
Mucho más invisibles que los gays, las lesbianas parecieron resurgir de su armario de doble fondo en el estreno de la última película de Julio Medem, una Habitación en Roma convenientemente publicitada con el reclamo del sexo explícito entre dos mujeres. A juzgar por el aforo de la sala, la estrategia sólo ha surtido efecto entre homosexuales femeninas. Ni hombres heteros atraídos por suntuosas mujeres en bolas ni gays sensibilizados con la causa rosa. Esto no es Brokeback mountain ni A single man, por citar dos ejemplos de cintas homosexuales con amplio altavoz mediático. Aquí estamos ante algo con menor repercusión, casi casi marginal, como la realidad sumergida que Medem ha querido plasmar.

¿Era necesario un remake de la ópera prima de Matías Bize? Exceptuando el matiz lésbico, la premisa partía de la misma idea. Dos desconocidos se descubren en una noche de pasión que pasará a formar parte de su pasado en cuanto amanezca. La intimidad de dos cuerpos desnudos en torno a una cama seguirá siendo el único eje central de la historia. Sin embargo, es en el tratamiento donde encontramos las principales diferencias. La cámara en manos de Medem se mueve con mayor elegancia, mientras la música se añade a la puesta en escena para ofrecer un relato menos abrupto y seco que el de Bize.

Y es que lo que En la cama tenía de pretenciosa, Habitación en Roma lo tiene de exagerada. Aunque los trabajos de Elena Anaya y Natasha Yarovenko son sobresalientes, el guión las termina conduciendo hacia una escalada dramática insostenible. Los que acudan al cine buscando largas escenas de sexo casi pornográfico se encontrarán con orgasmos sorprendentemente precoces y, sobre todo, con toneladas de diálogos en busca de la trascendencia. Por mucho empeño de las actrices, el espectador abandona la función con escepticismo e incluso, tras la escena con la flecha de Cupido, con cierto bochorno. Si el amor fuera tan profundo, impulsivo e instantáneo como el que sufren estas dos desconocidas en una sola noche, no habría en el mundo plazas psiquiátricas suficientes para cubrir los inabarcables efectos del desamor.
Comentarios
Aunque empiezas con un planteamiento tópico (pero muy cierto) sobre la realidad del colectivo, luego te enfrascas en la peli y me quedo con ganas de más opinión. De más... cine.
Ya sabes, soy el crítico de tus críticas ;)
;)