Ir al contenido principal

Exclusivo Woody

Que buenas son las películas de Woody Allen con Woody Allen. Eso es lo que viene a constatar Scoop. Que su histriónica presencia es más que necesaria en el metraje, sobre todo cuando hablamos de una comedia como ésta, en la que su peculiar sentido del humor es elemental. Y aquí es donde entran en juego los gustos personales de cada uno, ya que el director neoyorquino es de los que entran o no entran. Los woodyófilos contra los woodyfóbicos. Yo pertenezco a la primera categoría, a pesar de no contarme entre sus innumerables e incondicionales admiradores a los que cualquiera de sus películas les parece una obra maestra. Pero hay algo que tengo claro: su ingenio a la hora de dirigir, escribir e interpretar es único y muy necesario.
En el caso de Scoop, ninguno de los otros intérpretes, ni la guapísima Scarlett Johansson ni el guapísimo Hugh Jackman, consiguen hacerle sombra al feísimo pero muy inteligente Allen. El espectador acaba más pendiente de cuál va a ser su próxima salida de tono que no de cómo se desarrolla la trama de intriga. Una trama de novela negra típica y tópica aderezada con planteamientos exclusivamente woodylianos.
Scarlett Johansson es Sondra, una periodista en prácticas con muchas ínfulas y con pocas tablas a la que una noche le viene del más allá la exclusiva de su vida. Joe Strombel, un periodista de los de la vieja escuela, serio y profesional, muerto repentinamente, se entera en su viaje hacia la muerte de que Peter Lyman, un millonario aristócrata, podría ser el famoso asesino del tarot, autor de varios crímenes en la ciudad de Londres. La única manera de llevar a práctica su investigación es poniéndola en conocimiento de la torpe y poco instintiva Sondra, acompañada en todo momento por el todavía más torpe pero más intuitivo mago Splendini, al que da vida, como nadie más podría ser, Allen.
El tipo lanza perlas, pequeños monólogos, como “me crié en la religión israelita, pero con el tiempo me he pasado al narcisismo”. Como estas hay unas cuantas, pero mi cerebro de pez me impide ahora recordarlas. El caso es que sin esas gotas de ingenio, como lo son también los brillantes diálogos de los recién embarcados en la travesía con la muerte, la película sería un sinsabor fácilmente superable por un capítulo de Se ha escrito un crimen. Son las situaciones, y los planteamientos, surrealistas de Woody Allen los que la aderezan hasta convertirla en una comedia muy agradable.
Los que califican de obra menor esta última película del autor neoyorquino es porque carecen de todo sentido del humor (y porque no han visto Todo lo demás). Me hago cruces que alguien sea capaz de ingeniar en menos de un año Match point (con un excelente giro final) y esta Scoop (también de final sorpresivo) sin perder precisamente el ingenio por el camino y que encima ya tenga en marcha, también en la capital inglesa, Cassandra’s dream con Colin Farell y Ewan McGregor. Desde luego, Londres le ha sentado genial a este indispensable director, incomprendido y sin financiación en su país natal. Veremos como le sienta Barcelona, la próxima ciudad europea que ya lo espera frotándose las manos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Las críticas a Woody Allen han sido, por suerte, desmentidas por el público. Muy acertado tu comentario: sin Allen de actor, Scoop habría resultado una historia de lo más banal e, incluso, habría sido difícil calificarla de comedia. Pasa lo mismo con alguna otra de los últimos tiempos. Estoy pensando en Hollywood Ending especialmente.
En fin, muy interesante tu página de cine. Saludos.

Entradas populares de este blog

Los 8 momentos memorables del final de Mujeres Desesperadas

Pueden contarse con los dedos de una mano las series que han logrado cerrar la persiana sin remordimientos. Mujeres desesperadas seguramente se encuentre en ese reducido grupo de privilegiadas que alcanza el final satisfaciendo a la gran mayoría de sus seguidores, sin polémicas, sin originalidades, sin alterar, en definitiva, la esencia de una fórmula que la ha mantenido en antena durante ocho temporadas.
Podrán vertirse muchas críticas sobre esta creación de Marc Cherry, gustarán más o menos algunas épocas de la serie, pero lo que no puede negársele a Mujeres desesperadas es la fidelidad a su público. La coherencia suele convertirse en la factura pendiente en producciones que, movidas por el éxito, suelen alargarse hasta el infinito, perdiendo en el camino la cordura (Lost) o a buena parte de su reparto original (CSI).
Consciente de ello, Cherry decidió ponerle punto y final a su niña mimada antes de que el tiempo erosionara su identidad. La fecha escogida fue el pasado domingo 13…

Sin etiquetas

Qué gran golpe nos habría propinado Tomboy si desconociéramos el argumento de la cinta antes de entrar en la sala. Con la boca abierta nos habría dejado esa escena en la que el hasta el momento protagonista de la cinta, un niño de 10 años, se levanta de la bañera y nos desvela que en realidad tiene vagina. Tan valiente como esa imagen de una menor desnuda, irreproducible en otra cinematografía que no sea la francesa, hubiera sido mantener el secreto hasta ese instante. La experiencia habría sido inmejorable.

Pero el marketing manda y había que vender la película de alguna manera. Difícil resistirse a la tentación de titular con el reclamo de una niña que se hace pasar por chico. Es probable que de otra forma sólo unos pocos aventurados se hubiesen atrevido a verla, así que bienvenida la estrategia de venta si con ella se consiguen más espectadores para una cinta modesta, silenciosa, pero que seguro es la más gratificante de una cartelera de puente de mayo tan desalentadora.

Más que el…

Ratatouille: el regreso de Pixar a la alta cocina

Resulta que la ratatouille (que todos sabemos pronunciar como ratatúi) es una especialidad culinaria de la Provenza francesa que consiste en freír una serie de verduras en aceite de oliva. Que sea una producción norteamericana, aprovechando la polisemia de sus cuatro primeras letras con el mamífero roedor, la que me descubra el significado del término ya es un hecho curioso. Pero que además, una película de dibujos animados, tan frecuentemente infravaloradas, contenga tal nivel de documentación sobre el mundo culinario refleja el nivel de ingenio de sus creadores.
Temimos con la inauguración del matrimonio entre Pixar y Disney un descenso de la creatividad a la que nos tenían acostumbrados los chicos de John Lasseter. Cars, el primer fruto de la unión, se acercaba peligrosamente a la moralina del gigante de la fantasía y se alejaba de la frescura y el ingenio de los creadores de Toy Story. Con Ratatouille, por suerte, avanzamos unos pasos más hacia delante respecto a la última creació…