Ir al contenido principal

ESPECIAL SITGES 2012: Lo imposible


La promoción de Mediaset es un arma de doble filo. Por un lado, la enorme experiencia del grupo audiovisual a la hora de publicitar sus productos, con un goteo incesante a lo largo y ancho de toda la programación, garantiza una afluencia de público que para sí la quisieran grandes producciones de Hollywood en nuestro país. Pero por otro lado, la presencia en magacines, cortes publicitarios, informativos, equivale también a un volumen de expectación que conviene satisfacer.

Películas como No habrá paz para los malvados, por ejemplo, salieron claramente beneficiadas de una estrategia tan impecable. La cinta se reforzó con una maquinaria propagandística más propia de los taquillazos comerciales que del cine independiente y salió victoriosa del apuro, seguramente por el innegable talento de José Coronado en su papel de Santos Trinidad. Algo parecido le sucedió a Celda 211, otra producción de Telecinco Cinema. En cambio, Lo imposible, que está recibiendo por parte de la cadena un trato preferencial, a la altura de su presupuesto (de unos desorbitados 30 millones de euros) puede que le sustituya a más de uno el estado de euforia por el de la más pura decepción

La película se promociona en las distintas cadenas del grupo con el tsunami que arrasó Tailandia en 2004 como reclamo. Es innegable que la recreación de uno de los desastres naturales más devastadores de los últimos años es uno de los principales motivos para desplazarse hasta una sala de cine. Y, sin embargo, parece que los millones de litros acumulados en un tanque de la Ciudad de la Luz de Alicante han sido malgastados en balde, para ocupar tan sólo una minúscula parte del metraje.

La escena es sobrecogedora, más en los segundos anteriores, cuando se masca la tragedia, que durante la propia acción. Aunque los efectos especiales son dignos de una gran superproducción, Lo imposible no supera la prueba de Más allá de la vida. Sin centrarse en el tsunami, Clint Eastwood abría su película paranormal con una secuencia de lo más apabullante. Si bien es cierto que la ola del veterano director resultaba mucho más impostada que la de Bayona, la cámara nos brindó planos con mayor astucia y riesgo, convirtiéndose en lo único destacable del filme.

En el caso de la cinta española, lo que debiera ser su punto álgido se convierte en el mero prólogo de una historia real sin la suficiente entidad para ocupar dos horas de metraje. A pesar de los esfuerzos del guión y de toda la postproducción por acercar a los personajes y reforzar los sentimientos, Lo imposible es un relato de supervivencia con menos alma de la que aparenta. Bayona se ha esforzado tanto en alejarse del cine de catástrofes y en acentuar el lado humano que al final uno termina echando en falta más madera y aborreciendo tanto azúcar.

Al filme también le hace un flaco favor un último gancho publicitario, el de la coletilla “basada en una historia real”. Los productores han paseado por todos los festivales y preestrenos de Lo imposible a la madre española que sobrevivió al tsunami junto a su familia y que tan bien ha defendido la australiana Naomi Watts. La táctica de bien seguro ayudará a vender más entradas pero también juega en contra de la propia película, desvelando sin miramientos un desenlace que el espectador quizá prefiera descubrir por su propio pie. Pero poco importan las minucias. Bayona arrasará en taquilla con su segundo filme y se asegurará para el tercero un presupuesto y una publicidad mayores. El sueño de todo empresario, un dilema para todo artista. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

EMMYS 2016: Las nominaciones ideales en Drama

Un año más, los Emmy anuncian sus nominaciones rodeados de las inevitables polémicas por sus destacadas ausencias. Esta edición no iba a ser menos. Los olvidos nuevamente han sido más sonados que los aciertos, movidos por una inercia que suele ser la tónica en los premios más importantes de la televisión mundial. Sin embargo, esta vez los académicos han decidido dar una alegría a aquellos que veníamos reivindicando The Americans como una de las mejores series actuales. Tanto la creación de Joe Weisberg como sus protagonistas, Keri Russell y Matthew Rhys, han logrado por fin el reconocimiento de unos galardones que los han ignorado sistemáticamente durante sus tres primeras temporadas. Son la excepción de unos Emmy que han decidido pasar de largo nuevamente de The Affair y The Leftovers, sin duda, dos de las producciones más destacadas en los dos últimos años. Por eso mismo, y por otros importantes resbalones, ahí van mis nominaciones ideales en la categoría dramática.

MEJOR SERIE DRAM…

Un Eastwood de retirada

Clint Eastwood ya está de vuelta de todo. Le importa un pimiento si su apoyo a Donald Trump le comporta enemigos o si su definición actual de la generación de mariquitas traspasa lo políticamente correcto y ofende al personal. Tampoco su filmografía parece importarle demasiado. Pocos reparos ha tenido en presentar auténticos bodrios como Jersey boys o cintas mediocres como Más allá de la vida o El francotirador. En su historial ya se encuentran Los puentes de Madison, Sin perdón, Mystic River o Million dollar baby. Ya no necesita reivindicarse. Mucho menos con 86 años, la edad suficiente para restar trascendencia a esta época de polémicas efímeras. El actor ya se labró su carrera como director y ahora corresponde al público determinar si su talento sigue en forma o se mantiene gracias a una base de fieles seguidores.

Sully corresponde a esa cada vez más amplia y frecuente lista de películas en su carrera que simplemente alcanzan la corrección, adoptando ese tono grandilocuente y pat…

MOONLIGHT | Camaleón a la fuerza

Una historia sobre homosexualidad dentro de la comunidad negra parecía una vuelta de tuerca, un quién da más dentro del cine de denuncia social que podría suponer el reclamo perfecto para una Academia de Hollywood deseando resarcir sus pecados discriminatorios. Por suerte, Moonlight no pertenece a ese grupo de cintas que buscan a toda costa la exaltación, que se convierten en estandartes de la lucha contra la opresión de la hegemonía blanca y heterosexual. La propuesta de Barry Jenkins es mucho más valiosa, ya que con su premisa y, sobre todo, su puesta en escena, logra abarcar un sentimiento prácticamente universal, el del miedo a la propia identidad.

Little, Chorin y Black no son sólo los tres actos en los que se divide la trama sino las tres fases de un complicado proceso de asimilación personal, el que sufre un niño, adolescente y adulto lidiando consigo mismo y su entorno de barrio marginal en Miami. Esta vez la marginación no surge del racismo sino desde dentro, desde el propio …