Siempre había querido escribir una de esas frases lapidarias
que los críticos paren de vez en cuando y que las distribuidoras utilizan como
reclamo para la propaganda de sus filmes. Pero además de para satisfacer mi
propio ego, afirmar que la actuación del futuro exmarido de Katie Holmes en Rock of ages es una de las mejores de toda su carrera no supone ninguna
exageración. Más cuando se convierte en una de los pocos méritos destacables de
la película, porque lo suyo habrá tenido que sufrir Warner Bros Spain para
poder extraer de la prensa sentencias amables como “bendecida de una energía
imparable” o “los números musicales son ingeniosos y efervescentes”.

No conviene olvidar que Rock of ages se inspira en un
musical de Broadway, género que por mucho que algunos hayan querido reinventar
siempre se caracterizará por su alto grado de ñoñez y cursilería. Y
precisamente esos son los rasgos de sus dos protagonistas, una joven pareja con
ganas de triunfar en el rock pero que parece provenir directamente del
instituto McKinley de Glee. La serie de Ryan Murphy también recibe sus dardos
en esta película, pero finamente ambas tienen más en común de lo que quisieran,
como esos dos emblemas llamados Don’t stop believin’ y Can’t fight this feeling.
Lástima que Adam Shankman, experto ya en trasladar musicales
a la gran pantalla, no haya sabido imprimirle a Rock of ages el mismo ingenio
y sentido del humor que a Hairspray. Si aquella cinta contaba con grandes números
musicales, una protagonista carismática y una correcta puesta en escena, en
esta nueva propuesta, a priori más transgresora y desenfadada, nos encontramos
con un guión absolutamente plano, escasas escenas para el recuerdo (en su mayoría
encarnadas por Cruise) y dos jóvenes actores que parecen sacados de Disney
Channel (ella, sin ir más lejos, es un maquiavélico cruce entre Miley Cirus y
Christina Aguilera).
A pesar de todo, las dos horas de metraje discurren con más
agilidad de la esperada, probablemente por la presencia de estrellas de
Hollywood que deben haberse embolsado mucha pasta para unirse al proyecto. Alec
Baldwin, Paul Giamatti y Bryan Cranston superan el trance con nota, Catherine
Zeta-Jones está soberbia en su papel de mojigata, pero el que realmente deja
con la boca abierta es Tom Cruise. A estas alturas poco más esperábamos de él
que su limitado registro en películas de acción y sin embargo ha optado por
desmelenarse y arriesgar, como hiciera en su día en Magnolia. Si por algo
merece la pena pagar una entrada por este sinsentido llamado Rock of ages es
por ver al cienciólogo más famoso del planeta convertido en vieja gloria de la
música. Por poco más.
Comentarios