jueves, 27 de octubre de 2011

Blanco o negro

La combinación de sonrisas y lágrimas con una música que estimule ambas reacciones siempre ha sido de lo más efectiva. Hay situaciones, forzadas o no, que son infalibles a la hora de estimular la sensibilidad del espectador. Y lo que hace The help (vilmente traducida aquí como Criadas y señoras) es llevarlas al extremo, de carcajadas a llantos, sin demasiados rodeos.

Que acudan a verla emocionados aquellos que se dejan llevar sin complejos por el efectismo y que rehúyan y renieguen de ella los que aborrecen los trucos de magia. Porque la película no se centra en el racismo de la América de los 60 para pasar de puntillas sobre el tema. Un conflicto lo bastante dramático, lo suficientemente injusto, como para no exprimirlo al máximo, sin tapujos, sin sutilezas.

No cabe esperar de Criadas y señoras una denuncia perspicaz al estilo de Paseando a Miss Daisy. La viejecita refunfuñona es una anciana adorable en comparación con las malvadas señoras que nos presenta esta película de extremos opuestos, de blancos y negros sin apenas espacio para la gama de grises. Es un filme que refleja una realidad histórica y documentada pero desde un prisma distorsionado, con demasiado azúcar o demasiada amargura. Sin término medio.

La primera imagen de la cinta, con una Viola Davis relatando a cámara los sentimientos encontrados de una sirvienta negra en el hogar de unos señoritos blancos, ya demuestra sus intenciones, ya prepara al espectador para lo que se le viene encima, un drama de proporciones colosales. Pero para que el tono no adquiera el fatalismo de Precious, ahí está Octavia Spencer y su divertida Minny, para contrarrestar los efectos lacrimógenos de su compañera. El mismo truco que utilizan las películas infantiles para despertar las simpatías de toda la platea.

Y cómo en todo cuento animado, no puede faltar el antagonista malvado y perverso, que encuentra en Bryce Dallas Howard a la mejor representante de los últimos tiempos. Desde la perversa Cruella de Vil no se veía en pantalla un personaje tan histriónico y obsesionado con hacer el mal. Ella y sus secuaces pijas sólo encuentran sentido a sus vidas humillando a sus (mal)criadas negras. El tratamiento se acerca más al bullying de instituto que al reflejo de una injusticia de la que eran partícipes todos los estadounidenses de bien.

La tendencia a exagerar de Criadas y señoras juega en contra de la verosimilitud. Es evidente que esa etapa racista del país norteamericano existió. Todos hemos visto las imágenes de los asientos para negros en la cola del autobús, testimonio de un pasado no tan lejano. Sin embargo, la película de Tate Taylor, y no sabemos si el libro de Kathryn Stockett en el que está basada también, prefiere recrearse en polarizar dos bandos, en caricaturizar a los personajes a base de clichés. Alcanza cotas de fábula tan elevadas que se olvida por completo del contexto real, seguramente mucho más duro, aunque menos efectista, que el filme.

Las imágenes de una señora prohibiéndole el uso del baño principal a la sirvienta negra y de la sirvienta negra devolviéndole el golpe en forma de tarta escatológica no están al servicio de la causa negra o de los derechos por la igualdad. Son escenas que no se han diseñado para sacar los colores a una sociedad cómplice del racismo sino para garantizar una dosis notable de risas y llantos. Una vez asumida la función de Criadas y señoras, potenciar los lagrimales del personal, la opción más recomendable es dejarse llevar por su estratagema y reír y llorar bien a gusto. La otra opción es quedarse en casa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

SHOCKS SEMANALES #22

Tráiler de Albert Nobbs
Consiguió lo que Nicole Kidman sigue buscando, sobrevivir al bótox. Su talento como intérprete venció a la inexpresividad de un rostro botulínico. Lleva demostrándolo desde que un buen día se puso en la piel de Patty Hewes y ahora viene dispuesta a reivindicarlo con un papel que pide Oscar a gritos. Desde 1989 lleva Glenn Close, la única actriz capaz de hacer sombra a Meryl Streep, sin una sola nominación. Ni una estatua dorada en su haber. Este año es más que probable que se vean las caras en la alfombra roja. Albert Nobbs contra Margaret Thatcher. Dos grandes veteranas con caracterización incluida. Difícil elección. Vistos los tráilers de ambas, de momento me quedo con el rostro de Glenn Close defendiendo, con absoluto convencimiento, su identidad masculina. Con bótox, sin bótox, maravillosa actriz.

