
Esta segunda parte vuelve a narrar una migración animal, pero en esta ocasión motivada por el calentamiento global, que amenaza con derretir una gran placa de hielo y con inundar el valle en el que hasta ahora habitaban plácidamente una manada de animales parlanchines. Todos juntos emprenderán de nuevo un viaje hacia la supervivencia. Al argumento no se le puede pedir una gran profundidad, como tampoco a sus protagonistas, ya que no deja de evidenciarse que nos encontramos ante una película infantil. En cambio, los adultos no podemos pedirle más. Enlazar una carcajada tras otra durante noventa minutos es más que suficiente para salir satisfecho del cine. Y más cuando el humor surge de unos dibujos animados y es fruto de unas nuevas tecnologías perfectamente aprovechadas.
He de reconocer que tenía miedo de ver esta película. La invasión publicitaria con la que la Fox nos bombardeó los días previos a su estreno (los personajes estaban en todas partes, en hamburgueserías, páginas de Internet, vitrinas de bus y metro y diarios de toda índole) hacía presagiar que esta segunda parte no valdría un duro. Por suerte, los pronósticos no solo no se cumplieron sino que se volvieron a la inversa. Ice Age 2 resulta mucho más lograda que su predecesora, que no es poco, mucho más divertida e ingeniosa. Y gran parte del mérito, con perdón de mamuts, tigres, perezosos y zarigüeyas, corresponde a la ardilla incansable. Ella es el reclamo y la estrella de un filme que parece pedir a grito pelado una tercera parte y en la que podremos comprobar si Scrat puede dar más de sí o, por el contrario, acaba muriendo de éxito.
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