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La tele sin realidad

Señoras y señores telespectadores. O televidentes, como prefieran denominarse. Audiencia en general. No sé si son ustedes conscientes de lo que la televisión nos está regalando. Durará pocos días, como pocos segundos dura un eclipse de sol. Sin apenas darnos cuenta, desde el pasado 23 de marzo concretamente, el aire fresco ha llegado a nuestros salones. Podemos respirar oxígeno. No me refiero a la llegada de Cuatro o de La Sexta, no. Ni al estreno de la segunda temporada de Mujeres desesperadas. Es algo mucho más sutil, algo que puede haber pasado más desapercibido y que no ha sido anunciado tal y como se debiera. Señoras y señores, podemos afirmar con rotundidad que después de mucho tiempo, de largos y sufridos años, no hay en estos momentos en la televisión ni un solo reality show!
¿Qué está pasando? En primer lugar, que el buque insignia de la telerrealidad, Tele 5, ha abandonado durante unos días el formato por sus bajos niveles de audiencia (aunque todavía no den saltos de alegría. Se anuncian nuevas incursiones selváticas para después de Semana Santa, así que pidan clemencia divina). Parece que nosotros, los espectadores, nos hemos cansado. Acogimos con los brazos abiertos en 2000 una idea novedosa que se prometía muy entretenida y morbosa, que saciaba la curiosidad y las ganas de cotilleo que a todos nos invade. Gran Hermano fue la gran revolución televisiva del nuevo siglo, solamente igualada por la posterior fórmula de Operación Triunfo.
Pero luego llegó la clonación. A Gran Hermano le hicieron parir seis hijitos más (todos ellos con muy buena acogida) y dos engendros con pretensiones de very important person. A todos los fueron alternando con nuevas experimentaciones. Supervivientes, Hotel Glam, Popstar, La casa de tu vida. Mientras, la competencia privada trataba desesperadamente de encontrar un clon mejor. Y en todos ellos fracasó. Ni autobuses, ni selvas, ni karaokes de prensa rosa, ni granjas, ni islas, ni tan siquiera casas de citas con jacuzzis incorporados, supieron cautivar a un público que prefería coronar a Tele 5 como la reina de la telerrealidad.
Su receta era exquisita. Conseguía, con un solo chuletón, llenar toda la parrilla. Podía mantener el fuego vivo durante largo tiempo, hasta que la carne poco a poco terminaba por quemarse. Y entonces llegaron los sofisticados fogones de Esta cocina es un infierno. Nadie sabe qué ha pasado. Los más trascendentales afirman que la fórmula ha sufrido un desgaste y que los espectadores hemos llegado al hastío. Los más escépticos prefieren pensar que Carolina Ferré es la culpable de esta debacle y que a los reality shows les queda mucho por decir. Hasta que ese momento llegue, señoras y señores, disfruten de estos días de descanso. Abran sus mentes y, sobretodo, respiren. Respiren hondo. Y cojan mucho aire. Por si acaso.

Comentarios

Manolo Molina ha dicho que…
HOla. Me gusta mucho tu comentario sobre la telerealidad. La verdad es que nos están intoxicando. YO tengo tambien una pagina:
http://elrincondemanolo.blogspot.com

Haber si te pasas por ahí y me comentas que te parece, yo de momento tye voy a agregar al mío.
POLE.T. ha dicho que…
¿Puedes darme tu email para poder escribirte?

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