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La polémica como gancho

El viernes en el que se estrena Anticristo en nuestro país, amanecen los diarios con los siguientes titulares: "Anticristo, la película más polémica del 2009" (El Periódico de Catalunya), "Lars von Trier desembarca en los cines con su polémico Anticristo" (El Mundo), "Lars von Trier muestra su cara más excesiva" (Público). Más allá de la evidente falta de originalidad de los medios a la hora de titular, mal vamos cuando la polémica es lo único destacable de una película. Peor todavía es que las famosas imágenes de sexo explícito y las sangrientas escenas al más puro estilo gore que nos avanzan todos los comentarios periodísticos parezcan ideadas con el único propósito de provocar, desvinculándose por completo de la interesante propuesta con la que arranca el filme.
Si entendemos el arte como una forma de expresión capaz de generar reacciones, para algunos nos encontraremos sin duda ante una obra maestra. Arte basado en el escándalo que hace las delicias de un reducido pero altamente contaminante sector de público. Sesudos eruditos de toda condición incapaces de reconocer, ni por su vida, que tras la supuesta creatividad lo único que se esconde es puro efectismo. Si además aparece el nombre de Lars von Trier tras la propuesta, casi podemos dar por imposible una cura de humildad. Al cine de autor ni tocarlo.
Parece que al director danés le ha servido esta película como particular tratamiento contra la depresión. Como la protagonista del filme, decidió enfrentarse a sus miedos ideando una propuesta totalmente alejada de su trayectoria, capaz de provocar filias y fobias a partes iguales. Su paso por Cannes no dejó indiferente y, al contrario de lo que cabría esperar, la mayoría de la crítica se le echó encima. La polémica ya estaba servida y es más que probable que el particular acercamiento de Von Trier al cine de terror le haya resultado más rentable que cualquiera de sus últimos trabajos.
Anticristo, como decíamos, arranca prometedora. La depresión parece el eje central de una película que intenta reflexionar sobre los miedos individuales. Dividida en cuatro capítulos, un prólogo y un epílogo, es precisamente su comienzo el pasaje más impecable de todo el filme. Blanco y negro ralentizado, planos de una belleza incuestionable y un montaje cuidado al mínimo detalle se funden con la aria de Handel Lascia ch’io pianga. Resulta un poco macabro reconocerlo, por la dureza del acontecimiento que nos narran las imágenes, pero el arranque de Anticristo es toda una hermosura cinematográfica.
Tras el prólogo, la cinta nos adentra en la depresión de una madre tras la pérdida de su hijo y los esfuerzos de su marido, psicólogo de profesión, por sacarla del pozo. Según la tesis de la película, el desconsuelo conduce al dolor y este, a su vez, desemboca en la más absoluta desesperación, en una espiral de difícil salida con imprevisibles consecuencias. El mensaje del filme, por tanto, no es indescifrable. El problema viene cuando se recurre a la mutilación de un clítoris, mediante primerísimo primer plano, para expresar la locura. Esta y otras escenas desmerecen la excelente labor realizada durante la primera parte del metraje.
Mostrar al detalle una polla penetrando o el apuñalamiento encarnizado de una pierna constituyen recursos no muy diferentes de los criticados efectos especiales. Su objetivo es llamar la atención, ya sea para sorprender o para escandalizar. Pero no siempre se consigue. Al espectador, bastante curado de espanto, es probable que le genere una respuesta más satisfactoria la mencionada introducción de la cinta o el excelente trabajo de Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe. Impactos mucho más gratificantes que las imágenes de la polémica. Con el permiso de sus seguidores, entre los cuáles me encuentro, conviene recomendar al padre del dogma que retome su camino y que recomponga ese enorme caos hacia el que ha conducido su filmografía.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Pude ver esta película ayer y estoy de acuerdo con lo que comentas, los primeros minutos en blanco y negro son lo mejor de la película, de la última media hora solo puedo decir que me pareció desagradable, estaba deseando que terminara. No entiendo como se puede clasificar esta película como género de terror, no sentí ni miedo ni terror, solo asco. No he visto muchas películas de Lars Von Trier pero con esta se me han quitado las ganas de ponerme a ver otras.

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