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El 2x1 de Tom Ford

En Animales nocturnos conviven dos películas, dos narraciones, incluso dos miradas distintas. Por un lado, el vacío existencial de una galerista cautiva en su propio presente, fruto de una sucesión de elecciones equivocadas. Fotografía glacial, planos nostálgicos, lúgubres y surrealistas, que contrastan con la segunda historia, un paquete bomba en forma de manuscrito. Dardos envenenados que su exmarido le va lanzando de página en página en una retorcida mezcla de realidad y ficción. Una fría y calculada trama de venganza que Tom Ford entremezcla de manera desigual, debatiéndose constantemente entre su gusto por la estética y los cánones del thriller clásico.

La propuesta sería impecable si no fuera por esa dualidad, por una descompensación entre ambas propuestas que termina lastrando el interés del espectador. Porque mientras nos dejamos embaucar por el magnetismo de Amy Adams en un entorno de elegancia y superficialidad, a través de poderosas imágenes y una envolvente banda sonora que por momentos nos evoca al Almodóvar más oscuro, al de Los abrazos rotos, al de La piel que habito, de repente los saltos a ese pasado ficcionado nos extraen del encantamiento para adentrarnos en un relato de violencia imprevista y contenida que se encuentra en las antípodas del gancho principal.

Ambas historias conformarían dos películas independientes perfectamente válidas, mucho más eficaces que en este constante vaivén, en este coitus interruptus entre la melancolía de la lectora y su lectura. La recreación de la novela Animales nocturnos queda mermada por el segundo plano al que ha sido predestinada. Y es una lástima, porque ese viaje al infierno al que se ve sometido el personaje de Jake Gyllenhaal, con la impagable presencia de Michael Shannon como sheriff sin nada que perder, es un espléndido reflejo de la vulnerabilidad del ser humano, un angustioso descenso a los confines de la cobardía y la culpa, dos de los sentimientos más incómodos para la sociedad en general y para el cine en particular. La figura del héroe siempre será mucho más agradecida.

Tom Ford, desde luego, ha querido ser más valiente en su segunda incursión tras las cámaras. Sacrifica la belleza que tan minuciosamente quiso impregnar en su primera obra para brindarnos una visión más fea de su glamuroso entorno. Las majorettes que abren la cinta, plenamente desnudas, contorneando su obesidad mórbida, alejadas completamente de los cánones actuales, representan toda una declaración de intenciones. En la vida, como en el arte, no existe un sólo camino hacia el éxito. Tan sólo presupuestos idealizados que no sólo no garantizan la felicidad sino que pueden convertirse en desencadenantes de una gran frustración.  

Animales nocturnos, a pesar de ese desequilibrio entre ambas narraciones, entre el drama intimista y el thriller, es un estimulante viaje que encandilará desde a las jóvenes promesas literarias, a las que alertará sobre las enormes dificultades del proceso creativo, hasta los amantes del cine noir, proporcionándoles alguna que otra nueva perspectiva. Pero lo que sin duda terminará alentando a los escépticos es su incontestable final, en el que confluyen y cobran sentido las dos historias para dejar a lectora y espectador en el más absoluto desasosiego.

Comentarios

Cristina Alum López ha dicho que…
No entendía la relación entre ambas historias. Ello no fue óbice para disfrutar cada una al máximo como comentas. Quizá... es el vehículo de la venganza del ex-marido?; es la historia thriller una historia escrita ex profeso para ella, su venganza personal contra ella?; el modo de estremecerla por haber desdeñado su capacidad como escritor y al mismo tiempo constatar el personaje en el que finalmente se ha convertido. En todo caso, un disfrute estético y de acción. Gran Amy Adams, qué indignada estoy no te hayan nominado por La llegada, a la que estoy rendida!

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