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Cuando todo está podrido

Hubo un tiempo en que Nueva York era una ciudad inhabitable, alejada de esa urbe cosmopolita y moderna en la que todos, o casi todos, quisiéramos vivir. Ahora es el plató perfecto para comedias románticas y empanadas hipsters, pero hace sólo dos o tres décadas era el decorado ideal para películas de gángsters o sórdidos 'thrillers' (con permiso de Woody Allen). En ese contexto, irreconocible para los que mantenemos a Manhattan en un pedestal, se desarrolla la turbadora historia de un matrimonio que lucha, con métodos opuestos, por hacerse un hueco en el llamado sueño americano, reconvertido con el tiempo en toda una pesadilla para la gran mayoría de los mortales.

Abel Morales es un inmigrante sudamericano que busca asentar su negocio de transporte y convertirlo en un imperio que lo convierta a ojos de los norteamericanos en el admirado self-made man al que todos aceptan y respetan. Quiere hacerlo siguiendo las reglas, evitando los atajos que puedan manchar su expediente. Pero la violencia acecha en las calles, también en las altas esferas, y los obstáculos no pueden salvarse con buenas maneras. Es el pragmático punto de vista que mantiene su esposa, consciente de que el capitalismo es una jungla de depredadores en la que sólo sobrevive el más fuerte.


Tras el paréntesis de Cuando todo está perdido, J.C. Chandor sigue la senda crítica que emprendió con su poderoso debut Margin call y amplía el foco más allá de los implacables poderes económicos. El tono ahora es mucho más pesimista. Todos somos esclavos de un sistema perverso, susceptibles de caer en un sistema en el que la ambición se zampa a los principios. De ahí que toda la atmósfera que rodea a El año más violento sea tan marrón y oscura como la visión del protagonista, enturbiada por un entorno hostil que lamina los ideales.

Después de conquistarnos en la piel de Llewyn Davis, Oscar Isaac se afianza como actor de primer nivel con un papel protagonista impecable, cargado de matices, de enorme complejidad. Abel Morales se debate continuamente entre las convicciones éticas y su ambición latente, entre el complejo del inmigrante que reniega de sus orígenes y el orgullo de quién ya saborea las mieles del poder y del éxito. En la evolución de su personaje y en la interacción con su calculadora mujer (Jessica Chastain está de Oscar) se encuentra el principal atractivo de una cinta tan dura en el mensaje como en la propuesta.

Porque no es fácil adentrarse en El año más violento. Ni arranca con un gran señuelo ni con la información suficiente para entender el contexto. Pero superados los minutos iniciales, se convierte en una apasionante crónica sobre el emprendimiento, no mediante el método triunfalista de los libros de autoayuda, sino desde la desesperanza que sólo estos tiempos podrían inspirar. La búsqueda de financiación, la competencia desleal, la corrupción. Mecanismos que no se enseñan en las escuelas de negocios pero que convierten la creación de empresas en algo más complicado que un camino de rosas, al menos para los que sigan manteniendo los escrúpulos.

Chandor, por tanto, mantiene su particular pulso contra el capitalismo salvaje, esta vez con una apuesta visualmente más arriesgada y con el thriller como género vehicular. Así consigue escenas de acción brillantes como la persecución en la autopista o la que termina en una estación de metro. Desprenden la misma adrenalina que una cinta del género sin recurrir a sus típicos efectos sonoros y visuales, de igual forma que golpea nuestro status quo sin tirar de panfleto. Con sutileza y elegancia. Absolutamente recomendable.

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