimentos ha dicho que…
Otra criatura pretenciosa del Sr. Cronenberg (por qué no seguir el camino de 'Promesas del Este'?), perdido en sus masturbaciones capitalistas y apocalípticas disfrazadas de vampiros...

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