Portada American Horror Story en EW
Dylan McDermott, Connie Britton y el diablo vestido de látex son los protagonistas de la única serie sobresaliente en la nueva temporada estadounidense y también del último número de Entertainment Weekly. La revista vuelve a demostrar un impecable gusto a la hora de seleccionar reclamos para su cabecera apostando por American Horror Story, la producción de Ryan Murphy y Brad Falchuk (Glee, Nip/tuck) que devuelve al terror el esplendor perdido. Y nada menos que en la pequeña pantalla. El súmmum de esta primera página se habría alcanzado si el semanario hubiese dejado un hueco para las dos monstruos (de la interpretación) Frances Conroy y Jessica Lange. Su aportación a la serie, y a la portada, se antoja indispensable.

Tráiler de Shame
Las buenas críticas cosechadas desde el pasado Festival de Venecia han catapultado a Steve McQueen y su película Shame a las esferas del cine de culto incluso antes de su estreno. Tras su adquisición por parte de Fox Searchlight parece que la distribuidora está dispuesta a apostar fuerte por la cinta. Buena muestra de ello son el precioso póster promocional y un tráiler que tampoco se queda atrás. La angustia de un adicto al sexo, tal como nos prometían los críticos, parece que se tratarán con absoluta delicadeza. Un Michael Fassbender corriendo desesperadamente, con una banda sonora de lo más sugerente y esos gemidos orgásmicos de fondo sólo invitan a esperar con deseo el ansiado estreno.

domingo, 23 de octubre de 2011

ESPECIAL SITGES 2011: Drive

Película de acción intimista. ¿Es posible conjugar ambos conceptos en un solo filme? Visto el resultado de Drive es evidente que la combinación, además de peculiar, es sumamente efectiva. Por primera vez, las persecuciones de coches no parecen predestinadas a esos canales de la TDT dirigidos al hombre, o a lo que sus dirigentes entienden como gustos del público masculino (léase deportes, violencia y acción). En esta ocasión una cinta de semejantes características abre su mente hacia nuevos públicos, hacia nuevos lenguajes que satisfarán a todo tipo de espectador.

La primera escena no es el mejor ejemplo. En mitad de la noche, un conductor frío, astuto y calmado ayuda a dos ladrones a huir de la policía de Los Ángeles. Domina perfectamente la situación y los tiempos. No pierde los nervios. Ni se inmuta con el sonido de las sirenas o de un helicóptero iluminando su coche. Es todo un profesional ante el volante. Únicamente parece descargar toda su adrenalina mordisqueando un palillo. Aunque la secuencia es impecable, nada parece presagiar que estamos ante una apuesta diferente.

El cambio llega con la aparición de Irene, la vecina de este introvertido conductor. Gracias a ella sabemos que canaliza su pasión en un taller para coches y como doble de actores de Hollywood en las escenas de riesgo. La joven y su hijo logran destapar el fondo de un tipo duro, de rostro imperturbable, que parecía no tener más ambición en la vida que pegar cuatro golpes.

El protagonista se zambulle de lleno en el lodo del crimen organizado, sin pensárselo dos veces, para salvar la existencia de sus nuevos amigos. El romanticismo no sale de su boca, es un ser más bien callado, pero sí de sus actos, aunque algunos de ellos sean de una extremada violencia (magnífica la escena en el ascensor con el cierre de puertas final).

