Ir al contenido principal

MANCHESTER FRENTE AL MAR | No hay lugar para el perdón

¿Existe un sentimiento más autodestructivo que la culpa? Es la cuestión que gravita en todo momento en torno al protagonista de esta sobrecogedora historia, que discurre por cauces muy distintos de los que aventuraba el tráiler. Porque si uno acude al cine con la intención de asistir a una dramedia sobre un solterón divorciado que, de repente, debe apechugar con la educación del hijo adolescente de su hermano fallecido, irá en gran parte desencaminado. Por primera vez, y probablemente sin que sirva de precedente, la promoción de una película no destripa su contenido. Y el goce, sobra decirlo, resulta infinitamente mayor.

Manchester frente al mar golpea duro y de improviso. Lo hace valiéndose de una depurada técnica del flashback, que va y viene de forma intermitente, imprevisible, tal y como aparecen y se desvanecen los recuerdos. El peor de ellos, el más devastador, llega durante la lectura del testamento, cuando la decisión vital de hacerse cargo de un sobrino a las puertas de la mayoría de edad remueve de nuevo la conciencia del protagonista. El Adagio de Albinoni, estremecedoramente bello y triste, encaja a la perfección como banda sonora de uno de los instantes más dolorosos del filme.

A partir de ese instante entendemos a la perfección el comportamiento de Lee Chandler, un encargado de mantenimiento que se autoimpone como castigo un destino sin rumbo. Hasta que ese destino, inescrutable, lo sitúa de frente al pasado y ante un joven con el que de pequeño ejercía plenamente de tío y que ahora se ha convertido en su máximo azote. La convivencia entre ambos, plagada de desencuentros, de incertidumbres y de miedos, es otro de los incentivos de una película de sentimientos hacia adentro.

De sentimientos contenidos precisamente hace un alarde Casey Affleck, en una interpretación que justifica todos los reconocimientos. Es la más genuina representación del dolor, de la enorme carga asumida, de la expiación más torturadora. Y para corresponderle sólo podría existir una actriz con pleno dominio de la sensibilidad, una Michelle Williams que en todos sus trabajos ha sabido impregnar un poso de verdad. De ahí que el súbito encuentro que mantienen ambos en las gélidas calles de este pequeño Manchester suponga otro de las secuencias imprescindibles de la película, en la que se vierte toda la culpa contenida durante tantos años.

El incontestable trío actoral lo cierra Lucas Hedges, la presencia indispensable para que Manchester frente al mar no suponga un mazazo mortal. Sus escarceos sexuales y su juventud sirven de contrapunto para una historia que, de lo contrario, sería insoportablemente trágica. Su personaje es la esperanza, el futuro, el alivio. Y protagoniza la tercera estampa irreprochable de esta joya dirigida por Kenneth Lonergan, la de un abrazo liberador acompañado de una confesión que lo confirma, que no hay penitencia más dura que la que se inflige uno mismo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

THE AMERICANS | La despedida perfecta

Otra punzada en el estómago. Otra gran serie que se despide sin hacer ruido pero dejando un hueco por ahora insustituible en sus contados seguidores. The Americans nunca reventó audímetros, jamás estuvo de moda, pero su mérito es más complicado que convertirse en un fenómeno. Ha logrado el consenso, la plena satisfacción de sus incondicionales. Que hable ahora o enmudezca para siempre el que no haya sentido el final como uno de los mejores de la historia de la televisión. Colofón de oro para toda una obra maestra que en su bendita coherencia jamás ha perdido el norte a lo largo de sus seis temporadas. Muy pocas pueden decir lo mismo.

Preveíamos un final trágico para los Jennings. Se mascaba la tragedia durante todo el apasionante tramo final de la serie, con un matrimonio roto, sin esperanza para la reconciliación. Casi tan duro como ver a Philip bailando country fue asistir al cisma entre el que abraza la nueva era de distensión y la que se aferra a unos ideales que ya no tienen cab…

Los 8 momentos memorables del final de Mujeres Desesperadas

Pueden contarse con los dedos de una mano las series que han logrado cerrar la persiana sin remordimientos. Mujeres desesperadas seguramente se encuentre en ese reducido grupo de privilegiadas que alcanza el final satisfaciendo a la gran mayoría de sus seguidores, sin polémicas, sin originalidades, sin alterar, en definitiva, la esencia de una fórmula que la ha mantenido en antena durante ocho temporadas.
Podrán vertirse muchas críticas sobre esta creación de Marc Cherry, gustarán más o menos algunas épocas de la serie, pero lo que no puede negársele a Mujeres desesperadas es la fidelidad a su público. La coherencia suele convertirse en la factura pendiente en producciones que, movidas por el éxito, suelen alargarse hasta el infinito, perdiendo en el camino la cordura (Lost) o a buena parte de su reparto original (CSI).
Consciente de ello, Cherry decidió ponerle punto y final a su niña mimada antes de que el tiempo erosionara su identidad. La fecha escogida fue el pasado domingo 13…

ÓRBITA 9 | Una odisea pseudoespacial

A Órbita 9 le ha pasado lo mismo que le ocurrió en su día a Blancanieves con The Artist o a La isla mínima con True detective. La todopoderosa Hollywood lastró en cierta forma sus innovadoras propuestas adelantándose en su estreno. Y es que el mismo día que llega a nuestras pantallas esta ambiciosa coproducción española y colombiana aterrizan Jake Gyllenhaal y Ryan Reynolds con Life, aunque la referencia que claramente lapida toda posibilidad de sorpresa llegó semanas antes con Passengers. Hay escenas de la cinta española que recuerdan sobremanera a la superproducción protagonizada por Jennifer Lawrence. Pero este tercer caso de simultaneidad de estrenos entre Estados Unidos y España difiere de los dos anteriores en una pequeña particularidad. No importa cuál se estrenó primero ni cuánto influyó en su resonancia. Ambos han resultado de lo más prescindibles.

De entrada, ha sido la propia promoción de la película la que ha echado por tierra el único giro argumental por el que merecería…