
Tuve la osadía de tragarme los 55 minutos que dura este prodigio de la imparcialidad, este folletín propagandístico que sigue a rajatabla los principios que en su día estableció Goebbels para asegurar el éxito de todo discurso político. Uno de ellos es el principio de simplificación y del enemigo único, que consiste en focalizar todos los ataques hacia un único adversario. No es difícil adivinar sobre quién recae todo el peso de la culpabilidad, a pesar de que el tripartito, tal y como su nombre indica, es cosa de tres. José Montilla, el conspirador en la sombra, es el artífice de todos los males, la cabeza pensante de una fórmula que ha desprestigiado las instituciones que con tanto esfuerzo lograron dignificar Pujol y los suyos.
“Toda propaganda -asentó también Goebbels- debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa”. Eso es lo que debieron pensar los ideólogos de ConfidencialCat cuando decidieron condensar en imágenes el desastre que ha resultado ser el gobierno tripartito catalán.
Desde luego, David Madí, director de acción electoral de CiU, deberá ser recompensado con una medalla por tan constructiva campaña. Eso si no les sale a los convergentes el tiro por la culata y terminan recompensándole con el finiquito. No hay nada peor que infravalorar la capacidad intelectual y receptora de los votantes, y más cuando se presuponen de una derecha culta y aburguesada. Algo que parece haber entendido Duran i Lleida, el que mejor representa a su electorado, al desmarcarse, aunque sin dejar de chupar plano, del DVD.
Entrando en su contenido, comienza el documental con un primer episodio en el que Artur Mas acompañado de su esposa, Helena Rakosnik, y de una música lacrimógena de fondo, aparece como la gran víctima de la codicia de Maragall y Carod-Rovira por el poder. Toda la ilusión, el esfuerzo y el trabajo de un equipo joven y entusiasta quedan truncados por la maldad de unos conspiradores que no dudaron en arrebatarle el poder a quiénes honestamente lo habían ganado en las urnas. Dedican mucho tiempo y esfuerzo los guionistas en argumentar la inmoralidad de algo que es perfectamente legítimo en democracia: el pacto.

Los capítulos siguientes resumen la obra del gobierno presidido por Maragall desde un mes después de constituirse, con el encuentro en Perpinyà entre el presidente en funciones Carod-Rovira y miembros de ETA, hasta su forzosa disolución hace tan sólo unos meses tras las graves desavenencias en el seno del tripartito con respecto al Estatut. La imagen de la corona de espinas en viaje oficial a Israel, el hundimiento de edificios en el barrio de El Carmel, las acusaciones vertidas por Maragall sobre el cobro de comisiones durante el gobierno de Convergencia.
Es evidente que llamarle a esto obra de gobierno es un despropósito. Demolición se acercaría más a lo que ha sido esta experiencia tan poco gratificante para los ciudadanos de Catalunya y tan nutritiva para carroñeros y usureros varios. No hacía falta, pues, un DVD que remarcara y condensara las diferentes sacudidas que han hecho tambalear y finalmente derruir el gobierno de izquierdas y catalanista. De nuevo cuestiona la capacidad receptora de los ciudadanos. Es, por tanto, un derroche del todo innecesario cuyo presupuesto podría haberse destinado a herramientas electorales más eficaces y honestas.
Pero no nos pongamos serios. Hasta los diseñadores de ConfidencialCat han dejado entrever de manera más o menos sutil la escasa seriedad del documento que tenían entre manos. Quedémonos con la que sin duda es la imagen del documental, la que merece un PAUSE y un posterior avance ralentizado para poder reír a carcajada limpia. Es concretamente en el episodio sobre el hundimiento del Carmel (es tal la magnitud de la tragedia que, tal como nos la presentan, Iraq en comparación parece un juego de niños). De una de las viviendas afectadas surge, como todos los ciudadanos anónimos que aparecen en el vídeo, una vecina con el rostro distorsionado. Del brazo, un inocente perrito de peluche, también anónimo, cuyo rostro jamás podremos llegar a identificar.

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