Sobre el papel, el personaje de un criminal reconvertido en héroe no parece demasiado suculento. En cambio, Ryan Gosling consigue dotarlo de los matices suficientes como para que resulte uno de los grandes alicientes del filme. Es una interpretación comedida, de esas que no se prestan al histrionismo, y sin embargo el actor canadiense consigue transmitir miedo, culpa y deseo con sólo un pestañeo. Esa mezcla imposible entre acción e intimismo encuentra en Gosling uno de sus mejores exponentes.

Pero es en la estética, capaz de pasar en cuestión de minutos de la imagen adrenalínica al ralentizado más profundo, donde Drive hace posible la compleja combinación. Parece que parte de la culpa la tiene el danés Nicolas Winding Refn, el director de esta proeza y conocido en su país de origen por un estilo vanguardista en el plano visual. Desde luego, el estilismo que desprende su primera incursión en el cine de Hollywood es digno de mención. La revisión sofisticada de los 80 que lleva a cabo, banda sonora incluida, es otro de los motivos por los que esta cinta se sale de lo habitual.

Se entiende que una malhumorada espectadora de Estados Unidos haya denunciado a la productora por publicidad engañosa. La buena mujer pensaba que iba a ver algo parecido a Fast & Furious y terminó encontrándose una película con persecuciones de coches, por momentos hiperviolenta, por momentos melancólica, incluso romántica, con enrevesada trama mafiosa y destellos de ingenio. Demasiado para su cerebro. Lo que extraña es que nadie la haya denunciado a ella por mal gusto.

viernes, 14 de octubre de 2011

SHOCKS SEMANALES #21

Tráiler de My week with Marilyn
Muchos la conocimos como Jen Lindley en Dawson crece pero su carrera, aunque de forma muy silenciosa, hace ya tiempo que despegó hacia el cine más prestigioso. Desde que finalizó la serie de Kevin Williamson en 2003, Michelle Williams ha sido nominada en dos ocasiones para el Oscar (por Brokeback Mountain y Blue Valentine). Este año todo apunta a que volverá a pisar la alfombra roja con su sorprendente transformación para My week with Marilyn, un biopic de la malograda estrella de Hollywood visto a través de los ojos de un empleado de Laurence Olivier durante el rodaje de El príncipe y la corista. Buena factura, banda sonora emocionante y, sobre todo, una recreación fidedigna de escenas que forman parte del imaginario colectivo. Todos los ingredientes para el triunfo.

¿Acorralados o torturados?Ferran Monegal lo definía perfectamente en su columna de ayer en El Periódico de Catalunya. Tortura. Es a lo que sometieron los mandamases de Magnolia (“los creadores de Supervivientes”) a una de las concursantes de Acorralados. El pasado jueves, Sonia Baby, conocida por su prodigiosa vagina, pudo comprobar hasta dónde alcanzan los escrúpulos en determinadas televisiones. Y el nivel está bajo mínimos. A sabiendas de una infancia terrible, marcada por un entorno nada favorable, el programa decidió poner a la indefensa concursante entre la espada y la pared ofreciéndole una posible conexión con su madre, a la que hace años que no dirige la palabra. La mujer ha aprovechado el filón de su hija para pasear las miserias familiares por todo plató de Telecinco dispuesto a pagarle cuatro perras. Sonia Baby, entre lágrimas y en directo, desenmascaró la sucia estrategia del reality, que conocía perfectamente los motivos de esa falta de contacto. Hasta a Jorge Javier Vázquez se le congeló por fin la sonrisita.

