
El caso es que Two lovers, aterrizada en nuestro país dos años después de su estreno en 2008, sigue considerándose como el último trabajo interpretativo en la carrera de Phoenix. Si finalmente cumple sus amenazas de abandonar la escena, sin duda lo habrá hecho por la puerta grande, con una de sus mejores actuaciones. Si, por el contrario, toda esta debacle termina siendo una pantomima, el puertorriqueño se las verá y se las deseará para recuperar la credibilidad actoral y el talento que desprende su papel de Leonard.

Leonard es un treintañero de inclinaciones suicidas que todavía vive, sobreprotegido como en la niñez, en casa de sus padres. Es un joven entregado al negocio familiar, inocente, sin maldad, pero con una amplitud de miras que no sobrepasa la puerta de su hogar. Un buen día, conecta con la hija de unos amigos de la familia, que encuentra adorables sus singularidades. Es gracioso, cariñoso, ingenuo. Un bicho raro encantador. Hasta que aparece de repente la guapísima vecina de arriba y Leonard comienza a debatirse entre la cómoda estabilidad de la pretendiente y el amor imposible hacia su nueva amiga, que no está por la labor.

Este es un relato a muy lenta cocción sobre una historia de amor de lo más típica, pero aderezado con ingeniosos diálogos y, ante todo, por el carisma de Leonard. Si Joaquin Phoenix demuestra con esta película estar tirando por la borda una prometedora carrera, tampoco se queda atrás su compañera de reparto Gwyneth Paltrow. Su tímida resurrección, Iron Man aparte, nos ha servido para recordar cuánto la echábamos de menos. Dos talentos unidos por el azar, y por James Gray, que no debieran caer tan pronto en saco roto.
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