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ESPECIAL SITGES 2015 - Macbeth

Adaptar a Shakespeare debe ser lo más parecido a un marrón de proporciones épicas para un director de cine. ¿Cómo extrapolarlo a la gran pantalla sin ofender a los salvaguardas de tan magnánima obra? Muchos optaron por el escudo de la versión libre, léase Luhrmann o más recientemente Joss Whedon, pero pocos han tenido el coraje de rendirle fidelidad al espíritu del texto original con tan poca experiencia a sus espaldas como la que tenía el australiano Justin Kurzel antes de asumir tan temible reto.

El director no sólo supera el desafío con sobrada solvencia. Deja para la historia la adaptación total de Macbeth, una traslación casi definitiva que bendito aquél que ose querer rebasarla. Dificilísimo lo tendría para encontrar un binomio tan perfecto entre paisaje y fotografía, fundidos mediante una neblina y un cromatismo arrebatadores, asfixiantes, a la altura de una historia de ambición y poder que conduce a la tragedia teñida en sangre. Cuasi imposible captar de nuevo, con tanto rigor, con tanta eficacia, el obsesivo y peligroso bucle del protagonista por alcanzar su profético destino. Pero, sobre todo, ardua tarea la del pobre desdichado que quiera encontrar sustitutos para una sibilina Cotillard y un poderoso Fassbender. Ellos son, sin duda, los Macbeth perfectos.

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