Enganchado a Tu cara me suenaComo diría Bisbal, quién me iba a decir. En cuanto escuché la sintonía del programa, el grupo de baile inicial, todo me retrotrajo directamente a los programas de los años 90 dirigidos por Giorgio Aresu. Antena 3 parecía haber recuperado el esplendor de Lluvia de estrellas y lo había mezclado con la mecánica de Mira quién baila (o Más que baile, según prefieran). Lluvia de caspa. Caspa blanca nuclear, como el tono de este entretenimiento para todos los públicos. Y entre esa audiencia masiva, en busca de la evasión más fácil, me termino encontrando. No soporto a Àngel Llàcer. Detesto cómo presenta Manel Fuentes. Terminé hasta el moño de Carlos Latre. Y, sin embargo, ahí me tienen, cada semana enganchado a esta nueva vuelta de tuerca de la factoría Gestmusic. ¿Será la caracterización? ¿Su apología del travestismo? ¿Los bailes de Silvia Pantoja? No tengo la menor idea. El caso es que me pirro por ver el miércoles que viene a Carolina Ferre haciendo de King África. Quién me iba a decir!

jueves, 13 de octubre de 2011

ESPECIAL SITGES 2011: Mientras duermes

Película de OT aparte, es curioso comprobar la trayectoria de Jaume Balagueró. Encaja como un guante en la filosofía del Festival de Sitges, donde presentó el pasado sábado su última propuesta antes de la traca final de [REC]. Desde su debut en el largometraje con Los sin nombre hace doce años, el director catalán no se ha desviado en ningún momento de la senda más oscura, entre el thriller y el terror. Con paso bastante firme. Abriendo el camino a un género que por entonces era prácticamente inaccesible para el cine español.

Mientras duermes supone la consagración de Balagueró como uno de los maestros del suspense en nuestro país, la culminación de una carrera dedicada en cuerpo y alma a un cine que hasta hace bien poco parecía coto exclusivo de los norteamericanos. Un cine que pocos se atrevían a explorar, menospreciado incluso por los sectores más intelectuales, y que hoy se ha convertido en una de las mejores bazas de nuestros nuevos talentos.

Pero el terror tiene muchas formas y lenguajes y en esta ocasión el director ha decidido aparcar el gore más explícito con el que inició la saga [REC] junto a Paco Plaza para ofrecernos el retrato detallista de una mente perturbada. Porque si un edificio plagado de zombies hambrientos de sangre produce pavor, la idea de una obsesión enfermiza en nuestro entorno más cercano resulta casi más acongojante.

Cada día nos cruzamos con personas a las que saludamos cordialmente, con las que incluso intercambiamos una educada sonrisa, y de las que sin embargo apenas conocemos detalle. La dependienta de la panadería, el camarero del bar, el cajero del banco, la mujer de la limpieza. Relaciones de cortesía de las que nadie espera extraer una gran amistad. Pero César es diferente. Él es portero en una finca del Eixample barcelonés, un alma solitaria que detesta pasar desapercibida entre los vecinos y que no piensa conformarse con los cuatro saludos de rigor.

El edificio se convierte de nuevo en otro protagonista de una cinta de Balagueró, en algo más que un mero escenario donde se suceden los acontecimientos. La comunidad de propietarios le sirve al director para describir meticulosamente la rutina diaria del portero y para reflejar el flujo de relaciones sociales que suelen crearse en un microcosmos tan cotidiano. No es el objetivo de la película, pero Mientras duermes también supone un retrato costumbrista y bastante real de la vida en una escalera.

Pero el verdadero aliciente del filme es su protagonista, que encuentra en Luis Tosar a su mejor representante. Algo perturbador deben encontrar los directores en este gallego que justamente hoy cumple 40 años para destinarle los papeles más siniestros, desde el brutal maltratador de Te doy mis ojos al Malamadre de Celda 211. Una imagen que en nada se corresponde con la afabilidad que transmite en las entrevistas. Y ahí radica el gran mérito de este César de Mientras duermes. Parece que Tosar logre conjugar a la perfección actor y personaje, obteniendo como resultado una actuación pavorosamente creíble.

