Ir al contenido principal

The Killing Season Finale, ¿Hace falta más?

Lo prometieron y cumplieron. Después de la polémica que suscitó el final de la primera temporada, los responsables de The Killing quisieron dejar claro que la segunda tanda de capítulos no terminaría sin conocer la identidad del asesino de Rosie Larsen. Y así ha sido. Después de 26 episodios, y tras una season finale vibrante, cargada de emociones fuertes, los seguidores por fin hemos sabido quién terminó con la vida de la joven. Parecía que la resolución no iba a convencer a nadie, pero finalmente lo que ha sorprendido, más que el nombre y apellido del culpable, es la retahíla de escenas para el recuerdo que nos deja el desenlace.

El capítulo ya arrancaba de manera distinta, con un flashback que nos hace testigos de la última vez que los Larsen vieron a su hija con vida. Después de días de investigación en los que Rosie no era más que una referencia, la protagonista ausente de toda la trama, verla en acción horas antes de su muerte, jugando con sus hermanos o esquivando la mirada de su madre, supone un golpe inesperado y sobrecogedor para el espectador.

Si hasta el momento, The Killing se había caracterizado por su carácter frío y aséptico, desprovisto de toda emoción, en parte gracias a una protagonista de lo más atípica, la serie pone punto y final al caso Larsen potenciando como nunca los sentimientos. La acción y la adrenalina llegan con la confesión de Jamie, en un careo tenso y sin pelos en la lengua con el flamante alcalde Richmond. La sorpresa nos alcanza de repente cuando Sarah descubre la luz trasera del coche de Terry rota. Y las emociones fuertes se desbocan inmediatamente después, cuando la cruda verdad da paso al alivio.

La escena de Terry desahogando su sentimiento de culpabilidad en la habitación de Rosie, mientras los padres reaccionan cada uno a su manera ante la tremenda noticia, es de las más brillantes que ha parido la serie en sus dos temporadas. Angustiosa también la imagen de la asesina empujando el coche de campaña hacia el lago sin saber que quien gritaba aterrorizada desde el interior del maletero era su propia sobrina. Por último, el vídeo que la joven grabó para despedirse de sus padres y que los Larsen visionan en familia desde el sofá, estimulará la carne de gallina hasta a los más insensibles.

La serie ha querido cerrar con broche de oro, para callar las voces de los que cuestionaron esta segunda temporada y para solventar las incertidumbres sobre su futuro. Si bien es cierto que algunos capítulos jugaron demasiado al despiste y otros destinaron más tiempo del necesario al sosiego de la madre, no hay que olvidar el impresionante arranque, con Linden y Holder víctimas de una conspiración, y esta vertiginosa etapa final, con momentos de infarto en el casino indio y esa última despedida de la pareja protagonista en la que Sarah decide apearse del coche y de un nuevo caso que termine absorbiendo una vez más su vida personal.

Quedan algunos flecos por resolver, como por ejemplo el contenido de esa reunión entre Richmond, Michael Ames y Nicole Jackson. Desconocemos si el nuevo alcalde seguirá los dictámenes de transparencia que promulgó en la campaña o sacará a relucir la ambición que según Jamie mantiene oculta. Interpretamos la decepción en el rostro de Gwen cuando el candidato, una vez cumplido su objetivo, le cierra la puerta en las narices. Intuimos, por tanto, que el político nos vendió la moto. ¿Hace falta más? ¿Queremos realmente una tercera temporada? No nos dejemos llevar por la avaricia. Quizá con este gran final y esta notable andadura ya tengamos más que suficiente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ensayo sobre la humanidad

Fernando Meirelles pedía disculpas a los asistentes del preestreno barcelonés de A ciegas por las imágenes tan duras que iban a presenciar. Para quien no conociera el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, sin duda le sorprendería la crudeza de algunas escenas, sobre todo las que tienen lugar durante la improvisada cuarentena para ciegos . Pero los que alguna vez leyeron la novela del Nobel portugués seguramente recordarán la sensación de angustia que provocaban algunos pasajes, hasta el punto de resultar incómoda su simple lectura. La adaptación no obvia los momentos más duros del relato, pero sí elude algunos escabrosos detalles que hubieran hecho del filme una auténtica pesadilla. La recreación de un mundo sumido en el caos tras caer todos sus habitantes en una inexplicable ceguera blanca es meritoriamente realista. De bien seguro que Saramago se quedó corto al suponer la degradación a la que puede sucumbir un ser humano en estado de emergencia, sin orden ni control. Aún así, el rel...

Aburrida hasta para 'El País'

Hagan paso, que el salvador de la cinematografía española hace su entrada, por si no se habían dado cuenta. Qué mal le debe haber sentado a nuestro Pedro despertar esta mañana con la lectura de El País , el periódico al que tanto homenajea en su última película y que tantos masajes le ha practicado a lo largo de su carrera. Una relación que permanecía idílica hasta que un buen día los mandamases de Prisa decidieron contratar a ese inconformista llamado Carlos Boyero y lo convirtieron en su crítico de cabecera. No contaron con que un día al señor le tocaría comentar al intocable y ha pasado lo que tenía que pasar. La sangre de Almodóvar habrá entrado en ebullición en cuanto haya leído en su amado diario un doloroso titular para su nuevo filme: “La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio” . Suelo rendirme ante Almodóvar con la misma intensidad con la que tiendo a aborrecer la forzada rebeldía de Boyero, pero en esta ocasión no tengo más remedio que ponerme del l...

El embolado de Julianne Moore

¿Cómo es posible que una película protagonizada por Julianne Moore y Samuel L. Jackson se estrene en tan sólo tres salas de Barcelona? Era la pregunta que rondaba por mi cabeza momentos antes de entrar en uno de esos tres cines en los que proyectaban El color del crimen . Dos horas más tarde, al atravesar la salida de emergencia, entendí perfectamente el motivo. La película es un bodrio. Capítulos de Sin rastro desarrollan mucho mejor en 45 minutos lo que este filme alarga a 120, la misteriosa desaparición de un niño blanco cerca de un gueto habitado por negros en New Jersey. Desde el momento en que la policía decide acordonar toda la colonia para encontrar al secuestrador, estalla un conflicto racial con dramáticas consecuencias. La película muestra, a su manera, algunos de los males que azotan Estados Unidos. Como es evidente, uno de ellos el racismo y las desigualdades sociales, pero también algunos otros que producen igual repugnancia, como es por ejemplo esa tendencia al asociac...