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Un laberinto redondo

El laberinto del fauno recuerda en algunos momentos a la mentalidad infantil y la narración fabulosa más propia de Tim Burton. Sin embargo, y aún siendo admirador de ambos creadores, la comparación no deja de ser disparatada. El universo mágico del director de Eduardo Manostijeras se aleja bastante de la fantasía realista que tan magistralmente crea Guillermo Del Toro con este filme, y finalmente la semejanza sólo se reduce a determinados personajes y a situaciones concretas. Porque si bien es complicado hacer volar la imaginación del espectador, algo en lo que está más que curtido Burton, mucho más es todavía ir alternando las nubes con el suelo sin perder por el camino la coherencia. El mejicano no sólo lo consigue sino que logra convencer tanto en el relato de la más cruda realidad como en el de la fábula más imaginativa.
La película tiene como absolutos protagonista y antagonista a Ofelia, una niña de 13 años que viaja junto con su madre a un remoto pueblo de Galicia en pleno inicio de la dictadura franquista para encontrarse con el que será su nuevo padre, el capitán Vidal, la maldad más despiadada hecha persona. Sergi López consigue con este último papel, y tras el de maltratador en Sólo mía, consagrarse como uno de los mejores actores villanos que ha dado el cine español. Si bien su interpretación es memorable, no lo es menos la de Ivana Baquero (la joven Ofelia), Ariadna Gil (en el papel de sufrida madre) o la de Álex Angulo como doctor entre dos bandos. Sin embargo, la gran sorpresa es Maribel Verdú, una actriz a mi juicio con una carrera de pocos registros y escasísimos personajes para recordar que consigue con Mercedes un gigantesco paso hacia delante. Mercedes es, por cierto, la sirviente gallega y sufridora en primera persona del odioso capitán falangista a la que da vida esta insólita Verdú.
Sin ser una película sobre la dictadura franquista, al menos en esencia, El laberinto del fauno constituye uno de los reflejos más verosímiles y realistas que de la época represora ha producido el cine español. El hambre, las cartillas de racionamiento, la miseria de los más pobres frente a la mirada hacia otro lado o el apoyo incondicional al régimen de religiosos y gente bien. O la crueldad, la violencia extrema de los falangistas frente a la resistencia y el coraje de los jóvenes maquis. Todo ello está presente como ejemplo de buen cine histórico.
Pero es que el filme de Del Toro no es sólo eso, sino mucho más. Al hiperrealismo de las imágenes del franquismo se le entremezcla un universo paralelo en el que brilla la imaginación. Hadas, sapos gigantes, puertas dibujadas con tizas mágicas, monstruos con manos oculares. Y el fauno. Él es otro de los personajes inolvidables. Oscuro e imprevisible, por momentos aterrador y tierno, conduce a Ofelia en su camino hacia un reinado mágico al que sólo llegará, antes de que la luna haga su aparición, tras superar tres pruebas. Comparar el argumento con la estructura típica de un cuento es inevitable, pero no conviene confundirse, ya que ni los cuentos son terreno exclusivo de niños ni desde luego este filme está recomendado para ellos.
El laberinto del fauno no es Las crónicas de Narnia para entendernos. Es un filme comprometido y documental que utiliza de forma brillante la fantasía como evasión de la cruda realidad que está reflejando. O a su vez es un filme fantástico de una gran belleza (conviene destacar también el excelente trabajo tanto de fotografía como de efectos especiales) hilvanado a la perfección y finalmente cuadrado con escenas del mejor cine histórico. Son dos géneros antagónicos en una sola película. Un experimento arriesgado pero victorioso. Una película redonda.

Comentarios

Hipnosapo ha dicho que…
Ay, aquí voy a discrepar algo... No me parece tan redonda. Ni siquiera hiperrealista. De hecho, algo que aplaudo de la película es alejarse del realismo tanto en la mitad fantástica como en la mitad "humana". Creo que la dir. artística,la foto, etc tienen un punto atemporal,más estilizado que la pura realidad, en absoluto hiperrealista. Y eso es algo que me encanta, algo de agradecer, porque no te saca completamente de un mundo que esconde fantasía. Bueno, estoy algo espeso, pero en resumidas cuentas, creo que el engranaje entre las dos películas que presenta: el fauno y las pruebas y el capitán Vidal y los maquis está algo oxidado.No termina de encajar las dos vertientes de la historia. Y como siempre ocurre con Del Toro, el segundo acto decae en la vorágine, aunque se salva al subir la intensidad final. También hay algo que no me trago y que esparaba que no hiciera: el plano subjetivo de Vidal en el que ve a Ofelia hablando con... la nada. No no no, eso no! Por lo demás, la falta de motivación de algunas escenas (por qué vuelve el fauno a contactar con Ofelia?por qué come ofelia la fruta de la mesa del monstruo?), ciertas lagunas argumentales hacen de esta película un producto muy digno, pero un lamentable resbalón. En este caso, Pol, no estoy contigo.No me parece redonda, le faltan un par de vueltas de guión para serlo. Ah, y sigo sin comprender qué le veis a Ariadna Gil, una actriz más plana que Castilla.La Verdú, increíble... pero la niña es la bomba!
Un saludete

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