
¿Qué más puede contarse sobre una guerra? El cine bélico, antibélico en su mayoría, ha plasmado de múltiples formas y enfoques el horror que comporta todo enfrentamiento bélico, situando la acción por ejemplo en la reciente guerra de Iraq o en alguna de las dos contiendas mundiales. La atrocidad que supone un conflicto en los Balcanes se puede extrapolar perfectamente a cualquier otra guerra en cualquier lugar del mundo. Todas son condenables y de ninguna consigue sacarse nada bueno. En pantalla ocurre lo mismo. Cada vez que un director anuncia que su próximo proyecto versará sobre una batalla bélica, me invade cierta decepción, probablemente porque el género en cuestión no es de mis predilectos y seguramente porque mi percepción sobre estos filmes es que visto uno, vistos todos.
Después de esa maravilla llamada 'Million dollar baby', Clint Eastwood anunció que su próxima película se centraría en una de las batallas cruciales de la II Guerra Mundial. Horror, pensé. Lo anunciaba, encima, de la mano del rey midas de Hollywood, Steven Spielberg, bastante obsesionado por esta contienda mundial. Tras 'Salvar al soldado Ryan', la fotocopia para televisión 'Hermanos de sangre' y la obra maestra 'La lista de Schindler', ¿qué más podía decirse sobre un conflicto al que tanto han recurrido, y de manera tan parcial en bastantes ocasiones, en Hollywood?
Subestimé a Clint Eastwood. Él de bien seguro se hizo la misma pregunta y, sin duda, la ha respondido de manera muy satisfactoria. ¿Qué más se puede contar? Pues básicamente lo que la mayoría de las películas bélicas eluden, la visión del vencido. Sólo alguien con un derroche de empatía y de mentalidad abierta puede idear un proyecto de esta envergadura y, que sepamos, sin precedentes en la historia del cine. Plasmar la batalla de Iwo Jima en dos películas totalmente opuestas, como opuestos eran los bandos enfrentados en aquella guerra y como opuestas suelen ser las lecturas posteriores que de una misma historia hacen los vencedores y los vencidos.
Primero llegó 'Banderas de nuestros padres', bastante inferior, ya lo anuncio, a la otra versión que llegaría dos meses más tarde. Inferior por comparación e inferior también por rutinaria, en el sentido de que al final, aunque sea para denunciarlo, siempre impera el punto de vista norteamericano. Sin embargo, ahí radica el interés de este filme. Uno es consciente que todo lo que identifica como parcial, por ejemplo el hecho de que los japoneses, de rostros casi invisibles, se vean en la batalla como auténticos monstruos despiadados, está hecho perversamente a propósito. Esa es la visión que hasta ahora nos vendían desde Hollywood y la que en definitiva todos los occidentales aprendemos de la Historia. En cambio, el espectador sabe en todo momento que Eastwood nos está ofreciendo con 'Banderas de nuestros padres' la parte de un todo mucho más suculento y punzante que la mera crítica a la propaganda en tiempos de guerra.
Aún así, sería injusto quitarle mérito a esta primera versión de la batalla de Iwo Jima. Primero, porque aprovecha un icono, como es la famosa instantánea de Rosenthal en la que un grupo de marines clava el asta de la bandera norteamericana, para humanizar a sus protagonistas, jóvenes anónimos que de la noche a la mañana pasaron a ser héroes e instrumentos de esa potente maquinaria propagandística que es Estados Unidos. Y segundo, porque mediante poderosas escenas, como la de estos pobres soldados escalando un monte Suribachi de cartón piedra en un estadio repleto de norteamericanos entregados a sus pies, Eastwood consigue reflejar una sociedad, la de Estados Unidos, muy tendente a la ciega alineación patriótica.

'Cartas desde Iwo Jima' eleva al cuadrado la crítica y convierte el conjunto de las dos películas en un homenaje a la historia. En contraposición a la primera versión de la batalla, en esta ocasión son los norteamericanos los seres invisibles y, por tanto, enemigos. La acción se sitúa inusualmente en el lado opuesto y convierte en protagonistas a los japoneses, en un ejercicio de empatía que hasta ha sido reconocido por la propia crítica cinematográfica nipona. Según ellos, Eastwood ha sabido plasmar como ningún otro creador occidental los valores y costumbres de una cultura de la que desconocemos prácticamente todo. Ha logrado reflejar el sentido del honor y de la patria que también imperó en el bando de los vencidos, donde la derrota se palpaba en el ambiente mucho antes de la batalla final.
