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ESPECIAL ZINEMALDIA 2015 - Regresión

No puede ser. Nos lo han cambiado. Que el responsable de un gran salto en el cine de género español, el que nos sorprendió con su ópera prima Tesis y con su espeluznante salto internacional, Los otros, nos traiga ahora, unos cuantos años y bastantes euros más tarde, este subproducto de terror carente de ingenio, sin el más mínimo atisbo de novedad en el frente. Alejandro Amenábar se está adentrando peligrosamente en ese peligroso terreno de jóvenes directores promesa engullidos por una industria que los agasaja de dólares pero que los priva de lo más importante, su propio talento.

Estrenarse en el Festival de San Sebastián, como ha sido mi caso, con una película tan menor y absurda como Regresión ha sido un inesperado contratiempo, como también lo habrá sido para una organización que seguramente confiaba en la seguridad de un nombre y apellido hasta hace no tanto infalible. Pero Amenábar empezó a resbalar a medida que los proyectos agigantaban su ambición y su presupuesto, mientras un ejército de palmeros le ocultaba la caída en picado. Hoy, tras varios innecesarios cameos en el mundo de la publicidad y del reality de famoseo, se confirman las sospechas: el realizador de origen chileno navega a la deriva.

No hay nada peor que una cinta de suspense cuyo misterio carece de interés. La resolución de un caso de invasiones satánicas nos importa un bledo desde el momento en que el planteamiento se presenta a desgana, tirando de verborrea y renunciado incluso a los elementos más efectistas, pero siempre efectivos, del género. En Regresión, la única incógnita que resulta inquietante es conocer los motivos por los que uno de los integrantes de la secta decide inmortalizar sus sacrificios con una cámara Polaroid. Es sólo un extracto de la gran sarta de despropósitos que, bordeando el ridículo, nos presenta Amenábar y que demuestran su gran talento desperdiciado. Porque hasta Ethan Hawke y Emma Watson están de pena. Ahí está el auténtico crimen.

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