
La película tiene como absolutos protagonista y antagonista a Ofelia, una niña de 13 años que viaja junto con su madre a un remoto pueblo de Galicia en pleno inicio de la dictadura franquista para encontrarse con el que será su nuevo padre, el capitán Vidal, la maldad más despiadada hecha persona. Sergi López consigue con este último papel, y tras el de maltratador en Sólo mía, consagrarse como uno de los mejores actores villanos que ha dado el cine español. Si bien su interpretación es memorable, no lo es menos la de Ivana Baquero (la joven Ofelia), Ariadna Gil (en el papel de sufrida madre) o la de Álex Angulo como doctor entre dos bandos. Sin embargo, la gran sorpresa es Maribel Verdú, una actriz a mi juicio con una carrera de pocos registros y escasísimos personajes para recordar que consigue con Mercedes un gigantesco paso hacia delante. Mercedes es, por cierto, la sirviente gallega y sufridora en primera persona del odioso capitán falangista a la que da vida esta insólita Verdú.
Sin ser una película sobre la dictadura franquista, al menos en esencia, El laberinto del fauno constituye uno de los reflejos más verosímiles y realistas que de la época represora ha producido el cine español. El hambre, las cartillas de racionamiento, la miseria de los más pobres frente a la mirada hacia otro lado o el apoyo incondicional al régimen de religiosos y gente bien. O la crueldad, la violencia extrema de los falangistas frente a la resistencia y el coraje de los jóvenes maquis. Todo ello está presente como ejemplo de buen cine histórico.
Pero es que el filme de Del Toro no es sólo eso, sino mucho más. Al hiperrealismo de las imágenes del franquismo se le entremezcla un universo paralelo en el que brilla la imaginación. Hadas, sapos gigantes, puertas dibujadas con tizas mágicas, monstruos con manos oculares. Y el fauno. Él es otro de los personajes inolvidables. Oscuro e imprevisible, por momentos aterrador y tierno, conduce a Ofelia en su camino hacia un reinado mágico al que sólo llegará, antes de que la luna haga su aparición, tras superar tres pruebas. Comparar el argumento con la estructura típica de un cuento es inevitable, pero no conviene confundirse, ya que ni los cuentos son terreno exclusivo de niños ni desde luego este filme está recomendado para ellos.
El laberinto del fauno no es Las crónicas de Narnia para entendernos. Es un filme comprometido y documental que utiliza de forma brillante la fantasía como evasión de la cruda realidad que está reflejando. O a su vez es un filme fantástico de una gran belleza (conviene destacar también el excelente trabajo tanto de fotografía como de efectos especiales) hilvanado a la perfección y finalmente cuadrado con escenas del mejor cine histórico. Son dos géneros antagónicos en una sola película. Un experimento arriesgado pero victorioso. Una película redonda.

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Un saludete