
Por el otro lado, Kiefer Sutherland, más conocido como Jack Bauer, traslada su cara de pocos amigos y sus diferentes posturas arma en mano con la misma eficacia que en la serie 24. Pocos esfuerzos adicionales ha tenido que realizar este actor para encarnar a un investigador del Servicio Secreto, ya que el papel de salvavidas presidencial es clavado en ambas producciones. Aunque si bien en la serie su protagonismo es absoluto, en esta La sombra de la sospecha (nueva muestra de incompetencia a la hora de adaptar títulos) queda un poco ensombrecido por Michael Douglas. Recomendamos, pues, al hijo de Donald que se dedique íntegramente a Jack Bauer, que para eso cobrará, según los rumores, de 30 a 40 millones de dólares por tres temporadas más.
No queda ahí la cosa. Hasta el director de esta infame película ha estado metido de lleno en el mundo de la televisión, como también lo estuvo en la todavía más infame SWAT. Los hombres de Harrelson. Para haber dirigido varios capítulos de The shield, Ley y orden o la mismísima El ala oeste de la Casa Blanca, Clark Johnson parece no haber aprendido las diferencias entre la pequeña y la gran pantalla. De ahí que La sombra de la sospecha se asemeje más a un episodio televisivo. Episodio, además, de los malos.

Cualquier capítulo de 24, con la que comparte mayores similitudes, parece más elaborado que esta película. Los giros argumentales, la tensión y el suspense que tanto caracterizan a la vertiginosa serie, no hacen acto de presencia en ninguna de las secuencias de esta película. El argumento se centra, además, en una trama demasiado recurrente en la ficción norteamericana, las conspiraciones para matar al presidente de Estados Unidos, que resulta cansina sobre todo para aquellos que al otro lado del Atlántico pensamos que hay vida más allá de la Casa Blanca. Cuando además oímos a todo un presidente de la gran nación vociferar en la cumbre del G-8 afirmaciones como “Debemos abrazar el protocolo de kyoto”, el filme pierde toda verosimilitud.
Ni el final sorprende. El gran misterio de la película, quién demonios es el primer conspirador del Servicio Secreto estadounidense en 141 años, pasa totalmente impasible desde el momento en que resulta tan complicado identificarle. Es decir, que ni tan siquiera los guionistas de este prodigio se han dignado a buscar, al menos, una resolución más rebuscada. Película, pues, para el olvido que, ni en el presupuesto, le hace sombra a ninguna serie policíaca de televisión que se precie.
Comentarios