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Ratatouille: el regreso de Pixar a la alta cocina

Resulta que la ratatouille (que todos sabemos pronunciar como ratatúi) es una especialidad culinaria de la Provenza francesa que consiste en freír una serie de verduras en aceite de oliva. Que sea una producción norteamericana, aprovechando la polisemia de sus cuatro primeras letras con el mamífero roedor, la que me descubra el significado del término ya es un hecho curioso. Pero que además, una película de dibujos animados, tan frecuentemente infravaloradas, contenga tal nivel de documentación sobre el mundo culinario refleja el nivel de ingenio de sus creadores.
Temimos con la inauguración del matrimonio entre Pixar y Disney un descenso de la creatividad a la que nos tenían acostumbrados los chicos de John Lasseter. Cars, el primer fruto de la unión, se acercaba peligrosamente a la moralina del gigante de la fantasía y se alejaba de la frescura y el ingenio de los creadores de Toy Story. Con Ratatouille, por suerte, avanzamos unos pasos más hacia delante respecto a la última creación de Pixar a tener en cuenta, la particular visión que sobre los superhéroes ofrece Los increíbles.
La película narra las peripecias de Remy, una rata con el sentido olfativo suficiente como para convertirse en una gran chef y que tiene como principal referente al cocinero francés Gusteau, recientemente fallecido. Tras perder a su manada en el sistema de alcantarillado de París, Remy encuentra la mejor forma de hacer realidad su complicado sueño, un torpe aprendiz llamado Languini, al que teledirigirá a través de sus mechones desde el interior de su gorro de chef. Pero aún así, no lo tendrá nada fácil. Además de la torpeza de su discípulo, la rata tendrá que enfrentarse a Skinner, el nuevo y codicioso cocinero que sustituye a Gusteau en el restaurante.
Skinner es precisamente un claro ejemplo de la vuelta a los orígenes que supone Ratatouille. Supone el retorno a los personajes secundarios carismáticos y brillantes como en su momento fue la Edna Mode de Los increíbles. Personajes que aprovechan el potencial de la animación para lograr caracterizaciones imposibles en seres humanos. Otro ejemplo lo encontramos en Ego, el crítico gastronómico más temido en París, cuyos ácidos comentarios y sus reflexiones sobre el mundo de la crítica manifiestan el alto nivel de un guión difícil de encontrar en tantísimos filmes con personas de carne y hueso. Su reflexión final sobre la labor de los críticos, inteligente y cierta como ella sola, nos advierte de que no estamos precisamente ante una película infantil.
La tecnología juega un papel importantísimo en la película, que logra suplir la difícil caracterización de los seres humanos dotándolos de expresiones exageradas. El filme recrea las calles de París, Notre Dame y la torre Eiffel con increíble verosimilitud hasta el punto que algunas imágenes, sobre todo las que tienen lugar durante la persecución por el Sena, parecen directamente extraídas de la realidad. Ni que decir tiene que las ratas, esos bichos asquerosos a los que me parecía impensable coger cariño, están milimétricamente recreadas, incluso demasiado en algunas ocasiones.
Ratatouille, por tanto, recoge y mejora todas las técnicas de animación y de guión que lleva cosechando Pixar desde su creación, véase grandes dosis de humor inteligente y secuencias de acción minuciosamente pensadas. No se le escapan algunos pequeños contagios típicamente disneynianos, como alguna que otra moraleja o la presencia de un personaje insertado con calzador para divertir a los más pequeños, en este caso el hermano rata del protagonista. Pero son meras anécdotas para contentar a la casa madre que apenas afectan al desarrollo del filme. Un filme que vuelve a reconciliarnos con el mejor cine de animación.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
La película es buena, entretenida, aunque no llega a la calidad de otras hechas con anterioridad. Pero la verdad es que te deja con un muy buen sabor de boca después ver películas como Happy Feet (Warner Bross creo recordar), donde no hay ni malo. ¿Cómo una película de animación no puede tener malo?¿Cómo se pudo hacer una película tan mala?

El que los ratones principales se puedan diferenciar sin la necesidad de oirles hablar es un acierto que muestra también la calidad de la película.

Y sobre los paisajes, impresionantes. No he estado en París nunca. No tengo ni idea de si las calles que dibujaba se parecían a la realidad. Pero sí sé que el dibujo era increible y que daba gusto verlo.

Estoy de acuerdo que el hermanito gordito está más visto que el tebeo y aportaba más bien poco. Al igual que la historieta de amor de Languini y la chica. Pero visto lo visto, parece ser que sin historieta de amor no se pueden hacer películas o series. No estoy de acuerdo, pero bueno.

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