lunes, 27 de diciembre de 2010

Las 10 mejores películas de 2010

Antes de que aterrice 2011, conviene hacer balance de los mejores estrenos del año que está a punto de finalizar. Sorprenderán algunas ausencias, como las de Origen (auténtica decepción del año para un servidor) o las de Toy Story 3 (¿nadie opina que Fantástico Sr. Fox le da mil vueltas?). Han quedado también fuera del ránking, con todo mi dolor, Up in the air, la comedia vilipendiada en la última y desastrosa edición de los Oscar por En tierra hostil, y La carretera, una cinta apocalíptica memorable. Recién vista El discurso del rey, me posiciono en favor de La red social como mi clara favorita al Oscar, aunque todavía nos queden por ver dos de sus grandes contrincantes, Cisne negro y The fighter. ¡Feliz 2011!

1.La red social (Ver crítica)
2.An education (Ver crítica)
3.Shutter island (Ver crítica)
4.Las vidas posibles de Mr. Nobody (Ver crítica)
5.Brothers (Ver crítica)
6.El discurso del rey
7.Fantástico Sr. Fox (Ver crítica)
8.El escritor
9.Buried (Ver crítica)
10.Héroes (Ver crítica)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Catalonia

El sentimiento catalán, que no es uno sino muchos, está lleno de contradicciones. Sólo así se entiende que para la adaptación de una de las leyendas más populares de Catalunya, la del timbaler del Bruc, se decidiera contar con Juan José Ballesta como protagonista. ¿Acaso no hay suficientes actores de calidad en nuestra tierra? Si ya cuesta creernos al actor madrileño en la piel de un rebelde contra el ejército romano en Hispania, imagínense el estupor que produce oírle hablar un catalán de extrarradio que sonrojaría al mismísimo Pompeu Fabra.
Ni cortos ni perezosos, los responsables de Bruc. El desafío decidieron deleitarnos con la versión catalana de la película en el preestreno de anoche en el cine Urgell de Barcelona. Una versión que, mientras nos ofrece un francés original e impoluto con los subtítulos correspondientes, decide doblarnos al catalán los pasajes en los que suponemos Ballesta se expresa en castellano o no se defiende del todo con un idioma que, evidentemente, no es el suyo. Flaco favor para la cultura catalana, puesto que el actor no domina la lengua ni aún en el doblaje, y para la cultura en general, ya que privan al espectador de la versión original íntegra de la cinta.
Toda esta falta de seny, de sentido común, tiene una finalidad que, para gusto de los amantes del tópico, es puramente económica. Los productores de Bruc decidieron utilizar como gancho a Ballesta para ampliar el público potencial de la película al territorio español, aunque para ello tuvieran que sacrificar la verosimilitud de todo un protagonista que debió ser catalán de pura cepa. La duda está en si Ballesta es suficiente reclamo como para que a un ciudadano de Badajoz le interese la historia de un héroe catalán.
En ese sentido, que no se preocupen los catalanófobos porque Bruc, en busca de ese mercado español que probablemente nunca llegará, no se regocija en los aspectos patrióticos e identitarios de la leyenda. Quedarán saturados de tanto plano aéreo sobrevolando el monasterio de Montserrat pero les aseguro que no diferenciarán mucho el argumento del de Águila roja, Hispania u otras historias de época cimentadas en la venganza.
Los guionistas han decidido reducir la esencia de la leyenda de Bruc, esa en la que un joven consigue espantar a todo un ejército de Napoléon con el estruendo de un tambor, a un simple flashback que, curiosamente, es la secuencia más lograda del filme. Los 90 minutos del metraje se centran en un juego del ratón y el gato muy ambicioso en efectos pero totalmente parco en ideas. Y es que una vez superada la sorpresa inicial de la factura técnica, irreprochable, se nos aparece en todo su esplendor la oquedad más absoluta.
El perfil de los personajes, por ejemplo, deja mucho que desear. Bruc, sin ir más lejos, aparece retratado como un cobarde que se pasa toda la cinta huyendo, aunque ello implique dejar tirada a su amada en brazos del enemigo. No es de extrañar, por tanto, que su querida Gloria quede totalmente prendada, y sin venir a cuento, de uno de los capitanes enemigos. Por tanto, la imprescindible historia de amor, como el resto del argumento, hace aguas por todos lados.
Lástima que una ambiciosa producción catalana se muestre tan insegura. ¿Por qué no rodar íntegramente en catalán, como Pa negre y otras tantas que han triunfado este año? ¿O por qué no rodar íntegramente en castellano asumiendo con un par de collons que al fin y al cabo todo esto es un negocio? Las contradicciones no terminan aquí. Los silbidos se adueñaron de la sala en cuanto aparecieron en los títulos de crédito los logos de Telefónica y el gobierno de España. Curiosamente, más de la mitad del aforo fue invitado al preestreno por gentileza de MoviStar y, curiosamente, nadie reniega de papá Estado a la hora de pedir financiación. Por actitudes como estas, contradictorias, caemos mal los catalanes.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La chirigota de Álex

