
En esta ocasión, ha dejado aparcadas las relaciones de pareja y, sobre todo, los experimentos esotéricos de su último trabajo (Passengers) para adentrarse en el lazo más estrecho y complejo de toda mujer, el que la une con su madre y viceversa. Y el punto de vista lo ha puesto precisamente en la ausencia de ese referente vital, obteniendo así el relato de tres mujeres atormentadas por el desamparo.

Mientras, su madre biológica, interpretada por la gran Annette Bening, vive martirizada por tan amarga decisión. El trato con los demás tampoco es su fuerte y en cuanto alguien se le acerca con las mejores intenciones se abalanza como una fiera. La comunicación con su entorno, empezando con la propia madre, brilla por su ausencia. Hasta que un buen día aparece alguien que descubre lo que oculta su coraza.

García se agarra de nuevo a una historia coral pero esta vez adopta una estructura lineal en la que finalmente las tramas principales se van entremezclando. Abandona así la sutileza de Nueve vidas, donde los nueve relatos en plano secuencia apelaban de forma más directa a la imaginación del espectador. Madres & hijas, en ese sentido, es más convencional, menos arriesgada, por momentos demasiado reiterativa.
Aún así, el director consigue añadir un nuevo e interesante capítulo a su particular estudio sobre la mujer. Por su objetivo ya han pasado las relaciones amorosas y ahora las familiares, y si añadimos sus contribuciones en A dos metros bajo tierra, En terapia o Dime que me quieres, también ha tratado la convivencia con la muerte o el sexo en la tercera edad. Madres & hijas viene a confirmar que entre actrices y con tramas femeninas es donde García mejor sabe moverse.
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