
En el caso de Scoop, ninguno de los otros intérpretes, ni la guapísima Scarlett Johansson ni el guapísimo Hugh Jackman, consiguen hacerle sombra al feísimo pero muy inteligente Allen. El espectador acaba más pendiente de cuál va a ser su próxima salida de tono que no de cómo se desarrolla la trama de intriga. Una trama de novela negra típica y tópica aderezada con planteamientos exclusivamente woodylianos.
Scarlett Johansson es Sondra, una periodista en prácticas con muchas ínfulas y con pocas tablas a la que una noche le viene del más allá la exclusiva de su vida. Joe Strombel, un periodista de los de la vieja escuela, serio y profesional, muerto repentinamente, se entera en su viaje hacia la muerte de que Peter Lyman, un millonario aristócrata, podría ser el famoso asesino del tarot, autor de varios crímenes en la ciudad de Londres. La única manera de llevar a práctica su investigación es poniéndola en conocimiento de la torpe y poco instintiva Sondra, acompañada en todo momento por el todavía más torpe pero más intuitivo mago Splendini, al que da vida, como nadie más podría ser, Allen.

El tipo lanza perlas, pequeños monólogos, como “me crié en la religión israelita, pero con el tiempo me he pasado al narcisismo”. Como estas hay unas cuantas, pero mi cerebro de pez me impide ahora recordarlas. El caso es que sin esas gotas de ingenio, como lo son también los brillantes diálogos de los recién embarcados en la travesía con la muerte, la película sería un sinsabor fácilmente superable por un capítulo de Se ha escrito un crimen. Son las situaciones, y los planteamientos, surrealistas de Woody Allen los que la aderezan hasta convertirla en una comedia muy agradable.
Los que califican de obra menor esta última película del autor neoyorquino es porque carecen de todo sentido del humor (y porque no han visto Todo lo demás). Me hago cruces que alguien sea capaz de ingeniar en menos de un año Match point (con un excelente giro final) y esta Scoop (también de final sorpresivo) sin perder precisamente el ingenio por el camino y que encima ya tenga en marcha, también en la capital inglesa, Cassandra’s dream con Colin Farell y Ewan McGregor. Desde luego, Londres le ha sentado genial a este indispensable director, incomprendido y sin financiación en su país natal. Veremos como le sienta Barcelona, la próxima ciudad europea que ya lo espera frotándose las manos.
Comentarios
En fin, muy interesante tu página de cine. Saludos.