
Por lo demás, el mundo, según PD James, autor en el que se ha inspirado el mejicano Alfonso Cuarón a la hora de confeccionar esta película, sigue igual. Mejor dicho, ha ido a peor. Londres es el único reducto de la tierra que ha conseguido sobrevivir a la avalancha de la inmigración, mientras el resto de lugares del planeta sucumben a la violencia y al terrorismo radical. Sin embargo, el precio que la ciudad ha tenido que pagar es muy alto. Pérdida de libertad, controles policiales, jaulas de extranjeros, carnés de exclusividad, marginalidad, verjas, fortalezas. Barreras y más barreras. Algunos podrán pensar que éste será el curso natural por el que discurrirá el planeta. Que Bush apruebe estos días la construcción de un muro de 1126 kilómetros en la frontera con México sin duda les da más argumentos a favor. Pero con el visionado de este filme tan gris y pesimista uno mantiene la esperanza de que la raza humana no acabará perdiendo el sentido común hasta esos límites.

En medio del desorden y la rutinaria violencia que dominan el planeta aparece un motivo para la esperanza. Tras dieciocho años de infertilidad, un grupo antisistema tiene en su poder a una embarazada, una inmigrante, una de las apestadas, en cuyo interior se encuentra un verdadero mesías, la única posibilidad de salvación de la humanidad. Lástima que, cómo decía, adquiera en determinados momentos más importancia la huída de la pobre chica junto al exactivista, ahora convertido a funcionario, Clive Owen, que un retrato más desarrollado de los conflictos sociales de esta hipotética sociedad.
Aún así, la película tiene momentos sublimes que, decidme sensiblón, ponen la piel de gallina. El más destacable, cuando en mitad de una batalla, amigos y enemigos, perseguidores y perseguidos, detienen por un momento sus diferencias y el ruido de las armas para dejar paso al tan añorado llanto de un bebé. Y de una gran belleza resulta también, aún siendo de metáfora fácil y evidente, el final de la película. El futuro es negro, sí, pero con algún atisbo de claridad.

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Distant
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