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ESPECIAL SITGES 2014: [REC] 4: Apocalipsis

Dos incondicionales de Sitges abriendo el festival. Rodrigo Cortés y Jaume Balagueró desfilaron por la alfombra roja el primer día del certamen. El primero para presentar junto a Gabino Diego y Manuela Vellés 1:58, un corto patrocinado por una empresa energética en el que las bondades del ahorro en la conducción se introducen con calzador para narrar una insulsa y previsible escena de terror. El gallego confesó que la pieza estaba especialmente pensada para el público de Sitges y el público de Sitges sentenció. El tímido y respetuoso aplauso tras la proyección demostró que la propuesta no estaba al nivel de una platea tan friki como exigente ni, por supuesto, a la altura del Cortés más atrevido, el de Concursante y Buried. Palmas de rigor y al plato fuerte de la noche.

Tal y como recordó su productor, [REC] ha formado parte del festival de Sitges desde sus inicios, cuando debutó por todo lo alto con su atrevida propuesta, hasta sus secuelas, que lo único que han hecho es reforzar la hazaña de su progenitora. Tras una segunda parte que alargaba innecesariamente la trama del edificio barcelonés y una tercera dirigida por Paco Plaza que directamente lanzaba al retrete todas sus virtudes, el desenlace llegaba al Hotel Melià con la presión de cerrar con dignidad la historia de Ángela. ¿Lo consigue? Quizá no con la rotundidad deseada, pero sí al menos con más fidelidad y destreza de la esperada.

[REC]4 arranca con la irrupción del ejército en el antiguo bloque del Eixample, con la misión de derribar el edificio y rescatar a los supervivientes, entre los cuáles se encuentra la famosa periodista. Tras los títulos de crédito, despertamos junto a la protagonista en un buque en alta mar, mediante una elipsis tan desconcertante como rebuscada. En su afán de alcanzar el no va más, Balagueró prefiere sacrificar la coherencia para brindarnos un nuevo escenario que, por otro lado, termina siendo apasionante. No entendemos qué demonios pinta una abuela en camisón o por qué un barco y no una isla, pero nos da igual. Ambos dan su juego.

La apuesta era técnicamente arriesgada y en ese aspecto termina saliendo vencedora. La factura es impecable y demuestra que la gran inversión ha sido debidamente empleada, con unos efectos especiales que no chirrían en ningún momento y que bien podrían provenir del otro lado del Atlántico. La mejor escena de la película, protagonizada por un mono mutante en las cocinas del barco, arrancó una sonora ovación en el público de Sitges. No es para menos. Demuestra que en el apartado técnico la industria española ya puede navegar por libre.

El ritmo de la película es imparable, aunque el manejo de los tiempos sea algo más discutible. Balagueró decide interrumpir las diferentes escenas de acción para intercalarlas simultáneamente, desde un rincón al otro del buque. Lo que para algunos supondrá un buen empleo de los diferentes clímax para mí supone una constante interrupción de la tensión dramática, una manera un tanto burda e insatisfactoria de dosificar la adrenalina en el espectador.

Pero si algo caracteriza esta cuarta y última entrega es la histeria. La que por momentos desprende el montaje y la que desde luego apenas sabe manejar un elenco de actores de perfil bajo. Hay situaciones absurdas, como los gritos de Manuela Velasco a la yaya del camisón, y lo son en buena medida por culpa de su inexperiencia. Salvo las valiosas actuaciones de Héctor Colomé e Ismael Fritschi, el resto del reparto responde al terror sin la naturalidad y el campechanismo de los vecinos que fueron parte del éxito de la primera entrega. Sí, puede que [REC] sea la única saga española de terror, pero como sucede con todas, ha perdido toda su frescura y originalidad por el camino. Y, como todas, terminará volviendo.

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