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Ni es Orange ni es Black

Se ha dicho hasta la saciedad. Globomedia necesitaba un golpe de timón en su cartera de series. Como si en ella jamás hubieran existido éxitos, más revolucionarios incluso que Vis a vis, como Policías, El internado, El barco o 7 vidas y El grupo, sin duda las dos mejores ficciones televisivas de nuestro país y que han salido precisamente de la productora fundada por Emilio Aragón.

Más que Globomedia, eran los espectadores de Antena 3 los que demandaban un producto realmente innovador esta temporada. Porque a pesar de sus excelentes resultados de audiencia, ni Bajo sospecha ni Allí abajo traspasarán fronteras. Tampoco lo hará este drama presidiario, pero al menos el piloto ha servido para demostrar que Orange is the new black ha sido una evidente fuente de inspiración pero para un planteamiento totalmente distinto.

¿Existiría Vis a vis sin el éxito de la comedia de Netflix? Es evidente que no. Pero si el fenómeno OITNB ha servido para dar luz verde a este nuevo proyecto, bienvenidas sean las inspiraciones (recordemos cuánto se pareció en su momento la trama de Acusados a Daños y perjuicios y lo maravillosamente bien que evolucionó la serie protagonizada por Blanca Portillo). 

Chica rubia e inocente entra en una prisión de mujeres ataviadas con monos de color naranja (amarillo en este caso). Hasta aquí el parecido más que razonable entre Vis a vis y Orange is the new black. Porque enseguida uno se da cuenta de que el tono de la serie española es radicalmente distinto al de la comedia negra estadounidense. La aparición del cadáver de una reclusa en la lavandería de la cárcel lo cambia todo. El thriller se adueña de una trama aparentemente prometedora.

La serie, por suerte, no se desarrolla únicamente entre rejas. Lo fácil sería amortizar la espectacular recreación de una prisión de mujeres sin apenas exteriores, como a la vieja usanza. Sin embargo, los guionistas han preferido realizar un esfuerzo adicional extrapolando la acción más allá de los muros de la cárcel. Y así surgen subtramas tan interesantes como la de la gobernanta amenazada o el flashback que recreaba a la perfección el atraco y la detención de la convicta asesinada.

A la serie aún le queda la difícil tarea de demostrar que los misterios por resolver son algo más que una buena premisa inicial. Falta por ver si será capaz de mantener tantos frentes abiertos con el mismo nivel de calidad e interés. Pero lo que sí puede confirmarse desde el primer momento es su excelente selección de actores. Maggie Civantos, la protagonista, quizá no sea el mejor ejemplo. Por momentos se agradece su naturalidad, por momentos peca de sobreactuación.

Pero sus compañeras de reparto son, sin duda, el punto más fuerte de Vis a vis. Destacan Sole (María Isabel Díaz), de entrada la cara más amable de la prisión, y Zulema, el personaje malvado que puede darle a Najwa Nimri el papelón más destacado de su carrera. Las declaraciones a cámara de las reclusas, otro gran elemento diferenciador respecto a Orange is the new black, aportan el toque humorístico y de sensibilidad necesario para que la serie pueda mantener ese 22% de share con el que debutó anoche.

Porque sí, Vis a vis es un paso adelante en la ficción española, pero un tímido avance hacia la oscuridad en la que se mueven las grandes series internacionales. Desnudos integrales, peleas, violencia verbal y física. El esfuerzo por el realismo ha sido notable. Pero esta Cruz del Sur no deja de ser un remanso de amor y de paz si la comparamos con otras prisiones ficticias (y no hablemos ya de las reales). Un contexto demasiado duro para espectadores acostumbrados a zapear entre costuras y sainetes.

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