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ESPECIAL SITGES 2016 - Raw (Grave)

Muy mal tuvo que pasarlo la jovencísima Julia Ducournau en la universidad para someternos a esta placentera tortura que ya se inicia con las retorcidas novatadas en una sórdida facultad de veterinaria. Si bien los señuelos de canibalismo y desmayos en salas resultan un tanto exagerados, lo cierto es que en más de una ocasión buscaremos cobijo a nuestro alrededor, incapaces de soportar no ya las imágenes más escabrosas sino situaciones más cotidianas como una urticaria o una depilación pero que la directora francesa ha decidido mostrarnos en toda su magnitud. Sin contemplaciones.

Raw es inquietante, en su mayor parte incómoda, pero terriblemente hipnótica. Porque no estamos ante un ejemplo más de pornografía gore, con escenas gratuitas de serie Z, sino ante una obra que, aunque evidentemente busca provocar, también presenta otras inquietudes. Una de ellas, la estilística, la cumple con creces, hallando la belleza incluso en los momentos más angustiantes. Hay voluntad de estilo, de forma, pero también de contenido, porque tras esta historia sangrienta hay hueco para la denuncia y la reflexión.

En una sociedad cada vez más obsesionada por unas determinadas pautas de comportamiento, enclaustrada en el qué dirán, en búsqueda insaciable y psicótica de un estilo de vida de anuncio, se comienza a ignorar la verdadera naturaleza humana, la que recurre a los instintos más básicos, más animales, cuando se percibe en peligro, cautiva entre las cuerdas. Tras la premisa de esta joven vegetariana que va descubriendo su naturaleza carnívora se esconden en realidad las secuelas de nuestra nueva esclavitud, la que en aras de una civilización de escaparate torpedea nuestra condición humana. Filosofía, belleza y vísceras que, unidos a la magnífica interpretación de Garance Marillier, hacen de Raw la candidata perfecta para salir vencedora del Festival de Sitges.

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