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ESPECIAL SITGES 2014: Musarañas

La conocemos por su particular físico, de ojos saltones y figura enclenque. Intuíamos su talento, que se entrevé por las rendijas de pequeños grandes papeles, casi siempre dotados de garra, histeria y nervio, los mismos atributos por los que Penélope Cruz recibe Oscars. Pero ella jamás se ha encontrado con las puertas abiertas de par en par. Percibíamos su potencial pero nunca tuvimos la oportunidad de explorar sus registros más allá de la comedia. Hasta que llegó Álex de la Iglesia y lo apostó todo por ella. Macarena Gómez.  

Musarañas es la gran ocasión de la cordobesa para demostrar a sus miles de incondicionales que tenían razón, que su enorme capacidad para hacernos reír era sólo un indicio de su gran desparpajo frente a las cámaras. Porque Macarena acepta el reto de un complejo papel protagonista y nos restriega todo el abanico de matices que hasta el momento le habían impedido desplegar. La pequeña, frágil e histriónica actriz, eterna secundaria del cine español, se hace grande, fuerte y solemne gracias a Montse, el personaje más rico y galardonable de toda su carrera.

Montse es una joven costurera auto-recluida entre las cuatro paredes de su hogar. No conoce más mundo. Traumatizada por la muerte de su madre y la agresiva presencia de su padre, se refugia en los brazos de la religión y en el férreo control de su hermana pequeña, construyendo un búnker viciado e impenetrable. Hasta que aparece un apuesto vecino pidiendo auxilio y se remueven los cimientos de la prisión y de su propio equilibrio. De la contención y el autocontrol deriva a un desboque de nervios sin vuelta atrás. Altibajos emocionales que Macarena Gómez extrapola al espectador. Aterra, seduce y enternece con una pasmosa facilidad.

Aseguran que Musarañas la ha dirigido un par de directores noveles, Juanfer Andrés y Esteban Roel, pero por el tono, la atmósfera y, sobre todo, por su desmadre final cualquiera diría que es la nueva película de Álex de la Iglesia. Su implicación en el proyecto parece ir más allá de la mera financiación. No sólo lo confirma la presencia de Carolina Bang en el reparto, también su inconfundible humor negro, que aunque no llega a dominar todo el metraje sí que enturbia el dramatismo y el sosiego que hasta la primera mitad caracterizaba a la cinta.

Musarañas abandona la oportunidad de profundizar en ese ambiente de opresión y claustrofobia en el que vive enclaustrada Montse para entregarse a los brazos de la locura y el desenfreno. Se agradece el delirio al que De la Iglesia nos tiene acostumbrados pero nuevamente se pasa de rosca. Entre gritos, sangre y patadas en los huevos, la cinta va perdiendo carácter y acercándose peligrosamente a los peores vicios del director bilbaíno. Por momentos, hasta la Macarena más cómica parece pedir paso.

Por suerte, la actriz contiene a Lola en Mirador de Montepinar y mantiene el pulso durante toda la cinta. Un thriller meritorio, notable y entretenido pero que se disfrutaría lo mínimo sin la presencia de su gran estrella. Porque si Musarañas cumple un propósito no es otro que el de reivindicar a una actriz en mayúsculas. Macarena Gómez por fin da con esta película un gran golpe sobre la mesa, el que reclama su merecido puesto entre las estrellas y el que le abre las puertas a un nuevo mundo, el de la versatilidad.

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