Hemos conocido a multitud de psicópatas en la gran pantalla, muchos parecidos al que nos presenta este thriller angustioso y tenso, como la Mrs. Mott de La mano que mece la cuna o la Hedra Carlson de Mujer blanca soltera busca. Seres infelices que enfocan su frustración directamente sobre una víctima a la que acosan hasta la desgracia. Pero mientras la mayoría se recrea en las escenas de tensión pocas se detienen en describir el funcionamiento de esa mente enferma. Balagueró no sólo lo hace de manera minuciosa sino que encima logra mantenernos enganchados a la butaca.

lunes, 10 de octubre de 2011

ESPECIAL SITGES 2011: Contagio

En 2003 fue el SARS y el año pasado, la gripe A. La amenaza de una epidemia global se cierne sobre nuestras cabezas cada cierto tiempo con pronósticos devastadores que, por suerte, nunca han llegado a cumplirse. Contagio, la última cinta del polifacético Steven Soderbergh, hace realidad lo que hasta el momento sólo han sido alarmas y lo plasma con tan absoluta verosimilitud que, desde luego, acongoja pensar cuán vulnerable es el mundo en el que vivimos.

La película hará las delicias de los epidemiólogos. Aunque la idea de una infección masiva ha sido explotada de mil maneras en el cine, casi siempre con fines catastrofistas, en esta ocasión el guión tiene en cuenta a los expertos, a las instituciones que tendrían voz si alguna vez se alcanzara esa situación de riesgo. El filme se esfuerza en explicar conceptos como cluster o R0, vocabulario habitual de los especialistas. Sólo por ese esfuerzo documental, incluso divulgativo, Contagio merece todo el reconocimiento.

Pero precisamente esa exhaustividad en el seguimiento de una hipotética pandemia es también una de las desventajas de la película. El afán por radiografiar al milímetro la evolución del virus mortal juega en contra de una trama que conquiste la sensibilidad del espectador. Tomamos conciencia de la magnitud de la tragedia pero apenas empatizamos con su amplio abanico de personajes, que abarca desde la primera víctima occidental hasta los altos mandos de la Organización Mundial de la Salud.

La asepsia de Contagio todavía sienta peor si consideramos el impresionante cartel de intérpretes que ha logrado reunir Soderbergh. Es apabullante ver desfilar en la pantalla a actores como Jude Law, Kate Winslet, Marion Cotillard, Gwyneth Paltrow o Matt Damon sin que apenas nos de tiempo a encariñarnos con sus personajes. Aunque visto desde otro punto de vista, es también algo insólito e incluso morboso. Asistir a la autopsia de la Paltrow es una de las escenas más impactantes, sobre todo para un público como el del Festival de Sitges, donde se presentó la película el pasado viernes.

Soderbergh tampoco se deja llevar por los cánones del cine apocalíptico. A pesar de que la epidemia es devastadora, sus efectos también siguen esa tónica de verosimilitud que persigue la cinta. En vez de centrarse en los conflictos sociales que se derivarían de una tragedia de tal magnitud, sacando lo peor del ser humano en su lucha por la supervivencia, prefiere centrarse en sus implicaciones políticas e industriales. Y ahí surgen de nuevo los paralelismos con la crisis de las vacunas de la gripe A, donde la conspiración, siempre en entredicho, se dio la mano con la realidad.

Contagio supone, por tanto, un interesante documento para el estudio de una epidemia que, para bien o para mal, huye de dramatismos y tragedias. El auténtico terror lo encontramos en su autenticidad, en la asombrosa recreación de una masacre ante la que somos totalmente vulnerables. La angustia de comprobar que un buen día podemos perder el control la plasma Soderbergh en unos soberbios principio y final. Dos secuencias de apertura y cierre con estética de videoclip que constituyen por sí solas una auténtica joya. Dos ejemplos más para rogarle al atípico director que, por favor, no renuncie al cine por la pintura.

domingo, 9 de octubre de 2011

ESTRENOS OTOÑO: American Horror Story

Las casas encantadas ya apenas tienen encanto. Se ha abusado tanto en el género de explotar el terror entre las cuatro paredes que uno ya ni se inmuta ante una puerta que chirría o un columpio que se mueve solo. Ahí están Insidious en la gran pantalla y Marchlands en la pequeña, como ejemplos recientes de producciones que ya no logran sorprender al espectador. Hasta que ha llegado American Horror Story y ha trastocado nuestros prejuicios. El miedo psicológico y sus manidos recursos dan paso con esta nueva serie a un terror mucho más evidente, con una intención más agresiva y perturbadora. Ya no es tanto la casa, sino sus oscuros habitantes, los que producen pavor. La experiencia, por fin, vuelve a resultar satisfactoria.

