
Dícese de la artimaña ideada por una mente empresarial más amante de los billetes que del buen gusto para aprovecharse del peregrinaje borreguero hacia reclamos turísticos. Ahí están los sacrificados camellos haciendo tours a las puertas del Sáhara o los sucedáneos de tablao flamenco que abundan por Las Ramblas de Barcelona para certificarlo. Malas copias de experiencias disfrutables. Pues bien,
como si de una turistada se tratase, la última película de Angelina Jolie y Johnny Depp nos propone un viaje al cartón piedra del cine de acción, uno de esos inventos tras los que uno sale con la sensación de bochorno y de haber sido estafado.
Cuentan que la Jolie está necesitando tratamiento psicológico para digerir el batacazo que se ha pegado
The tourist. Pensaba ella que sus andares y sus posturitas de pasarela Carrefour eran más que suficientes para encandilar a crítica y público. Pero lo cierto es que
jamás la habíamos visto parodiarse a sí misma de manera tan flagrante. Para colmo, su acompañante en este despropósito cinematográfico ha sido un Johnny Depp en las horas más bajas de su carrera, que no de su cuenta bancaria (de los 75 millones de euros que costó la broma, una tercera parte han ido a parar a los bolsillos de ambas estrellas).

Y es que si la Angelina de
The tourist es una burda imitación de la glamourosa actriz, lo de Johnny Depp es para ponerse a temblar.
Tras varias películas disfrazado de Jack Sparrow, no nos habíamos percatado del deterioro físico que ha sufrido uno de los guapos oficiales de Hollywood. Su rostro acartonado e inflamado nos hace olvidar por completo sus años mozos en películas como
A quien ama Gilbert Grape. De esta forma se entiende que los rumores de falta de química entre ambos sean del todo ciertos. Imposible creerse su historia de amor, tan impostada como la mayoría de elementos del filme.
Es difícil comprender como pueden fracasar de tal forma unos ingredientes que, a priori, deberían tener el éxito garantizado. Difícil hasta que uno paga su entrada para
The tourist y comprueba que le han vendido gato por liebre, que han jugado con sus aspiraciones de una tarde a base de entretenimiento palomitero.
La película no sólo naufraga por la falta de entusiasmo de sus protagonistas. La absoluta chapuza en la que convierten la trama de espías y las escenas de acción la abocan al hundimiento inmediato.

La persecución inicial de Depp por los tejados de Venecia ya demuestra una falta de ingenio, pero no es hasta más adelante, en la que se supone es la secuencia estelar del filme, cuando tomamos consciencia de la gravedad del asunto.
Una huida nocturna en lancha por los canales que discurre a velocidad de Vaporetto. Unos mafiosos rusos que parecen sacados de una comedia adolescente. Cualquier cinta de Jackie Chan provocaría más adrenalina que esta superproducción infraexplotada.
La sorpresa final no está en el desenlace, que poco importa, sino en los títulos de crédito. Es ahí donde
comprobamos con estupor que el director de esta majadería llamada The tourist es el mismo que debutó anteriormente con La vida de los otros, el alemán Florian Henckel-Donnersmarck. Siempre se avisa a los nuevos talentos del peligro de los cantos de sirena de Hollywood, pero jamás habíamos asistido a un caso tan alarmante de suicido profesional. Él ha sido, sin duda, el gran perjudicado de esta enorme turistada.
Comentarios
He disfrutado con esta crítica... hemos tenido que esperar, pero ha valido la pena!!
:D