Álex de la Iglesia, el carismático presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, el hombre que consiguió revitalizar esas infumables galas de los Goya, resulta que además del cargo político también es director de cine, por si algunos lo habían olvidado. Para los pocos desafortunados que hayan perdido la memoria, el bilbaíno ha vuelto a la carga con un producto que reúne y lleva al extremo sus virtudes y defectos. Jamás su factura técnica había sido tan impecable pero jamás ninguna de sus historias había alcanzado el delirio en el que desemboca esta Balada triste de trompeta.
Que Tarantino se descojonara con esta película en la última Mostra de Venecia no significa nada. Ahí están Death proof y otras locuras sin sentido que el director de Tennessee ha producido para demostrarnos que no todo lo que concibe está al mismo nivel de Kill Bill. Para De la Iglesia, sin embargo, ha sido el mejor regalo que le pudo caer en la ciudad de los canales, junto al León de Plata como mejor director y el premio Osella al mejor guión. La gran cantidad de pasta invertida en la promoción de la película no alcanza un halago de Tarantino. El éxito ya está asegurado.
Arranca esta Balada triste de trompeta con una puesta en escena absorbente, de lo más cautivadora, desde los segundos iniciales con las instituciones financiadoras hasta los títulos de crédito de más adelante. Ese bombardeo de imágenes sugería un tratamiento jamás visto sobre los fascismos. Nada que ver con lo que vendría a continuación, aunque la mejor escena del filme se encuentre minutos después, cuando el personaje de Antonio de la Torre, el alter ego de un payaso triste, nos descubre la atmósfera de terror y sometimiento que ha impuesto en una compañía de circo.
Es en ese momento cuando la película alcanza su clímax y parece que estemos embarcados en un proyecto audiovisual sin precedentes en la historia de nuestro cine, en algo surrealista pero plagado de ingenio. La mezcla de comedia, acción y terror, por el momento equilibrada, se muestra en el mejor escaparate posible, una fotografía oscura y siniestra con planos de riesgo. Pero como suele ocurrirle a De la Iglesia, termina convirtiendo una buena premisa, un excelente planteamiento, en un despropósito donde lo único que rige es el caos.
Balada triste de trompeta se convierte de repente en un cúmulo de gags, sketches, o como prefieran llamarlo, en busca de la risa más fácil. Los guiños, los cameos, las parodias, se van sucediendo. Primero, con la imitación de Franco, luego con el atentando contra Carrero Blanco, por último con el rejuvenecimiento de Raphael. Al espectador le vienen a la mente, como si de flashes se trataran, las caricaturas de Polònia (TV3) sobre el caudillo o películas tan denostadas como Mortadelo y Filemón (la segunda parte) o Spanish Movie. Buena parte de la culpa la tiene un actor que aparece en ambas, Carlos Areces, con cuyo rostro y físico resulta imposible no desternillarse.
De la Iglesia adopta sin complejos el piloto automático incluso al final del metraje. Debería hacerse mirar esa obsesión por las persecuciones ascendentes en lugares de vértigo (léase el panel publicitario de Schweppes en El día de la bestia, el terrado de La comunidad o esta inmensa cruz virtual de el valle de los caídos). Sin darnos cuenta, el director, tras la promesa y la novedad del arranque, nos ha sumergido de nuevo en su particular universo, con homenajes directos a sus anteriores propuestas (exceptuando, claro está, Los crímenes de Oxford).
Pensándolo bien, no es de extrañar que Tarantino se partiera de la risa con Balada triste de trompeta. Sólo un chalado osaría imitarlo, porque evidentemente De la Iglesia lo imita, sin contar con los elementos que hacen de sus disparates un material de lo más serio. Sin las parrafadas dialécticas que desbordan talento, sin una cuidada selección musical y sin un montaje arreglado pero informal cualquier intento de alcanzar al director más loco del cine actual es un mero chiste, una chirigota sin sustancia. Imposible de tomar en serio.