Es evidente que la propuesta bebe directamente de la atmósfera esquizofrénica de El resplandor. Esas visiones surrealistas, que rozan la locura, nos trasladan enseguida a los minutos finales de la cinta de Kubrick. Imágenes inquietantes que nos advierten que la serie no se moverá en torno al terror psicológico sino que se dirigirá más bien hacia el psicopático, el enfermizo, el delirante. Una perspectiva inédita en televisión que sólo podía encajar en un canal de pago adicto a romper moldes como FX.

American Horror Story todavía tiene más mérito si tenemos en cuenta que ha sido ideada por Ryan Murphy y Brad Falchuk, creadores de Glee, con lo cual se certifica que la serie parte de mentes un tanto bipolares, capaces de crear bodrios de instituto en forma de musical y a su vez esta siniestra ficción de factura brillante. También es cierto que figura en su currículum Nip/tuck, una prueba más de que si algo mueve a ambos productores es el riesgo.

Esta vez la apuesta les ha salido redonda. Pocas veces un piloto logra llamar tanto la atención, en una época de estrenos plagada de procedimentales y comedias clónicas. El terror ya es un género osado en televisión. Hasta el momento, pocos se atrevieron a traspasar el umbral del thriller y los que se aventuraron lo hicieron para adaptar en formato episódico el slasher, ese subgénero para adolescentes que puso de moda Scream. Con escaso éxito, además (véase el ejemplo de Harper’s island).

American Horror Story no parte de crímenes o asesinatos en serie sino de una brutalidad mucho más abstracta. El origen del miedo está en una mansión con historial macabro, a la que se muda un matrimonio en crisis y su hija adolescente. Lo que no sospechan sus nuevos inquilinos es que la increíble oferta de alquiler venía acompañada de otros habitantes, reales y surreales, que convertirán su existencia en una pesadilla. El marido, psiquiatra de profesión, comenzará a sentir una nueva tentación extramatrimonial. La mujer, a sufrir la presencia de una inquietante vecina y su hija con síndrome de Down, mientras que la adolescente, con tendencias suicidas, se juntará con un peligroso paciente de su padre.

El primer episodio no escatima en recursos narrativos para enganchar al espectador. Están los sustos de rigor que pueblan toda producción del género, pero también apariciones fantasmagóricas revestidas de látex, escenas de sexo y masturbaciones inéditas en televisión. También situaciones dramáticas, como la gran bronca de la pareja, de la que apenas nos ahorran detalle. Un cúmulo de efectos, no necesariamente especiales, que quitan el hipo durante 50 minutos. Y un elenco de infarto, con Jessica Lange a la cabeza, que completa la hazaña. American Horror Story se presenta, de esta manera, como la serie más prometedora de la nueva temporada.

American Horror Story se estrenó el pasado 5 de octubre en FX ante 3,2 millones de espectadores, uno de los mejores estrenos del canal de pago, igualando la marca de Nip/tuck pero por detrás del gran éxito de la cadena, The shield.

jueves, 6 de octubre de 2011

5 citas indispensables del Festival de Sitges

Eva
El año en que el festival de cine fantástico de Catalunya conmemora los diez años de Inteligencia Artificial, la película gestada por Stanley Kubrick y desarrollada por Spielberg, el certamen abre sus puertas con una ópera prima catalana que tiene la robótica como argumento central. Kike Maíllo, criatura de esa fábrica de talentos que es la ESCAC, nos presenta la historia de un ingeniero cibernético que recibe el encargo de diseñar un niño robot. Eva, la hija de su hermano y su amor frustrado de juventud, le servirá como modelo. Para encarnar a este más que probable triángulo amoroso, el debutante ha contado con actores de peso: Daniel Brühl, Marta Etura y Alberto Ammann. Tras su reciente estreno en el Festival de Venecia, donde participó fuera de concurso, las críticas fueron bastante aceptables. Veremos si repite acogida en el Festival de Sitges.
Proyección: Jueves, 6 de octubre, a las 22.30

