Imposible llegar en un momento más idóneo, quizá el 16M,
justo un día después de las protestas indignadas que clamaban por un nuevo
orden. Cosmópolis aterriza en un contexto de lo más favorable para su
mensaje. Cuando el status quo económico y político están más cuestionados que
nunca llega Cronenberg y adapta para la gran masa un clásico moderno del
pensamiento crítico. Pero que nadie espere la denuncia asequible de Inside
Job o las lecciones de economía utópica que proyectaban los megáfonos de
aquellas asambleas en la Puerta del Sol. Cosmópolis ni denuncia ni pregona.
Tan sólo diserta.

“Una palabra puede hacerte escalar, una sílaba te puede
hundir”, “El talento es más erótico desperdiciado”. Son el tipo de frases
lapidarias que tan pronto servirían de eslogan publicitario como de cabecera
diaria de El mundo y que el protagonista de este viaje a la destrucción va
soltando con la misma imperturbabilidad de su rostro. Con la misma frialdad con
la que el público las recibe agasajado en su butaca. Con esa arrogancia de
“mira qué listo soy que tan poco me comprendes”.
La maraña de ideas es casi tan amplia y caótica como las
propuestas que se fueron gestando en las distintas manifestaciones ciudadanas, evidentemente
sin la misma buena intención. Reflexiones filosóficas sobre el poder se van
alternando con lecciones sobre el cibercapitalismo y otros conceptos
incomprensibles. Lo que parece una crítica al poder, que no está en manos de
los políticos sino de los poderosos, luego se justifica como un problema
inherente a la condición humana, de manera que tras el bombardeo de sentencias
iluminadas uno percibe de todo menos la luz.
Para colmo, es de muy mala leche poner semejante palabrerío
en boca de un ídolo de quinceañeras como Robert Pattinson. Las pobres acudirán
al cine esperando reencontrarse con Edward Cullen y a cambio se toparán con un
billonario ininteligible y putero que decide arriesgar su vida por un corte de
pelo. Por mucho que sea el mejor trabajo del actor, esto no hay fanática
hormonada que lo resista. Lo mismo podría aplicarse a los seguidores de
Cronenberg. Su pericia visual es la única salvación del filme. Avisados quedan.
Con tanta disertación, Cosmópolis sólo puede derivar en masiva desertación.
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