Noche apoteósica para There will be blood. La mejor, sin duda, de las cinco nominadas a mejor película de la noche se alzó finalmente con las ocho estatuillas doradas a las que optaba. En un año claramente marcado por filmes de gran aceptación entre la crítica más sesuda pero de escasa respuesta en taquilla, la vencedora no podía ser otra que la última obra de Paul Thomas Anderson, la única que no perdía el oremus con tanto metraje.
De igual forma que el vencedor en la categoría de mejor actor de reparto no podía ser otro que el actor español Javier Bardem. Sólo los realizadores norteamericanos, bien sabedores del significado de la palabra espectáculo, podrían ingeniárselas de tal forma para que fuera finalmente Penélope Cruz quien le entregara el preciado galardón.
Sublime el momento en que la actriz no pudo reprimir otro de sus arranques de espontánea locura y gritó el nombre de su amado desde el escenario. Solo por ese ansiado beso entre ambos tortolitos mereció la pena trasnochar.
Siempre fieles al 'Show must go on’, la gala fue otro ejemplo de cómo encarrilar una entrega de premios sin perder al público por el camino.
De ahí que la de este año haya recuperado nada más y nada menos que once millones de espectadores, que se dice pronto. Buena parte de la culpa la tiene un Billy Cristal que parece haber nacido para maestro de ceremonias. Sólo Ellen DeGeneres supo hacerle sombra al hombre de los mil y un recursos.

Es también en los números musicales donde el espectáculo ha sabido encontrar su máximo exponente. Como no podía ser de otra manera,
el momento cumbre nos lo proporcionaba en directo un John Travolta convertido de nuevo en la gran Edna Turnblad de Hairspray. Es de entender que el mejor número de la noche se correspondiera con el musical del año. Un número, sin duda, para recordar al que sólo pudo hacer frente una fantástica Helena Bonham-Carter encarnando a la deliciosa Mrs. Lovett de
Sweeney Todd. Grandes interpretaciones que no hicieron sino ridiculizar la incursión de Amy Adams y su abominable papel de
Encantada.
Como tampoco podía ser de otra forma este debía ser el año también de
4 meses, 3 semanas y 2 días, la gran aportación de Rumanía a la categoría de habla no inglesa.
Ni siquiera Ang Lee y su bella Deseo, peligro pudieron hacer frente a la película que deja en evidencia a los insensatos que todavía piensan que
Juno trata el espinoso tema del aborto. Bayona tuvo que conformarse, que no es poco, con ver su debut en ese gran escaparate que son los Oscar.

Y el escaparate, de nuevo, no defraudó. Caras conocidas, grandes iconos del cine, ataviados con millonarios y coloridos vestidos.
Keira Knightley supo encajar de forma tan elegante como sus atuendos la ausencia entre las favoritas a mejor actriz principal. Julia Roberts, Catherine Zeta-Jones y Michelle Pfeiffer compitieron tanto en vestuario como en acaparar el regreso más triunfal a la gran pantalla. Tras la huelga de guionistas, había mono de alfombra roja y se dejó notar en el increíble desfile de grandes estrellas que posó ante las cámaras de medio mundo. Espectáculo con mayúsculas que ha sabido demostrar que no existe mejor guión que la propia voz de la experiencia.
Comentarios
Yo creia que los ibas a poner aquí, que es donde pertenece.
que abandono.
Oye ,titular del blog, lo he puesto aquí, pero creo que lo pondrás mañana esto que he escrito cuando hagas tu comentario de los que han ganado el Oscars.