Contagio
Lleva un tiempo amenazando con dejar el séptimo arte, pero o bien quiere hacerlo por la puerta grande o está bien lejos de cumplirlo. Steven Soderbergh presenta en Contagio una radiografía milimétrica de lo que podría suceder en caso de una epidemia de alcance global. Y lo hace con un elenco de actores de infarto: Kate Winslet, Marion Cotillard, Gwyneth Paltrow, Jude Law, Matt Damon. El simple hecho de ver en pantalla a semejante repertorio muriendo como moscas por un virus letal ya supone un aliciente para una cinta que, además, parece recrear el Apocalipsis de forma bastante convincente. Un director tan variopinto como Soderbergh no debería desaparecer.
Proyección: Viernes, 7 de octubre, a las 22.30

Mientras duermes
Antes del fin de fiesta de [REC], Jaume Balagueró nos propone un thriller protagonizado por Marta Etura y Luis Tosar, discreta pareja en la vida real pero que en esta ficción encarnarán a víctima y acosador. Él será César, portero de un edificio de apartamentos con un hobby más terrorífico que el simple alcahueteo. Ella, la nueva vecina del 5º B, un nuevo aliciente para su obsesión por manipular la vida de los inquilinos. Cinta de suspense de uno de los maestros del género en nuestro país y que ya se ha apresurado en recalcar que nada tiene que ver con la reciente La víctima perfecta, protagonizada por Hillary Swank. Algunos ya vaticinan para Luis Tosar una más que probable nominación al Goya. ¿Estará igual de soberbio que José Coronado en No habrá paz para los malvados? Un aliciente más para verla.
Proyección: Sábado, 8 de octubre, a las 22.45

Drive
Tras su paso por Cannes y el reciente San Sebastián, no ha dejado de recibir alabanzas. Y eso a pesar de que el tráiler no es especialmente llamativo. Parece un filme de acción al uso, pero el recibimiento de la crítica hacia el último trabajo del desconocido Nicolas Winding Refn ha sido bastante unánime: “Una película enamorada tanto del noir tradicional como de la violencia ultramoderna”, “una brillante obra artesanal que corre en la pista de la serie B hasta que cambia a la gasolina vertiginosa de la creatividad pura”. Ryan Gosling encarna a un especialista de cine en escenas de riesgo con automóviles, hasta que un buen día se une a su vecina (Carey Mulligan) para atracar bancos de noche. ¿Una cinta de acción que gusta al sector intelectual? Habrá que comprobar qué tiene Drive que no tenga Fast&Furious porque los adelantos lo único que parecen vender son persecuciones automovilísticas.
Proyección: Sábado, 15 de octubre, a las 15.15

The artist
¡Vuelve el cine mudo! Y parece que lo hace por la puerta grande, porque otra de las joyas de todo festival por el que ha pasado ha sido, sin duda, The artist. Película en blanco y negro, muda, francesa, que homenajea al Hollywood de los años 20. No parecen grandes reclamos para arrasar en taquilla y, sin embargo, muchos apuntan a que podría ser una de las firmes candidatas al Oscar. Su protagonista, Jean Dujardin, obtuvo la Palma de oro al mejor actor en Cannes por encarnar a un intérprete de cine mudo que ve amenazado su futuro ante la inminente llegada del sonido. El casi desconocido Michel Hazanavicius ofrece una joya para los amantes del cine clásico que, de superar la acogida del público, podría convertirse en toda una revolución, sobre todo por lo arriesgado de la apuesta. Su fecha de estreno en España es el 16 de diciembre.
Proyección: Sábado, 15 de octubre, a las 17.30

