jueves, 24 de septiembre de 2015

ESPECIAL ZINEMALDIA 2015 - El desconocido

Seguimos en las mismas. El cine español saca pecho con una superproducción al más puro estilo hollywoodiense y la prensa le aplaude la hazaña de fotocopiar tan dignamente un producto que desde allá fabrican en serie. Contentémonos todos. El debutante Dani de la Torre, con el generoso talonario de Atresmedia, se ha marcado una fenomenal réplica de lo que su compatriota Rodrigo Cortés logró en 2010 con Buried. O de la tensa acción que Schumacher alcanzó en 2002 con Última llamada. O, remontándonos a la prehistoria cinematográfica, de la angustiosa cuenta atrás a la que sometieron a Sandra Bullock con Speed y su secuela. Enhorabuena a todos. Hoy podemos seguir diciendo que nuestro cine ya no tiene complejos.

Volvemos a las mismas. ¿El desconocido es a lo que aspiramos como seña de identidad, como manifestación cultural, incluso como producto comercial? Porque dudo mucho que, fuera de nuestras fronteras, los medios de comunicación valoren con tanto entusiasmo la fantástica evolución técnica y profesional de nuestra industria. Porque tanto esfuerzo económico y humano apenas sirve para transmitir un ápice de lo que demonios sea la marca España. Porque una vez terminada la gincana sobre ruedas de Luis Tosar uno se pregunta para qué tanto despliegue de medios, para qué tanto despilfarro, si contamos con centenares de propuestas similares al alcance de la mano.

Los productores, mientras, tratan de desmarcarse de la fuente original poniendo el acento en el mensaje de supuesta denuncia social sobre el que se fundamenta la increíble, la tan poco española, trama. Los medios afines, por otro lado, resaltarán la técnica, los grandes efectos visuales, sin duda dignos de elogio, pero se olvidarán de enumerados los incontables cabos sueltos, algunas dudosas interpretaciones, como las de Goya Toledo (cuánto tiene que agradecerle esta mujer a Amores perros) y, en definitiva, la sensación de dejà vú que impera durante todo el metraje. El desconocido es otro ejemplo de un cine más preocupado de alardear que de crear. De una filmografía caracterizada por algo tan nuestro como el complejo de inferioridad. Estamos en las mismas.