Con una narración mucho más introspectiva, mucho más sosegada, 'Cartas desde Iwo Jima' reflexiona sobre aquello tan manido de que en una guerra nunca hay vencedores y vencidos. La frase no puede ser menos afortunada, desde luego. En toda guerra siempre quedarán los que ganan y los que pierden. La historia que se escribe desde uno y otro bando se encarga de dejar a cada uno en su lugar correspondiente. Con este exitoso experimento llevado a cabo por Eastwood al menos se ofrece la posibilidad al espectador de posicionarse, no a favor de uno u otro bando, sino en contra de todo conflicto. Más allá de quien gane o quien pierda, norteamericanos o japoneses, siempre quedarán sus víctimas, que no conocen de banderas ni colores.
Comentarios
Ya han pasado y me reafirmo. Si entre las dos películas, que son de grandísimo nivel, hay una que sobresale, es la primera. La narración paralela de la batalla, con escenas de guerra extraordinariamente logradas (sin igualar a The Thin Red Line, probablemente la mejor película de guerra jamás hecha), y de la recogida de fondos por parte de los protagonistas de la foto, es una conjución magnífica para permitir hacer una crítica muy fina a la guerra y a la visión de los vencedores que se saben vencedores.
Letters from Iwo Jima es una buena película, y tal vez despierte buenos sentimientos por ser una película de vencidos y por ese gusto que todos tenemos por lo que nos resulta exótico, y especialmente cuando el exotismo nos viene de este asiático (exotismo, por cierto, que en Europa nos apasiona desde que Marco Polo regresó de sus viajes, no se trata de nada nuevo). Pero, aparte de eso, la narración es bastante más clásica y plana que la de la primera película. Las escenas de guerra aquí son secundarias y lo que queda, el instinto de supervivencia del joven soldado, a mí no me parece tan excepcional. Además, sin entrar a criticar todo, hay escenas exageradísimas. Cito dos: La primera, el rescate del soldado americano por el antiguo campeón olímpico y su conversación rayan el patetismo. La segunda, la escena final, con el soldado japonés herido colocado junto a los heridos norteamericanos es absurda: cierto es que el soldado habría sido curado por los servicios sanitarios americanos, pero el único lugar donde podría estar es en un campo de prisioneros, no junto a los soldados heridos del ejército vencedor.
En fin, son dos grandes películas. La primera tratada injustamente por decir que es inferior, cuando no lo es, a la segunda. La segunda, a pesar de sus defectos, no deja de ser muy buena.
Un saludo.
Quizá es demasiado radical calificar 'Banderas de nuestros padres' como bastante inferior a 'Cartas desde Iwo Jima'. La película supera con creces, por ejemplo a la oscarizada 'Salvar al soldado Ryan', que ya es decir. Sin embargo, comparando ambas versiones sigo pensando que la segunda resulta mucho más interesante que la primera. 'Banderas' no deja de ser otra visión americana de la guerra que desde luego tiene su mérito, pues critica aspectos como la propaganda y la tendencia a la heroicidad norteamericanas (la escena del monte Suribachi de cartón piedra para mí es la imagen, brutal, de la película, y solo por esa escena ya merece un puesto de honor la película).
Sin embargo, la propusta novedosa, transgresora y más gratificante es la de 'Cartas desde Iwo Jima', no porque resulte exótica ('Apocalypto' también entraría dentro de esa categoría y a mi no me provocó un efecto hipnótico) sino porque consigue reflejarnos a los occidentales parte de la cultura nipona a través de una batalla de la II Guerra Mundial. Viendo esta película, los japoneses resulta que son mucho más patriotas y con un sentido de la nación mucho más poderoso que el que tienen los estadounidenses. Ya era hora que alguien de su país les mostrara que ellos no están solos en este mundo y que tienen más cosas en común de las que creen con culturas tan alejadas como la nipona. La originalidad de la propuesta es superior a la de 'Banderas', aunque yo creo que habría que valorar las dos películas en su conjunto y entonces se llega a la conclusión de que son obra maestra.
Saludos!