miércoles, 5 de octubre de 2011

ESTRENOS OTOÑO: Gran Hotel

Era el estreno más esperado de la temporada patria y los resultados de audiencia lo han demostrado. Gran Hotel reunía anoche al 20% de los telespectadores, frente al 16% que obtuvieron en su momento las dos grandes apuestas de Telecinco para este otoño, Homicidios y Cheers, hoy claramente a la baja. Resultados esperables y deseables. La campaña previa, y el sello de Bambú en la producción (Gran Reserva, Hispania), hacían presagiar que la nueva serie de Antena 3 destacaría por su impecable factura. ¿Pero estamos en condiciones de exigir a la ficción nacional algo más que una buena ambientación? Yo creo que sí.

Que el vestuario, la iluminación, los decorados, la banda sonora y todos los aspectos técnicos iban a ser meritorios era algo que se intuía en el tráiler de la serie. El imponente palacio de la Magdalena de Santander suponía la traca final para una producción de auténtico lujo. El presupuesto parece no haber escatimado en gastos a la hora de recrear Downton Abbey en versión hotel de lujo. Tampoco a la hora de contratar a pesos pesados y estrellas de moda de la interpretación en nuestro país. Pero la ambición parece haberse encallado en lo que a priori parece más barato y en cambio no tiene precio, el talento.

El éxito de Downton Abbey no se limita exclusivamente a su cuidada recreación de una época marcada por la división de clases. El mérito no está sólo en los vestidos de fiesta o la puesta en escena. Puede que su trama no contenga tantos ganchos de misterio como Gran hotel, pero sin embargo lo que seduce de la propuesta británica es su exquisito cuidado con los detalles, la exhaustiva construcción de sus guiones, el mimo y respeto hacia los personajes. Y en ese aspecto es en el que flojea la producción de Bambú.

Inspirada en múltiples propuestas de época, la serie ha construido su trama en torno al cliché. La división entre el bien y el mal está tan marcada que no da espacio a los matices. La hermana mayor es pura bondad y la pequeña, pura codicia. Los ricos son unos arrogantes y los menos ricos, seres humildes. Y aunque los perfiles están muy fijados, en un ambiente de perfección y rectitud, el guión se permite resbalar en detalles tan estúpidos como que la protagonista de alta cuna viaje en el mismo vagón de tren que el trabajador de a pie que va en busca de su hermana desaparecida.

De la misma manera que alguien hizo el esfuerzo de documentarse sobre el año que se introdujo la luz eléctrica en España, también debería existir una figura que velase por la credibilidad del argumento. No es creíble que un hotel que cuida al milímetro los detalles contrate a un camarero sin la formación suficiente. O que dicho camarero se camufle como invitado en una cena de gala sin que el supervisor lo reconozca. Tampoco estaría mal que los diálogos disimulasen de forma más sutil las sorpresas que quedan por venir (¿A alguien se le escapó que la muerte en extrañas circunstancias del dueño del hotel fue en realidad un envenenamiento?).

La manera más fácil de camuflar estos pequeños flecos es con interpretaciones convincentes. Y en ese sentido, Gran Hotel adolece de un pequeño desequilibrio entre grandiosas actuaciones (las de los veteranos Manuel de Blas y Concha Velasco) y aportaciones sin carisma como las de Adriana Ozores y Amaia Salamanca, ambas fracasando en su esfuerzo por ser la mala y la buena de la película.

Así, entre homenajes (o plagios) a la lucha en tercera clase de Titanic, al acoso a la víctima en plena celebración de Motivos personales, a las comidas de la servidumbre en la cocina de Downton Abbey, discurre un primer capítulo que prefiere desgranar todas las tramas y reservar los fuegos artificiales de cara al segundo episodio. Seremos pacientes. Los cimientos de este hotel son lo suficientemente robustos como para aguantar pequeñas grietas que en nada desmerecen la belleza del edificio.