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Atención: Esta película puede herir su sensibilidad

La imagen de Pedro Piqueras advirtiendo a los espectadores de lo espeluznantes, terroríficas, sobrecogedoras que son las imágenes que vienen a continuación sobrevuela todo el metraje de Nightcrawler. Uno se lo imagina cuál Rene Russo, la directora de informativos en esta adictiva ficción, salivando con el material audiovisual más impactante y sanguinario, sufriendo auténticos orgasmos sólo de pensar en los picos de audiencia del día siguiente. Es la lectura más fácil, la de criminalizar a las televisiones, empresas desalmadas sin otro objetivo que el lucro. Pero el punto de mira de esta maravillosa opera prima en realidad es mucho más amplio. Apunta directamente a nuestra frente.

Ese personaje abominable y sin escrúpulos que representa Lou Bloom es el espejo, hiperbolizado si se quiere, en el que todos podríamos reflejarnos. Porque ¿quién no ha provocado colas kilométricas en la autopista para retener el máximo de detalles tras un accidente de tráfico? En plena vorágine de smartphones y redes sociales ese morbo casi inherente a nuestra condición humana se ha agudizado, se ha perfeccionado para adecuarse a los cánones del periodismo, esa profesión degradada que cualquiera es capaz de aprender en cuestión de minutos.

Sorprende la rapidez con la que un pobre desgraciado asume las leyes más elementales y menos reputadas del periodismo actual, el que tanto abre los titulares de Piqueras como moviliza a la redacción de Ana Rosa Quintana. Una cámara y cero escrúpulos son suficientes para convertir a un don nadie en un codiciado proveedor de contenidos truculentos. En ese sentido, Nightcrawler no escatima en escenas y diálogos brillantes sobre el mercadeo de noticias, esa subasta en la que la vida de un blanco de un barrio residencial tiene más valor que un tiroteo entre dos bandas hispanas.

Jake Gyllenhaal y Rene Russo representan el tándem perfecto sobre el cinismo y la ambición del periodismo más incómodo. Hay conversaciones entre ellos, sobre todo la que acontece en un restaurante mejicano, que son magistrales lecciones sobre la inmoralidad. Estímulos verbales en una cinta cargada de clímax, que no da pie al descanso en su alocada búsqueda del suceso más rentable y macabro, que funciona perfectamente como película de acción, como thriller oscuro y, sobre todo, como profundo retrato de un antihéroe.

Porque Nightcrawler sería impensable sin la mirada gélida y perturbadora de Jake Gyllenhaal. Lleva ya tiempo demostrando lo bien que le sienta el lado oscuro. Lo hizo el año pasado con Prisioneros y poco después con Enemy, pero ha sido con este impresionante debut de Dan Gilroy que el actor se ha adentrado de lleno en los suburbios más oscuros de la interpretación, los que ponen los pelos de punta pero no reciben ningún tipo de gratificación. Importa bien poco. Lo que es noticia lo deciden unos. Lo que perdura lo decidimos entre todos.

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