martes, 14 de diciembre de 2010

Dando aire a los Oscar

Sin apenas darnos cuenta, se acerca la temporada de galardones y premios de la crítica que precede a los Oscar. De todos estos preludios los más importantes son, sin duda, los Globos de Oro, que justo este mediodía han anunciado sus candidatas a mejor drama y comedia. Con un total de siete nominaciones, la película que parte como favorita es El discurso del rey. Este filme británico contiene todos los elementos que encandilan a Hollywood, pero sobre todo hay uno, el defecto físico (en este caso la tartamudez del protagonista), que aupará con casi el 100% de las posibilidades a Colin Firth como mejor actor.
La batalla de este año en los Oscar ya prometía ser mucho más interesante y suculenta que la anterior hornada, donde se colaron entre las diez nominadas bodrios del calibre de Precious o The blind side. El nivel de la contienda actual ha subido y ya podemos vaticinar que la guerra abierta esté entre la mencionada El discurso del rey, Cisne negro, La red social, The fighter y Origen, precisamente las cinco nominadas a mejor drama en los Globos de Oro.
Si nos atenemos al número de nominaciones, con seis en total, las dos grandes rivales del tartamudo rey Jorge VI de Inglaterra son The fighter, otra historia de superación personal ambientada en el mundo del boxeo y protagonizada por Mark Wahlberg y Christian Bale, y La red social, la última obra maestra de David Fincher sobre los entresijos de Facebook.
Sorprende la ausencia en la categoría principal de una de las grandes favoritas para los Oscar, la 127 horas de Danny Boyle, y las escasas oportunidades para Cisne negro, la esperadísima cinta de Darren Aronofsky con la que Natalie Portman se alzará probablemente con la estatuilla dorada. Por otro lado, esperemos que la opción de Origen sea un espejismo como en su momento lo fue también El caballero oscuro, ambas de Christopher Nolan. Una de las cintas más ambiciosas y deseadas del año se convirtió en tan sólo minutos en una de las grandes decepciones de la temporada.
Los Globos de Oro demuestran este año más que nunca sus flaquezas con las nominaciones a mejor comedia. Ahí están como candidatas mediocridades como Alicia en el país de las maravillas, películas de acción como Red y The tourist y despropósitos como la Burlesque de Cher y Christina Aguilera. Por descarte, la única candidata seria al Oscar podría ser The kids are all right, por la que compiten en la misma categoría de comedia Annette Bening y Julianne Moore, serias contrincantes de Natalie Portman en los posteriores galardones de la Academia de Hollywood. La carrera hacia los Oscar ya ha comenzado y el próximo 16 de enero, con la entrega de estos 68 Globos de Oro, se conocerán mejor a los favoritos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Biutiful Bardem

No es de extrañar que la mayoría de críticas de Biutiful hagan referencia a la Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen. Son tan descaradamente opuestas, y tan recientes ambas, que resultaría casi un sacrilegio no compararlas. Mientras el director venido a músico de jazz nos presentó una Barcelona bucólica, donde las bicicletas campaban a sus anchas por kilómetros de césped y hasta las putas irradiaban felicidad, Iñárritu ha decidido situarse en el extremo radicalmente opuesto. Una Barcelona degradante que va asfixiando hasta la muerte a los más desfavorecidos. Pues ni tanto ni tal calvo, señores.
Ni Barcelona es como la presentan el alcalde Hereu y compañía ni como la pinta su adversario político, para que nos entendamos. Si a Woody Allen esa imagen perfecta de la ciudad le sirvió para contentar a sus acaudalados productores, a Iñárritu la urbe marginal le funciona como telón de fondo perfecto para otra durísima historia sobre el llamado cuarto mundo, ese que subyace tras el escaparate turístico. Aunque sin duda la gran diferencia entre ambas producciones es que Barcelona en Biutiful no es el reclamo. Aquí el aliciente, y con toda la razón del mundo, es un Javier Bardem que sobrepasa los límites de la maestría.
Curiosamente, Vicky Cristina Barcelona es la película que unió a esta nueva pareja formada por Pe y Bardem, una relación descompensada, al menos en cuanto a nivel artístico, y de la que el actor sale claramente perjudicado. ¿En qué lo beneficia convertirse en el nuevo Tom Cruise o Matthew McConaughey de Penélope? Descartado el amor, por supuesto, es evidente que en nada. En todo caso, si ella recibió el Oscar por dos minutos desternillantes, pero dos minutos al fin y al cabo, la lógica que la Academia de Hollywood ignora nos haría pensar en un más que merecido galardón como protagonista de Biutiful.
No importa que la película adopte una actitud tremendista ni que exagere hasta límites inverosímiles la tragedia. Tampoco trasciende que el guión por momentos se vuelva previsible, hasta el punto que los acontecimientos se pueden prever con minutos, incluso horas, de antelación (sí, el filme se alarga innecesariamente hasta las dos horas y media). Qué más da que Maricel Álvarez, la actriz que encarna a la mujer de Bardem en el filme, se contagie del comportamiento bipolar de su personaje con algunas sobreactuaciones. Lo que fascina de Biutiful es la capacidad de Bardem para hacernos olvidar esos flecos.
Con su papel de Uxbal, el actor se consagra como el más destacable de nuestro país. Sólo alguien de su envergadura podría acometer un personaje con tantos matices. Un padre al borde de la muerte con dos hijos pequeños, que mientras se aprovecha sin demasiados escrúpulos de los más desgraciados mantiene un rincón en su conciencia para los remordimientos. Biutiful es comprobar la frialdad de Uxbal capitaneando una mafia de explotación de inmigrantes para, minutos después, verlo derrumbarse por la impotencia. Biutiful es asistir con la piel de gallina a la confesión más dolorosa de un padre. Biutiful es, sin duda, Javier Bardem.