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La Holy motors de Ryan Gosling

Drive es lo peor que le ha podido pasar a Nicolas Winding Refn y Ryan Gosling. El director regresó con Sólo dios perdona y se estampó de lleno en su intento de repetir fórmula de acción visualmente molona. Y el actor seguramente se vio tentado de pronto por la llamada de la dirección, convencido de que las obras maestras pueden calcarse y camuflarse con el disfraz de otros logros ajenos. Sí, a veces los mayores éxitos se convierten en la peor pesadilla de los creadores, incapaces de proseguir el camino a la sombra de sus grandes logros.

Imagino la enorme tesitura en la que debieron encontrarse Christina Hendricks, Saoirse Ronan y demás actores de renombre cuando Ryan Gosling les propuso participar en su debut tras las cámaras. ¿Cómo decirle que no al actor del momento? ¿Cómo negarle el capricho, aún sabiendo que con semejantes ínfulas se abocaban directamente al suicidio? Peor lo tuvo que pasar Eva Mendes, la dulce y sacrificada novia, si no quería enfrentarse a una crisis de pareja. Y esto es lo que sucede cuando nadie para los pies a los directores-celebrity, que se ponen profundos y paren esperpentos como Lost river.

Han querido compararla con el cine de Terrence Malick, con el de David Lynch, con el del propio Winding Refn, todos ellos con la personalidad y el empaque suficientes como para labrarse una carrera identitaria. A los tres ha fotocopiado Gosling sin demasiados miramientos en su ópera prima. Pero su verdadera fuente de inspiración ha sido sin duda Holy motors, la extravagancia de Leos Carax que cautivó hasta a la propia Mendes. Nada peor que un referente trascendental para un novato más conocido como sex symbol que como intelectual.

¿Estoy cuestionando la inteligencia de Gosling basándome únicamente en su belleza? Simplemente me remito a su dudoso criterio como debutante. Una jugada muy poco astuta la de iniciarse en la dirección con un tono tan pretencioso, sobre todo si nos atenemos al material de partida. Porque la decadencia del sueño americano, los estragos del capitalismo salvaje, merecían un tratamiento más digno que el simple postureo visual del que ha querido hacer gala aquí el amigo.

Es una lástima que entre tanta metáfora se diluyan tramas que habrían dado para un buen filme de debut, como esa lucha a muerte por la hegemonía en un pueblo agonizante o la no-historia de amor entre el protagonista y su vecina. Incluso esa acción tan surrealista en un local para amantes del gore tendría su atractivo si realmente condujera a algún lugar. Pero pocos elementos en Lost river llevan a buen puerto. Que filmes como este lleguen a programarse en nuestro país cuando miles de debutantes siguen haciendo cola demuestra hasta qué punto resulta imprescindible en este negocio estar de moda y estar bueno.

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