Ya va siendo hora de poner en perspectiva a los Batman de
Christopher Nolan. Desde luego, no representan la superficialidad extrema a la
que derivó la saga en manos de Joel Schumacher, pero tampoco suponen la gran
obra maestra repleta de trasfondo y reflexión social que muchos quisieran ver
encumbrada entre las joyas de la historia del cine. El gran mérito del inglés
es haber reinventado un personaje en decadencia, como lo está en estos momentos
el malogrado Superman, pero de ahí a equiparar la hazaña a su gran aportación
al celuloide, Memento, media un abismo.
La gracia de Batman reside en su fragilidad, en sus
debilidades, en esa sensación de inseguridad que provoca en el espectador. Es
lo que Nolan ha sabido potenciar de manera brillante, ese lado oscuro y
depresivo del personaje, en detrimento del colorido y la vistosidad con la que
el resto de superhéroes buscan llamar la atención de todos los públicos. Las películas
son duras, agresivas, tenebrosas, más adultas, pero no por ello son menos de
acción que Spiderman, por poner el ejemplo más actual.
Parece como si todo lo que ha surgido de la mente de Nolan
desde esa historia contada al revés mereciera el mismo reconocimiento pero ni La leyenda renace es El caballero oscuro ni Origen es Memento. Ambas
han gozado de una hipertrofia en los medios de comunicación que sólo el tiempo pondrá
en su lugar, pero de momento debemos asistir al desfile de elogios e
interpretaciones tan desproporcionados como esotéricos. Si por algo debemos
aplaudir la trilogía del caballero oscuro es por la calidad de su
entretenimiento. Dejemos las lecturas filosóficas para los que se niegan a
reconocer que han disfrutado como niños con una película de acción.
Sorprende que el mismo entusiasmo que despierta el Batman de
Nolan no se produjera con la misma intensidad con otra serie superheroica de
enorme talento. ¿Acaso los X-Men de Bryan Singer no son igual de coherentes,
igual de ingeniosos y con los mismos atisbos de crítica social que el último
modelo de hombre murciélago de la Warner? En el inabarcable mundo de las
adaptaciones de cómics parece que también existen diferentes clases, siendo el
superhéroe atormentado, a puntito de la depresión, el mejor considerado.
Desde luego, ir ataviado con unas mallas rojas, trepando por
las paredes o volando sobre una tabla de surf no es la mejor manera de ganarse
la credibilidad del público, pero que Batman es más humano que el resto de héroes
sólo se sostiene por su falta de superpoderes. El resto, tal como demuestra más
que nunca esta última entrega de la serie, es pura fantasía, comenzando por los
juguetitos que el hombre murciélago utiliza para desplazarse y terminando con
esa bat cueva de última generación, repleta de pasarelas deslizantes, en la que
permanece recluido.

Asumido el rol de esta última saga de Batman, el del puro
entretenimiento, sólo cabe resaltarla del resto de propuestas por su capacidad
de atracción, por sus poderes hipnóticos, no sé si por la arrolladora banda
sonora o por la virulencia de algunas de sus secuencias. Escenas como la brutal
pelea con el malvado Bane en el subsuelo de Gotham City, la persecución en moto
con agentes de la bolsa como rehenes o la impresionante cadena de explosiones por
toda la ciudad, campo de béisbol incluido, producen una sensación de imprevisibilidad
y de sorpresa muy de agradecer, sobre todo viniendo de un género con tendencia
al piloto automático.
El caballero oscuro: La leyenda renace supone un buen
punto y final para este ciclo de oro que se ha marcado el señor Nolan sobre el
hombre murciélago. Quizá pecando de desmesura, de excesiva grandilocuencia,
pero cerrando una etapa que ay del pobre que intente proseguir después. No sabemos
si el futuro nos depara un reboot, un spin-off, una secuela o lo que
demonios se invente la Warner para seguir chupando del bote, pero si algo queda
claro es que esta trilogía supone desde ya una leyenda en el género de superhéroes.
Comentarios
Hay menos acción q en Spiderman. Bastante menos. En estas pelis de Batman se habla un montón y los Spiderman de Raimi son un despiporre. De la última... Mejor no hablamos.
A mí el discurso indignado del malvado me ha parecido demasiado evidente, muy facilón, no más sofisticado que por ejemplo la crítica de X-Men a la discriminación social.
En cuanto a la acción, aparte de la introducción y algún otro momento, está muy presente en esta tercera entrega, es un no parar durante las tres horas. Pero claro, es una acción mucho más trabajada, que da gusto verla.
No crees que ponerle un 10 a esta película es desmesurado?