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ESPECIAL SITGES 2012: El cuerpo


De los productores de El orfanato y Los ojos de Julia. Es el reclamo de la nueva cinta de género que ha parido el cine catalán, pero que también podría servir como eslogan de las ceremonias de inauguración del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges. La productora Rodar y rodar ha encontrado en la joven cantera de la ESCAC una fuente inagotable de talento y a su vez el certamen se ha nutrido de sus últimos bombazos para dar la bienvenida a lo grande. Porque de esa manera, de forma totalmente inusual, con todo el despliegue de medios, se acogía anoche a una ópera prima. A lo grande.

El cuerpo llegaba con flashes, estrellas y glamour, pero también con las cintas de Juan Antonio Bayona y Guillem Morales como peligroso señuelo. Y aunque las tres cuenten con una entregada Belén Rueda como protagonista, hacen mella las comparaciones. El trabajo de la actriz sigue siendo impecable, pero ambas predecesoras, sobre todo El orfanato, aportaron al género alguna novedad, ya fuera en forma de argumento o de escena memorable. El debut de Oriol Paulo, sin embargo, convierte la novedad en rutina y demuestra algo que ya tenemos asimilado, que el cine español parece cada vez menos español. Y poco más.

La película juega muy bien sus cartas. La desaparición del cadáver de una rica empresaria farmacéutica en el propio depósito de cadáveres es sólo el preludio de una investigación que mantiene enganchado por completo al espectador, más por el ansia de conocer la resolución del caso que por el desarrollo de la trama. Aún así, hay que reconocerle a Paulo una perfecta ejecución. Y es que sería extraño que alguien pudiera objetarle algún defecto formal.

Tormenta nocturna, luces que se apagan, banda sonora paralizante, una morgue. El cuerpo cuenta con todos los elementos que uno espera del género. El relato se degusta con el mismo ritmo adictivo de una novela negra. Incluso el guión se detiene en dar profundidad a unos personajes sin los cuáles el relato se convertiría en un thriller de perfil bajo. Pero más allá de esa corrección, de esa fidelidad a los cánones clásicos, uno esperaba de la factoría ESCAC, de una apuesta de Rodar y rodar, ese atisbo de originalidad que suele contener la mayoría de sus proyectos.  

Dado que el riesgo apenas hace acto de presencia en el desarrollo de la trama, la película traslada todas las expectativas hacia el desenlace. El propio José Coronado advertía durante el estreno que nada es lo que parece. Mientras el metraje va conduciendo hacia una posible resolución, el espectador, que no es tonto, espera impaciente el giro en el guión. Y cuando finalmente llega, tal como se esperaba y con todos los honores, impera la sensación de rebuscamiento, la percepción de que resulta muy complicado resolver con efecto sorpresa sin perder por el camino la credibilidad de la historia.

Así, aunque Belén Rueda lo clava con esta Maika cadáver y posesiva, tan amante de la broma pesada; aunque José Coronado lo borda de nuevo como agente más fuera que dentro de la ley, El cuerpo prefiere destinar todo su empeño a la resolución de una historia que es efectiva pero que finalmente no deja la boca abierta. La película, por lo tanto, termina siendo idónea para inaugurar la edición de un Festival de Sitges cuyo lema lo resume todo: “Nuestros fans son muy difíciles de impresionar”.

Comentarios

manipulador de alimentos ha dicho que…
OH, qué gran Festival!!! Que alguien nos lo cuente....

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