
No interesan lo más mínimo los casos que esta serie nos muestra cada semana, ni la enrevesada terminología médica con la que pretenden dar credibilidad a sus tramas. No las entiendo. Lo que interesa es House. Sus comentarios jocosos, sus salidas de tono, sus ironías, la conflictiva relación con sus pacientes. Y sobre todo, el por qué. Necesitamos saber los motivos por los que este hombre está amargado, porque sospechamos que tras ese comportamiento antisocial se esconde un buen fondo.
Tres Historias nos muestra por primera vez a un House vulnerable y con flaquezas. Nos lo sitúa, indefenso, en el otro lado, el de los pacientes, el de esos a los que con tanta frecuencia desprecia y manipula. Y descubrimos, gracias a su exmujer, que la sangre fría ya corría por sus venas antes de la operación que lo ha convertido en esclavo del bastón y de los narcóticos. Y que el orgullo tuvo mucho que ver en su separación. Y que su mujer es la única capaz de frenarle los pies.
No es de extrañar que este capítulo fuera galardonado en 2005 con el ‘Emmy’ al mejor guión dramático. Narra con brillantez y originalidad el pasado de House sin recurrir, valga la redundancia, a los recurrentes flashbacks. Supone un antes y un después, no sólo por los avances en la trama, sino también porque se aleja de la estructura habitual del resto de episodios, repetitivamente basados en la resolución de casos extraños. Nos enganchó a los espectadores como consiguió enganchar a los alumnos de su clase magistral. Porque una lección magistral sobre cómo construir un buen personaje es lo que nos ofrecieron, una vez más, y como cada semana, los guionistas de esta serie.
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Saludos. Iago.S.