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Juego de tronos season finale: La temporada del desconcierto

[Contiene spoilers de toda la quinta temporada]

Se han atrevido. Parecía que no serían capaces de llevar a cabo una de las decisiones más traumáticas de George R.R. Martin en el quinto volumen de Canción de hielo y fuego. Podrían haberse escudado en su anuncio de que la serie seguiría por otros derroteros. Pero finalmente los guionistas de Juego de tronos prefirieron ser fieles a la novela original en uno de sus puntos más controvertidos: la cruel e injusta muerte de Jon Nieve a manos de sus hermanos juramentados. Ni siquiera las encuestas que consideraban a Kit Harington como el actor más sexy de esta superproducción de la HBO los ha frenado para finiquitar a otro personaje emblemático de la saga. La mala racha sigue persiguiendo a los Stark. 

Juego de tronos se despedía con uno de los episodios más mortíferos, quizá no tanto en cuanto a cantidad pero sí desde luego en cuanto a trascendencia de las víctimas. No sólo ha caído uno de los ejes de la trama, Jon Nieve. También se han quedado en el camino Myrcella, con todas las consecuencias que puede acarrear en la ya de por sí tensa relación entre los Lannister y los Martell; Selyse, que no pudo superar la devastadora muerte de su hija Shireen, y, sobre todo, Stannis Baratheon. En sólo dos episodios, los guionistas han borrado de un plumazo a uno de los más serios candidatos al Trono de Hierro. ¿Resolución precipitada o más bien inacabada? La imagen explícita de Brienne de Tarth vengando la muerte de Renly no se ha producido, así que no sería del todo descartable un cambio repentino de rumbo para el mayor de los Baratheon. 

Puede que esta quinta temporada no haya sido la más redonda de la serie, desde luego no la más coherente, pero nadie puede negarle el mérito a los tres últimos capítulos, que han vuelto a situarla en los más altos niveles de impacto. Este último episodio ha servido para confirmar tanto los logros como los fallos de la última entrega y sobre todo para despertar a los personajes que han permanecido aletargados durante buena parte de los capítulos previos. El mejor ejemplo lo encontramos en el propio Jaime Lannister, que hasta la season finale no ha tenido ni una sola escena relevante en la trama. Los guionistas han enmendado el error a última hora regalándonos el momento más romántico de la temporada, el de una hija reconociendo con los brazos abiertos su paternidad. Lástima que segundos después unas gotas de sangre resbalando por la nariz de la joven interrumpieran tan mágico instante. Y lástima que tanto ruido mediático en nuestro país a propósito del rodaje de la serie en Sevilla sólo haya dado para ese impacto final y para presentarnos a unas, por el momento, descafeinadas Serpientes de Arena.

Otro de los personajes de perfil bajo durante esta temporada ha sido precisamente la compañera de viaje de Jaime en aquel largo camino desde el Norte hasta Desembarco del Rey. La entrañable Brienne de Tarth, siempre deambulando entre los traumas infantiles y su sentido del deber, ha sido relegada a mera observadora en la distancia de las penurias de Sansa Stark. Hasta que el destino le planta delante a Stannis Baratheon y puede acometer su último acto de justicia. O puede que no. Alguien deberá vengar el sacrificio de Shireen y la huida final de Melisandre. 

Pero la que se ha llevado la palma en cuanto a pérdida abismal de popularidad y de carisma es Arya Stark. Su andadura en Braavos, que se aventuraba tan prometedora al finalizar la cuarta temporada, ha terminado siendo un soporífero aprendizaje para convertirse en alguien sin rostro que sólo revivió anoche con la sanguinaria muerte del primero de su lista y con su repentina ceguera. Está claro que la sumisión no le sienta nada bien al personaje. 

En cambio, a quién le ha sentado fenomenal la temporada es a su hermana Sansa, la que durante muchos episodios fue la mojigata oficial de la serie. Los guionistas han sido muy crueles con ella, tanto que la han obligado a casarse con el malvado Ramsay Bolton, abriendo un sugerente desvío respecto a los libros. Tanto sufrimiento, tanto dolor, han curtido como nadie a la hija mayor de los Stark, convirtiéndola de repente en uno de los personajes más prometedores de la trama. Tras ese tenso reencuentro con Theon Greyjoy,, degradado ahora a Hediondo, parece que el destino les ha obligado a saltar juntos al vacío para enfrentarse a un destino de lo más incierto. 

Mientras, en las Ciudades Libres, la andadura de Daenerys regresa a la casilla de salida, situándola de nuevo como la gran khaleesi de los dothrakis. Su travesía por el desierto sigue bien lejos de ser triunfal, sobre todo ahora que Drogon se encuentra herido, pero Meereen parece que ha quedado en las mejores manos, las de Gusano Gris, Missandei y, sobre todo, de Tyrion Lannister (junto a la supervisión de Varys), en uno de los anticipos de la novela original más prometedores. La madre de dragones se despide de nuevo rodeada de una masa entregada a la causa, confirmando que es la protagonista con más expectativas de toda la serie. 

Pero la que sin duda ha sido la gran escena de este último capítulo, como ocurría también en la lectura de Danza de dragones, es ese camino de la vergüenza, ese camino de la expiación, de Cersei Lannister hacia la Fortaleza Roja. Despojada de toda ropa, insultada, vejada por su propio pueblo, la reina madre expía sus pecados tragándose todo su orgullo para poder volver a palacio. Lena Headey termina así matizando todavía más y mejor a uno de los personajes más imprescindibles de Juego de tronos. Sólo hay que ver cómo la acogerá su entorno tras tamaña humillación y qué destino marcarán para ella esos gorriones a los que dio alas en su particular estrategia para conservar el trono. Con Vientos de invierno o sin ellos, es evidente que la serie ha emprendido su particular camino hacia un destino tan desconcertante como atractivo. Lectores y seriéfilos ya jugamos en la misma liga. 

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