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#AtlántidaFilmFest: A blast

Es una pena que un filme con tan buenas intenciones como A blast termine siendo víctima de su propia ambición. Su arranque presenta una historia de amor deshilvanada que promete ir encajando las piezas poco a poco, hasta alcanzar el gran clímax que explique las sorprendentes actuaciones de sus personajes. El espectador se sitúa desorientado, descolocado, ante una mezcla de declive sentimental y crisis económica que se presenta estimulante. Pero a medida que avanza el metraje y el desorden estructural se convierte en una rutina en vía muerta las expectativas se van diluyendo y lo que parecía un rompecabezas perfectamente ingeniado termina convirtiéndose en un desorden sin concierto.

Las primeras secuencias nos sitúan ante una crisis de pareja en un contexto de crisis económica, concretamente en ese paradigma de la hecatombe que es Grecia. Una María pletórica y feliz, que sueña con estudiar Derecho y que conoce al apuesto Yannis, con el que mantiene una tórrida relación, convive a su vez, gracias a la mesa de montaje, con una María devastada, histérica, que deambula con dos hijos de la mano movida ciegamente por la exasperación. El detonante entre una y otra, entre el idilio y la desgracia, es lo que queda un tanto diluido en la trama.
¿Es la distancia a la que se ve sometida la pareja por culpa del trabajo de Yannis en alta mar? ¿Alguna revelación sobre las nuevas tendencias sexuales del marido? ¿La angustia por una situación económica asfixiante? ¿Las tensiones con la madre? ¿La relación amor/odio con la hermana? La respuesta quizá esté en la suma de todos los elementos, que conforman una tormenta perfecta que la conduce directamente al delirio.  

Entre escenas sexuales de puro frenesí y acaloradas discusiones familiares, la película se mueve en unos niveles de intensidad mucho más elevados que los acontecimientos que narra. Sólo hay un momento en el que la protagonista, una soberbia Aggeliki Papoulia (Canino, Langosta), realiza un catártico monólogo ante un grupo de autoayuda con el que el espectador puede llegar a sentirse identificado. Pero a pesar del esfuerzo y talento de sus intérpretes, esta explosiva A blast termina defraudando precisamente por enmarañar una sugerente historia de desesperación con una estructura demasiado compleja para su simplista guión.

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