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Los Oscars que serán...

Como cada año, la redacción de la revista Entertainment Weekly ha lanzado sus predicciones de cara a la inminente gala de los Oscars, basada no sólo en su experiencia como una de las publicaciones de referencia en Hollywood sino también por las predilecciones reveladas off the record por algunos de los académicos. A pesar de que se mantiene ese nuevo sistema que permite una lista de entre cinco y diez nominadas (este año han sido nueve las afortunadas), parece que la batalla puede acotarse a un duelo, el que sitúa frente a frente a los esclavos de Steve McQueen con la experiencia sensorial de Gravity.

Mejor película
La Academia de Hollywood se enfrenta nuevamente a un debate interno con el que se pone en juego la confianza del público en una institución que pocas veces ha tomado las decisiones más valientes. Por un lado, la razón (y los precedentes) la inclinan a coronar a lo más alto la historia definitiva sobre la esclavitud que tan crudamente ha ingeniado Steve McQueen, director que sin embargo ha sido ninguneado por sus dos obras previas, y superiores, Shame y Hunger. 12 años de esclavitud toca directamente la fibra sensible de los norteamericanos y, a pesar de la dureza de algunas de las imágenes, a priori tan poco oscarizables, los votantes dormirían con serios remordimientos si finalmente la ignoraran. Su victoria, en cambio, despertaría los recelos de la audiencia (no es favorita en casi ninguna de las otras categorías) y el fantasma de Crash.

En el lado contrario, el de la apuesta por la modernidad y el del apoyo del público, se encuentra Gravity, la cinta de Alfonso Cuarón que ha devuelto la fe en el cine como experiencia inolvidable. Afortunadamente, el globo de La gran estafa americana se ha deshinchado con el tiempo, mientras que la gran acogida de El lobo de Wall Street la ha ayudado a subir escalones hacia la victoria. Una victoria que con casi ninguna probabilidad saborearán Capitán Philips o Her, las dos contrincantes que, aún así, supondrían una grata sorpresa.

Mejor director
La mayoría de quinielas sitúan a Alfonso Cuarón como vencedor. Sobre sus hombros recae la hazaña de rodar 90 minutos de auténtica claustrofobia espacial, dotando al 3D de una nueva razón de ser. Pero por los motivos mencionados anteriormente, precisamente por esos movimientos de conciencia que supondría ignorar a 12 años de esclavitud en pos de una cinta de ciencia ficción, el mejicano podría verse despojado por sorpresa de la gloria. Sería una completa injusticia premiar a Steve McQueen para evitar otro Crash y sobre todo congratularle después de ignorar en la pasada edición a su obra maestra Shame. Si alguien podría arrebatarle el Oscar a Cuarón con pleno derecho es Martin Scorsese que, primero con Hugo y ahora con El lobo de Wall Street, está demostrando que la vejez le sienta de maravilla.

Mejor actriz
Es una de las dos categorías de este año con menos opción a sorpresas. Desde que se iniciara la campaña en septiembre, el nombre de Cate Blanchett ha copado todas las predicciones. Y así sigue en la actualidad a pesar de la mala prensa que está experimentando Woody Allen en los últimos meses. No hay dudas sobre los méritos de la australiana con su histérica y vulnerable interpretación en Blue Jasmine. Pero ¿es en realidad la mejor actuación femenina del año? Obviando la ausencia de Adèle Exarchopoulos, sorprende el último puesto en las quinielas de Meryl Streep. Sobre ella pesan el récord de nominaciones y el alud de Oscars, pero ello no debería ocultar que su papel de neurótica y despiadada madre en Agosto no sólo es uno de los mejores de su carrera sino también de una temporada con más empaque masculino. Tampoco sería insultante que los académicos reconocieran de una vez el variopinto carrerón de Amy Adams o la correcta aportación de Judi Dench en Philomena, incluso, por qué no, que Sandra Bullock haya sabido elegir por fin un buen papel para su funesta carrera.

Mejor actor
Hasta hace bien poco, Matthew McConaughey parecía la única opción posible para el podio. Aunque todavía hoy sigue siendo el claro favorito, el eterno nominado y olvidado Leonardo DiCaprio ha comenzado a pisarle los talones. Un merecido cara a cara que también sirve para plantear de nuevo qué tipo de interpretaciones merecen el reconocimiento. Por un lado, contamos con una apabullante transformación física y un impresionante cambio de registro con los que McConaughey sigue ganándose el respeto de la profesión y desquitándose de su etiqueta de cachas guaperas. Por otro, un papel protagonista que lleva el peso de tres horas de metraje y que reúne en un sólo personaje todo un torbellino de emociones, las que borda DiCaprio en la que sin duda es su mejor actuación. La Academia suele inclinarse por el transformismo, como demuestran los galardones a Nicole Kidman, a Charlize Theron y a tantos otros, pero ya es hora de premiar el talento por encima del disfraz y, sobre todo, ya es hora de conmemorar la brillante carrera del nuevo niño mimado de Scorsese. En el vagón de cola de esta contienda hacia el mejor actor se encuentra Christian Bale, confirmando que su nominación, como tantas otras de La gran estafa americana, fue tan injusta como el descarte de Joaquin Phoenix y su tierna conversión en Her.

Mejor actriz secundaria
Junto al premio gordo es quizá una de las categorías más interesantes de la gala, ya que es probablemente la única en la que no sobra ni una sola de las contrincantes. Aunque la lucha se centra en dos nombres (el de la debutante Lupita Nyong'o, actriz revelación no sólo en la pantalla por 12 años de esclavitud sino también sobre la alfombra roja, y el de Jennifer Lawrence por segundo año consecutivo después de su victoria por El lado bueno de las cosas), los otros tres rostros son también un ejemplo perfecto de cómo un personaje secundario puede convertirse en memorable. La veterana June Squibb le arrebata las escenas a sus compañeros de reparto en Nebraska con su desternillante frescura, justo lo que le ocurre también a Sally Hawkins potenciando la misma vertiente naif que desprendió en Happy. Un cuento sobre la felicidad. En último lugar, decepciona ese ridículo 7% para Julia Roberts, que mantiene un tour de force con Meryl Streep sin apenas pestañear. Demuestra la desastrosa e injusta evolución que ha sufrido Agosto en esta carrera hacia el Oscar.

Mejor actor secundario
Es el segundo premio cantado de la noche, incluso más si cabe que el de Blanchett. Unanimidad casi absoluta para Jared Leto que, a pesar de encarnar a un travesti drogadicto enfermo de sida, el colmo de la marginalidad, se convierte en el personaje más entrañable de Dallas Buyers Club. Pero de nuevo sobrevuelan sobre esta nominación las sospechas del transformismo. Porque si desmaquilláramos el rostro de este atípico actor y lo desposáramos de sus prendas femeninas seguramente no habría comparación con la que sin duda es la interpretación secundaria masculina del año, la que nos regala Michael Fassbender en 12 años de esclavitud y que incluso hace sombra a la del propio protagonista de la cinta. Pero no es la única interpretación más destacable que la de Leto. Jonah Hill se adecua a la perfección a la locura y desenfreno de El lobo de Wall Street, mientras que Barkhad Adhi se marca uno de esos debuts merecedores de todo reconocimiento en Capitán Philips. El único que ocupa injustamente un hueco en la categoría de mejor interpretación secundaria masculina es Bradley Cooper.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Menos mal que coincides en los Oscar que serán... y los Oscars que deberían haber sido.. poniendo en los dos a Matthew McConaughey .......... es mi debilidad...jajaj.. eehhh niñooo !!!.. este y George Cloony.... oooHHH !!!.

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