
Pocos pilotos pierden minutos de la carta de presentación para mostrar su cabecera. Sin embargo, los responsables de esta serie preestrenada la semana pasada en Estados Unidos decidieron sabiamente incluirla. Su impresionante belleza formal recuerda por momentos al inabarcable derroche de imágenes del documental Baraka. Una espiral de diminutos elementos en movimiento acelerado que ejemplifica perfectamente el espíritu ambicioso y global de esta producción.

Tras la combinación de Perdidos, los números vuelven a cobrar vital importancia en una serie de televisión. En esta ocasión, es un niño de once años autista el que sufre una auténtica obsesión con las cifras. En este primer episodio son el 3 y el 18 los que nos traen de cabeza durante todo el metraje, hasta que se van descubriendo las coincidencias de manera sorprendente, casi mágica. Mientras un móvil va viajando a lo largo de medio mundo conectando a los diferentes personajes de esta historia se nos va descubriendo la importancia del 3/18. La incógnita consiste ahora en saber si los protagonistas de esta primera toma de contacto evolucionarán en siguientes episodios o, si por el contrario, estamos ante un nuevo procedimental.

Mención aparte merece Kiefer Sutherland, esa especie de Bruce Willlis del siglo XXI, que regresa a la pequeña pantalla tan sólo un año después de dar por finiquitada la serie que lo alzó al estrellato, 24. Como ocurriera con el ex de Demi Moore, el actor demuestra que es capaz de superar el rol de tipo duro. Con Touch nos presenta a un padre desesperado capaz de cualquier cosa por recuperar a su hijo. La unión con el pequeño y los vínculos numéricos entre seres anónimos de todo el planeta suponen, de momento, la dosis perfecta para la adicción. Esperemos a marzo, cuando la serie se emita con regularidad, para comprobar si alcanzamos el mono.
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