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Del papel a la pantalla: 'La soledad de los números primos', por Saverio Costanzo

Historias sobre bichos raros hay muchas. Los seres marginados, despreciados por una sociedad al unísono, son en cambio muy bien recibidos en la gran pantalla, donde lo extraño, lo diferente, es precisamente lo atractivo. La historia de Alice y Mattia es la de dos personas incomprendidas, traumatizadas por una tragedia que marcará de por vida sus destinos. Todos hemos comprobado lo fácil que es colocar a los débiles en el punto de mira, la crueldad con la que se suele acosar a los que menos encajan en el sistema. De ahí que un argumento basado nuevamente en el mobbing sea tan goloso para un productor cinematográfico.
Si además partimos de uno de los grandes éxitos literarios de los últimos años, era evidente que la adaptación no podía hacerse esperar. El físico italiano Paolo Giordano publicó su primera novela, La soledad de los números primos, a los 26 años. En pocos meses se convirtió en el libro más vendido del año en Italia con más de un millón de copias, para inmediatamente dar el paso internacional con su traducción a varios idiomas. En tiempo récord, en 2010, ya estaba lista la película homónima a cargo del casi debutante Saverio Costanzo.
Aunque el filme fue el escogido por Italia como representante para los Oscar, parece que el resultado no está a la altura de una novela a priori fácilmente adaptable al lenguaje cinematográfico. Muchos de los acontecimientos que se describen en el libro de Giordano tienen un impacto visual con el que parece sencillo meterse al público en el bolsillo. Sin embargo, el director de La soledad de los números primos ha decidido echar mano de los saltos temporales para narrar una historia que se cuenta y se entiende mejor de forma lineal.
Para entender la soledad de estos números primos, de estos números raros, es necesario conocer de inmediato los hechos que desencadenan su particular personalidad. El guión del filme parece haber optado por el misterio, totalmente innecesario en una trama que lo que busca es profundizar en el interior de sus protagonistas. Según cuentan, no es hasta la mitad del metraje que se descubren los acontecimientos traumáticos de la infancia. De ahí que sea un poco peliagudo describirlos aquí, aunque en el libro se desvelen nada más comenzar. Pero como son precisamente el gancho que atrapa al lector sin remedio, correremos el riesgo.
Alice sufre de pequeña un accidente de esquí que condena prácticamente a la muerte a una de sus piernas. Desde ese momento, el defecto físico se convierte en motivo de aislamiento y de discriminación. Mattia, por su parte, también se ve abocado a la autodestrucción tras otro hecho traumático. Avergonzado de su hermana con retraso mental, la pequeña despareció después de abandonarla en un parque antes de una fiesta de cumpleaños en la que no era bienvenida. Desde ese momento ambos se convierten en seres incomunicados que únicamente encuentran el uno en el otro la comprensión.
La relación entre Alice y Mattia se disfruta por su singularidad, por su rareza. No es una historia de amor al uso, ni siquiera debería etiquetarse como romántica, pero resulta mucho más emotiva y sensible que los dramas habituales. Sería una lástima comprobar cómo una de las grandes lecturas del año se ha convertido en otra decepcionante adaptación al cine, desaprovechando, entre otras cosas, un momento de impacto altamente efectivo que culmina en un final atípico pero realista. Podremos averiguarlo a mediados de mayo, cuando está previsto el estreno en nuestro país.

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